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jueves, 16 de mayo de 2019

MATY

El creacionista del día. Rodolfo Bertoni F.







Yo estaba muy cabizbajo y taciturno sentado en la acera; lo único que recuerdo en ese momento fue ver pasar a muchas personas corriendo con palas, cubetas y herramientas para escombro, no eran sólo policías y paramédicos sino también personas que conozco, simples civiles; gente con el rostro en lágrimas, preocupaciones e impotencia de no poder hacer nada. Vi mucho humo y estaba muy confundido, una tierna chica se acercó a mí y creo que vio mi cara con lágrimas y mucho espanto, ella me abrazó y me dijo mientras acariciaba mi cabeza, que todo iba a estar bien.

Todo lo que pasó fue muy fugaz. Mi mamá estaba lavando, a un lado del departamento y por casualidad dejó abierta esa puerta, mi papá escuchaba en su computadora música estridente (de ese cantante argentino en coma, no recuerdo) estaba haciendo cosas casi rutinarias. Hubo algo raro en el ambiente, percibí el rápido aleteo de muchas aves, como si mi sangre fluyera más deprisa, cuando repentinamente todo empezó a sacudirse, e instintivamente salí primero del departamento, escuché como se caían cosas, bajé las escaleras y oí gritos ansiosos, los muebles y ventanas rechinaban e igual caían vasos, platos, cosas de cocina y los adornos de las salas de los vecinos; para mí fortuna el portón de los departamentos estaba abierto y salí lo más aprisa que pude, los vecinos también lo hacían, pero yo solo corrí y corrí sin mirar atrás, no me percaté qué tanto, hasta que llegué a una calle donde nada me era familiar, el lugar era extraño, con personas extrañas, olores extraños, y lo peor es que un edificio estaba colapsado. Me senté en la cornisa de la banqueta llorando, porque me había extraviado por el temblor y porqué había perdido a mi familia. Entré en un estado de shock sin saber qué hacer y mi mente quedó en blanco.

La chica me preguntó si sabía de dónde venía, la miré consternado. Ella me cargó entre sus brazos y caminó. Empecé a reconocer el lugar, los colores (un poco grisáceo y café por lo mismo del humo) olores, incluso a las personas; me bajé de sus brazos abruptamente y fui llorando hacía ese edificio donde vivíamos mi familia y yo, estaba totalmente destruido, y lloraba más y más. Conforme llegaba a las ruinas me subí a una biga mal puesta, rascaba y rascaba. La impotencia de no poder ayudar me invadió, quería ver que todo estuviera bien, olerlos nuevamente.

Insistí en mi búsqueda, la chica me gritó que no lo hiciera, hasta que me tomó de nuevo en sus brazos y lloramos juntos; creo que se conmovió más al verme hacer eso. Escuché que mi papá a lo lejos gritaba ¡Maty, Maty! Volteé mi cabeza rápidamente porque reconocí su voz grave, no pude contenerme, era mi papá y mi mamá que corrían y se tambaleaban con llanto de felicidad porque venían a recogerme. Veloz, me solté de los brazos de la chica e inmediato empecé a mover mi cola de izquierda a derecha de tanta felicidad y a ladrar en forma de reclamo y alegría, les lamí la cara de tanta emoción, para mí aquellos minutos fueron la eternidad.




martes, 12 de marzo de 2019

Deseos ahogados

El creacionista del día. Alma Carbajal G.









Una palabra, dos, tres
pierdo aire,
un latido, dos, tres
pierdo corazón,
una lagrima, dos, tres
pierdo deseo.



Devoro a besos todos aquellos deseos,
ahogados.
Entre labios aún quedan estelas
de añoranza
tardía,
espejismos
que se pierden en mi pecho.



Como no ser melancolía pura,
si vivo,
y me han alimentado de ahogados deseos,
ahora mi alma no puede ser otra.
¿Acaso puede serlo?




Al final de cada beso,
lanzo una dulce y húmeda maldición

                               ... el amor

te encontrará en el océano de otros ojos,
en el rumor de otra tormenta,
en el final de una agonía,
en la esperanza de una última palabra.









lunes, 11 de febrero de 2019

Ilusión de vida

El creacionista del día. José Luis Pérez.





Vida, tan misteriosa como el inmenso universo

que se encuentra a nuestro alrededor,

tan versátil como las grandes olas de mar que produce el océano,

tan impredecible

que sin darnos cuenta todos los días jugamos a la ruleta rusa,

por conseguir aquello que llamamos felicidad,

sin saber que el mundo no solo es alegría, si no también agonía,

pues esto y el dolor

que surge al dar un paso en nuestro sendero de vida,

no es más que una muestra de que realmente estamos con vida,

y que tal vez, haya algo más que el simple hecho de vivir atados,

a la superstición de conseguir todo lo que queremos,

sin tener una verdadera razón por lo cual hacerlo,

lograrlo para buscar algo más

...que el reconocimiento de las personas,

o sentirte realmente satisfecho contigo mismo

por lograr algo aún sabiendo que no será suficiente

pues nunca estarás satisfecho con nada,

es solo una farsa que se repetirá por el resto de nuestras vidas,

hasta que llegue la muerte, y descubramos


 lo que realmente le dio un significado a nuestras vidas. 





sábado, 29 de diciembre de 2018

DÍA 333

El creacionista del día. Alma Carbajal G.









Cerraste el ataúd de una aflicción desesperada,
cercenaste la alegría
y no importo manchar aún mas tu conciencia.


Hace un año, tras la campanada fúnebre,
todos los recuerdos a tu lado,
dejaron una herida
de tono ceniza.


Mi dolor no era tu dolor,
tu amor,
no era más que la agonía de un sentimiento,
siempre a expectativa
siempre muriendo.

Hoy hace un desdibujado día 333,
y tu voz,
tu alma,
tu alegoría sucia de la vida
junto con todo recuerdo,
van perdiendo tonalidad en mi memoria.


Hoy tras 333 pensamientos,
ya no te recuerdo.





martes, 25 de diciembre de 2018

DEVENIR NADA

El creacionista del día. Carlos Ryuten









La muerte es la circunstancia más importante de la existencia humana (claro está, después del nacimiento), y, por lo tanto, se vuelve en el primer misterio que el hombre ha tratado de descifrar a través de los tiempos, tal vez sea por una natural predisposición a intentar dominar cada aspecto de la existencia, incluido lo único que condiciona originalmente la nulidad de la vida.

La vacuidad que significa la muerte, ha tratado de ser “rellenada” de manera insistente en los sistemas culturales de gran parte del globo terráqueo y a lo largo de la historia. Esto no es sorprendente si tomamos en cuenta que el cerebro, normalmente, trata de rellenar los vacíos lógicos que encuentra, lo que nos permite pensar en la posibilidad de “acceder” -por decirlo de alguna manera- a la nada.

Sin embargo, también debemos tener presente que el sentido racional que se ha intentado dar como respuesta al misterio de la muerte, cae por su propio peso, dado que no existe una evidencia a favor o en contra tanto de la nada, como de una vida extramundana, lo que significa, necesariamente, que solo podemos tener una actitud escéptica ante dicha aseveración, por lo cual, filosofar, es decir, pensar, discutir, teorizar, reflexionar, cuestionar e interpretar la muerte, se vuelve un ejercicio sumamente importante, pues ello nos significaría pensar en nuestra situación límite y reflexionar sobre nuestra vida, lo que de ella esperamos y cómo es que construimos nuestra existencia particular.


Cierto es que, cuando pensamos en el sentido límite de nuestra existencia, nos topamos con una barrera auto impuesta, es decir, nuevamente consideramos nuestra vida como un fracaso por no "llegar a ser" aquello que el horizonte del deseo nos prometía. Sin embargo, la vida, al carecer de un fin determinado, y al ser horizonte de libertad, muestra cuan insignificante puede ser nuestra vida si no intentamos darle un sentido de significación. Este sentido solo puede darse con la auto interrogación, no para descubrir quién soy, más bien, para saber que no lo puedo todo. La muerte es el acontecimiento más concreto, pues nos devuelve a la paz de la nada, pero para entender está paz, primero se debe sufrir, por ello dirá bellamente Zambrano: "la filosofía es la preparación para la muerte, y el filósofo, el hombre maduro para ella”.


Mientras que las civilizaciones antiguas manifestaban un profundo respeto por el “más allá”, realizando rituales, ofrendas y un profundo concepto de fe en la vida ultraterrena. Si observamos las civilizaciones más importantes de la antigüedad, comprenderemos un estrecho vínculo dado entre la muerte, como una recompensa por una vida bien conllevada, incluso, en la religión hindú se manifiesta el dharma (vida correcta), como condición de ascenso en el ciclo del samsara, es decir, que la persona en su próxima vida podría “renacer” en una casta superior. También estaba, por supuesto, la consideración contraria, pues si la persona no había llevado una vida cabal, podría bajar de rango o incluso renacer en un animal. Es sumamente importante comprender esta relación con la muerte como ciclo de renacimiento, pues conlleva una responsabilidad con nuestros actos como condición ética. No es la muerte un castigo o una recompensa, más bien, es una transición en el paso del perfeccionamiento del alma, que debe conducir a la destrucción del velo de maya y la ruptura del ciclo del samsara, para convertirse en “nada”.

Otro sentido que se ha dado a la muerte, es el de la recompensa y castigo. Podemos observar diferentes mitos sobre un cielo o infierno, es decir, un premio por una conducta ejemplar, o una condena por una mala vida. De alguna manera podemos interpretar esto como una condición de poder ejercida hacia el pensamiento mismo del humano, condicionando su conducta y sus acciones ante la promesa de una eternidad en la cual le es imposible decidid o siquiera realizar un acto de libertad. Por supuesto, aquí la muerte tiene un aspecto de concatenación social, y su propósito es netamente punitivo y estatal. Se trata de seguir las normas erigidas por el regente, para obtener algo de acuerdo a su comportamiento.


Ya en el mundo cristiano, la muerte se observa como un castigo divino, impuesto al humano por haber desobedecido los mandatos que le fueron asignados, por lo cual, la muerte pasa a ser una situación de vergüenza. La vida ahora se ha vuelto más dura, se ha vuelto en un tormento, y la muerte no significa una liberación a este tormento, en realidad, solo es un estadio temporal mientras llega el juicio final, lo que significa una sumisión más fuerte al poder de la iglesia.

Ya en el mundo prehispánico, específicamente en la cultura Mexica, la muerte no es un acto punitivo o de premio, si bien es cierto que tiene distintos tipos de paraísos, a los cuales se accede dependiendo de la causa de fallecimiento, es el viaje a Mictlán lo que resulta más interesante. Es cierto que otras civilizaciones han pensado en un inframundo lleno de obstáculos y penurias, pero, normalmente estos se dan con el propósito de revivir, lo cual ha permitido dar interpretaciones simbólicas como los mitos órficos o eleusinos. Sin embargo, aquí el viaje se da en un proceso de deshumanización en el más puro sentido de la palabra, me explico: desollar el cuerpo, infligir dolores, ser arrastrado por los vientos (clara interpretación de la perdida de la razón, los sentimientos y de la mente en general), etc., significa aquí una perdida con toda la condición pasada en vida, una renuncia categórica a todo lo que pueda significar lo humano, para fundirse finalmente en la nada. Así, pareciera que el destino concreto de todo ser humano es devenir nada, a saber, que la vida misma carece de un sentido especifico, y, por lo tanto, de un telos que lo pueda conducir hacia un horizonte más prometedor o mejor. 


El hombre, al final, será devorado por la nada misma al final de su existencia, sin importar si fue bueno o malo, lo que a muchos podría conducir a un nihilismo al carecer de fundamento la existencia misma. Sin embargo, aquí es donde se vuelve más potente el pensamiento náhuatl, pues nos indica una profunda conexión entre el actuar humano, y una ética incondicionada por un premio o un castigo. Es, quizá, una de las pocas culturas que piensa la relación de la vida como una ética por si misma, y a la muerte, como un desprendimiento que necesita de la vacuidad del mundo para fundirse con el todo. Tal vez, una interpretación de dicha condición tenga que ver con las guerras floridas, pues estas, al darse como una ofrenda de sangre a los campos para mantenerlos fértiles y como un agradecimiento a los dioses por permitirles existir, nos muestra una estrecha relación entre el humano y la naturaleza. Después de la muerte, podríamos decir, persiste el espíritu, y este regresa en ciertos días para volver a convivir con su familia, lo que significa que aún no se extingue, lo cual es un sinónimo de subsistencia por medio de las cosas mundanas.



 Para volverse uno con el todo, es decir, llegar a extinguirse y ser una especie de “abono” para lo mundano, debe olvidar incluso lo que retiene en su alma de la vida pasada, de ahí que tenga que sufrir tales martirios para estar junto a Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl. Es el sentido más hondo del sufrimiento como condición primaria para encadenarnos a este mundo por medio de los deseos, o, a lo que Schopenhauer llamara “voluntad de vida”. Así, la muerte es solo una condición de un estadio del paso del ser al del no-ser, en el sentido más humano, pues no existe un porvenir en la llegada al Mictlán.


Al final, la muerte puede darnos distintas formas de significación e interpretación, todas igual de validas, pues en realidad nos manifiesta, de alguna manera, la misma visión que tenemos sobre la senda de nuestra vida. Es cierto lo que dice Epicuro, mientras la vida es, la muerte no es, cuando la muerte es, la vida no es, pero siempre debemos tener en cuenta que la muerte, en último caso, la legamos a quienes nos sobreviven, de ahí que debemos tener una mayor responsabilidad con nuestro aspecto limite, ya que él nos pertenece solo a nosotros, y en cuanto este se da, se vuelve de un orden público. La vida se puede dar en la dimensión de un espacio interior, pero la muerte también se puede convertir en la desnudez y la irrupción de ese espacio privado. Por eso, la muerte debe ser algo sagrado, que debe servirnos para reflexionarla en el campo de la hermenéutica y la filosofía, y no en el campo de lo individual, pues muchas veces, lo que sufrimos no es la pérdida de un ser querido, si no, la condición de posibilidad de un goce con aquella persona, un sentimiento más egoísta que debe ser puesto en juicio para comprendernos a nosotros a mismos, y no poner en juicio al fallecido por sus actos, pues estos, ya han sido condenados al reposo del pasado.





martes, 18 de diciembre de 2018

LUZ DIÁFANA

El creacionista del dia. José Luis Pérez Fernández.








De la vida nunca espere nada, 
y nunca creí en las almas gemelas, 
pero la vida me calló la boca 
y me llevó a los brazos de mi ángel de la guarda.



Querido ángel no te apartes de mi, 
pues en el momento en que lo hagas, 
seré uno más jugando a vivir
sin realmente saber lo que es la vida. 



Querido ángel,
seguid iluminando mi alma con tu aura bendita,
pues ni la pureza del cielo se compara con tu presencia. 



Querido ángel, 
dame alas para volar 
una y diez vidas más a tu lado. 



Querido ángel, 
a partir de este día mi vida,
 mi corazón y mi alma te pertenecen 
y formaran parte de ti 
hasta que nuestras almas queden totalmente extintas.



miércoles, 8 de agosto de 2018

CERRADURA

El creacionista del día. Alma A. C. Carbajal Guzmán















Cerradura,
ojo turbio
parte pequeña de la verdad,
que limita con el miedo,
la aserción de un secreto.




Las dos caras de la moneda
quedan a merced de la imaginación.





Nunca supe a donde mirar.
Observé el mar de otros,
y solo vi tempestades.


Miré el corazón del cielo,
y me di cuenta que estaba ciego.
Busqué la sonrisa de la luna,
y vi sus labios planos, de naturaleza melancólica.


Miré de cerca el rostro de la oscuridad,
 y solo vi un par de ojos cerrados.
Observé la luz detenidamente,
solo vi la nada en su forma más perfecta.



Miré y miré,
por largo tiempo,
hasta que las miradas de todas las demás cosas
se las tragó el firmamento.



jueves, 14 de junio de 2018

LA VIDA COMO PROMESA DE REDENCIÓN POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO

El creacionista del día. Carlos Ryuten 













Explosión de sentidos, promesa de redención
falla fundamental, mentira primigenia.


Concentramos en el tiempo,
el juramento antaño olvidado
de volver a un paraíso
que nunca tuvimos.


Somos el orgullo y la indignación
que reclaman el alma ígnea
portadores de la luz
condenados a las fosas y mazmorras,
de las masas y de los palurdos
somos burla y escarnio,
alimento para los perdidos y los muertos.


Como formas exangües que intentan parasitar la belleza,
buscamos volver a nuestros umbríos recuerdos,
cual ouroboros que busca incesantemente su cola.


 Teñimos de purpura el asco que desparramos,
 para ocultar nuestros hábitos.


 Cúspide irrelevante de acciones sin sentido,
 encajamos la pieza del destino con los ojos cerrados.
 Celebramos festines de inmundicia y olvido,
 y buscamos corromper el camino.


 Somos herederos de la diáfana miseria humana,
 carcomidos y miserables, completamente vacíos.




jueves, 8 de febrero de 2018

Aliento Perdido

El creacionista del día.  Agatha Cervantes











Dos horas, dos parpadeos inermes bajo el alba.
Diez días, diez veces pronuncie tu nombre,  
a un silencio acobardado,  
oculto en frases celebres.


Doce minutos, entre el rezo y el suspiro, 
buscando el error, 
buscando el olvido.



La esperanza se afianza a un minuto de gloria, 
del recuerdo poderoso, 
del ensalmo en las lagrimas, 
del arrepentimiento tardío, a un minuto en tu historia. 




Aliento perdido, 
busca en la eternidad a las horas, los días, las semanas, un sentido.
Espera y no seas cobarde, 
corazón derruido, 
da marcha atrás a tus errores, 
quizá, eso pueda generar un milagro, 
que al tiempo derrote.  













martes, 22 de agosto de 2017

Primer y último Encuentro

El creacionista del día. Alma Carbajal G.


21/ 09/ 2004







Las luces de la ciudad pestañean acciones vacías, en un largometraje en el que los protagonistas, con rostros demacrados por la humedad,  buscan el regreso a casa después de una súbita lluvia fantasmal. A las 9:15 llego a la estación para transportarme de un lado al otro de mi departamento.  Luego de una agitada tarde de trabajo, lo único que quieren estos pies de marfil, es ser colocados en la cómoda y  afelpada estantería, más parecida a una almohada. 


Después de un rato, ningún tren ha pasado, lo cual resulta extraño en plena hora pico. Distraída, por el fastidioso dolor de piernas, recién descubierto en mis extremidades, no pongo atención y sigo leyendo en el andén "Platicas de un cadáver". Han pasado cerca de dos horas, miro mi reloj de pulsera y lo cotejo con el de la estación, que para mi decepción está descompuesto, las manecillas han quedado inermes marcando las 8: 15; al percatarme de este detalle, también me di cuenta que me encontraba completamente sola. El puntilloso dolor de piernas se hacía más fastidioso,  y entonces comencé a ponerme nerviosa. 


Traté de volver por la entrada principal y tomar el  tren en otra parada, extrañamente las puertas habían sido clausuradas. Un siniestro lamento, casi inaudible, se extendió por el lugar; estaba indispuesta a ser presa del pánico, puse la lógica como primer pensamiento y baje de nuevo al andén. Un latido sorpresivo, tal como si fuese un disparo me cruzo el corazón, ya que al bajar las escaleras vi un tren estacionado, el cual nunca escuche llegar. 



Con los latidos de mi corazón a galope seguí avanzando, buscando el origen de aquel sollozo. No quería entrar de ninguna manera al vagón, pero el triste sonido se hacía más fuerte conforme me acercaba a la interior. Vi a  una chica en cuclillas – en este punto mi vista se tornó borrosa –  entre más iba acercándome, los ojos no me respondían para enfocar de manera detallada su pequeña figura; tallé mis ojos en un esfuerzo inútil de aclarar mi visión.  La chica desapareció en esos diminutos segundos, sin embargo el llanto continuaba. 


De pronto tuve una extraña sensación de humedad sobre la falda, una mancha café rodeaba toda la parte de la cadera, en tanto,  el angustiante dolor de piernas continuaba atornillándome las rodillas y los tobillos. Un ruido metálico y tintineante interrumpió mi cavilación sobre mi atuendo y el malestar. Salí del vagón pensando que un nuevo tren estaba arribando a la estación, nada. El susurro de la tristeza se deslizo hasta la vía.  Fui acercándome a la parte baja sobre los rieles y halle de nuevo a la misma chica, esta vez se encontraba arrodillada, tratando de sacar un objeto entre la madera y el hierro;  la pude ver menos borrosa luego de nuestro primer encuentro. 


En este punto recordé todo lo aprendido sobre fantasmas, maldiciones y ajuste de cuentas con los vivos, pero deje todo eso de lado, quizá esto me sucedió a mí en el tiempo justo, para ayudar a un espectro, o por una razón cualquiera. Conforme fui aproximándome a ella,  la vista comenzó a fallarme nuevamente –   mi obstinación me empujo a acercarme lo más que pudiera – tropecé y quedé a escasos pasos cerca de la chica, ésta volteo su cabeza hacia mí, hizo algunos ademanes como si estuviese observándome, y cuando tendió su mano para ayudarme a seguir en pie, simplemente las piernas ya no me sostenían. 



El sonido de un tren a toda velocidad surco las paredes en un eco estrepitoso, y vientos salidos de algún lugar de mi imaginación,  zurcían el recuerdo tardío que llegaba a mi memoria a marejadas. Vi en el pálido reflejo de los ojos de la chica mis propias lágrimas, su pierna rota, su mano deshilachada, en la que rezumaban los vestigios sanguinolentos de una definición inhóspita de un final decidido por la desesperación. 




Los frenos del tren no respondieron a los gritos de aquel instante, y el giro de un cuerpo al vacío sobre una tristeza bellamente cincelada, procrearon a una venus sin nombre, cuando faltaban diez minutos para las nueve de la noche. Me encontré llorando en el andén, sentada sobre la pendiente que daba  a los rieles. El dolor seguía carcomiéndome las piernas, pero se iba alejando conforme fluía mi aflicción. 


Jamás había creído en nada; jamás había creído ni siquiera en mí, hasta ese momento, en ese primer y último encuentro. 




jueves, 16 de marzo de 2017

One End

El creacionista del día. Agatha Cervantes.








10, 9, 8... de mis manos despiertas caen travesías de miradas abyectas. Ayer la llamada telefónica no dejo charcos de reflexión, por más que lloré  - lloramos explicaciones -  el amanecer no aclaró las dudas, éstas, invisibles,  surcaban el cielo despejado de mis pupilas.


7, 6, 5... la aflicción se despinta de la cara con una buena taza de café. No es cierto. Bebo un sorbo, dos - todavía siento la tristeza en el paladar - tres, cuatro - tal parece que ya va haciéndome efecto - cinco, seis - no, no funciono,  me he quedado vacía al igual que la taza. Parece que tendré que beber un poco más, para ver si es verdad eso de panza llena corazón contento. Aunque al rato, al final tenga hambre de felicidad. No mucha porque empalaga al alma.


4, 3, 2... la efervescente tarde, se va consumada tras una cortina ámbar. Retocandome los labios por los disparos innecesarios -  ya que varias palabras no dieron en el blanco -  dejo en el espejo el ultimo reflejo de mi enamoramiento.

1... hoy,  una parte de mi  va a mis espaldas, recordándome que no debo morir, ni resucitar de esperanza. ¿Yo?una serie de hálitos descompuestos, romances descompasados, besos desarraigados y cantos a la luna con lagrimas en procesión.




jueves, 2 de febrero de 2017

Fiaca Invernal

El creacionista del dia. Agatha Cervantes.












El fastidioso rayo de luz,
va mezclándose con el celeste apacible del firmamento,
otro dia de Febrero, tratando de fingir ser Enero.




Las letras hastiadas,
vuelcan sobre la pagina recuerdos planos,
demasiado geométricos,
no se quedan en la memoria,
están a un click del olvido.




Envuelta en lluvia invisible,
mi nostalgia brilla sobre el murmullo de una estrella,
la temporada de lagrimas paso,
ahora solo quedan retazos de luz en mi habitación.




Mañana, quizá mañana,
pueda amanecer en Febrero.  




martes, 18 de octubre de 2016

Entrevista en PodCast: Fabiola Morales G.

El creacionista del día. Alex. Fabiola Morales G. 






Fabiola Morales G. CulturArte Producciones©





Fabiola Morales Gasca es titulada del Instituto tecnológico de Puebla en la Licenciatura de Informática y egresada de la Maestría de computación en la Facultad de Ciencias de la Computación de la BUAP. Los últimos años lleva aprendiendo el oficio de Escritura en talleres literarios en la Casa del Escritor y en la Escuela de Escritores. Terminó el Diplomado en Creación Literaria en la SOGEM-IMACP de Puebla. Ha publicado en suplementos literarios de la ciudad y en algunos blogs a nivel nacional como El Búho, Amaranto Arizona, el Sol de México, suplemento de cultura e-Consulta.com, Proyecto 217.  

Seleccionada en cuento para la antología de ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género. Editada por la UAM  2015,  cuento seleccionado para la antología de El placer manda, Recuerdos y Musas de verano editado por la editorial Letra con Arte en España 2015, Seleccionada en  Antología virtual de poesía contra la violencia, Antología virtual de minificción mexicana, Antología Poética Mujeres y sus plumas III en Paraguay  y  finalista de cuento en el concurso de Puebla en cien palabras, convocado por el Ayuntamiento y el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla 2016.

 Es autora de  “Para tardes de Lluvia y de Nostalgia” 2014, editorial Rodrigo Porrúa  y “Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire” 2016 editado por la BUAP.

Es una lectora voraz y escritora incansable.






   

viernes, 30 de septiembre de 2016

LA PALABRA QUE SALVA

El creacionista del día. Carlos Ryuten 










Pensar en las palabras como un mero medio de comunicación, por el cual expresamos nuestro sentir, nuestro pensar, o, por el cual tratamos de comunicarnos, seria reducir la situación a un contexto meramente gnoseológico. La palabra, de forma oral, no solo transmite enunciados acerca de aquello que nos acontece (como lo son nuestros sentimientos, nuestras pasiones, deseos, pensamientos, etc.), sino que también tiene la finalidad de encubrir la verdad, de esconder las distintas formas de nuestro proceder, de nuestro actuar y de nuestro reflexionar, tiene la potencia de trascender, por si misma, la situación temporal y de salvaguardar el legado de nuestro pasado, de confrontarnos con nuestro presente y de manifestarnos a nosotros mismos ante el futuro incierto. En cierta medida, pareciera que la palabra hablada puede determinar nuestra existencia, debido a que esta (la existencia) parece limitarse al terreno de lo comunal, al ámbito de la sociedad y de cómo nos desempeñamos existencialmente en esta. Por supuesto, esto no quiere decir que la totalidad que es el hombre mismo, se reduzca únicamente a la determinación de la palabra hablada, solo indica que es un algo de suma importancia en el quehacer del hombre.



Sin embargo, no es de la palabra hablada de la que quiero referirme en el presente trabajo, a lo que quiero referirme concretamente es a la palabra escrita. La palabra escrita nos puede evocar toda una serie de conceptos similares a los mencionados anteriormente a la palabra hablada, sin embargo, esta tiene la particularidad, por un lado, de trascender el tiempo de forma más concreta, más específica, si se quiere. Esto es, que la transmisión de las ideas expresadas de forma escrita, como diría Jacques Lacan a propósito del destinatario de la carta, siempre llega a su destino. Este destino se encuentra manifiesto no solo en la interpretación correcta del escrito, sino que también se da en el desocultamiento de esa penumbra a la que llamamos “otro”. Todo escrito, de una u otra forma, trata, no solo de mostrarnos una forma de pensar determinada, sino que también nos “habla” del autor mismo, nos muestra, a la vez que sus inquietudes mentales, también sus deseos, aspiraciones, sentimientos, además del entorno sociocultural de su época, nos desnuda su alma, por decirlo de alguna forma, en un desocultamiento de la persona. Entonces, aquí encontramos un problema: ¿Qué ocurre con la intimidad propia del autor, que en un esfuerzo por transmitir sus inquietudes queda desnudo al acecho, la sospecha y el juicio de los demás? Esta es la cuestión principal del presente escrito, y la manera en que Maurice Blanchot (en el apartado sobre Kafka que encontramos en su libro titulado “La amistad”), trata de explicarnos. Por otra parte, la palabra escrita también puede ocultar, llevar a la oscuridad aquello que le es íntimo al autor, y de lo cual solo le puede pertenecer a él.





Queda claro que la vida de Kafka, tal cual la describen sus amistades, es muy distinta de aquella que nos muestra en sus escritos, en estos (sus escritos), observamos la pesadumbre que debe cargar el protagonista ante su propia derrota, la miseria con que encara el mundo que se le ha negado, la arbitrariedad de un mundo subsumido a la burocracia y que despersonaliza por completo al individuo, la “metamorfosis” sufrida por aquel que no es digno de reconocimiento, y que, sin embargo, debe cargar no solo con la responsabilidad de su familia, sino con la del mismo mundo entero, en fin, nos muestra el rostro de personajes caídos en las garras de la existencia misma, acogidos por una especie de neblina que les impide ver más allá de su propia podredumbre, nos muestra una especie de juego vital entre la negación de mi yo y el aceptar desganadamente las circunstancias terribles de la realidad, una especie de dejarse ir, una pasividad total. Esto claramente se contrasta con lo que sus amistades pueden decir de él, según nos comenta Blanchot: “Los demás amigos de Kafka, por otra parte, han reconocido, amado y celebrado todo en el la fuerza viva, la alegría, la juventud de un espíritu sensible y maravillosamente justo”. Entonces ¿Quién tendrá la razón, la verdad sobre quien es verdaderamente Franz Kafka? Todos y ninguno, me explico: naturalmente, una persona no puede ser juzgada solo por la manera en que se expresa sobre el acontecer de su mundo, esto sería un gravísimo error si lo diéramos por cierto, pues el hombre no solo se determina por su hablar, escribir o pensar, el hombre es un constructo que se encuentra en un constante proceso de evolución, puede ir de lo sublime a lo patético en menos de un minuto, es capaz de acciones maravillosas así como de pensamientos verdaderamente ruines, el hombre es devenir porque siempre esta en constante cambio, y, si pensamos en esto, entenderemos que las relaciones interpersonales que sostuvo Kafka, no siempre estuvieron recubiertas por las insatisfacciones que menciona en sus libros, entenderemos entonces, que sus libros formaban parte de un constructo que estaba en su intimidad, y que el trato con sus amistades también reflejaba esa otra parte de lo que constituía a Kafka, a saber: que Kafka era un hombre, con todo lo que ello implica.



Sin embargo, y una vez entendido lo anterior, podemos pensar: ¿Qué hay que descubrir en los escritos de Kafka, si entendemos claramente que no se puede descubrir totalmente al hombre, dada su propia condición de ser en devenir? Bien, la respuesta no es tan difícil de lo que se piensa, pero implica por sí misma una gran profundidad, pues aquello que se trata de develar es su intimidad.




Para Sartre (en su obra de teatro titulada: “A puerta cerrada”), la intimidad significa el último espacio de libertad propio, por ello, el infierno se reduce al carecer de intimidad, pues es una intimidad siendo conocida por todos y yo conociendo la de los demás, lo cual me deja en un espacio donde yo ya no puedo ser para mí, pero tampoco soy para los otros. El querer encontrar la intimidad del autor en sus escritos es algo que ha fascinado a más de uno, sin embargo, la palabra escrita permite, precisamente, crear un espacio de ocultamiento en aquello que es más evidente, y por lo tanto, menos susceptible de ser investigado. Max Brod, a propósito de los escritos de Kafka, menciona: “De un modo general, todos los que se han formado una imagen de Kafka según sus escritos tienen ante los ojos una tonalidad esencialmente más sombría que los que lo conocieron personalmente”. Aquí, debemos entender propiamente que Brod está manifestando claramente lo que se venía comentando anteriormente, que Kafka es un hombre que no puede ser reducido solamente a sus escritos, que el trabajo de Kafka era para tratar de tender un puente de entendimiento entre aquello que le aquejaba y los demás. Brod entendió esto a la perfección, pero no fue lo único que entendió, también supo comprender la situación a la que había sido sometido su amigo, que había sido desamparado a la envidia y al juicio de aquellos que le leían (envidia por no poder entender a Kafka, por no poder sentir plenamente, originariamente aquello que leían), por ello fue que tomo la decisión de sacar a la luz los escritos póstumos de su amigo, por ello se dio a la tarea de modificar algunos, porque entendió que aquello que podía salvar a Kafka, era lo mismo que le había condenado, había comprendido una cosa: “la palabra salva”. La única forma de salvar a su amigo se encontraba en el ocultamiento que permite la palabra escrita.





 La palabra puede también encubrir debido a que puede malinterpretarse (sobre todo cuando hablamos de cuestiones atemporales, que no se pertenecen), pero, en este malentendido se da el encubrimiento de la intimidad del escritor, es una palabra que salva y que se salva a si misma por que busca un destinatario, porque busca ser interpretada pero que confiere la posibilidad de ser puente entre dos personas, porque cuando se encuentra de forma verdadera, genuina, original, confiere un mundo totalmente distinto ya que es el encuentro propio de dos voluntades manifestándose, no de forma jerarquizada, sino de forma horizontal. La palabra escrita puede salvar porque tiene la posibilidad de esconder nuestra intimidad a la vez que muestra un espacio de entendimiento ante el otro, la palabra salva no porque guarde la memoria del pasado, sino porque en ella se encierra la posibilidad de redescubrir o redimensionar aquello que nos caracteriza como humanos permitiendo que el enigma mismo que somos nosotros siga velado en la oscuridad, así, dirá Blanchot: “¡Quien ha conocido a Kafka? ¿Por qué, pues, éste rechaza, por adelantado, el juicio de sus amigos sobre el mismo?... ¿Por qué, cuanto más se acerca uno a su corazón, parece que nos aproximamos a un centro desconsolado de donde a veces surge un rayo punzante, exceso de dolor, exceso de alegría? ¿Quién tiene derecho a hablar de Kafka sin dar a entender ese enigma que habla con la complejidad, la sencillez de los enigmas?






jueves, 15 de septiembre de 2016

Poética de un día limitado

El creacionista del día. Alma Carbajal G. 













Empiezo el dia con dos gramos de energía artificial, 
bebo despacio, como si se tratase de una poción levanta muertos, 
dirijo los pasos y entre cierro los ojos, como si la puerta fuese un espejismo,
no hay salida, pienso, solo por un instante. 



La calle y las personas, se me figuran a trozos de tiras cómicas, 
algunos gritan tanto, que las palabras salen del globo de dialogo.
Cegada por tanta luz y color, 
busco un espacio tranquilo donde pueda recuperar la visión. 





Entro al Museo y el descorche de blancura que suscita el ambiente, 
me devuelve la vista
dos desconocidos, disparan flash y flash entre pestañeo y pestañeo, 
tal vez no saben que una fotografía mental, no es adecuada para la posteridad,
sin embargo hay detalles, que parecen más permanentes, 
cuando son revelados por un suceso presente. 





Las horas se diluyen, 
veo y veo, los ojos han realizado su caminata del día. 
El estomago toca sobre las tripas, la sinfonía del hambre, 
una cremita, un bizcocho ... opciones que parecen deglutirse en mi imaginación, 
opto por beberme un manto de capuchino y endulzarme el cuerpo hasta el cobijo mismo. 





Regreso a casa extenuada,  
por los sonidos de la selva metálica urbana. 
Sintonizo de nuevo el silencio, 
voy cambiando de piel al quitarme la camisa, 
voy cambiando de ambiente, al estar de nuevo en la cueva, 
pero aún, detrás de mi, en la nuca, 
siento las miradas que florecen en la nocturnidad, 
las que después de un día limitado, 
parecen quedar inmersas, esperando penetrar algún sueño vagabundo. 







jueves, 18 de agosto de 2016

DEATH HAS DIED

El creacionista del día. Alma Carbajal G. 









Tendrás de mil amaneceres, enterrados en las cuencas de tu alma, 
y seguirás respirando horrores. 
Asestarás agonía a ráfagas tardías. 
Encenderás animas en plena clonación al otro lado de la dimensión.


¿Pero quién te visitara cuando las eternidades hayan caducado?
¿Quién estará a tu lado cuando el tiempo haya mudado de rostro a otro espacio?
¿Que será de tu trémulo paso, que antes era un mal presagio y descanso en la penumbra de media madrugada?


Al final tendrás de compañera de celda a la luna y al errante sol.
Te iras diluyendo entre teorías pasadas de físicos presentes, 
y seras enunciada solo en la tierra de los eternos, como un lejano sueño. 





jueves, 14 de julio de 2016

EL NIÑO Y EL SOLDADO (Ángel de Guerra)

El creacionista del día. Orlando Toral














 – ¡Adiós a las armas! – Gritó el soldado. Lanzó su ametralladora contra la enorme roca que estaba a su lado y se inclinó hacia el frente para levantar al soldado del ejército enemigo, quien yacía malherido en el suelo abandonando todo su dolor en la tierra marcada por la pólvora y la sangre. Los fragmentos de roca que emergían de las explosiones golpeaban su espalda y su rostro desnudo. El calor dentro del campo de batalla era tanto como el infernal encierro dentro de un horno al rojo vivo.




Apoyó la cabeza del soldado en su brazo izquierdo y con su mano derecha presionó la herida de bala situada en el costado izquierdo del hombre. Asegurándose de que su enemigo se encontraba mejor, lo levantó y lo apoyó en su hombro, pasando el brazo del herido por detrás de su nuca y sosteniéndolo por su espalda. Entonces se dispuso a salir de ahí para llevar al hombre a un lugar seguro. Con la mira de llegar al otro extremo de la barrera que el bosque había formado con rocas y troncos, avanzaron entre las balas que pasaban como una lluvia negra de un horizonte a otro. De pronto, la fuerza le abandonó el cuerpo y cayó tratando de salvar al soldado enemigo. La gloriosa y tan anhelada victoria comenzaba a proteger a sus patriotas, pero no a su objetivo. Una herida en su espalda le hizo arrodillarse al lado de su protegido y la luz desvaneció en sus ojos despavoridos.

            




                 Al final, el destino le había cobrado su acto.



.




– Dime, hombre de guerra ¿Qué te dio valor para desafiar a tus superiores y a tu nación cuando intentaste salvar al enemigo?



El soldado lanzó un par de parpadeos ligeramente confundidos antes de que abriera los ojos y se viera a si mismo tirado en medio de un bosque. Buscó entonces el origen de la voz que lo había despertado. Miró hacia su izquierda y aun con la vista nublada alcanzó a distinguir a un niño dirigiéndose hacia él. Un niño de nueve o diez años de edad, con las prendas sucias y rotas, el rostro lleno de tierra y rasguños en algunas partes.



El último de los recuerdos que su mente había guardado regresó y rápidamente se levantó, quedando sentado en las hojas secas con el pecho agitado.



– ¡Tranquilo! Estás bien. Ya todo terminó – Dijo el niño mientras le acercaba un poco de agua que recién había tomado del río que corría a escasos metros de donde estaban.




– ¿Qué es este lugar? ¿Dónde estoy? 




– A salvo. Estás en un lugar seguro. Pero hice una pregunta y me gustaría mucho que me la respondieras. ¿Por qué intentaste salvarlo? ¿Qué te motivó a hacerlo?



El soldado se puso de pie y miró a su alrededor. El lugar era sorprendentemente tranquilo. Las altas y verdes copas de los árboles lo perdían en un hermoso abismo de paz. La hojarasca regada en aquel bendito suelo era más cómoda y suave que cualquier cama de lujo; y el incesante sonido del río mezclado con el canto de las aves era la música más relajante que había reposado en sus oídos. No había señales de guerra, no había una corteza rasguñada siquiera.


El soldado, tomando el agua que el niño le había ofrecido, lo miró fijamente a los ojos y dijo.



– Nunca antes me había detenido a escuchar los susurros del agua en un río, son hermosos. Y para cuando los escuchas tal vez ya es demasiado tarde. Tal vez ya no tendrás todo el tiempo que quisieras para estar ahí.




                En medio de la guerra he matado a mucha gente, y solo hasta ahora puedo ver que no había razón alguna para hacerlo. Tal vez hay gente mala en el mundo, pero no está en nuestras manos esos destinos ni esa clase de justicia. ¿Quiénes somos nosotros para disponer de quien muere y quien debe vivir? ¡¿Quién?!... – Exclamó el soldado como si todavía lo estuviese reflexionando. – Si cuando ofrecemos nuestras manos para imponer justicia y acabar con los asesinos, condenamos también nuestras manos a las manos de un asesino.




Los soldados enemigos lo hacen por la misma razón que yo: obediencia y servicio a la nación. Pero terminamos asesinando a personas que, en realidad, no nos deben nada. Ya quisiera ver a un gobernante pelear en carne propia sus propias batallas.




 ¿A cuántos hombres he matado? ¿A cuántos hijos, padres, hermanos, esposos he arrancado la vida?






Yo corría en el frente atacando en medio de cañones, balas y otros soldados. Cuando estaba a mitad del campo encontré al enemigo herido en el suelo. Le apunte con mi arma para aniquilarlo, pero no pude. Sus ojos me decían más que cualquier cosa, más de lo que su desconocido lenguaje podría haberme dicho. Vi en él el mismo sentimiento que me invadía. Él no quería morir ahí. Quería volver y abrazar a su hijo. Quería regresar para besar con todo el amor y pasión a su esposa y hacerle saber cuánto la amaba. Quería morir envejecido al lado de su familia y abrazando a sus nietos.





 Así que decidí salvarlo. Trate de llevarlo a un lugar seguro fuera del campo de batalla pero, cuando estábamos a punto de cubrirnos entre los troncos de los árboles y las grandes rocas, caí junto con él. Un cuchillo que se había clavado en mi espalda me hundía en la oscuridad eterna. Dirigí mi mirada hacia el soldado y noté que me decía algo, pero yo ya no podía escucharlo. El peso de mi cuerpo, del suelo, del viento e incluso del silencio, era demasiado. Y mientras él intentaba sacar el cuchillo de mi espalda, los ojos se me apagaron. Me quedé frágil e indefenso en los fríos brazos de la muerte. Me sorprende que aun esté vivo. Me sorprende que aun pueda respirar y que no haya muerto en ese maldito lugar.






                El niño se quedó mirando hacia abajo y luego dijo.





               
  – ¡No te apures! No quiero que pienses que estás vivo. En realidad no lo estás. Moriste en ese lugar, en ese maldito lugar como bien dijiste. – El soldado quedó sorprendido por lo que recién había escuchado y parecía no poder creer lo que el niño le decía. – ¡Mira! – El niño llevó su mano a la espalda del soldado y luego se la mostró bañada en sangre. – Tienes la herida que te mató, pero ya no te duele. Ahora ya no puedes sentir nada, ni dolor ni miedo, ni alegría ni tristeza. Tu cuerpo es un montón de cenizas y tu alma un pedazo de hielo que se resiste a deshacerse en las llamas. ¡Ya no eres nada!


               
  – Entonces… ¿nada de esto es real? – Preguntó el soldado fijando su mirada hacia su alrededor.

               
 – ¿Esto? Esto si es real. Lo que aquí es inexistente somos tú, yo… – El niño volteo a ver a un hombre que los miraba desde el otro lado del río. – Y ese hombre que ves ahí parado. ¿Lo recuerdas? Es el soldado al que intentaste salvar, murió segundos después de haberte asesinado.



  El soldado quedó mirándolo con algo de desconcierto y parecía querer decir algo pero no dijo nada.


               
 – Sí. – Continuó diciendo el niño. – Tú moriste por mano de él. El no intentaba arrancar el cuchillo de tu cuerpo, él estaba enterrándolo y torciéndolo aún más. Te traicionó. Aprovechó que intentabas salvarlo para matarte a ti. Ahora lo tienes ahí, frente a ti. ¡Anda, envíalo al infierno de una vez por todas!


               
     La mirada del soldado se quedó fija e inmóvil, sus pensamientos rebotaban una y otra vez dejando ecos solamente repitiéndose en su conciencia. Por un momento pareció susurrar cosas, y en instantes no sabía ni siquiera a donde mirar.


               
   – No – Dijo al fin. – Esa no es decisión mía. Quizá lo merezca, pero no seré yo quien lo haga. Hay gente mala en el mundo, pero sin esa gente nada de lo que ahora es podría ser. Y ¿Cómo podríamos asegurar cuan mala es? Si, quizá, para ella los malos somos nosotros. Además, un mundo de eterna dicha llegaría a ser aburrido. Sin Judas no hubiese habido traición ni crucifixión, sin el espectro de la muerte persiguiéndonos no sabríamos lo que es luchar para vivir. Triunfos, caídas, todas nos enseñan algo. Y es aquí donde aprendemos a valorar hasta lo más pequeño que tenemos. Sin oscuridad no existiría la luz. Sin Dios no existiría el diablo. Sin maldad no sabríamos lo que es la bondad. Sin errores no sabríamos lo que es correcto. Sin guerras no conoceríamos la verdadera paz. Todo lo que nos pasa nos pasa para que aprendamos algo, y es necesario que sepamos eso.Solo hay una cosa, me gustaría mucho saber qué fue lo último que él me dijo antes de mi muerte.

             



                 El niño lo miró fijamente y dijo.



               
  – Él, habiendo clavado el cuchillo en tu espalda, dijo con rabia y fuego en el corazón:  “Al fin te encuentro, desgraciado. Mataste a mi familia. Fuiste tú quien arrebató la vida a mi esposa y a mi hijo. Ahora muere, infeliz. Muere. Y arde en las llamas del infierno.”



  – Entonces él tenía buenas razones para asesinarme. – Dijo el soldado ahora un poco más tranquilo.


            
  – Sí, y en verdad lo hiciste. – Decía el niño. – Yo estaba en mi casa junto con mi madre. Nos disponíamos a comer, pero ella estaba muy triste. Mi padre no estaba, había ido al campamento de guerra y aun no regresaba. De pronto oímos gritos y disparos afuera. La gente comenzó a correr por todas partes muerta de pánico. Mi madre atemorizada, corrió a abrir la puerta del sótano y me llamó para que entrara con ella.



Pero para cuando eso ocurrió tú ya habías entrado. Tomaste tu metralleta y le disparaste a mi madre matándola al instante. Corrí hasta donde dejaste su cuerpo sin vida y me arrojé a ella para abrazarla. Y entonces me disparaste a mí. – El niño levantó sus prendas descubriendo cuatro heridas de bala incrustadas en su pecho. – Tú todavía estabas ahí cuando mi papá entró, le disparaste también, pero él no murió. Cuando él reaccionó tú ya te habías ido junto con los otros soldados de tu nación. Entonces mi padre tomo nuestros cuerpos y juró que no descansaría hasta encontrarte y matarte. Y eso es lo que ocurrió. Ese hombre que ves ahí es mi padre. Y yo… Yo me quedaré aquí para siempre por culpa tuya.




Brotaron un par de lágrimas de los irritados ojos del soldado y corrieron por sus mejillas limpiándole de la mugre y el sudor a su paso en su rostro.



 – Pero no te preocupes. – Dijo el niño. – Ya entiendes que hay gente mala en el mundo, pero que gracias a ella todo esto es así. Comprendes que, mientras para nosotros la otra gente es mala, para ella nosotros somos los malos. Entiendes que nuestros actos en contra de otros al final regresan a nosotros mismos. Pues de todas formas todos nos vamos a pudrir aquí y todos vamos a arder con nuestro propio fuego. ¿Lo ves? Todo tiene sentido al final. Ahora quisieras decir a tus padres cuanto los amas, pero ya no los tienes cerca. Quisieras abrazar a ese hijo tuyo al que nunca viste, pero ya no sabes ni siquiera en donde estás tú. Quisieras pedir perdón con un beso a la hermosa mujer que dejaste llorando aquella noche lluviosa, pero notas que ya ha encontrado el consuelo en otros brazos. Quisieras vivir, pero ya no tienes el cuerpo y la voz que necesitas.  Escuchas los susurros del agua en un río y al fin notas lo hermosos que son. Anhelas quedarte toda una eternidad ahí para escucharlos, pero te das cuenta de que ya no tienes todo el tiempo que deseas. Te das cuenta de que ya es demasiado tarde.