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jueves, 29 de noviembre de 2018

Abandonar la prepa

El creacionista del dia. Adán Echeverría












Le llamaría Ripetti para burlarse de aquel hombre que había abusado de ella en la preparatoria. Por cuestiones de idiosincrasia, moral y esas imposiciones que norma la iglesia mexicana desde la Conquista ella no podía acudir al aborto como sus compañeras de escuela lo hacían, ahí con el Dr Chávez en la colonia Sarmiento. No. Ella era niña de su casa, y como tal tenía que ser bien portada. La continua opresión familiar la acorralaba: Niña, no corras; las niñas no sudan ni andan empujándose; qué juegos son ésos, chamaca, hasta pareces varón. Una señorita tiene que sentarse con las rodillas pegaditas, y cuando uses falda ponte la palma de la mano derecha enfrente, para que nadie pueda mirarte los calzones. "Me hartan los calzones", decía Rebeca refunfuñando mientras corría a su cuarto, tumbándose en la cama para sollozar a sus anchas, al sentirse vigilada por la madre, la abuela, los hermanos.

Tu padre y tus abuelos han construido este apellido que llevas, con mucho empeño, constancia, y buenas relaciones; no vas a venir tú, ahora, a ensuciarlo con tu mal comportamiento. "Dirán que con mucha poca madre ", murmuraba la chica a solas mientras garabateaba en una libreta que llevaba a la preparatoria, harta de la cantaleta de siempre.

Ripetti; así quiero que se llame.

Pero ése no es nombre de cristianos, chamaca, cómo le vas a poner así.

Pues pueden ponerle Jacobo, Manuel, José, o como se les de la gana, pero créame madre, yo le llamaré siempre Ripetti; que no le quepa duda.

Era un reacomodo de letras para recordar a aquel maestro que siempre perseguía a las muchachas y que, a pesar de que Rebeca no era una chica fácil, tampoco se había comportado como una santurrona cuando lo tuvo enfrente y a solas.

Empezaban los ochenta, AC/DC andaba de gira presentando las rolas de Back in black, habíamos sobrevivido la complicada década de los 70; con el mundo llegando a la cúspide de la guerra fría entre el bloque socialista y el capitalismo americano, y poco faltaba de ese año para que John Lennon muriera asesinado. Era octubre, en la preparatoria aquel profesor de filosofía, que pasaba ya de los cincuenta años, comenzó su continua cacería de inicio de curso: "Las muchachas de prepa no piensan", reía frente a sus compañeros desde aquellos días cuando comenzara a dar clases apenas cumplidos los 25: "Viven en una disyuntiva: para sus padrestodavía son niñas, y para sus compañeros comienzan a oler a hembra. Ellas lo saben, y mucho hacen por sentirse atractivas. La libertad del rock que se escucha en las estaciones de radio, el espíritu que camina con la moda, todo aquello de la igualdad sexual que se pregona, las lleva derechito a nuestras camas. Las hacemos brincotear un rato, y luego las mandamos a volar. No falla, gallo; es en serio".

Pero esta idea recurrente que al principio sonaba divertida, dejó de parecerlo para sus demás compañeros porque, como era lógico, crecieron; se hicieron adultos responsables, profesores de cátedra, padres de familia, y con el paso del tiempo, igual se fueron transformando en padres de chicas que estudiarían la preparatoria. Pero el compañero Milton Repatti no pudo entenderlo.

"¡Hey Repatti!", le gritaban los compañeros por los corredores de la prepa cada septiembre: "¡Ya miraste a la chaviza!" Y el profesor Repatti, saludaba cortés, con los ojos persiguiendo siempre algunas pantorrillas, y una sonrisa desencajada metiéndose entre los ojos de las chicas que cada año pasaban por las aulas: "¡Claro que sí, gallo, desde temprano estoy de cacería!"; solía confirmar. Sus compañeros lo dejaban ser, pero aparte, cuando Repatti se ausentaba, entre ellos lo maldecían: Pobre hijo de puta, está casado, con hijas ya casaderas, y sigue en la misma voluntad idea fija. Como su hermano es el mero máster de la Universidad, ni quién lo corra al cabrón. Hay que llevarse bien con él, porque si lo acusas, capaz que eres tú el que se queda sin trabajo.

Poco tuvo que pasar para que el profesor Repatti, coincidiera con Rebeca en aquella escuela. Años después el mismo Roger Bartra hablaría así del 'libre albedrío': "El hombre cree que toma decisiones por sí mismo, y que ésa es su gran libertad; qué equivocados seguimos estando". Y Rebeca no tuvo escapatoria. Odiaba a su madre y a toda su familia, y en la prepa, su segundo hogar, conocería a un profesor de filosofía mayor de cincuenta años, dedicado a perseguir alumnas.

Si te acuestas con él, olvídate de estudiar su materia. Te pone puros dieces. Hasta te ayuda con otros maestros para que te pasen; el viejo está bien parado.

¿Y aquello, también está bien parado?

Jajajaja, pequeño, pero todavía le funciona. ¡Qué importa, tú!; la cosa es aprovechar.

Rebeca escuchaba a sus compañeras con atención, pero precavida; no era santa, claro, pero tampoco una zorra como aquellas; además el viejo pues... era un maldito anciano, que flojera; imaginarlo desnudo le causaba asco. Si se tratara de un maestro joven, de buen aspecto. Pero el tipo apestaba casi a muerto, para qué arriesgarse. Y entonces conoció a Efraín, un compañero de la clase de deportes. Flaco, alto, moreno claro, con el pelo cortísimo, a lo militar, diferente a aquellos greñudos que caminaban por la ciudad presos del ambiente ochentero. El chico era atento, educado. Rebeca no lo pensó mucho, cuando Efraín se acercó para invitarla al centro de la ciudad; para ir a una estación de radio, y aceptó. Un amigo de Efraín, el Ricardo, conocía a un locutor ahí, quien le dejaba poner algunos de sus discos de rock para los radio escuchas. Rebeca lo acompañó varias veces. Dos semanas después de andarse viendo, le permitió dejarla en la puerta de su casa. El chico sabía ser divertido; y ella no quería hacer nada a escondidas de su familia. Su madre lo saludó con tal sequedad, que puso incómodos a todos. Efraín se despidió, con un cálido apretón de manos.

Es la última vez que quiero verte con ese indio, sentenció su madre. Tienes un apellido que cuidar, y cómo te atreves a pasearte con ese mentecato.

¿Qué tiene, cuál es el problema? Es un chico serio y estudia conmigo en la prepa. Tiene buenas califica… Y sintió el golpe en la boca, y la sangre correr por sus labios.

¿No entiendes? ¿Eres estúpida? Tu padre y tus abuelos dirigen muchas empresas. Y la prensa siempre está pendiente de ellos. Y tú, en vez de comprender y cuidar el nombre de tu familia ¿te dedicas a salir con indios? No tienes conciencia de quién es tu padre, tus abuelos, yo misma. Me tienes hasta la madre con tus estupideces. Ya decía yo que era una locura que estudiaras la preparatoria. Debiste entrar a clases de modales, o de cocina, para que aprendieras a comportarte, y te volvieras una buena esposa. Pero esas ideas de tu padre, para quedar bien con "los de abajo". Escúchalo bien, chamaca, no quiero volver a verte con ese pendejo.

El lunes, al bajarse del carro, y caminar hacia la escuela, estaba decidida. No dejaría a Efraín. Pero terrible fue su sorpresa al ver que el chico le huía. En el segundo horario de descanso pudo encararlo. Lo encontró en las canchas haciendo deporte. Estaba de espaldas.

¿Me estás evitando? ¿Qué te hice?, el chico se dio vuelta y Rebeca constató que tenía un ojo aún morado. Luego de dejarte alguien me dijo que no me volviera a acercar a ti, o me iría peor. No quiero tener problemas; no tengo tu dinero, y necesito terminar la preparatoria. Lo siento. Y se fue casi corriendo, dejándola plantada en las canchas de basquetbol. Caminó cruzada de brazos hacia su salón. Al entrar, solo estaba el profesor Repatti.

¿Qué haces acá? Todos se han marchado. Hay una protesta por el arresto de tres estudiantes, en una redada que hicieron los policías en El Chac Mol. ¿No te enteraste? Algunos maestros que

conocen a los estudiantes, organizaron la marcha, y se dirigen hacia el Ayuntamiento a exigir su liberación. Se va a poner… Pero Rebeca no podía escucharlo. No acertaba a pensar con claridad.

¿Qué te pasa, pequeña? Y la chica comenzó a llorar amargamente.

Repatti supo que era su momento. "Las chicas cuando andan tristes, son mucho más fáciles. Un poco de ternura y terminan entregándose", era uno de sus postulados. Se acercó a ella; y para que se calmara comenzó a acariciarle los cabellos, consolándola. Le ofreció su pañuelo. Le pidió que le dejara comprarle un refresco, para que se sintiera más tranquila y pudiera contarle todo. Vamos, mi carro está en el estacionamiento.

Rebeca no sabe exactamente cómo pasaron las cosas; las casas cruzaban ante sus ojos al avanzar en el vehículo, pero se sentía desorientada. Sus ideas iban del rostro de Efraín a las palabras de su madre. Recuerda la charla, el refresco, que el profesor la escuchaba, pero no supo cuándo aceptó ir a su casa, que se encontraba cerca de la salida a… Lo que si sabe, es que terminó consintiendo al sexo. Nadie la obligó y no se sintió forzada. Las palabras de sus compañeras, el golpe de su madre y sus gritos, el ojo morado de Efraín, el calor mismo en la ciudad, la fueron conduciendo de la mano a esa situación; pero fue ella, sin la ayuda del profesor, quién se quitó la ropa, y abrió las piernas: No soy una chamaca como todos creen. Decidió permitir que las cosas pasaran. Y el profesor se había mostrado gentil.

Luego de esa tarde la relación entre Rebeca y el profesor Repatti se volvió más estrecha. Rebeca comenzó a desinhibirse, su lenguaje vocal y corporal se hizo diferente. Su propia madre lo notó, y entre sorprendida y temerosa de aquel cambio, decidió dejar de retarla, para ver por dónde iba la muchacha. Hasta que se dio cuenta que estaba embarazada.

Ripetti se va a llamar, y al que no le guste, puede irse al cuerno.

¿Quién es Ripetti? preguntó el padre de Rebeca, cuando al fin estuvo a solas con su esposa; eran un matrimonio que ya no solían compartir intimidad más que en sesiones programadas y puestas en agenda con tiempo. "No tengo la menor idea", contestó la esposa, que gateaba desnuda sobre la cama.

El profesor Repatti también notó aquellos cambios en la conducta de Rebeca. Primero la observó dejar de consumir refrescos, ahora pedía los mismos preparados de alcohol que él, si la llevaba a un restaurante; y no solo uno, varios; le gustaba mucho fumar; y en la cama, sabía manejarse con mayor soltura. Cuando el embarazo comenzó a notarse, las murmuraciones vinieron acompañadas del crecimiento abdominal de la muchacha. El director terminó llamando a

sus padres, y citando al profesor Repatti a la dirección; la comidilla en los corredores era inaguantable. Rebeca sólo sonreía mientras veía el rubor, en el acalorado rostro de su madre. Tuvieron que llamar también al máster de másters de la universidad, el hermano del profesor, porque aquello se había salido de las manos; y los gritos y amenazas de los padres de la chica de 16 años rebotaban por todas las paredes de la escuela. Reclamaban su despido. La esposa del profesor interpuso una demanda de divorcio. Repatti estuvo a poco de ir a la cárcel acusado de estupro. Pero no lo golpearon como a Efraín, porque el padre de Rebeca, sabía la clase de persona que era el hermano del violador de su hija. Para aquel papá la chica no existía y con sus 16 años aceptó por su propia voluntad casarse con un viejo de 56. Absurdo: "Las chicas de preparatoria no piensan", había gritado montado en cólera sobre el rostro del director, lo que ocasionó que toda la planta de profesores de la preparatoria, estallaran en risas: Lo mismo decía Repatti.

Rebeca había consumado su venganza. Pensó que todo terminaría en un aborto con el Dr Chávez, como hacían sus amigas, pero su familia se opuso. La encerraron en su cuarto, ayudaron al profesor Repatti a conseguir su divorcio; y tras el nacimiento del pequeño Ripetti, la casarían con aquel hombre que parecía su abuelo.

Pero no ocurrió. El profesor Repatti fue encontrado asesinado en El Chac Mol, a donde había ido a festejar su anhelado divorcio. Se quiso poner exquisito con las chicas del lugar, y ya entrado de copas se llevó a una de ellas a los cuartos del hotel que tenía anexo aquel lugar. Al darse cuenta que no era una chica, sino un hombre travestido, Repatti se hizo el indignado. Pero el joven exigía la paga, porque el acto había sido consumado: No reclamaste cuando me la metiste, ¿verdad?

Pensé que era tu gusto, no que no tenías entrada frontal. Fueron las últimas palabras del profesor. El chico le azotó la cabeza contra el suelo, tantas veces, que terminó asesinándolo.

Al saberse libre de aquel casamiento estúpido, que la llevaría al manicomio con el paso de los años, Rebeca pudo sonreír gustosa. Era todavía 1981, se había librado del profesor, del matrimonio, y de que sus padres la trataran como niña: ahora podía encararlos. Podía incluso abandonar la preparatoria, si lo deseaba, para hacerse cargo de su hijo. Era una mujer adulta, madre soltera, con toda la vida por delante. Además había sido convertida en víctima de las circunstancias, la fecha de la boda ya había sido fijada y anunciada por la prensa; y ninguno de los fatales acontecimientos eran culpa suya.

Ripetti se llamará, dijo complacida.









jueves, 23 de marzo de 2017

La imposibilidad de perderte

El Creacionista del día. Adán Echeverría










Cuando dijiste que no éramos amigos entendí que era mejor seguir los planes solo. Decidí no hablar de la realización de mis fantasías. Tuve que agarrarme al recuerdo de Paco. La tarde cuando los agentes llegaron por él y lo sacaron de su oficina, había dicho: “Cuando robes... hazlo solo...” y este recuerdo hizo que me diera cuenta qué debía hacer contigo. Paco intentó expulsar el rencor acumulado hacia sus compañeros que compartieron aquel fraude de computadoras y lo habían dejado solo durante la auditoría; a mi primo le costó la cárcel. Su excesiva confianza en ellos lo perdió. Pagó el resultado de ser tan putañero. En una ocasión le dije (pa que repetírselo): “Me vale que andes con hombres, pero que no te gigoleen, no seas pendejo”. ¿De qué sirvió? Yo era el menos indicado para aconsejarlo. Desde la cárcel me depositó un buen billete, y le cumplí los encargos. Me encantó el rostro de esos mayatitos cuando les quebré la mandíbula. ¿Lo recuerdas?

Quédate sentado, no te me caigas. Mira a Patricia. Calladita como debió estarlo siempre. Mírala por última vez. La remojaré en agua caliente, mientras tú y yo vemos el video, hay que checar las partes que habrá que editar. Igual y esta película también la vendo. No por ti voy a abandonar el negocio. ¿Qué creíste? ¿Qué podías hacerme pendejo? Vamos Jost. La dulce Patricia, su primer y único video. Después de hoy sólo será una chica más de una película casera.


Sí, esos mayatitos. Me gustó ver como jalaban aire. Se veían como peces bagre intentando respirar sobre la playa. Paco era mi familia, por eso lo ayudé. Pero no creí tener que hacerlo otra vez, Jost. No estaba en mis planes. Te tuve confianza. Te platiqué la idea de ganarnos una lana utilizando la candidez de los feligreses, y estuviste dispuesto enseguida. ¡Cómo hemos disfrutado los billetes, Jost! El único sacrificio ha sido la faramalla de portarnos ante los demás como destacados líderes juveniles. Pero que chido es gozar a esas niñas de carita tierna que llegaban al grupo. ¿Acaso no te encantaba igual que a mí? ¿Recuerdas cuando Sofía se desmintió de toda esa basura de: Ni creas que me voy a acostar contigo... se dicen tantas cosas de ti? Fue el inicio del negocio. Y qué películas nos ha regalado la Chofi. ¿Quién podía imaginar el negocio que teníamos con los jovencitos que acudían a la iglesia?


Si algo debo agradecer a Dios, es la inteligencia. Me hace estar atento, para no cometer los errores de Paco, ni los tuyos. ¿De qué te sirvió sentirte culpable? Para este ritmo de vida hay que tener bien puestos los huevos. Me encanta pensar en ese pasaje cuando Salomón pide Sabiduría, me identifico. Es increíble lo fácil que es manipularles el cerebro a los jóvenes.


Tenemos todo controlado ¿por qué salirte? Te enseñé todas las mañas para convencer tanto a las niñas como a los jovencitos. Pa que negarlo, a todos nos mueve el deseo y la sexualidad. Usemos su mente, dije y te enseñé cómo. Para mí, el amor no es más que una utopía. Lo sabes bien. La amistad, Jost, eso es lo que no debe romperse. La confianza en los amigos, ya vez en que acabó Paco. Cinco años, y al salir se fue de acá, para no toparse con la verdad de haber mandado asesinar a sus amigos. La confianza entre él y yo sigue firme.

Paco no me va a traicionar. Me debe tanto. Nos hemos beneficiado. En el extranjero mueve las películas con agilidad y cuidado. Pero tú, Jost, de verdad te creí más astuto. No pensé que el amor te pegara tan fuerte. Sí, reconozco que Patricia es hermosa. Pero ¿y todo lo qué habíamos compartido? Para que esa noche me salieras con la estupidez de: “No eres mi amigo”.

¿Cómo pudiste dejarte manejar por Patricia? Te conocí tantas mujeres. Las tenías a la mano. El negocio funcionaba a pedir de boca. A la iglesia nunca van a dejar de llegar niñas tiernas, lo sabes. Y siempre ha sido chingón estrenarlas. La Paty te ha cegado y mírate ahora. ¿No respondes?, ¿qué vas a responder?


Por eso te advertí esa noche: “No me importa que estés loco por Patricia, aún así, no le cuentes nada de lo que hacemos. Si no quieres seguir, adelante, deja todo. Pero no me tuerzas. Se supone que eres mi amigo”.


Te olvidaste de esa niña que llegó exigiendo la ayudásemos o nos denunciaba. Sus papás la estaban buscando. Casi se te muere. Tuve que intervenir para limpiar las cosas: encubrir a la niña, hacer que saliera de la ciudad y se fuera a vivir con Paco al extranjero. Ayudé al estudiante de medicina a practicar el aborto. Volví a ver la sangre en mis manos sin sentir asco. Lo recuerdas, imbécil. Casi se nos muere. Una vez pasado el susto, cuando nos reíamos del suceso, me dijiste en la cantina: “No importa qué pase, siempre estaré contigo; si vuelas, volaré a tu lado. Si caes, caeré contigo”. ¿Lo olvidaste? Yo no. Para que por una zorra me digas: “No soy tu amigo, ni lo creas”. Chinga tu madre, Jost.


Por eso apenas tu relación con Patricia patinó, supe que debía actuar. Quizá no lo pensé al instante, porque la amistad que te tenía era gruesa, al menos para mí. Esa mañana cuando me pediste que hablara con ella, que habían terminado, quise actuar a tu favor. Aún me veo escuchando tu voz en el auricular: “Siempre toma en cuenta lo que dices, háblale. Hazlo por mi”. Vaya sorpresa con la chamaca. No pude más que pensar: Todas son iguales.


Tal vez si pueda verte, le dije a Patricia, después que se lanzó con descaro. No importaron los argumentos que le expuse, esos rollos de: “Todo lo que han vivido. No dejen que se vaya al caño”. Y, ah qué chamaca, solo repetía: “Es a ti a quien siempre he querido”. Y tú enamorado de ella, pero que pendejo fuiste. No te preocupes Jost, nunca me han interesado las tontas. Casi me vomito por la cursilería. Que ganas de repetir los estúpidos diálogos de las telenovelas: “El hombre de mi vida”.


Cuando colgué el teléfono hice la reconstrucción. Según ella tú habías provocado todo el teatrito con esas mamaditas de querer ser seminarista: no mames. Si estabas hundido en el lodo igual que yo. Seminarista, mis huevos. Y con una hembra tan fogosa.

Si dudé. Lo sospeché todo. Recordé las palabras de Paco: “... hazlo solo... cuando robes... hazlo solo” Quizá sólo fue un momento nada más, pero lo hice. Y esa forma de ajedrecista que tengo al pensar. Me preparé para cualquier movimiento: ¿Y si están de acuerdo para sacarme de la jugada? ¿Qué hay con esta confesión insospechada de Patricia? ¿Porqué hablaste en la mañana pa decirme que tronaste con ella? Patricia jamás ha demostrado una actitud coqueta hacia mí. Por eso vine preparado. ¿Acaso creyeron que soy tonto?


Llegué a su casa a las cinco. La ciudad se inundaba por una lluvia que se dejó caer desde el medio día. Estaba empapado y me encantó la cortesía que tuvo Patricia al dejar la puerta abierta. Por el interfón me pidió que subiera la escalera de servicio. Caminé con sigilo y al llegar arriba, la vi. Estaba de pie junto al espejo, desnuda, peinándose. Hicimos el amor al menos dos veces. Siempre alerta por si llegabas por la espalda. No fue así. No había plan. Eso dijo Patricia. Repitió que me quería e idioteces como esa, pero el enojo que traía pudo más que sus ñoñerías. Ahora su piel irá quedando suave por el agua de la tina en que la he remojado. No merece ver la película. Esto es entre tú y yo.

Se que todo debió quedar en haberme cogido a tu novia como venganza. Pero ella insinuó que estaba enterada de “a qué nos dedicamos” y quería ayudarme a continuar. ¡Qué descaro! Así fue, tu zorrita quería meterse al negocio y reclutar otras niñas de la escuela de monjas donde había estudiado la prepa. Quizá era buena idea. Pero no soporté que le contaras todo.

Mira la pantalla, ¡mírala! No cierres los ojos. Cuando entré a su cuarto se cubrió las tetas y se metió al baño. Aproveché para poner la cámara entre las cosas del tocador. Voy a adelantarla. No te quiero aburrir con la parte erótica, ¿para qué? Quiero que veas el momento clímax. Acá... Es ella suplicando. Ese es el momento cuando, ya enojado por sus idioteces, la tomo de los cabellos. Mete las manos para defenderse. Sí, esta parte es chida, cuando la golpeo con la lámpara. Ahora le hago el amor ya muerta. Bueno ¿qué?, uno tiene sus gustos. Hay que explorar de todo. Lo vez. Es la sangre de su rostro embarrada en mi pecho. Ahora te hablo por teléfono. Voy a adelantarla de nuevo por que no pasa nada mientras te espero, y eso será aburrido para los compradores. Lo editaré.


Ah que mi Jost, ni siquiera lo dudaste, ¿eh, puto? No tardaste en llegar. Abres la puerta y miras a Patricia sentada en el colchón. Ve el asombro de tu cara. Ella recargada en la cabecera, no te devuelve el saludo, no contesta. ¿Acaso notaste la rigidez de su rostro? ¿Qué quieres? No soy buen maquillista; se le ve bien, ¿no? Estoy seguro que no te diste cuenta que estaba muerta. ¿Lo hiciste? ¿Qué vas a contestar ahora? Corres hacia ella y ahí voy detrás de ti con el cuchillo en la mano, ni siquiera lo imaginaste: una... dos..., caes de rodillas... cuatro... seis...

Claro que no. Ahora puedes ver que no necesito a nadie.



martes, 15 de noviembre de 2016

Entrevista en PodCast: Adán Echeverría.



El creacionista del día: Adán Echeverría. 











Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011) En espera de la noche (2015); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).



Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.



Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC










1. ¿Desde cuándo te ha interesado la literatura y porque te interesaste en este género en particular? 

El primer libro que me compré con mi dinero fue La isla del tesoro, de Stevenson. Pero desde los 10 u 11 años, cuando hice la primera comunión, yo leía el nuevo testamento, y no me bastó, por lo que me puse a leer en forma la Biblia, leía y leía sin parar. Antes de escritor, mi interés en la literatura era ese, la lectura, la Biblia, Edgar Allan Poe, Mafalda de Quino, comics… había en esa época series de dibujos animados, la biografía por ejemplo de Pedro Infante, que leí en comic cada domingo cuando íbamos a comer al mercado. Mi interés primero fue la lectura. A los quince años opté por comprarme una guitarra acústica, y entonces comencé la redacción de mis primeras letras. Y así hasta que escribía más de lo que componía. Cuando dejé mi banda de rock, entonces me quedé solo con los poemas. Publiqué mi primer poema en 1994, en la Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán. Yo tenía 19 años. Ya había publicado otras cosas en revistas propias, que hacía para la Facultad donde estudiaba, pero estos no los considero porque no pasaron por el rigor de otra persona que no fuera yo. Siempre he pensado que la literatura tiene que validarla el otro, el lector, el editor. Por eso es que considero que mi primer poema El Enfermo, fue mi primera publicación en 1994. Así que considerando tu pregunta puedo decir que entre los 15 y 17 años es cuando empecé a dedicarme a la literatura. Primero con la poesía, luego el cuento, el ensayo, la novela, la dramaturgia.






2. Tu poética es única al del resto, pero ¿nunca te han criticado por no escribir una poesía más tradicionalista? 

Reciéntemente en una lectura en el Foro Coincidir, acá en Ensenada, Baja California, presentamos mi más reciente poemario publicado En espera de la noche, y alguien del público me dijo: Me gusta mucho tu trabajo, pero ¿no te preocupa que tus poemas sean un poco diferentes a la poesía que las personas quieren escuchar, es decir, tus poemas no son muy románticos, invitan a pensar, y de pronto, en ocasiones pueden ser un poco difíciles de entender para los demás lectores que no están acostumbrados a este tipo de poemas? Y le contesté lo mismo que a ti: la literatura es comunicación, en ocasiones algo nos parece distinto o con un lenguaje diferente, porque no estamos acostumbrados al uso de algunas palabras, o algunas expresiones. Como mecanismo de comunicación, el poema comunica algo a su lector, si no lo logra no es que no sea un buen poema, puede ser que el lector tenga que esforzarse un poco más, conocer un poco más del lenguaje, dar una segunda leída si es necesario, si ante todo no comunica nada, si muchos dicen que no comunica nada, entonces quizá estemos frente a un acto fallido de comunicación. Pero si comunica, si logra hacer sentir algo al lector, entonces es que el poema ha cumplido su cometido. Las palabras del español son muchas, y los poetas tenemos la responsabilidad de ir conociéndolas, y podemos transformarlas, podemos incluso crear palabras nuevas, y los lectores, las irán aprendiendo con nosotros, así se forma y transforma el lenguaje. 

Nunca me han criticado por alejarme de lo tradicional, ni tampoco me han criticado por no hacerlo, en particular porque en México, los autores estamos acostumbrados a no criticar las obras. Y cuando lo hacemos, criticamos a las personas. Me han criticado de muchas cosas. En Mérida hasta sacaron alguna vez mi rostro en la portada de un periódico amarillista diciendo Escritor pervierte jóvenes alumnos de su taller, y luego dan la voz a una mujer que dice: Mantiene secuestrada y drogada a mi hija y no me deja verla. Cuando leí dicha portada, que compañeros escritores me hicieron llegar, le llamé a la chica que hacían mención, para pedirle una explicación de eso. Me dijo que su madre estaba loca, que la demandaría, y lo hizo. El ministerio las citó y acordó que la señora no se acercara más a su hija, mayor de edad. La joven ni siquiera vivía conmigo, sino que trabajaba como instructora comunitaria y toda la semana vivía en su comunidad rural, donde daba clase. Pero los periódicos son así, no confrontan versiones, no hablan con las partes, no generan crítica, no investigan, reproducen boletines, aplauden obras publicadas, premios, dicen y creen que un jurado de tres personas es suficiente para validar una obra literaria. Errores de esa naturaleza que ha construido el mito de muchos escritores. Muchos escritores ganadores de premios, quedarán en el olvido, y muchos autores que no ganan premios, y que luchan por una publicación dejarán escuela entre sus lectores y alumnos.






3. ¿Qué libro de los que has publicado has amado en crear y cual otro no tanto?

Todos mis libros han sido y son importantes cuando los voy creando. De alguna forma tienen una propia historia, y dan vueltas mucho tiempo en la cabeza, hasta que ocurren y pasan al papel. Mis primeros dos libros El ropero del suicida y Delirios de hombre ave, eran un solo libro. Hubo una convocatoria en la Editorial Dante, la cual gané, pero el jurado y los encargados del premio me dijeron que el libro era muy extenso, que lo dividiera, lo hice, y luego me dijeron que para darle cabida a otros autores me invitaban a elegir entre uno de ellos. Así que con ellos solo saqué El ropero del suicida. Este libro lo amé, aunque hoy piense que me he alejado de ese estilo, y sin embargo, me sigue gustando. Yo daba clase en una prepa, y tenía un taller con algunos alumnos. Una alumna era una gran lectora, pero le prohibían leer, porque sus padres eran de una religión demasiado controladora con ella, así que me regalaba sus libros. Un día me pidió que le diera algo mío para leer, y le entregué el Engargolado apenas de mi Ropero del suicida, completo, eso fue un viernes. El lunes me llamaron a la dirección de la escuela, para decirme que tendrían que despedirme, por haberle dado ese libro a la jovencita de 16 años, y sus padres lo habían encontrado, y por tanto yo era un pervertidor que entregaba obras “sucias” a jovencitas de 16, que aún “no piensan”, por lo que las lecturas que se les da son únicamente las que ha aprobado la SEP. Moría de risa, pero así ocurrió.

Xenankó, es un libro que me costó mucho, porque lo construí con una beca estatal. El proyecto original era Un Bestiario sobre fauna en alguna categoría de riesgo en Yucatán. Pero el jurado –que todo lo sabe siempre- dijo que mejor construyera una historia que entrelace a esa fauna, porque los bestiarios se habían hecho mucho, aunque en Yucatán no hubiera claro. Decidí hacer caso de lo que el jurado quiso, y luché durante 11 meses para terminar esas historias que me costaron mucho, el último mes escribí el Bestiario que me originalmente me había propuesto, y ese salió libre, hasta hoy me gusta, y los lectores lo siguen celebrando y compartiendo.

La confusión creciente de la alcantarilla fue rechazado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, porque no reunía la calidad que ellos exigían. Bueno, en España lo aceptaron y ahí se publicó, dentro al editorial Efory Atocha, de Santiago Méndez, quien habiéndole gustado mi trabajo poético un día me escribió un correo diciéndome: Quiero regalarte la impresión de un título de tu trabajo poético, escoge cuál, y envíamelo. Lo mismo ha pasado con los libros de cuentos y novelas. Las oportunidades de publicar se han dado, y yo las he tomado. Todos los libros me han gustado, hoy puedo decir que En espera de la noche, es un libro tierno, y que me gusta mucho. Le he dedicado un fragmento del mismo a mi hija Diana Luz Echeverría, a quien no veo desde antes que cumpliera un año, hoy tiene ya 4 añitos; es un poemario testimonio de todo lo que pasaba entre su madre y yo, en ese tiempo, aquel amor tan fuerte y de tanta pasión, y toda la ilusión de tenerla con nosotros. Termina el poemario con la esperanza de verla alguna vez, o de que ella sea feliz en otra familia, con su madre, lejos de mi.





4. ¿Qué autores de la vieja escuela y que autores contemporáneos recomiendas?

¿De qué escuela estamos hablando? ¿La Escuela del Resentimiento que señala Harold Bloom? Yo soy un fiel lector de los autores clásicos. Creo que hay que abrevar en el pasado, para poder disfrutar en el presente. En estos momentos justo reviso la novela de una alumna, es sobre la Baja California, y el viaje entre la serranía que se convierte en un viaje interior. Con mi brebaje cultural puedo encontrar sentido en Jung, en Freud, en los mitos griegos, en aquella Caverna del profeta Elías; puedo encontrar aquel simbolismo que se narra en Las bodas alquímicas de Christian Rosacruz, y en La cábala, el Corán. Puedo leer Parad los relojes de Auden y escuchar las estrofas del llanto de Gilgamesh por Enkidu, y trazar un paralelismo. Para disfrutar a los contemporáneos, nada mejor que referenciar a los autores del canon.





5. ¿Si pudieras ser un personaje cual serias y como cambiarías – como escritor – tu vida en ese universo?

Soy mi propio personaje, aquel hombre ave que habita desde mis primeros poemas. Soy los muchos personajes que han pasado por mis ojos, y han dejado su baba en mi interior: de Harry Haller a Indiana Jones, de Julian Sorel a Juntacadáveres. Creo que como escritor debemos tener la responsabilidad de saber guardar silencio, para luego poder expresarnos respecto a todos los temas. Creo que el silencio es necesario, y tiene el poder de la reflexión. Creo que la libertad del pensamiento estriba en saber reconocer al otro.





6. Dentro de tu método particular para crear ¿Podrías compartirnos algunos secretos de creación en cuanto a generar una idea – o ideas – que sean clave en la formación del género, en el cual te desarrollas?

Todo lo que me rodea es una idea para la literatura. Cada persona, cada texto que leo. Puedo ir en el camión y escuchar a estas chicas preparatorianas decir que al cumplir los 18 años se van a tatuar todo el cuerpo, porque ya nadie les podrá decir nada. Y me pregunto si ese debe ser el sueño para alguien que pronto cumplirá los 18 años, eso puede generarme un chascarrillo, puede generarme este párrafo, y la idea puede clavarse más adentro y dar vueltas, entonces saldrá una columna de opinión, en una cuartilla, desde las visceras, si la idea continúa en mi, entonces lo rescato y lo paso al papel, y entonces veo si crece para convertirse en un ensayo. En ocasiones el tiempo, el transcurrir de la mañana, me impele a escribir un poema, y este ocurre en el facebook, apenas como un boceto, el cual puede pasar a una hoja luego y crecer y construirse en poema. Para el cuento, ocurre lo mismo, trabajo artesanal. La novela da vueltas en mi cabeza durante muchos meses, hasta años, luego encuentro un hueco en el tiempo, y entonces puedo escrbir escribir y escribir hasta por ocho horas diarias y tener la novela en cinco o seis días, bocetada, la cual se irá construyendo de manera cotidiana, conforma tenga tiempo. Trato de leer a diario, de escribir y comentar a diario, de generar siempre alguna nueva idea, rumiarla y escribir al respecto.





7. ¿Cómo escritor que situaciones son las que te mueven a crear? Hablando de lo que sucede en el mundo, o simplemente es la imaginación que se alimenta de otros universos?

La sociedad es lo que me mueve, sus equivocaciones y las mías. Si parto primero de que el pendejo soy yo, entonces trato de escuchar a los demás, y descubrir el cómo puedo equivocarme tanto, entonces investigo, descargo textos, leo, escucho, hasta que tengo una opinión de algo. Ese algo pasa siempre hacia mi obra. Como escritor recreamos el mundo que nos rodea, ficcionamos al respecto.



8. ¿Crees que las nuevas tecnologías de información y comunicación, ayuden en la tarea del escritor, a difundir, a tarea investigativa o bien a crear desde cualquier sitio? 

Todo es bienvenido. El primer invento del hombre que cambió su vida, fue el lenguaje, pero el lenguaje no se creó aislado, no lo creo alguien para el solito, sino para compartirlo y poder… comunicarse. Luego descubrió como pasarlo a un ideograma, a un símbolo, calado en la piedra o en la madera, en el lodo. Conoció entonces materiales que pintaban y permanecían, la mancha entonces se volvió trazo. Luego descubrió otros medios para imprimir, pieles, telas, papeles. Y muchos años después llegó la imprenta. Era justo reconocer en los medios electrónicos ese nuevo paso hacia adelante, en defensa de los árboles incluso. El papel dejará su lugar a los medios electrónicos, la preocupación no es que ocurra, sino que las empresas busquen las formas de limitarnos las descargas, de querer cobrarnos para editar, para usar estos soportes, porque no permitirán que sea gratis, entonces volverán a establecer diferenciaciones que impliquen que una minoría lee y edita la verdadera literatura de la red, y la que es mala literatura. Porque el ser humano en su egoísmo y ambición, siempre querrá validarse, sobresalir por encima de los demás, y además… beneficiarse delos otros.



9. ¿En qué horario te es más sencillo escribir y porque?

Todo el día me la paso escribiendo. Solo no escribo cuando estoy en contacto con personas. Mientras esté solo, escribiré.



10. ¿Crees que tu literatura deba ser calificada por las personas o por los literatos? - ¿En dónde reside tu valor como escritor al difundir tu obra?

Creo que mi obra y la de todos los demás solo la validarás el tiempo, los lectores de otros tiempos y no de los nuestros. Vendrán lectores, y se enterarán de nosotros, de nuestra obra, y ellos la resguardarán y la pasarán de mano en mano, de boca en boca. No importan las clasificaciones y los oficios, los nombres como literatos, especialistas, son en verdad absurdos a la hora de escribir literatura. Dejad que el lector, quien sea se enfrente a tu obra.



11. ¿Te identificas en creación – estilo – con algún contemporáneo?

Tengo maestros, creo en algunas de sus propuestas. Dylan Thomas dijo que hay que leer muchos poemas, todos los poemas que caigan ante tus ojos, y de todas esas montañas de poemas, encontrarás dos o tres poemas (no poetas) a los que volverás una y otra vez. Creo en eso. Creo en el Manifiesto Poético de Abigael Bohórquez, Si no tiene el poema… no me sirve.


12. ¿Qué figura te movería más al escribir, el sexo, los dilemas del exterior (injusticia, causas sociales, temas TrendingTopic), algún tormento emocional, o una vivencia extrema? 

Me mueve todo lo que tenga que ver con la sociedad y el ser humano, el abuso sobre el otro, la burla sobre el otro, sus tantas equivocaciones, su superioridad ante las especies. Me gusta reírme de mi y del ser humano.




13. ¿Cómo escritor, alguna vez probaste algún tipo de droga para tener una idea o socavar el bloqueo creativo? 

Bebí alcohol desde los 15 años hasta los 39. Tuve suficiente de ello. Pero bebía para destramparme, jamás para escribir. Uno no puede escribir borracho, borracho prefiero coger o seguir chupando, no escribir.


14. ¿Cómo creador tienes conflictos en generar o llevar a cabo tu literatura, con algún texto en específico? ¿Podrías compartirnos un pequeño fragmento del mismo?

No creo tener problemas para escribir en ningún género, porque no pienso en ello. Solo escribo lo que necesito decir en ese momento. Lo primero que pienso siempre es en el poema, y luego me doy cuenta que no es poema, sino que es prosa, y que debo seguir por ahí.



15. ¿Cuántas cuartillas recomiendas escribir al día o a la semana?

Las necesarias. Cuando se habla desde las visceras (delatripa) se genera una cuartilla o cuartilla y media. Cada uno de nuestros post cuando queremos dar nuestra opinión (digo opinión no insulto, vendetta, o ganas de hacer rabiar al otro o de educarlo), siempre sacamos uno o dos párrafos. Junta los párrafos (post) que has hecho durante un día, seguro tendrás una cuartilla.




16. ¿Qué consejo personal puedes darle a los que se inician en el ámbito literario?

Que lean mucho, que lean todo el día, todo el tiempo. Que vean cine, que escuchen música, que charlen mucho, que liguen, que vivan siempre. Y en cada momento de soledad, escriban. Que jamás se queden callados.








viernes, 23 de septiembre de 2016

IDEAS EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN CUENTO

El creacionista del día. Adán Echeverría












Al escribir cuento hay que considerar desde dónde estoy mirando el texto, y hacernos dos preguntas: 1 ¿Quién cuenta esta historia?, y 2 ¿Qué se cuenta en esta historia? ¿La cuenta el personaje, la cuenta el autor del texto?



Al construir cada personaje debemos plantear su profundidad e introspección mediante los actos y el ambiente en el que se desarrolla; en todos los textos siempre debe haber introspección, el autor se deja sentir con honestidad, y el lector lo agradece, porque podrá reconocer lo que está ahí en el texto, qué es lo más fuerte, y lo que más se transmite, eso vuelve poderoso el texto.



Ahora, como decía el maestro Rafael Ramírez Heredia, hay que ser mas cabrones al escribir que nuestro lector, y para serlo, hay que imaginar que le escribimos a un lector muy bueno, a un lector muy educado, que ha leído más que nosotros, y de esta manera plantearnos siempre escribir hacia arriba, darlo todo. Si queremos a un personaje reflexivo, hagámoslo más reflexivo, extremadamente reflexivo; si alegre, más alegre, si suicida, más suicida. Hay que apretar el texto; dejarle poco espacio de movimiento a nuestros personajes, para poder conducirlos y que no se nos escapen. Pero no tan apretados que los personajes sean esclavos, y que no puedan moverse hacia donde el texto indica que deban hacerlo, no podemos acartonar a nuestros personajes. 



Como autores somos los transmisores de esas voces, del genio, de la musa, de la conciencia, que nos habla y nos dicta lo que queremos comunicar. Tan sólo somos transmisores hacia la hoja blanca, donde los personajes viven en ese universo que se les ha construido, que en nuestra faceta de dioses hemos construido para ellos. Veamos pues apretar mediante limpieza y algo que se conoce como Economía del lenguaje.



Nuestra labor como narrador es ir creando las imágenes que se necesitan. Reconocer que el género inicial de la Literatura es la Poesía, es el género básico; pero no lo es porque la poesía sea mas fácil que el cuento o la novela; porque cada género tiene sus complicaciones, y es desde la forma en que se generan que se tornan diferentes para nuestro espacio creativo.



La poesía es creación. Ya aquel Juan, en el Evangelio, nos remarca la diferencia entre el hombre y los animales: el lenguaje, y podemos pensar con los etólogos (estudian el comportamiento animal), que los animales tienen lenguaje; si, es verdad, pero no tienen símbolos que los representen. Juan dice: En el principio era el VERBO, y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros (origen del lenguaje), en esta metáfora se reconoce lo necesario al redactar: el Verbo es Acción, el Verbo otorga Persona y Tiempo, todo verbo otorga eso Persona y Tiempo.



Si aceptamos que la Poesía es el inicio de todo, y que para que haya poema debe haber al menos Imagen Ritmo y Sentido, debemos hacer esta diferenciación entre poesía y prosa: la poesía privilegia la imagen “Un gato brinca sobre la luna”. Nuestra lógica nos impele a pensar que un gato no puede brincar sobre la luna, pero si puedes imaginar que al brincar el gato, si la luna se mira desde una ventana, y ante esa vista se observa una albarrada, y detrás la luna en el cielo, si el gato pasara caminando sobre la barda, y brinca, desde tu mirada, el gato habrá brincado sobre la luna. Porque una imagen es todo aquello que efectivamente podemos imaginar, podemos representarnos en la mente.



Un hombre camina se sienta, brinca vuelva, pedalea, rompe una hoja, si te das cuenta casi son puros verbos (acciones). Miramos a ese hombre hacer todo eso, las acciones se vuelven imágenes. Por eso la prosa se privilegia de los verbos, porque hace que los personajes se muevan dentro de la hoja, dentro de la historia.



La poesía privilegia la imagen y la narrativa privilegia los verbos.



En el cuento y en la novela igual debe haber imagen ritmo y sentido, sin embargo, la diferencia entre un género y otro es que mientras el poema privilegia las imágenes, el cuento y la novela, privilegia las acciones, los verbos, que nos sitúan en el tiempo (en la línea de tiempo en que estamos contando toda historia).



Mientras en la poesía hay un hablante lírico que declama y lee el poema, en la narrativa hay un narrador. Hay muchos tipos de narradores, y se puede narrar desde diferentes personas. Por ello, para poder darnos cuenta de ello, debemos saber dos cosas en cada cuento:

1. Quién cuenta, quién narra la historia. 2. Qué se cuenta, qué es lo narrado.



Una vez que como autores comenzamos a resolver esto en nuestra mente, pensar en un tercer punto: ¿Por qué se narra esta historia? Lo importante para el texto es que el autor sepa responderse: ¿Qué se narra? Y ahí es donde podemos reflexionar en las emociones de los personajes, mientras disfrutamos de las descripciones, y nos situamos con claridad en la línea del tiempo de toda narración.



viernes, 29 de julio de 2016

Una península en continuo desarrollo literario

El creacionista del día. Adán Echeverría











"MPL– ¿Cómo es ahora tu perspectiva de la poesía mexicana y en
especial de la yucateca,  luego de tu estadía en el extranjero?
(…) En Yucatán no está pasando nada que me llame la atención,
está igual que cuando lo dejé en 2013, hace no mucho. (…)
MPL– Entiendo. ¿Entonces cómo concibes ahora el futuro de la escena literaria yucateca?
Me parece que por el momento seguirá igual: la generación de los ochenta ya hizo lo suyo en Yucatán y ya están dados los nombres de los que están trabajando constantemente, que son los que aparecen en la antología Casi una isla, que se publicó el año pasado (2015). Estos autores, sin embargo, muy poco pudieron hacer por Yucatán (o acaso sea mejor decir: quisieron hacer). Muy poco, porque, a pesar de que el resto de la República conoce el nombre de uno o dos poetas yucatecos, no se interesa y desconoce realmente el panorama estatal."
De una entrevista a Marco Antonio Murillo (nacido en Mérida, Yuc. 1986).









¿Qué nos ha dejado la lectura de estos 12 autores nacidos en el sureste de este ombligo de la luna entre 1975 y 1996? Esperanza, libertad, diversidad, pluralidad. Un espacio para el reconocimiento de compartir las existencias. Reconocer al otro en el texto creativo. Porque es en la expresión escrita en donde la palabra dejará pasar el tiempo. Y es el tiempo el que al final pondrá en su lugar a todos los autores.








En este documento hemos agrupado a 12 autores situados en estas regiones kársticas. Los paisajes, las esperanzas, las melancolías de sus espacios vitales. Voces frescas y llenas de novedad en las que pueden, queridos lectores, ir descubriendo qué cosa es Yucatán, cómo se mira Campeche, cómo se descubre Quintana Roo. Porque en estos autores, cuyas edades fluctúan de los 41 hasta los 20 años, se miran los espacios de comunicación en que pueden descubrir sus necesidades de comunicación que nos ayuden a descubrir ¿para qué están escribiendo?





El escritor necesita recrearse en su entorno, alimentarse de él, y conocer el pasado mediante sus lecturas. Esta dualidad experiencial es la que le impulsa a escribir, para llenar aquellos espacios de la literatura que le gusta abrevar. Para los autores nacidos en la década de los 80, encontramos la voz de cinco mujeres, cada una con sus búsquedas propias de voz y realidades. Para las mujeres nacidas en la década de los ochenta, Ángel Nimbé es la más joven. Nace en Campeche, y actualmente radica en Cancún, Quintana Roo, como una clara muestra de la continua movilidad existente en la península de Yucatán, y desde ese recorrer kilómetros de selva define su palabra poética: " Yo, Dios y soy gusano, tecla y tinta de otro dios más fuerte". En una antología apenas accedemos a un fragmento de la obra de un escritor. Justo es que los antologadores y los autores vayan poniéndose de acuerdo con qué fragmento podría ser representativo de su obra, porque el trabajo literario de los escritores evoluciona con el paso del tiempo, y las lecturas. Abrevan en la vida cotidiana, como en los libros que comparten, esa búsqueda de la felicidad como derecho inalienable en el cual parpadean los instantes de sus lecturas. En el fragmento que expone Ángel Nimbé se observa el trazo de posibilidades artísticas con los que se mira a la sociedad y la percibe. El sentir el abandono y la búsqueda interior que no termina de fracasar. El desahuciado hablante lírico de Nimbé no logra salir de la depresión que el mundo le impone: la niñez, la familia, los amigos, los otros, la vida toda: "Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos." La fallida esperanza que narra en sus poemas Nimbé, huele a derrota, a miseria, al abandono en el que uno se nutre cuando quiere llegar a lo más hondo de la tristeza. Uno percibe esa presencia marina, ese olor oceánico que rodea a la península. El espíritu de mar en el que la autora ha crecido, mar y religión como un viaje que se complementa en la actualidad de su mirada: "Vengo a ti como el rey de los ejércitos, para enfermarte como enfermé estas olas, provocar un nuevo amanecer aún más oscuro. Hay otro mar allá, tras esas sombras. Hay otro mar allá, cae en picada sobre la arista del cuadrado mundo."




Habrá que evidenciar que la literatura no tiene genitalidad. El género del autor no debe seguir siendo una validación para la creación literaria. Toda vez que la literatura tiene como primer objetivo la comunicación de ideas; con base en la estética, que cada quien determinará por su habilidad lectora y su experiencia como creador, asimilando las estructuras que mejor impulsen sus creaciones. Lo cierto es que, el género es una creación social determinada con base en las significaciones de cada persona sobre los infantes. El desarrollo de la literatura actual, contempla la validación de dichos pulsos sociales, y no es sino la capacidad de asumir esa postura, como cada autor se nutre de su entorno, y puede desarrollar su actividad creativa y creadora.





Lo importante en este ejercicio antologador que hoy tiene usted entre las manos, es el mostrar el trabajo de estos 12 poetas, afincados en la península de Yucatán. Las diferentes posturas que cada uno recrea mediante su intelecto, su capacidad para asumir sus lecturas, y la asimilación del trabajo creativo en el que logra plasmar su pensamiento. La antología Karst, solo aspira a reunirlos, a entregar parte de su obra ante los ojos censores de amantes de la literatura. No tiene mayores pretensiones que validar a los autores como escritores actuales de esta sociedad que hoy convive en la conjunción de tres entidades federativas diferentes. Autores que se conocen entre sí, y que caminan un tiempo y que por medio de este trabajo ha sido posible retratar.





Abrimos con la excelente muestra poética de Daniel Medina, autor de capacidades claras para la metáfora y la construcción del significante en cada verso. Daniel Medina marcha atento sobre su voluntad creativa, diferenciando en el oficio de escritor el momento justo para la lectura pausada, y para la escritura como reflejo de la reflexión. Enseguida Ariel López nos narra la contemporaneidad con esa soltura con que todo joven platica hoy sobre las drogas, la muerte, la violencia como un juego de niños. Y así mismo presenta en sus poemas esa fresca voz juvenil que tiene mucho de grito, y esperanza a través de saber resistir y levantar la voz cuando hay que hacerlo: "Voltéate periodista de arena, / La playa se tiñe del calor de la tarde / y eres el ojo carnoso cuya pupila absorbe". Melbin Cervantes es el poeta que canta, el poeta que cuenta, el poeta que continúa su búsqueda por un lenguaje como persiguiendo al dios que hay dentro de las palabras, con la finalidad de encontrarlo y ser así mismo dios. Con la fatalidad asombrosa de matar al dios para ocupar su lugar como creador. La batalla que Melbin ha comenzado se puede paladear en sus textos: " Sobre ríos que no cesan / viaja el lenguaje." El autor sigue sobre ese río, no navega en él, se deja arrastrar e incluso nada entre esas aguas buscando las orillas, buscando asentar el pie firme en la ribera. Ese perseguir el silencio que todo autor requiere, esa búsqueda que jamás cesa: "Apagada lámpara, / en el olvido de la noche, / es la esperanza".







Pasamos la hoja, y llegamos a la poesía de Ángel Fuentes Balam. Con dos obras en su haber, Fuentes Balam ha demostrado que la poesía es material para la fuerza del espíritu. Si alguien pretendiera decir que la poesía no sirve para nada, Fuentes Balam le escupiría al rostro porque para eso igual sirve el poema. Para escupirlo, para gritarlo, para golpear en la cabeza. Los poemas de Ángel Fuentes Balam nacen de la certeza de tener los pies claramente asentados en el suelo. Fuera los disfraces, fuera los trajes de corbata, hay que sangrarse los músculos, lastimarse los nudillos en la construcción del verso, así, con esa rabia: "Entre sombras / intento asir el volumen de una garganta que siembra / un antiguo horror entre los hombres con su grito / de impiedad y lumbre."






La otra cara de la moneda poética la leemos en la obra de Ángel Augusto. Si Fuentes Balam es el fuego que todo lo consume, Ángel Augusto es la flama que sabe moldear el acero. Los poemas de Ángel Augusto son cantos y melodía, la mano que abre la bruma para dejar que la luz llegue a los jardines. Sus poemas son la naturaleza, la primavera que derrite las nieves e invita a la reflexión. Uno puede ver al poeta caminando en los jardines, junto a los riachuelos, con el pincel en la mano, dando color a toda la oscuridad que pudiera presentarse en el camino. El hablante lírico que Augusto construye, no solo porta la luz, es la luz que hace vivir a la rosa, la que hace brotar el agua de la roca. Y hasta de las tinieblas de la tradición y el erotismo, el autor enmarca la claridad de su espíritu: "Mi sexo soporta el peso abrumador de tus caderas / Como el peso del mundo / Como el peso de todo lo obsceno / Como el peso del gozo"




Damos vuelta a la hoja para entrar al mundo poético de Alejandra Sustersick. El trabajo de Sustersick planea entre el amor, el desamor, el erotismo, y la amistad inquebrantable. Las preocupaciones literarias de la poeta se perciben en la autoconstrucción del Yo. Cada parpadeo-poema es un espacio físico y lírico para que la imagen sea una parte del cuerpo. Su anatomía se encuentra desperdigada entre los versos de su obra, haciendo de cada poema una estructura corporal independiente en el que la autora enhila sus espacios vitales. La casa, la ciudad, el espacio abierto, el paisaje, los elementos de la naturaleza: fauna, flora, aire, agua, la energía se percibe en el trabajo que Sustersick nos presenta.

 

Manuel Crespo nos recuerda la voz poética de Fuentes Balam, al menos en la energía con la que se construye el discurso. En el poema de Crespo vemos otro espacio mental creativo. Como escondiera la mano izquierda mientras escribe el poema con la mano derecha, dejando la izquierda para nuevas oportunidades literarias de sacar el aullido. Crespo es un autor empeñado en que la literatura sea balsa para sortear el río de la vida. Leer a Crespo es abrir el refrigerador, tomarse una cerveza, y leer con calma. Luego tirarse sobre la pareja y llenarla de besos y mordidas al por mayor.





Para entrar al trabajo de Daniela Eugenia debemos permitirnos la ensoñación. Desde su primer texto titulado 'Matices' la autora hace de la imagen su herramienta que invita a mirar con los ojos de la poesía el caminar del hablante lírico a través de la ciudad. Daniela podría situar su verso entre la poética de Ángel Augusto y Melbin Cervantes. La suavidad y la cadencia del verso se palpan y en ese vaivén prosódico se construye el sentimiento que termina por derramarse en la lectura.





La generación de nacidos en los ochenta cierra con el trabajo de Anel May y de María Jesús Méndez. Los temas de actualidad se presentan en ambas autoras. Los textos intimistas y confesionales de Anel, brincan en la crudeza de la sociedad que se retrata. ¿Qué somos los humanos sino los parásitos y la ruina de las demás especies? Aquello que no queremos ver terminamos por espantarlo de nuestro camino. Y desde ese espanto es de donde se convoca la realidad de la mirada de la autora. María Jesús Méndez en cambio intenta conciliar su individualidad con una sociedad en la que se sabe centrada. Busca dentro de su verso esquivar el encono social para caminar con la cabeza en alto sobre el discurso de su voluntad: "Por momentos, ingenua / me visto de sobreviviente."




Esta reunión termina con el trabajo de Roberto Cardozo un autor que usa el texto poético de manera más coloquial. Aunado a sus influencias literarias, se ocupa de la actualidad, de los problemas y dramas cotidianos: "La noche te despedaza / te va desmembrando poco a poco."




La constante en este grupo de autores acá reunidos es la libertad, la multiplicidad de pensamientos y la diversidad de ideas. La flama que no se extingue en la renuncia a lo establecido, a las autoridades. En Karst se deja constancia de esa muerte de dios, que es la muerte de todo aquello que pretende ser norma causadora de culpas, y se rompe con eso que busca doblegar a los espíritus. Los autores antologados, parecen renunciar a ser víctimas y a ser participes de odios. Se muestran resueltos a vivir y dejar vivir, a leer y dejar leer. No intentan establecer fricciones insanas de valores arquetípicos, sino que soslayan la imprecación del tiempo, sobre los pasados errores y se ríen de todo aquello que intente limitarlos. Tal cual lo ha apuntado Mario Pinda en su poema 'Discurso de un ciudadano más': "Camaradas / hermanos de huella / las calles nos pertenecen / Sangre quién sangre / (…) Basta de resistir / es momento de avanzar a la victoria de pasos interminables / No vamos a respetar los semáforos que impusieron los invasores / patadas al rojo hasta que sea verde / verde de nosotros // Camaradas / Descalzos y valientes / aplastemos las banquetas de los invasores / el asfalto es de nosotros / Recibamos el sol de la mañana caminando / ni un paso atrás / Sangre quién sangre." El espíritu combativo es el que permea en las hojas de esta antología, ese mismo espíritu que se narra en la aulas, que se dibuja en el consumo de libros, obras de arte, filmes. Y sangre quien sangre, hay que seguir caminando, sin más temores a la noche y a la oscuridad. Los autores convocados en esta antología lo han ido descubriendo. Llevan el parásito de la literatura metido entre los ojos, contaminando su sangre. Y solo el empeño podrá decir a dónde habrán de llegar con este impulso que ahora se les brinda al reunirlos y sacarlos a la luz de otros lectores. Porque en Yucatán las antologías no han sido pocas. Las más recientes se pueden nombrar a partir de La voz ante el espejo, para continuar con Nuevas voces en el laberinto, y llegar hasta el trabajo de Casi una isla, para ceder paso a la que hoy tenemos ante nuestras manos.





La literatura en la península de Yucatán es de alta calidad y tiene exponentes tenaces y de gran constancia. Por ello podemos establecer que la década de los nacidos en los sesenta está representada en la poesía por Jorge Lara, José Díaz Cervera y Álvaro Chanona Yza. En la narrativa por Carolina Luna y Carlos Martín Briceño. La década de los setenta en poesía está representada por Lourdes Rangel y Ena Evia, y en narrativa por Will Rodríguez y Roberto Azcorra. Los nacidos en los ochenta están representados en poesía por Manuel Iris e Ileana Garma. Autores cuya obra poco a poco irá formando parte del corpus de la literatura yucateca. Y hay muchos más nombres a los que usted puede acceder con calma, y que nombrar nos llevaría algunas cuartillas. 







Alzan la mirada, y frente a ellos se vislumbra el camino de una carrera literaria que tiene que ser recorrida. Ser escritor no es cosa fácil. Ser escritor no es un disfraz para agradarle a un selecto grupo de personas. Ser escritor es tener conciencia de la creación de personajes, historias que formarán un mundo diferente, a donde viajarán aquellos lectores que habrán de consumir un trabajo, en busca de hallarse a sí mismos. Ser escritor es una gran responsabilidad que tiene miles de recompensas diarias, en el conocimiento y la experiencia que implica la calma observación del mundo que nos rodea. Ser escritor es, incluso, una gran carga que pocas veces deja descansar. ¿Estás preparado para serlo? ¡Que el tiempo ponga en su lugar a los poetas!









Poetas de la Planicie Kárstica: Escritores de la Península Yucateca en 2016 / Antología Reunida  por: Adán Echeverría y Mario Pineda / 12 autores nacidos entre 1975 y 1996
1.      Daniel Medina. Mérida, Yucatán, 1996.
2.      Ariel López. Guatemala. 1992.
3.      Melbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991.
4.      Ángel Fuentes Balam, Mérida, Yucatán, 1988
5.      Ángel Nimbé. San Francisco de Campeche, 1988.
6.      Ángel Augusto Uicab. Mérida, Yucatán; 1988.
7.      Alejandra Sustersick. Mérida, Yucatán. 1985.
8.      Jesús Manuel Crespo Escalante. Temax, Yucatán. 1984.
9.      Daniela Eugenia. Mérida, Yucatán. 1980.
10.  Anel May Salazar. Mérida, Yucatán. 1980.
11.  María Jesús Méndez. Mérida, Yucatán. 1980.
12.  Roberto Cardozo. Yucatán, México. 1975.




Daniel Medina. Mérida, Yucatán, 1996. Cursa estudios de licenciatura en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha publicado Mímesis para Gusanos (LCE, 2015). Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014 por Templo de la fiebre; Mención de Honor en Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 por Casa de las flores (publicado en colectivo junto a José Landa, Françoise Roy y Raciel Manríquez). Mantiene el blog: ensayoprimitivo.blogspot.com













Breve estudio sobre un poema dañado
y vemos que todo lo ya visto
                             no era nada.
          Miguel González Gerth
a)
Dejo caer
este poema
entre los pies
de los que ya no vuelven.
Lo dejo correr
como agua picada en la lengua
de los muertos: lo libero.
Olvido su nombre
y relación con la materia.
Él no busca la luz
ni la floristería;
prefiere a los parásitos.
Teme regresar
a la misma orilla en que
lo hallé mendigando,
teme los bautizos y las siembras.
Este poema
–potro desbocado,
gota de tumba,
tierra en embriaguez–
no sabe de vocablos.
Dice nunca haber oído sobre dioses,
mucho menos de pájaros.
Dice no conocer a los poetas.




b)
La luz no cae sobre este poema.
Hace mucho
que no llueven gotas de maná
por los rumbos:
árboles secos,
tesitura de ángeles
y rocas.
Una música de tundra
agita los pinos entumecidos.
La primera
raíz del verso
es herencia de un barco roto;
Barco débil que es montaña y desnudez,
barco que es una mujer dentro de otra.






c) interrupción
Este poema
toma muchas libertades:
ha drenado la médula
de esta página
–la preñez del verbo–,
ha incinerado la columna vertebral
de estos apuntes.

La idea inicial de este poema
ya no es clara.
Por tanto
             debo destruirlo.







Ariel López. Guatemala, 1992. Licenciatura en Biología por la Universidad Autónoma de Yucatán. Con Violeta Azcona y Fernando Vázquez fundó el taller literario Espías de la interzona.







Un trazo de muerte:
Allá viene lucifer,
cayendo con toda su orquesta iracunda.
Allá viene la carcajada repleta de dientes,
herido de guerra apunta en el delirio,
anciana derrumbando muros con un mazo
desnuda al fin sobre penumbras.
Allá viene la corrupción con su mano erecta
rosando las cuerdas que nos sostienen.
Gritaron todos el coro de la caída,
una lengua de fuego nos aplasta.






El Arquero
Sus manos se tensan en
posición caligráfica,
sostiene el arco una vida
intermitente
en el horizonte.
Al destrabar el cerrojo
de llaves fugaces
la voluntad dispara
de los músculos un rayo.
Eriza el celeste en
ardiente silencio,
escapan los últimos
alientos de sus
jaulas rotas.
Calor derramado
en que descansa
la pluma,
su tintero de
corazones atravesados.









El sacrificio
para Mateo Peraza
Voltéate periodista de arena,
la playa se tiñe del calor de la tarde
y eres el ojo carnoso cuya pupila absorbe.
El que nota las marcas de grilletes en el cielo.
Voltéate periodista que se desmorona en la claridad teñida,
porque seguir esa mancha rojiza es seguir una senda hacia el vacío.
Allá solo un tráfico fantasma de ficciones,
palabras malditas moviendo las olas y la espuma.



Es tu voz periodista de los miedos
la que fuerza el mecanismo del silencio,
amarre de los pueblos a su tumba despicada.
Voltéate y devuélvenos la sonrisa,
porque las miradas son tendones amarrados a barrotes.
Tus puños son de saliva y no de huesos molidos.
Abandona la caldera donde cocinan el destino de los hombres.
Allá dentro no hay horizonte sino muros de hierro y plomo. 




No son de arena los gritos que hierven a fuego lento,
ni las carcajadas que machacan institutos y prisiones. 
Son plumas que sobrevuelan el papel en blanco,
tinta roja, libre de la agonizante mezcla: agua salada.
Voltéate periodista de arena.
Más allá del sol abierto como costra, aureola de las almas en pena,
hay un cuchillo dentando sobre tu cuello.
Esa playa de huesos molidos es una mano empuñando tus alas.











Ellos me vieron a los ojos:
Ese chico de allá vive a unas cuadras, vende chicharra.
Habla de los días perdidos en el pozo del tedio,
de abandonar el tiempo para dar más espacio a la luna,
lámpara que fisura los murmullos en el barrio.




Un deforme se tira en la calle 60 todos los fines.
Hace tiempo dejó de interesarse en el hambre.
Ahora su mirada vuela hacia destellos,
piernas bronceadas, faros anclados en manos sonámbulas.
Se dedica a navegar el calor que fluye sobre la brisa,
aliento de una ciudad que lo digiere.




Dos vagabundos en una banca intercambian sonidos que
podrían ser mero lenguaje.
Nosotros, los pájaros sin alas,
retenemos sus manos con la mirada.
Puede que no estén ahí realmente y solo queden sombras.




En aquella casa una santa bendice
el derrumbe constante de peatones sin mapa. 
Delante de ella un templo gigante de barrotes y alabanza.
cuartel del cielo que impide migrar el cansancio a su reino.
La santa detrás de una reja, detrás de la noche.



Astillas, lanzas de precisión asceta.
Estacas de luz clavadas en la piel escamosa
del centro de una ciudad.
Trozos de vida mancillada que se mueven 
en la marea de sudor.
Jinetes perdidos atravesando avalanchas
con el filo de su semblante.



o.
Melbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991. Ha colaborado en revistas literarias digitales como Sak-ha de la Escuela de Escritores de Yucatán, Bistró Magazine, literatura y poesía y Válvula Magazine. En 2015 obtuvo mención honorifica en el concurso de poesía Flores a Cozumel, y en 2016 segundo lugar de Narrativa Memorias de Una Isla. Autor de Las huellas que dejó el silencio (2016). Actualmente radica en Cozumel.










El lenguaje de la piedra


Sobre ríos que no cesan


viaja el lenguaje.


El castigo Agamenón es vestir de culpa.


Empapar nuestra frente de hiel


empujados por el frío de la noche


a un acantilado de pesadillas.


Comer el pan de la gangrena,


el beso árido


de la mortandad.


El jadear de los caballos es fuego latente.


Nos persiguen. Los jinetes y sus espadas.


¿Somos cobardes?


¿Habrá defensa para nuestras faltas?









El lenguaje de esta piedra que tenemos


por corazón: sólo sabe nombrar


vitupera lo sagrado.


El castigo Agamenón es ser nuestra propia ruina.










Sigo las huellas que dejó el silencio


atiendo en suspenso las voces de la playa


que llamean entre el fuego líquido del Caribe.


Leviatán desea jugar en estas aguas,


trayendo cantos y sollozos.


La gran serpiente baja sofocada de los muros


blanquecinos del cielo,


conmueve la marea; en su vientre,


nacen de espuma: golondrinas blancas.


Veo caras en la linfa agitada de los cangrejos de pardo flabelo,


devorados por la clara serpiente.


Soy tan solo un rostro de brillo que dura el instante


vientre azul vertido al mar.


Entre piedras y silencios, la oscura noche vuelve,


paseando su vestido de marismas y vientos,


la marea me regresa a los restos calcinados de la playa.


Puedo seguir buscando, el cuerpo del silencio.


Lo encuentro agitando, borrando, las huellas,


repartidas en la médula de la arena.









Primera nota


Un rayo para destellar el horizonte


enciende este poema


que está colgándose del cielo


Mira la redondez del mundo


entre la cálida cortina de la lluvia.


El mar está tranquilo, y te dice: «Detente».


Te detienes y me detengo.


La espuma brinca hacia nosotros


bañando nuestros muslos


presas de los pantalones color caqui


del trabajo nocturno en el centro comercial.


Queremos desnudarnos, pero no nos creemos tan libres.


Mis manos atrapan el canto de gaviotas,


lo guardan en tu templo de mármol


entre gritos que laten y golpean mis costados,


donde caen sobre la cama acuática


sin chapotear.


Hay algo demasiado confuso,


niebla,


en el vaivén de los botes,


está dentro de mí


y no deja iluminarme.


Me miras y me tomas de la mano


: «Algún día te compraré


un candelabro más hermoso


que la luna y las estrellas».


Hoy ya no estás más junto a mí.







En mi casa hay una zanja cavada


para enterrar al mundo.


Para protegerlo de sí mismo.


Las pupilas no pueden mirar


más allá del abandono.


Solo se retuercen mirando


a la luna blanca sabotear


el baile de las estrellas.


Adelanto unos pasos con miedo


y trato de tomar al mundo


pero es imposible moverlo,


de su trono de muerte


y de su sueño de guerra y profecías.


En mi casa hay una zanja cavada


llena de lágrimas.


Ángel Fuentes Balam. Mérida, Yucatán. 1988. Director de teatro, escritor y actor. Egresado de la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Autor de los poemarios: Melodía tu engranaje quieto, y Cruóris o la rabia que fuimos. Ha publicado en las antologías  “Pyramid” U.S. Poets in México, NYC., “Small Claim of Bones” Cindy Williams, University of Southern Maine, “Cuéntanos tu locura” Ediciones Arriba del Pegaso, “La memoria de los días” Ediciones O, “Dramaturgia Express I” SEGEY. Ha sido colaborador de cuento, dramaturgia y poesía en revistas como “delatripa”, “JUS”, “Almiar”, “Sinfín”, “El mollete literario”, “Círculo de poesía”, “Río Arriba”, “Ariadna-rc”, “Morbífica”, entre otras. Ha trabajado como maestro en artes en escuelas privadas y públicas, así mismo como profesor de teatro y creación literaria en el CEAMA Yucatán.




LA NOCHE NO TIENE BRAZOS, solamente espuma
que arrastra las últimas vacilaciones de mi cuerpo;
soy ola que golpea el gran peñasco de la soledad,
erosionando su piel, su angustiosa capa de caídos
dientes que recogió de mis soñares hoscos.



La noche no tiene brazos que sujeten mis hombros ni mi nombre,
carece de manos que acaloren mi pelambre. Entre sombras
intento asir el volumen de una garganta que siembra
un antiguo horror entre los hombres con su grito
de impiedad y lumbre.  




La noche no tiene brazos que sostengan el mundo,
ni dedos para hacer la cruz.
La noche no rodea, materna, mi espalda rota.
Los perros aúllan plegarias para extinguir la luna.
Entre amasijo de uñas y arena conservo las caricias de la noche.
Nadie rasga los vidrios de mi habitación o mi opaca faz.
Yo recuerdo cuando le amputé los brazos: quiso amarme.








PESTILENCIA
Álgida penitencia tendrán los amorosos,
caracoles en cuyo laberinto sufre hambre
los niños del sueño,
cuando el aliento del diablo reconstruya la arboleda muerta,
desde sus sangrientas raíces hasta el fruto del saber.
Las estrías de la tierra son canales donde violenta pasa el agua,
arrastra pueblos y héroes, canciones fundacionales y encíclicas,
animales domesticados, huertos, corazones que anochecen…
Y en esa inexorable furia los cuerpos
luchan para no decirse adiós.




¡Malditos los que se funden en secreto!
En vano intentarán resistir la tormentosa vejez.
Esta vida ruge como perra pariendo camadas de alfileres,
debería arrebatarlos en un torbellino de vergüenza y sal,
caracoles en cuyo laberinto sufren hambre
                                                                         los niños del tiempo.
Entre serpientes y lenguas nuestra piel madura,
sólo para cubrirnos de la miserable llama
que nos habría convertido en dios.  









ARIADNE OCEÁNICA
A mi hija, Luz Ariadne Fuentes Leyva.
Caí en el mar con las alas chamuscadas por el sol,
y profundo laberinto de ojos, me hizo hombre.
Una estampida de blancos elefantes
se extendía arriba del océano, surcando las montañas;
allende brillaba la ciudad fantasma que yo era,
vibrando hasta el infierno con sinfonía furiosa
que ninguna oreja oyó.




Y podía tocar las bestias de vapor, soplar la niebla
que se surge del aliento en los amantes rotos,
subiendo a la estratósfera e infectando el mundo;
amasar la campesina tierra cual si fuese barro simple,
curar la verde herida
de la madre, destrozar al antojo cada reino
en este valle
                     sin eco.




Todo fue minúsculo. Fui aquel dios que juega
a matar sus criaturas y reír al acto
para no llorar de soledad.
Navegando las constelaciones de la sangre,
de la ira y el amor, fruto de silencio
vuelto carne adusta que en el vientre se revela,
naciste con la muerte del invierno:
el frio has erradicado,
colocándote en lugar del astro rey.

Será entonces que podrán sobrevivir mis alas,
ya que tu calor
                          anima;
vierte en la naturaleza un hálito de magia
desde las microficciones de las mariposas hasta
la gran cumbre del Vesubio que extraña a su Pompeya.
Sé que mi corazón es un volcán
al que tus olas apagan dulcemente;
bastaría una gota de tus ojos
para extinguir mi sed, hasta que muera.
Respiras…
                    respiro…



Tu madre emocionada nos escucha.
Sabe que inhalamos el goce perpetuo de la lluvia,
que exhalamos nuestra pena para distender la piel;

ella y yo
somos manecillas de un reloj divino
cuya última hora
serás tú.




Endeble Atlas, cargo el mundo:
los árboles me susurran en la nuca
canciones que entonaré para que duermas;
los ríos escurren por mi espalda
y se evaporan al contacto
con las ardientes alas que me regalaste
luego de caer.
Me ofreciste un esqueleto nuevo y tibio,
músculos resistentes a las dentelladas de la vida
y este par de alas de fuego.





En ti convergen estrellas meridionales y boreales,
la energía de los polos, hielo eterno y magma puro;
además en tu saliva nadan las ballenas,
los gigantes calamares
que se tragaron mil antiguos barcos,
las tortugas de caparacho diamantino,  
algunas sirenas del tamaño de mis dientes,
que, dentro de un nautilus,
edificaron un castillo en espiral.




Eres el centro de los centros ceremoniales,
el núcleo que regula el giro del planeta
–eres el agua en el cuerpo de sus pobladores–,
y la inmensa luz que hoy lo recubre.




Acaricio el lomo de aquellos blancos elefantes,
participo de tu grande estancia, de tu primacía;
me conviertes en dueño de la nueva creación:
este sublime sostener el universo
con mis dedos de niño atribulado
y –felizmente– en lacrimoso acto
alzar el vuelo, rebasar el laberinto,
fundirme, hija, en tus radiantes olas,
besar tu frente y con dolor paterno
hacerme, en la caída sin fin: hombre.  







Ángel Nimbé. San Francisco de Campeche. 1988. Poeta, periodista y promotora cultural. Estudió Literatura en la Universidad Autónoma de Campeche. Actualmente cursa la maestría en Creación y Apreciación Literaria en el Instituto de Estudios Universitarios. Becaria Pecda en su emisión 2012. Autora de Las danzas de la serpiente, premio estatal de poesía 2015.



Leptomar (las bitácoras del desahuciado)
Día Primero. El dolor y la luz


Me interno en un recinto blanco parecido al insomnio. Hay brújulas que apuntan a mis venas. Me entierro en una leche espesa, papilla que mis tías, con rostro informe y gris, servían de alimento.


Tengo el cuello rígido, congelado en un gesto hacia las nubes. A qué sabrá la luz sobre lo blanco. Al tocarla con la lengua me derrite.


Tengo fija la mirada en las paredes y no consigo ver afuera de mí mismo. Con esta luz deben vivir los condenados.


Recuerdo a medias, un relato de mi infancia, sobre monstruos que poblaban los abismos, pero en éste solo habitan los espejos, ninguna cara entre esas sombras reconozco.


Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos.


Antes de aquél entierro era octubre. Recordaba a mis muertos con las velas que otros me enseñaron a encender. Estaban ahí los diablos a los que me encomendó la abuela ─con sus colgajos rojos─ desde antes de mi concepción.


Me pregunto si soy el único maldito de mi estirpe.








Día tercero


Salta el pez de la fiebre en los canales de las arterias. Debería ser un celacanto, monstruo de épocas extintas atorado en los capilares, rompiéndolos de uno en uno.


Mi cráneo ya no soporta su contenido. Más de un siglo de antibióticos me duelen.


He decidido acabar conmigo. Me arrojaré en el siguiente risco al estómago del mar. Busco ahora un precipicio entre las sombras. Tal vez el pez interior, rabioso por la sangre, anhela la inquietud del agua.


Suero.


Reposan un instante las arterias, antes que un nuevo latido las sacuda.


Debí hallar el mar hace mucho y destruirlo. Intentar beberlo o vaciarlo en otra parte, como tratamos de exorcizar los miedos de la infancia, el terror que nuestra casa se destruya y nos devore el fuego uno a uno, o que acaso nos invadan otros rostros.


Así cómo intentamos vaciar esos miedos en los años para que los olvidemos, aunque sepamos que siempre tememos la finitud, perder lo amado, aunque tenga ya otro nombre.


Sueño.


Alguna vez mi madre dijo que debí matarla en su vientre. Que fui como esos niños casi engendros de monstruos que aparecían en el insomnio.


Nunca creyó, hasta no verlo, que devorara las cabezas de las aves, cuyas alas aún se agitaban en mi boca.


Mi mejor amigo tenía el cuerpo diminuto y delgado. Era un niño blanco como solían ser las princesas de los cuentos. Tal vez cuando crezca halle un hada y se case. Tal vez se acuerde de mí, que solía devorar los corazones de los lobos.


Mi mejor amigo de la infancia se desmayaba a ratos. Mucho tiempo bajo el sol le hacía desvanecerse. Solía cargarlo y correr hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído. Aunque su cuerpo era extrañamente resistente.


Mi amigo solía saltar de los techos de las casas y siempre caía de pie. Cobraba por el show lo que un paquete de galletas o un juguito.


Estoy seguro que de haberlo yo intentado algo en mi interior se hubiera perdido. El pez de mis arterias no está hecho para soportar el duro embate del asfalto.


Cómo arde.


Duele abrir los ojos, contemplar en un instante todo el cauce de la vida, como dicen los creyentes que miran a los desahuciados.


En alguno de esos viajes veo las paredes de mi infancia, los troncos rotos de árboles donde solía enterrar a los conejos.


Trato de repasar mi vida en un intento de convencerme que no siempre fui un monstruo. Que alguna vez olí una flor para apreciar más sus contornos, no para rellenar la piel de aquellos seres que se pudrían en el patio.


Creo que mis intentos de felicidad ya fracasaron, murieron desde la primera vez que abrí los ojos.










Cuentos de hadas desgraciados



I
Mamá me dijo que el hombre de arena no es real,
que no morderá mis juguetes,
ni jalará mis pies si resbalo
cuando juegue en el columpio a medianoche.
No me arrastrará a su reino de morfinas
debajo de la cama
ni me convertiré en una de esas niñas
a las que a veces se les caen los ojos
que los rincones devoran.




Mamá me contaba cuentos
pero nunca creí en ellos demasiado
ni alcancé a oír uno con verdadero final.




Pero en mi sueño los caballeros morían
y otras batallas quebraban a las princesas.
Por la noche me despierto y pregunto por mamá.
Y no la encuentro.
La bruja gana, indefinidamente.



II
Ella había dicho que no temiera al rayo
ni a la oscuridad, que no vendrían
soldados a incendiar la casa,
ni los entes deformes
saldrían de los charcos de agua sucia.
Ella mentía.




III
Mamá me dijo que un día a todos nos llegaría la muerte.
Que un día ella, papá y el gato cerrarían los ojos.
me habló del último destino,
pero nunca mencionó el abandono.






Ángel Augusto Uicab. Mérida, Yucatán; 1988. Fue incluido en la antología #ESCRIVIVE-PLAYA (GRECA, 2016). Ha publicado en revistas como: REVARENA, FACTUM, Monolito, Cirrosis, Bitácora de Vuelos, Cirrosis. Desde marzo de 2016 participa en revista delatripa: narrativa y algo más con su columna Koo´ten Xook (Ven a leer).






Plenilunio
Sentado
en la cornisa
del tiempo
miro la flor
plateada
que se abre
en la noche.








En defensa propia
Aclaro que maté a la rosa
no por sus espinas sino por bella

Tanta belleza
no cabe en las manos
ni en los ojos

Tanta belleza
a veces duele
Duele en los pétalos
en las manos
en las pupilas

Por eso
la estrujé entre mis dedos
con toda la fuerza
con todo el amor que puedo dar



Lloré
lo juro
y en el llanto
brotaron pétalos
espinas
hojas
el sentimiento de alivio
que solo la muerte
de algo que amas
y duele
y se duele
puede provocar.








X-Tabay
Al caer la noche
la cigarra canta
un fuego baila lento
una botella de licor

X-Tabay, mujer hermosa
tu piel de lirio
tu pelo como la noche acaricia tus pies
tus pechos cerros voluptuosos

Siento el deseo ilícito de tomar tu carne
siento tus manos descubriéndome
siento tu olor a x´tabentún que me embriaga

Los tecolotes que tienes por ojos se reflejan en mis ojos
Mi sexo soporta el peso abrumador de tus caderas
como el peso del mundo
como el peso de todo lo obsceno
como el peso del gozo

Tus cabellos, látigos que surcan mi espalda
tus uñas, espinas que se clavan en mis hombros
tus dientes, pencas de henequén atraviesan mis labios

La noche me aplasta
deja caer su obscuridad sobre mí

Por la mañana
por la mañana el rocío de la ceiba
hormigas rojas brotan de mis llagas.







Cuando se acepta amar, se acepta sufrir
El amor:
     son tus lágrimas
          pétalos de rosa atardecer
               que llenan el cuenco
                      que forman mis manos.











Libélulas
Alguien viene de noche
y reemplaza mis ojos
por un par de libélulas

Las libélulas
                       mis ojos
mis oji-bélulas
besan el reflejo de la luna
en los espejos de agua

Y los cuencos donde pertenecen
mientras tanto
quedan vacíos

Mis oji-bélulas
no regresan
hasta que el frío matutino
casi congela sus alas

Cuando retornan
se posan pétreas
entre mis párpados
como si nada pasara.











Alejandra Sustersick. Mérida, Yucatán. 1985. Licenciada en Comunicación.





Agonizando
En la uniformidad de mis recuerdos
en parámetros superpuestos   híper-puestos
de mi ser consciente de sí mismo
de sus extremidades reflejas
del jugo de tu sexo y tus dedos en mi boca estallando
de mi luz tu luz tu miedo
con las manos húmedas de frio turbulento
el temblor nocturno nos sostuvo
Una secuela entona llanto en violines deslizándose  suavemente
por la eternidad de las cobijas mojadas
apretando el puño el grito mudo y el desglose del sentido se alarga
He de gritarte desde el centro de todo
para sobrevivir nos
—recoge mis restos en tiritas dispersas se han volado
pronto dejaremos de temblar—
¿Y si mis pensamientos son tintineantes acordes de piano en pentatónica?
¿Y si temo perderte espuma rosa flor de loto atisbada por el tiempo?
porque al perderte
                                                                 me ahorro el capítulo del desagrado






    II
La consecuencia de mirar hacia atrás ha sido placentera
los círculos de luz que emanan de la puerta del cuarto
expanden  luminosidad  al  viento
Cierro los ojos
la cabeza es antena de neuronas
torcidas entre su propia nitidez de luciérnaga explosiva noche
así el flash back
así la neurona palomita de maíz
¡pop!¡Pop! ¡POP!
Te vi manosear mis piernas
mientras mi vagina temblaba
tartamudeante estrella en firmamento placentera
la verdad es que nunca había llegado tan lejos
la verdad es he nací flotando en universo paralelo
la verdad es que no hay verdad                       ni mentira      
oídos sordos
sordo momento cuando sonaron las botellas en el suelo
otra vez silencio                             cuando tus ojos
cuando tu mano en todo hueco        mi lengua en todo hueco
penetraste               agonizando             vimos que se fragmentase el cielo
mis caderas en escurridizas vibraciones destellos siderales
abro los ojos                                      continuamos desnudos
las sábanas aun mojadas

se refracta                por la ventana           
                   el cielo
la observo                y de cabeza
                 bocarriba
se refractan             cargadas de grises         
                 las nubes
se refractan             cuando pasan             
                   las aves
                                                                  ¿A dónde irán?








    III
Cantan cuando caen
las gotas de lluvia en el tejado
el chorro de agua salpicando el suelo
mojando el pavimento
                                          mi rostro
ensangrentado se deshace como gota submarina en pecera de asfalto
A veces la analogía de la verdad no es agradable
ninguna metáfora haría que se viera más bella
¿a dónde la vida de locos?      ¿a dónde el soñador?
en el escusado se sentó a llorar escondido tras una ciudad de roedores
que ególatras despellejan todo alrededor
¿a dónde la tumba del pasado los traidores y los desolados?
¿a dónde la vida sin compasión sin alma?
Los intestinos de la tierra se deslizan
en nuestros pasos bajo mi cuerpo mordaza
sufro la precipitada muerte mientras grita de dolor pero nadie se da cuenta
caminan demasiado rápido para percatarse como
de a poco se queda sin vida










Sus latidos se alejan de su propia superficie
mis latidos se acercan al vacío
¿Qué ocurre con la desgracia?
¿Qué ocurre con uno mismo?
Maldición ¿qué le ocurre a éste mundo que perdido se va hacia la nada?
¿Qué se ha hecho a sí mismo el hombre que ha quedado hueco?
¿Qué se derrumba qué muere qué dispara?
                                                                               Todo podría tener sentido
Todo podría ser un engaño
Una silueta temblorosa desvanece en mi memoria ríe mientras se aleja
se convierte en insecto moribundo petrifica a sus presas
Se las come
¿Qué pasa
qué ha sucedido?
electrones que forman fuego queman
mañana la incertidumbre
el pasado turbio enloquecerá a la luna
a los que caminan a media noche bajo su agonía
Es abrir a la noche por las patas y perdernos en su orificio
evaporar sentidos en olores ambiguos
es como regresar a abrir los ojos
recordar ensimismar gritar con rayos y luces de sabores
es desconocer temer reír desquiciar              y turbar
masacrar
perseguir
amar
perder
seguir
olvidar
traspasar
Agonizando en los tobillos
pensando grieta
piedra lobo
aullido












Se vuelcan astros
De espaldas boca abajo la vía acuosa del recuerdo
ensordecido viento acicala un trozo de alucinación
Se Parece a Ti
cuerpo del cuerpo voz de voz
corrosión de fluidos y voltaje
roen desde el sitio desconocido
herirpenetraresconder
caerá desnuda la tarde celeste de un cuadro en un balcón
una escena de dos cuerpos translúcidos
colores adentrados
colores en la piel del planeta que grita
insoportablemente tiembla
en la profundidad del cuarto
en el espejo
donde ya no reconozco mi rostro
donde ya no me hace sombra tu cuerpo
en el sofá donde te esperé diez años
un florero roído por el viento
lleno de cenizas













Paisaje negro azul
                                la boca repleta del viento que atardece
 a lo lejos un muelle con luces
                               (verdes y rojas)
¿Quién estará gritando al otro lado?
¿Quién permanece desnudo sobre el muelle?     -quién-
¿Qué deviene la materia del sol y de la aurora?

Se encajan los zumbidos de mil hombres enroscándose en el agua
el aroma del azar
la nostálgica llamada
ensangrentada  luna que revienta
cayendo sus pedazos en el agua

Estoy perdida en mi propia mente
en mis paisajes
En

     lo  

         oculto
Estoy trotando en el viento y lluevo
y me deshago
y los hombres
y las mujeres
son igual de grandiosos
se encapullan y se besan                                                  se despiertan entre ellos
No callan                               pertenecen  a un gemido perpetuo
un grito melódico
una sinfonía letal
un susurro de los dioses
un canto una alabanza
una imagen
La corteza del mundo


flotando


cortándose en el aire.











Jesús Manuel Crespo Escalante. Temax, Yucatán. 1984. Colegio de Bachilleres Xoclan (Cursó dos años en la Licenciatura Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán) Ha publicado en revista electrónica sinfín y delatripa: narrativa y algo más.






ANAMORAMIENTO





DÍA LUNES


Hace un buen de mal


que no me escribe


ni yo le hablo


pero hace más de un buen de bien


que callo muchas cosas


que me las guardo


aquí en el corazón


en el hígado


aquí en los pulmones


y que no se escapa para nada


ni quiere paraqué


sólo hace un buen de mal


que no la miro


que no la espero


que no la olvido.









DÍA MIERCOLES


Esta soledad no es mía


ni esta tristeza tampoco


ni esta nostalgia, abrazadora; puta, coqueta.


Ni estos versos a lado mío


ni esta mujer desnuda


que me empierna la vida con su cuerpo,


con su risa sonrisa, sus labios,


con sus besos y mis besos.






Esta mujer nunca será mía


ni queriendo, ni soñando,


nunca será mía, sólo mía, siempre, jamás.






Pero, obvio que sí,


yo siempre seré suyo, siempre,


y en casos generales que me olvido,


triste y borracho,


en algún recuerdo como éste.









DÍA JUEVES


Si bien, esta noche es una sola noche


pareciera que al cerrar los ojos


fueran muchas noches en un sólo sueño.






Pareciera más allá de aquí


que todo fuera una sola tristeza


para muchas nostalgias


hasta un sólo recuerdo el que me jode


con su existencia y su insistencia.








Pero no, amor que duermes y sueñas sin mí,


nada es una sola cosa, ni tu ausencia,

ni la noche, ni mi insomnio.






DÍA DOMINGO


Qué triste es estar solo
refugiado en los brazos del frío
haciéndole el amor al tiempo
fumando la ausencia
bebiendo gota a gota el silencio
el espantoso silencio que amena la llegada del olvido.




Qué triste es estar solo.
Saberse solo, sentirse solo, mirarse solo.
Caminar por los pasillos
mirando el reloj (como si se esperara algo)
muriendo de nada, soñando contigo.

Qué triste es estar solo
refugiado en los brazos del frio
buscándote a mi lado, esperando tu cuerpo desnudo.
Pero es aun más triste darse cuenta
despertar al otro día y lo mismo.




Daniela Eugenia. Mérida, 1980. Profesora de literatura a nivel bachillerato. Columnista en el portal de noticias Encuentro Digital. Practicante de yoga, y aprendiz de fotógrafa, escritora y editora. Ha publicado narraciones y poemas en portales y revistas electrónicas delatripa: narrativa y algo más; en la revista Arché (Colima); Diario del Sureste (Mérida, Yucatán), Blanco Móvil y Xilote (Ciudad de México), Agitadoras y Almiar (de España).




Matices
Un edifico alto, vigoroso
asoma a la distancia
y los matices de la ciudad me abruman
Tanto sufrimiento, tanta miseria
me pregunto ¿seré parte de ello?
¿alguien me mirará con pena?

En cada esquina las flores se marchitan
el niño con la caja de chicles y cigarros
ese anciano que todas las mañanas
me pide una moneda
la mujer del bastón mastica un pan
y lo ciegos agitan sus canastas.

Todas las mañanas los mismos caminos
la pobreza desprendiéndose
y el ruido de mis tacones
hacen eco a cada paso.







Es viernes
las gotas de lluvia golpean la ventana
la humedad danza entre mis piernas
como tus dedos lo hicieron alguna vez

¿Recuerdas?
días de agua interminables
de aquella mujer limpiando la azotea
y tus manos trémulas recorriendo
los espacios de mi cuerpo.

Es  viernes y llueve,
                      Recuerdo…
nuestra existencia se unía en el sofá
y el ruido de las goteras
se perdían con  los  suspiros,
aquella casa     sus filtraciones
y los libros a salvo sobre la mesa.

Esta mañana gris
 tú no comprendes la tristeza de mi alma
que se dibuja con cada gota que cae
no es martes, ni jueves…
y mi multiplicado amor evoca tus sentidos
cerraré los ojos y pensaré…
Es viernes y sólo llueve.







Tocarte es lo que se necesita
Podría dejarte morir al declinar el día
Olvidarte sobre una banca en una noche de abril.
tan frío y tan lejano como te siento ahora
¡qué importa¡

Tocarte es lo que se necesita
fumarnos un cigarrillo a las diez de la noche
o mirar dilatadas tus pupilas cada mañana

Tocarte es lo que se necesita
sentir en mis manos el bullir de tu sangre
y preparar el café de las siete

Son las nueve y me río de mí
me fumo el cigarro y me bebo el café
podría dejarte morir
pero te envuelvo con el calor
de mis piernas
y el dolor de las horas caídas
de ausencia.










La caricia a la ausencia

Yo lo sé
eso de no sentir nada, tener en vez de un corazón,
sombras, rumores
olvidar el beso de despedida
qué más da.
No tiene sentido prolongar la caricia
la mañana empieza a clarear y las sabanas  son frías

Yo lo sé
algo en la noche nos miente
nos hace pensar en un vago sentimiento olvidado
pero nuestras espaldas lo dicen todo
tan cerca y un abismo entre ellas

Yo lo se
cuando todo es metódico, sombrío
y se  besa la caricia sin sentir nada
Una noche quédate en la soledad de mi océano
seamos uno,
uno con la caricia, con el beso, actuemos,
y después, al despertar, vivamos desde el abismo del olvido
vivamos sin saber el uno del otro
así, tan lejanos,
que si sabemos más morimos
que si leo en tus ojos un poco de luz, me pierdo.

Yo lo se
es aun noche, mi ombligo cobija tus dedos complacido
hagamos,
hagamos como que somos uno
como que es lo cotidiano mi cuello sobre tu brazo
mi pelo haciéndote cosquillas en la nariz.

Ahora lo se
lo siento, el palpitar de un corazón gris
perdido sobre unos pasos que hacen eco
en una calle vacía
de una mañana como todas.







Anel May Salazar. Mérida, Yucatán. 1980. Licenciatura en Inglés y Maestría en Español de la Normal Superior de Yucatán. Doctora en Investigación Educativa por la Universidad Juárez COPESEC de Campeche.





Juramento
Juro por Dios, por mi vida
Y por todo lo que soy,
Que haré oídos sordos a tus palabras,
Que haré inmune mi cuerpo a tus caricias...
que mis labios renieguen de tus besos...
que mis ojos ya no busquen más tu imagen...
Que haré lo posible, por sacarte de mi alma,
y hasta lo imposible, por dejar de amarte.








Rincón de luna se llaman tus besos,
que encienden la luz de mi alma,
triste y sombría y
derrama lágrimas de plata a la noche.
Rincón de luna le llamo a tu cuerpo
que habla el mismo idioma que el mío
y siempre responde a su llamado.
Rincón de luna llamo a tus notas
que inundan mis oídos
me transportan a mundos del peyote
me hablan de tus tiempos...
del mar la vida el silencio.
Y extasiada por la luz de la luna
bailo alrededor de ti
ataviada del color de los sueños
emprendo la carrera a tu mirada
al compás del firmamento
convirtiéndonos en huracán tornado,
nos confundimos y nos deshojamos...
Cuando la calma llega
me quedo dormida en un rincón de la luna
soñando de nuevo con tu cuerpo...









Serpentina de asfalto
Te miro serpenteante y caliente
mientras las ruedas del vehículo
atraviesan tus entrañas.
El viento me golpea el rostro
más no mitiga el calor
-bochorno-
El vapor que tú despides
ante el sol del mediodía.
mientras avanzo y te miro

Otro conductor me rebasa
y pienso ¿será que te observa?
¿que te siente? ¿será que a él también
le haces fiestas?

Mientras te observo
parece que me retas
tu poder me invade
y quiero dominarte
dominar la velocidad
del silencio
El acelerador se hunde bajo el peso
de mi pierna hasta el fondo.
Quiero vencerte
para que me admires
y no sentirme menos
a tu lado.
Y comprendo
que eres noble y bondadosa,
similar a ese destino...
tendré que atravesarte
divago conduciendo.....







María Jesús Méndez. Mérida, Yucatán. 1980. Ingeniero en electrónica por el Instituto Tecnológico de Mérida (ITM).

No.
No, si las risas estruendosas son maullido de mi gato.
No, si soy quien olvida ¿de verdad pasó? la que inventa sensaciones
de noches pasadas.
No, si tengo que insistir en limpiar paredes impregnadas de últimos abrazos.
No, si quiero esconderme y apagar el sonido de las horas.

No, si quiero gritar:
¡el sol quema demasiado, el mar escupe, el viento sólo es brisa!

 No, si digo adiós y camino pisando mis huellas,
retorno continuo.








Redes
Este cerebro mío,
masacre con desvelos recurrentes.

Neuronas sin lágrimas miran el sepelio,
mis piernas no se mueven,
mi mente en otra sintonía.

Telarañas se pegan a mi piel,
lo ignoro porque no es tendencia.

Aguardo una posición del GPS, que el otro responda,
que su corazón lleno de sangre, escupa humanidad.

Por momentos, ingenua
me visto de sobreviviente.
Es inútil,  ingresó  “Enter”,
el telón abre de nuevo a 32 pulgadas.










Realidad
Frente a mí, un closet,
a la izquierda, un pedazo de cielo.

Las casas de interés social arrasaron el canto del gallo,
aun las lágrimas por el cambio de pañal,
no topan un minuto de mi reflexión.

¿Soltar las sábanas?
¿Por agua caliente, por días libres?

No
mejor funcional como ayer,
nada de maquillaje,
antitranspirante en las axilas,
uniforme,
clotch,
y acelera.

Pasadas las nueve
los niños ya no desfilan al colegio,
y mi trabajo sigue siendo
un contrato de ocho horas.




Roberto Cardozo. Yucatán, México. 1975. Es profesor de matemáticas. Ha publicado la plaquette de poesía En los ojos la noche (El drenaje, 2011). En revistas de poesía como Rojo Siena (2014) y se le puede leer brevemente en la antología de Microrelats Negres del Centro Cultural La Bòbila (Barcelona, 2012). Participa en el Consejo Editorial de la revista delatripa: narrativa y algo más. Incursiona en el cine como realizador y guionista con el cortometraje Espejo Retrovisor (2014) y en el marco del FICMY 2016, como el Festival de Cannes, estrenó el cortometraje En Venta, que marca su debut como director de fotografía.






DECIR ADIÓS
Cuando agitas las manos para decir adiós, estás borrando los recuerdos.








EL FRÍO MUERDE


a veces más allá de la piel


y yo me refugio en la calidez de tu boca.







YO ASESINÉ AL DIABLO


y me amarré su cola en la cintura


para espantar a las buenas conciencias.









UNA NUBE


al sur de la ciudad


relampaguea incesante


malhumorada


solitaria


y no quiere anunciar la lluvia.







INÚTIL.


"Escribir poemas es tan inútil como la vida misma"


Marco Fonz


Y yo escribo para el día


inútil también


en que la muerte y yo compartamos la taza de café


cuando de mí quede una fotografía triste


que no puede huir de la veladora.


En esta vida en la que todo es en vano.









DEJÉ DE SONREÍR


a los que me visitan


y no me conmueve


una lágrima


y una flor


depositada


sobre mi cabeza


de piedra.









SALA DE ESPERA


Esta es una sala de espera


es una herida abierta que los doctores no detectaron


dicen que estoy enfermo de algo


el medicamento no funciona


cierro los ojos


duermo


finjo que duermo


camino por el jardín de cerezos que un día me dijiste


me pregunto qué pasaría si estas personas


se dieran cuenta que mueren


cada vez que se alejan


y me quedo con el frío


y con mis muebles incómodos


Esta es una sala de espera


los verdaderos enfermos llegarán a la hora de visita.









TRAICIÓN.


Comenzaron a brotar flores en mi cabeza


carnívoras


dolorosas hormigas marchando sin prisa


cada una con mil historias


que me he negado a escribir.


Ahora devoran mi cuerpo


desbordan mi piel sobre ríos de lava


me reclaman


me enjuician y declaran culpable


me castigan explotando por los poros


como dolorosos partos epidérmicos


Son las palabras


y las he traicionado.













GÉNESIS


Cuando la rabia desborda


salpica sangre mierda semen


y esas cosas que ustedes llaman lágrimas


cuando la rabia comienza salpicar tinta


desgarra la hoja en blanco


en la herida se abre la boca


el dolor fecunda el espacio vacío


de las cicatrices nacen libros.