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jueves, 9 de marzo de 2017

EL PASO DE LAS HORAS

El creacionista del día. Adán Echeverría












Las cinco y, como tú, son miles que por todos lados corren a saturar las oficinas. Visten la misma ropa ajustada, las botas industriales y el mismo corte de cabello al rape; van y vienen por las calles y avenidas; dentro de los túneles, en los elevadores, adheridos al calor de los amaneceres; corren hacia el trabajo pero con la mente, igual a ti (al menos siempre lo has sospechado), en el deseo que su turno concluya sin sobresaltos.


Cuando comienza el día te das prisa porque los relojes siempre se adelantan. Necesitas escuchar el acostumbrado zum del láser al deslizar la tarjeta, que te recuerde que sólo eres alguien más a enfrentar su ineficiencia.


Despertares amodorrados en que los noticieros de la televisión empiezan puntuales (cuatro de la mañana). Servir el desayuno en esta oscuridad que retrocede. Células desprendidas por el vaporizador y salir hacia el trabajo. Cumples la rutina con exactitud, necio ante la idea de que ella pueda enterarse: has cambiado, recapacitas sobre tus ideas que la consumieron en esa angustia de perderte. Ese sentimiento corriendo por el sueño: despertaba a intervalos, sudorosa, presa del pánico porque te quitaras la vida. Ella no está más en casa, ni en la cocina ni dentro del vapor que exhala el cuarto de baño. La noche se mantiene pero, en el horizonte, esa blancura anuncia la mañana.

Miras las mujeres a tu alrededor, y reniegas ante los colores tristes que el gobierno les permite vestir. Recuerdas los días de juventud, cuando todo era un despuntar de curvas, prepararse a soportar el deseo en las pieles agitadas; ellas enarbolando, sin censura, el centelleo de la moda. Sonríes por el recuerdo de los errores a que se dejaban arrastrar cuándo, sin complejos, abarrotaban las discotecas ávidas de explorar el mundo. Qué mejor sitio para perseguir y sitiarlas como presas de tiro. En los corredores de la disco, los hombres bebiendo y fumando mientras traman la celada. Que diferencia con las actitudes feministas de ahora, cuando las mujeres que desean procrear acuden a los bancos de semen a diseñar el modelo de hijo que quieren tener. Someterse al implante, y esperar. ¿Dónde quedó la algarabía del recorrer las pieles, la sudoración de los jadeos?


La viste reír en un rincón apenas iluminado de la discoteca. Bebías, solitario, en la barra. Los ritmos y el juego de los láseres chispeando sobre los espejos y las cabelleras ondulantes. Una luz platinada mostrándote su faz, la cuadratura de su cara, nariz pequeña; esa redondez de ojos remarcados por el maquillaje. Los medianos labios pintados de negro. Ella igual te miraba mientras carcajeaba por alguna broma. Un remolino circuló tu pecho y salió por los ojos cuando leíste en la distancia aquel Hola repentino.


Continúas junto a las mujeres de este día en que todo parece tan lejano e ilusorio. En el sonido ambiente dictan la hora: cinco y diez minutos; otra vez la música instrumental de la programación diaria. “Ni colores en la ropa ni excesos en los decibeles, para manejar los impulsos del carácter hay que dominar los pensamientos”. Les miras las piernas, los senos oprimidos, ¿dónde la coquetería de antaño?, la piel al natural y los rostros áridos. Sabes que en alguna guardería han quedado sus pequeños a enfrentar su propio mundo, sin imaginar los cambios que acentuará el tiempo en sus vidas. “Cómo quieres que piense en tener hijos, no te das cuenta que están hurtando las emociones”. Quizá debiste acceder a su petición y depositar el semen en el banco, o al menos mostrarte interesado en construir una familia. Tal vez todo hubiera sido distinto.


Nunca estuviste de acuerdo con ella cuando dijo que se apresuraron a compartir casa, aunque quizá tuvo razón. Tenían planes diferentes: ella y sus clases de yoga, voluntariados, servicios en la iglesia, el tai chí de todos los días; mientras tú disfrutabas pasar el tiempo en el campo, ofreciendo proyectos a los comuneros, recorriendo las veredas donde el olor a hierba húmeda se trepaba a las botas y los pantalones, era mejor que permanecer pegado al escritorio de la oficina entre paredes blancas y cajas con papeles de archivo rodeándote.


No te enojó que persiguiera cuanto mecanismo de autoayuda le sugirieron. Al principio la idea era aceptable; la habías conocido como chica disco y ahora recuperaba el tiempo “buscando el interior de su alma” como solía decirle a sus prolongadas meditaciones. Al menos no tendrías que regresar a esos lugares que nunca fueron de tu agrado. Muchas veces has imaginado que quizá sólo acudiste a la discoteca, esa única vez, porque tenías que encontrarla.

Nada hubiera ocurrido si no le hubiesen dado ese trabajo en el gobierno para impartir capacitación sobre la unificación de los procesos para alcanzar la extrema calidad de los trabajadores. Todos los días hablando de la importancia de las igualdades, documentar cada una de las acciones de los empleados. Aplicaba esas filosofías de procedencia japonesa hasta en cuestiones caseras, que si el seido para tal cosa, el seiketsu debe prevalecer en armonía, hasta cuando vas a entender que el seiri nos ayudará a planear mejor nuestras actividades. Era castrante tanto orden recién establecido. Sin embargo, nunca la viste tan plena.

Ya no cabe más gente en los vagones. Se realizó la última parada y enfilamos hacia el centro de la ciudad. Aprietas los dientes para no gritar y cuentas números impares hasta el quince, mientras respiras con lentitud, debes acostumbrarte a olvidarla. La voz electrónica del sonido ambiente señala las cinco treinta; tu reloj marca cinco veinte, esa manía de robarse los minutos. El gris de los trajes sastre cruzando a tu alrededor ensucia la claridad del amanecer.


Esta soledad te consume. Con esto de las igualdades, desde que ella decidió partir, tuviste que acostumbrarte al sexo en la intranet. No quedan sitios para el esparcimiento, y las aglomeraciones lúdicas son tan vigiladas cómo para que pretendas escapar a un antro a ver qué pasa. Siempre de por medio los ordenadores y la señal del satélite si quieres alcanzar el orgasmo.


Alguien enciende un cigarro y las alarmas se activan. Adelantas la nariz para inhalar un poco y gozar la rebeldía de algún extraño que no tardarán en encontrar para darle un escarmiento. El bajo mundo continúa su mercado negro de tabaco y a veces te gustaría infiltrarte con estos revolucionarios, pero nunca has tenido el suficiente coraje. Ella vuelve con esa delgadez tirana, esas manos como vidrios, el amarillo en los dedos, su aliento fétido a tabaco. Los días de asueto sólo despertaban para hacerse el amor y fumar cigarrillos. Compartías todo con ella, era tuya hasta que se la tragó el sistema y se fue, te abandonó porque no querías ceder a dejar tu independencia por el futuro que proponía el gobierno recién electo.


Los miles de transeúntes con sus ya gastados buenos días, arrojados sin ánimo, te hacen sentir como un personaje de esos artículos de las revistas mormonas que ella acostumbraba leer, donde podía verse gente, en algo parecido al paraíso cristiano, hermanada “hasta con las bestias”, pero en esta realidad, con los rostros pendientes de ignorarse unos a otros en el colmo del protocolo establecido, tal vez porque todos caminan con miedo y prisa.


Es verdad que en ocasiones, ella y tú, coincidían sobre lo hermoso que era despertar juntos, llenar de aire los pulmones, palparse, saberse vivos y con el entusiasmo de no ceder ante las imposiciones sociales. Por eso cuando comenzó con lo de “sólo significar una parte en el proceso”, aturdido ante el cambio que comenzaba a operar en su comportamiento, quisiste imponerte aduciendo: “de esa forma se deja de Ser uno mismo para ser la pequeña parte de un todo”. Quién diría que junto con los compañeros, de la logia que frecuentaba, lograrían plasmar esas ideas en la ciudad, que serían puestas en práctica. Peor aún, cuando el partido que formaron ganó las elecciones y se dictaron las leyes que nos tienen en este mundo artificial privado de individualidades.


En el fondo no has dejado de resistirte. No quieres aceptar esta fantasía utópica de poner todo en manos de la tecnología y los valores preestablecidos: “Nos ha tragado el sistema, los cerebros están vacíos porque todo lo resuelven las máquinas”, te quejabas apenas la oías llegar a casa. Y cómo tú, los rebeldes son solitarios que deambulan en el anonimato, nadie puede reunirse con otro fuera de las oficinas o los lugares públicos. Cada quien en su lucha interna.


Tu reloj marca las cinco cuarenta y cinco. Deshaces los recuerdos mientras caminas rumbo a la oficina. Ella estaría orgullosa de verte acomodado al sistema, por eso la odias, y a ti por que nada puedes hacer.

Ante los primeros triunfos de su partido, ella se entusiasmaba y no podías compartir esa alegría. “A costa de qué...” sentenciabas. Apenas asumieron el poder, las cosas fueron cambiando drásticamente. No más viajes al campo. Pasar las horas adherido a un monitor. Tener que compartir el escritorio. Cada día hace falta deslizar la tarjeta y dejar que un sensor te lea la pupila para que la computadora compruebe tu asistencia y las puertas del edificio deslicen permitiéndote el paso. En el turno que te toca cubrir contestarás correos electrónicos para satisfacer las demandas de algún consumidor situado en cualquier punto de la ciudad. Pero esta mañana al llegar al trabajo te percatas de las adecuaciones: se preparan para recibir nuevos empleados. Las cinco cincuenta y ocho cuando deslizas la tarjeta de registro.


Con los proyectos de automatización del campo, que se han estado promoviendo en este régimen, todos los poblados se han abandonado y la gente viene a radicar a la capital. En lo que eran los pueblos, se han levantado bodegas para almacenar los productos que van a exportase. En fotografías que llegan por correo, o en los noticieros, has visto las cúpulas doradas de los laboratorios para la clonación de esos conglomerados de células que sirven para el alimento; invernaderos y jardines de hidroponía surten los mercados.

- ¿Cómo no puedes estar de acuerdo con el sistema?

- Nada es natural. Nos arrastran hacia lo inanimado.- No consigues olvidar la repetida discusión. - Esto de recluir a todos en las ciudades.

- ¿Y quién querría ir al campo, si en la ciudad puedes encontrarlo todo? Qué la naturaleza se quede ahí. Nosotros vivamos esta civilización en qué alguna vez teníamos que desembocar- ella remataba en el hartazgo.

A veces piensas que la necedad hizo que ni uno de los dos cediera. Pero ante el aparato burocrático que dicta el ritmo de vida actual, sabes que ella tiene las de ganar, es parte primordial del nuevo estilo de vida. En cambio tú, no eres más que un disidente fracasado. Con su partida, un aniquilante vacío creció en la mente.

La mantenías en constante congoja al vivir con un hombre con el cual no compartía ya ni un ideal. Se la pasaba siempre entristecida porque buscabas pretexto para sentirte mal, hasta que se hartó de tu nostalgia.

Hoy tu tarjeta no activó el dispositivo que te permite entrar. El edificio sigue creciendo con las adecuaciones y no sabes dónde acudir a solucionar el problema. Rompieron las paredes para acomodar a los de reciente contratación, más de cinco mil personas.

Caminas por diversos corredores en busca de una ventanilla para avisar la imperfección de tu tarjeta. Has dado tu número una y mil veces por el telefoto. “Debe haber un error” te dicen “Nunca había pasado. Son tarjetas irremplazables que no caducan”. Ocho y cuarto. Los minutos te atraviesan y el sensor activando a otros empleados.

De pie junto a la ventanilla de control y evaluación, te sientes herido por los rostros de los demás empleados que cruzan, ignorándote.

- Jamás había sucedido- nueve y media.

Sentado en el rincón del cuarto de entrada, todos los relojes te miran. Los días son los mismos hombres y tú sigues esperando que concluya la búsqueda en la memoria del ordenador.

Todas las fotografías con el mismo traje y corte de cabello. No van por el cincuenta por ciento de la revisión de la base de datos cuando otro grupo de hombres llega a comenzar su labor. Son las diez en punto. No te has presentado a cumplir tus obligaciones y es hora de partir a casa para el almuerzo.

- En tu bandeja dejaron este sobre para ti – te dice el compañero de escritorio y guardas el papel en la bolsa trasera del pantalón.
Se activaron las impresoras por que no estuviste para contestar tus correos.
- No tiene caso esperar, nos pondremos en contacto con usted.

De nuevo hacia las calles desiertas del centro de la ciudad. Diez quince. Apenas de vez en cuando cruza un carro. Han desmantelado los semáforos confiando en la capacidad de civismo de los automovilistas.

Regresas a casa. Los empujones de la gente te impulsan hacia dentro del vehículo público. En el sonido ambiente las noticias sobre los nuevos trabajadores que llegaron temprano a la ciudad, movidos por la idea de las mejoras que se producirán en su vida que el gobierno, con toda la maquinaria publicitaria, se ha encargado de inculcar en las conciencias. Piensas en esos pueblos fantasmas, que no volverás a mirar.

“La aglomeración es responsable del bloqueo en el sistema”, piensas, “han comenzado los errores, y tú no me creías; ahí tienes tu sistemita comenzando a caerse”. Pero ella está muy lejos para escucharte. Piensas en todas las tarjetas que habrán fallado este día. Quieres disfrutar el triunfo.

Quién iba a imaginar que llegaría este momento, ver caer esta pesadilla de igualdades. “Tendrán que extenderme otra tarjeta con un nuevo número. Seré diferente a todos éstos seres que me rodean”.

Once treinta. Ya en casa, te desnudas, dejando la ropa regada por el suelo, y entras al vaporizador. Descubres el sobre que contiene el papel impreso.
Comienzas a rasurarte la barba del medio día.
El espejo empañado; le echas agua pero ni así logras ver tu imagen nítida.
Sientes mareos.


El teléfono se ha encendido: Le informamos que la computadora ha terminado (el vapor te ahoga y sales del baño) la búsqueda en la base de datos de los trabajadores del Estado (caes junto a tus pantalones, y te llevas las manos a la garganta por el olor que raspa; vomitas y te revuelcas sobre tus ropas); su fotografía y datos personales no aparecen entre nuestros afiliados (alcanzas a ver el sobre, lo rompes con los dientes y sacas el papel); no es necesario explicarle que en este país la seguridad es inviolable, y no entendemos de dónde obtuvo esta tarjeta que no concuerda con la lectura de su pupila; y por la protección de nuestros conciudadanos (miras el contenido, y alcanzas a leer los caracteres:) no necesitamos gente que intente violar los estatutos y leyes que nos brindan paz (Lo siento, si no estás con el sistema estás en contra). Terminas de leer cuando la fuerza abandona el cuerpo. Ya inmóvil, la imagen de ella, sentada bajo la luz, en ese rincón de la discoteca, se apodera de tu mente y el reloj pulsera por fin se detiene.



martes, 15 de noviembre de 2016

Entrevista en PodCast: Adán Echeverría.



El creacionista del día: Adán Echeverría. 











Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011) En espera de la noche (2015); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).



Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.



Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC










1. ¿Desde cuándo te ha interesado la literatura y porque te interesaste en este género en particular? 

El primer libro que me compré con mi dinero fue La isla del tesoro, de Stevenson. Pero desde los 10 u 11 años, cuando hice la primera comunión, yo leía el nuevo testamento, y no me bastó, por lo que me puse a leer en forma la Biblia, leía y leía sin parar. Antes de escritor, mi interés en la literatura era ese, la lectura, la Biblia, Edgar Allan Poe, Mafalda de Quino, comics… había en esa época series de dibujos animados, la biografía por ejemplo de Pedro Infante, que leí en comic cada domingo cuando íbamos a comer al mercado. Mi interés primero fue la lectura. A los quince años opté por comprarme una guitarra acústica, y entonces comencé la redacción de mis primeras letras. Y así hasta que escribía más de lo que componía. Cuando dejé mi banda de rock, entonces me quedé solo con los poemas. Publiqué mi primer poema en 1994, en la Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán. Yo tenía 19 años. Ya había publicado otras cosas en revistas propias, que hacía para la Facultad donde estudiaba, pero estos no los considero porque no pasaron por el rigor de otra persona que no fuera yo. Siempre he pensado que la literatura tiene que validarla el otro, el lector, el editor. Por eso es que considero que mi primer poema El Enfermo, fue mi primera publicación en 1994. Así que considerando tu pregunta puedo decir que entre los 15 y 17 años es cuando empecé a dedicarme a la literatura. Primero con la poesía, luego el cuento, el ensayo, la novela, la dramaturgia.






2. Tu poética es única al del resto, pero ¿nunca te han criticado por no escribir una poesía más tradicionalista? 

Reciéntemente en una lectura en el Foro Coincidir, acá en Ensenada, Baja California, presentamos mi más reciente poemario publicado En espera de la noche, y alguien del público me dijo: Me gusta mucho tu trabajo, pero ¿no te preocupa que tus poemas sean un poco diferentes a la poesía que las personas quieren escuchar, es decir, tus poemas no son muy románticos, invitan a pensar, y de pronto, en ocasiones pueden ser un poco difíciles de entender para los demás lectores que no están acostumbrados a este tipo de poemas? Y le contesté lo mismo que a ti: la literatura es comunicación, en ocasiones algo nos parece distinto o con un lenguaje diferente, porque no estamos acostumbrados al uso de algunas palabras, o algunas expresiones. Como mecanismo de comunicación, el poema comunica algo a su lector, si no lo logra no es que no sea un buen poema, puede ser que el lector tenga que esforzarse un poco más, conocer un poco más del lenguaje, dar una segunda leída si es necesario, si ante todo no comunica nada, si muchos dicen que no comunica nada, entonces quizá estemos frente a un acto fallido de comunicación. Pero si comunica, si logra hacer sentir algo al lector, entonces es que el poema ha cumplido su cometido. Las palabras del español son muchas, y los poetas tenemos la responsabilidad de ir conociéndolas, y podemos transformarlas, podemos incluso crear palabras nuevas, y los lectores, las irán aprendiendo con nosotros, así se forma y transforma el lenguaje. 

Nunca me han criticado por alejarme de lo tradicional, ni tampoco me han criticado por no hacerlo, en particular porque en México, los autores estamos acostumbrados a no criticar las obras. Y cuando lo hacemos, criticamos a las personas. Me han criticado de muchas cosas. En Mérida hasta sacaron alguna vez mi rostro en la portada de un periódico amarillista diciendo Escritor pervierte jóvenes alumnos de su taller, y luego dan la voz a una mujer que dice: Mantiene secuestrada y drogada a mi hija y no me deja verla. Cuando leí dicha portada, que compañeros escritores me hicieron llegar, le llamé a la chica que hacían mención, para pedirle una explicación de eso. Me dijo que su madre estaba loca, que la demandaría, y lo hizo. El ministerio las citó y acordó que la señora no se acercara más a su hija, mayor de edad. La joven ni siquiera vivía conmigo, sino que trabajaba como instructora comunitaria y toda la semana vivía en su comunidad rural, donde daba clase. Pero los periódicos son así, no confrontan versiones, no hablan con las partes, no generan crítica, no investigan, reproducen boletines, aplauden obras publicadas, premios, dicen y creen que un jurado de tres personas es suficiente para validar una obra literaria. Errores de esa naturaleza que ha construido el mito de muchos escritores. Muchos escritores ganadores de premios, quedarán en el olvido, y muchos autores que no ganan premios, y que luchan por una publicación dejarán escuela entre sus lectores y alumnos.






3. ¿Qué libro de los que has publicado has amado en crear y cual otro no tanto?

Todos mis libros han sido y son importantes cuando los voy creando. De alguna forma tienen una propia historia, y dan vueltas mucho tiempo en la cabeza, hasta que ocurren y pasan al papel. Mis primeros dos libros El ropero del suicida y Delirios de hombre ave, eran un solo libro. Hubo una convocatoria en la Editorial Dante, la cual gané, pero el jurado y los encargados del premio me dijeron que el libro era muy extenso, que lo dividiera, lo hice, y luego me dijeron que para darle cabida a otros autores me invitaban a elegir entre uno de ellos. Así que con ellos solo saqué El ropero del suicida. Este libro lo amé, aunque hoy piense que me he alejado de ese estilo, y sin embargo, me sigue gustando. Yo daba clase en una prepa, y tenía un taller con algunos alumnos. Una alumna era una gran lectora, pero le prohibían leer, porque sus padres eran de una religión demasiado controladora con ella, así que me regalaba sus libros. Un día me pidió que le diera algo mío para leer, y le entregué el Engargolado apenas de mi Ropero del suicida, completo, eso fue un viernes. El lunes me llamaron a la dirección de la escuela, para decirme que tendrían que despedirme, por haberle dado ese libro a la jovencita de 16 años, y sus padres lo habían encontrado, y por tanto yo era un pervertidor que entregaba obras “sucias” a jovencitas de 16, que aún “no piensan”, por lo que las lecturas que se les da son únicamente las que ha aprobado la SEP. Moría de risa, pero así ocurrió.

Xenankó, es un libro que me costó mucho, porque lo construí con una beca estatal. El proyecto original era Un Bestiario sobre fauna en alguna categoría de riesgo en Yucatán. Pero el jurado –que todo lo sabe siempre- dijo que mejor construyera una historia que entrelace a esa fauna, porque los bestiarios se habían hecho mucho, aunque en Yucatán no hubiera claro. Decidí hacer caso de lo que el jurado quiso, y luché durante 11 meses para terminar esas historias que me costaron mucho, el último mes escribí el Bestiario que me originalmente me había propuesto, y ese salió libre, hasta hoy me gusta, y los lectores lo siguen celebrando y compartiendo.

La confusión creciente de la alcantarilla fue rechazado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, porque no reunía la calidad que ellos exigían. Bueno, en España lo aceptaron y ahí se publicó, dentro al editorial Efory Atocha, de Santiago Méndez, quien habiéndole gustado mi trabajo poético un día me escribió un correo diciéndome: Quiero regalarte la impresión de un título de tu trabajo poético, escoge cuál, y envíamelo. Lo mismo ha pasado con los libros de cuentos y novelas. Las oportunidades de publicar se han dado, y yo las he tomado. Todos los libros me han gustado, hoy puedo decir que En espera de la noche, es un libro tierno, y que me gusta mucho. Le he dedicado un fragmento del mismo a mi hija Diana Luz Echeverría, a quien no veo desde antes que cumpliera un año, hoy tiene ya 4 añitos; es un poemario testimonio de todo lo que pasaba entre su madre y yo, en ese tiempo, aquel amor tan fuerte y de tanta pasión, y toda la ilusión de tenerla con nosotros. Termina el poemario con la esperanza de verla alguna vez, o de que ella sea feliz en otra familia, con su madre, lejos de mi.





4. ¿Qué autores de la vieja escuela y que autores contemporáneos recomiendas?

¿De qué escuela estamos hablando? ¿La Escuela del Resentimiento que señala Harold Bloom? Yo soy un fiel lector de los autores clásicos. Creo que hay que abrevar en el pasado, para poder disfrutar en el presente. En estos momentos justo reviso la novela de una alumna, es sobre la Baja California, y el viaje entre la serranía que se convierte en un viaje interior. Con mi brebaje cultural puedo encontrar sentido en Jung, en Freud, en los mitos griegos, en aquella Caverna del profeta Elías; puedo encontrar aquel simbolismo que se narra en Las bodas alquímicas de Christian Rosacruz, y en La cábala, el Corán. Puedo leer Parad los relojes de Auden y escuchar las estrofas del llanto de Gilgamesh por Enkidu, y trazar un paralelismo. Para disfrutar a los contemporáneos, nada mejor que referenciar a los autores del canon.





5. ¿Si pudieras ser un personaje cual serias y como cambiarías – como escritor – tu vida en ese universo?

Soy mi propio personaje, aquel hombre ave que habita desde mis primeros poemas. Soy los muchos personajes que han pasado por mis ojos, y han dejado su baba en mi interior: de Harry Haller a Indiana Jones, de Julian Sorel a Juntacadáveres. Creo que como escritor debemos tener la responsabilidad de saber guardar silencio, para luego poder expresarnos respecto a todos los temas. Creo que el silencio es necesario, y tiene el poder de la reflexión. Creo que la libertad del pensamiento estriba en saber reconocer al otro.





6. Dentro de tu método particular para crear ¿Podrías compartirnos algunos secretos de creación en cuanto a generar una idea – o ideas – que sean clave en la formación del género, en el cual te desarrollas?

Todo lo que me rodea es una idea para la literatura. Cada persona, cada texto que leo. Puedo ir en el camión y escuchar a estas chicas preparatorianas decir que al cumplir los 18 años se van a tatuar todo el cuerpo, porque ya nadie les podrá decir nada. Y me pregunto si ese debe ser el sueño para alguien que pronto cumplirá los 18 años, eso puede generarme un chascarrillo, puede generarme este párrafo, y la idea puede clavarse más adentro y dar vueltas, entonces saldrá una columna de opinión, en una cuartilla, desde las visceras, si la idea continúa en mi, entonces lo rescato y lo paso al papel, y entonces veo si crece para convertirse en un ensayo. En ocasiones el tiempo, el transcurrir de la mañana, me impele a escribir un poema, y este ocurre en el facebook, apenas como un boceto, el cual puede pasar a una hoja luego y crecer y construirse en poema. Para el cuento, ocurre lo mismo, trabajo artesanal. La novela da vueltas en mi cabeza durante muchos meses, hasta años, luego encuentro un hueco en el tiempo, y entonces puedo escrbir escribir y escribir hasta por ocho horas diarias y tener la novela en cinco o seis días, bocetada, la cual se irá construyendo de manera cotidiana, conforma tenga tiempo. Trato de leer a diario, de escribir y comentar a diario, de generar siempre alguna nueva idea, rumiarla y escribir al respecto.





7. ¿Cómo escritor que situaciones son las que te mueven a crear? Hablando de lo que sucede en el mundo, o simplemente es la imaginación que se alimenta de otros universos?

La sociedad es lo que me mueve, sus equivocaciones y las mías. Si parto primero de que el pendejo soy yo, entonces trato de escuchar a los demás, y descubrir el cómo puedo equivocarme tanto, entonces investigo, descargo textos, leo, escucho, hasta que tengo una opinión de algo. Ese algo pasa siempre hacia mi obra. Como escritor recreamos el mundo que nos rodea, ficcionamos al respecto.



8. ¿Crees que las nuevas tecnologías de información y comunicación, ayuden en la tarea del escritor, a difundir, a tarea investigativa o bien a crear desde cualquier sitio? 

Todo es bienvenido. El primer invento del hombre que cambió su vida, fue el lenguaje, pero el lenguaje no se creó aislado, no lo creo alguien para el solito, sino para compartirlo y poder… comunicarse. Luego descubrió como pasarlo a un ideograma, a un símbolo, calado en la piedra o en la madera, en el lodo. Conoció entonces materiales que pintaban y permanecían, la mancha entonces se volvió trazo. Luego descubrió otros medios para imprimir, pieles, telas, papeles. Y muchos años después llegó la imprenta. Era justo reconocer en los medios electrónicos ese nuevo paso hacia adelante, en defensa de los árboles incluso. El papel dejará su lugar a los medios electrónicos, la preocupación no es que ocurra, sino que las empresas busquen las formas de limitarnos las descargas, de querer cobrarnos para editar, para usar estos soportes, porque no permitirán que sea gratis, entonces volverán a establecer diferenciaciones que impliquen que una minoría lee y edita la verdadera literatura de la red, y la que es mala literatura. Porque el ser humano en su egoísmo y ambición, siempre querrá validarse, sobresalir por encima de los demás, y además… beneficiarse delos otros.



9. ¿En qué horario te es más sencillo escribir y porque?

Todo el día me la paso escribiendo. Solo no escribo cuando estoy en contacto con personas. Mientras esté solo, escribiré.



10. ¿Crees que tu literatura deba ser calificada por las personas o por los literatos? - ¿En dónde reside tu valor como escritor al difundir tu obra?

Creo que mi obra y la de todos los demás solo la validarás el tiempo, los lectores de otros tiempos y no de los nuestros. Vendrán lectores, y se enterarán de nosotros, de nuestra obra, y ellos la resguardarán y la pasarán de mano en mano, de boca en boca. No importan las clasificaciones y los oficios, los nombres como literatos, especialistas, son en verdad absurdos a la hora de escribir literatura. Dejad que el lector, quien sea se enfrente a tu obra.



11. ¿Te identificas en creación – estilo – con algún contemporáneo?

Tengo maestros, creo en algunas de sus propuestas. Dylan Thomas dijo que hay que leer muchos poemas, todos los poemas que caigan ante tus ojos, y de todas esas montañas de poemas, encontrarás dos o tres poemas (no poetas) a los que volverás una y otra vez. Creo en eso. Creo en el Manifiesto Poético de Abigael Bohórquez, Si no tiene el poema… no me sirve.


12. ¿Qué figura te movería más al escribir, el sexo, los dilemas del exterior (injusticia, causas sociales, temas TrendingTopic), algún tormento emocional, o una vivencia extrema? 

Me mueve todo lo que tenga que ver con la sociedad y el ser humano, el abuso sobre el otro, la burla sobre el otro, sus tantas equivocaciones, su superioridad ante las especies. Me gusta reírme de mi y del ser humano.




13. ¿Cómo escritor, alguna vez probaste algún tipo de droga para tener una idea o socavar el bloqueo creativo? 

Bebí alcohol desde los 15 años hasta los 39. Tuve suficiente de ello. Pero bebía para destramparme, jamás para escribir. Uno no puede escribir borracho, borracho prefiero coger o seguir chupando, no escribir.


14. ¿Cómo creador tienes conflictos en generar o llevar a cabo tu literatura, con algún texto en específico? ¿Podrías compartirnos un pequeño fragmento del mismo?

No creo tener problemas para escribir en ningún género, porque no pienso en ello. Solo escribo lo que necesito decir en ese momento. Lo primero que pienso siempre es en el poema, y luego me doy cuenta que no es poema, sino que es prosa, y que debo seguir por ahí.



15. ¿Cuántas cuartillas recomiendas escribir al día o a la semana?

Las necesarias. Cuando se habla desde las visceras (delatripa) se genera una cuartilla o cuartilla y media. Cada uno de nuestros post cuando queremos dar nuestra opinión (digo opinión no insulto, vendetta, o ganas de hacer rabiar al otro o de educarlo), siempre sacamos uno o dos párrafos. Junta los párrafos (post) que has hecho durante un día, seguro tendrás una cuartilla.




16. ¿Qué consejo personal puedes darle a los que se inician en el ámbito literario?

Que lean mucho, que lean todo el día, todo el tiempo. Que vean cine, que escuchen música, que charlen mucho, que liguen, que vivan siempre. Y en cada momento de soledad, escriban. Que jamás se queden callados.








martes, 7 de junio de 2016

LA POÉTICA DEL GRITO

El creacionista del día. Adán Echeverría
 




                 




Algunos aullidos luego de Ginsberg y Maldoror



En el principio todo era el grito, y para poder entenderse se convirtió en palabra. Sobre esa palabra, que llamamos lenguaje, surge la comunicación apropiando la naturaleza como símbolo. La poesía es oralidad. De ahí el equívoco del término Poesía Sonora, al performance donde algunos gruñen como cerdos, pían como aves, y desde la guturalidad tienen pretensiones de ser los poetas que se creen percibir.
La invención de la imprenta es uno de esos pequeños momentos de la historia cuando se dió por terminada la Edad Media, validemos su momento histórico; y si fue con la caída de Constantinopla, con el descubrimiento de América, que se logró trazar una nueva época para el ser humano, y salir del oscurantismo, tendremos que seguir en aquella búsqueda de los nuevos signos, para estos nuevos mundos que somos al abrir cada libro, al leer cada obra. La invención del internet, tiene el mismo valor humano que la invención de la imprenta, pero no la sustituye, sino la renueva. De esta forma, la oralidad de toda poesía fue grabada en hojas de papel mediante los tipos arreglados en las planchas de la imprenta, y la reproducción de las ideas se hizo mayor. La internet sigue validando este romanticismo y lo reafirma en su propósito, la comunicación de idas. Pero suma a ello, la vos y el video, devolviendo la sonoridad a los poemas, la voz y la oralidad a la poesía y los poetas.
Por eso mismo, claro que en su "perfomance" pueden gruñir como cerdos y crear alguna estética, hacer los sonidos que deseen, pero "Eso no puede ser llamado Poesía Sonora". Sonidos y Ruidos, claro que los hay, y pueden incluso hallar y mostrar un ritmo (aún el más arrítmico), y establecer algún sentido, pero el acto de arrastrar los fonemas y reconstruirlos mediante la audición, debe ser nombrado "como algo diferente". No tengo yo el nombre, pero los invito a ser creativos y bautizar sus intenciones audibles, pero no llamándola Poesía Sonora, porque toda la Poesía, al ser Oralidad, es una Poesía Sonora.

En la tradición un canon
Para poder entender La poética del grito, y establecernos sobre ella, primero habrá que mirar la tradición. Tal como decía Giambatista Vico, pasamos de la Edad Teológica (Biblia, Corán, Mitologías China, Hindú, Griega, Romana, Egipcia, Celta, Popol Vuh), a la Edad de los Héroes (semidioses y héroes y heroínas de las mismas obras citadas, más el Poema de Gilgamesh, las hazañas de los jueces, profetas, los reyes Saúl, David y Salomón, así como La Ilíada, La Eneida), a la Edad Humana (desde La Odisea, a las rebeldías que se narran en Las mil y una noches, El Decamerón, Los cuentos de Canterbury, para llegar a la obra de Cervantes, Shakespeare, Moliere, Goethe), ya que en esta época, comenzamos con El Romanticismo a sentirnos humanos, demasiado humanos, habría que decir con Nietzche, y reconocer con la filosofía y el arte, esa Muerte de Dios, que no es otra cosa que el desmarcarnos de la Institución fundada en aquellos apóstoles cristianos, en sus festejados Corruptores, desde Pablo hasta Benedicto XVI (y ya miraremos lo que nos deja Francisco, para los siguientes años).


El arte por el arte dicen al leer la obra de Oscar Wilde excepto su De profundis donde el autor plantea todo su sentimiento ante la censura de una sociedad que lo arroja a la prisión. La poesía ha muerto, y no en plena era socialista, sino mucho antes, desde aquella obra de Stirner El único y su propiedad. Y así, cuando llegamos a Bertold Brecht, lo escuchamos gritar: La poesía no se vende / porque ya nadie quiere comprarla. Avanzamos las hojas del tiempo y nos apuntamos ya con Heberto Padilla, para terminar cumpliendo aquel oráculo de: ¡Al poeta, despídanlo! Ese, ese no tiene aquí nada que hacer. Hay que sacar al Aguafiestas. Porque desde aquellos días con la fundación de La república, Platón nos quiso enseñar el por qué habría que expulsar a los poetas, para lograr una sociedad más clara, fundada en la economía racionalistas y no en un mundo cargado de ideales.
Pero los poetas vuelven, y la Palabra que es toda forma de comunicación, sigue ahí, entre sus dientes, siendo masticada. Y esa es la poesía. Mírenlo bien, aquel masticar y masticar el lenguaje, para comunicar las ideas en pleno escupitajo. Es en este acto dónde tenemos que detenernos; mirarnos, desde cada átomo, cada cabello, cada célula, toda gracia inundada en nuestros defectos, cada acto de egoísmo y de soberbia en que nos hemos sobrevivido. Hasta acá hemos llegado cuajados en la Época del Caos, que esperemos se prolongue, para no volver cíclicamente a otra Edad Teológica, como nos lo han querido hacer creer los fatalistas.
Porqué todo lenguaje no es más que una convención de aquellos símbolos, el cómo traducimos los sentidos, para darnos representatividad, como comunidad, pueblo, e historia. Desde ahí hemos perseguido la tradición, para conocerla, romperla, deformarla y transformarla. Esa es la cresta de la ola. Esa Cultura perseguida siempre del proceso Contra cultural. Y debemos saber situarnos en el reconocimiento de ser los perseguidos, para detenernos y enfrentar a los que nos persiguen, saber analizarlos, y ser perseguidores. Así miramos hoy la poesía, persigue la tradición, pero no niega a los que la persiguen para romperla. Para cada grupo que se asienta en una época, hay un grupo que sale a desafiarlo, para el Romanticismo, surge el Modernismo, que es enfrentado, en nuestro México por el grupo de Los Contemporáneos; para negarlos surge Octavio Paz, el más joven que ingresara de la mano de Carlos Pellicer, y que terminara negándolos; para negar a Paz surgen los Infrarrealistas, y en medio de esa batalla, dejamos escuchar la voz de aquellos Estridentistas, agrupados por Manuel Maples Arce que nos dice: Yo soy un punto muerto, en medio de la hora. ¿Cuál es aquella hora, en la que el hablante lírico de Maples Arce, se sitúa? La hora de la revolución poética.



Abigael Bohórquez terminará diciendo con su Manifiesto Poetico: Mientras no tenga el lápiz / curvaturas de hoz para segar el trigo, / rumor de cascos para horadar la mina, / devoción de machetes para abrir carreteras / no me sirve.



Ya no estoy para rosas. / Si vienen a saber si estoy en casa / que no estoy para nadie; / mucho menos para esos menesteres / de cantar a la boca, a la libélula, / al sol, a la oropéndola, a unos ojos remando.
Mientras no tenga el lápiz / sonido de martillos levantando edificios / cantos de obrero en marcha,/ ímpetu de azadón, / pico y máquina de coser, / mientras no venga mi lápiz / a decir las verdades del hombre, / mientras venga a decirme solamente / de un agónico tacto,/ no me sirve.
Ha de cantarse, esto es lo que se debe / señoritos poetas / de intocables perfiles y cafés literarios / al hombre por el hacha, / al hombre por el túnel, / al hombre por la huelga, / por la turbina, / por la válvula, / por el soplete, / por el tractor y el émbolo, / ha de cantarse al hombre por la ordeña,/ por la siega, / por los claros oficios, / por la cabalgadura,/ por el fierro de herrar, / por el volante / y el verano sudado / y la axila perpetua/ el muslo ejidatario / y el ombligo minero.
Puede el hombre, si quiere, / con terquedad de péndulos / llegar hasta los huecos de un cuarto amanecido, / son saliva y cigarros / romperse una quijada, / puede hacer lo que guste;
Yo canto al zapatero, / al leñador, / al paria, / al hombre estrictamente situado en sus bolsillos, / (…)
Canto al hombre del mundo, / por el dedo en las llagas de su estatua, / de su hambre y de su hombría; / si no tiene mi verso / sonido de martillos levantando edificios, / cantos de obrero en marcha, / ímpetu de azadón, / pico y máquina de coser, / si no viene mi verso / a decir las verdades del hombre / no me sirve. / Eso es todo.
Porque es la vida misma la que nos impulsa, porque nos hemos descubierto afuera ya de la Caverna, y hemos estudiado las estrellas, las profundidades del mar y de la tierra, y hemos sondeado, desde el psicoanálisis y con la psiquiatría, los recovecos de la mente humana, las funciones del cerebro, y sabemos de la Esquizofrenia, y del Trastorno de Déficit de Atención, como del Trastorno de Personalidad, y la Bipolaridad, y hoy nos anunciamos: Hola, soy paciente psiquiátrico, y merezco tu respeto. Hola, soy homosexual y también tengo derechos, No me llames indio, no me llames Puta, no me digas Zorra, no me digas que todo hombre debe mantener a su mujer, que es su obligación, no me digas Los niños no lloran. Ya no me calles diciendo: Calladito te ves más bonito, porque ha llegado la hora del Carbunclo y el Chancro, y de las demostraciones, Ceremoniosas de Romper con los Pudores, y mirar en el Otro, aquel Contrato Social descrito por Rousseau: Para no terminar como las bestias de la naturaleza, donde sobrevive el más fuerte, el más rápido, hemos firmado esta convención, de pertenencia social. Nos respetamos. ¿Cuándo inventaron pues la moral, la censura?


Y como todo poema es una manifestación estética del lenguaje, y el lenguaje la herramienta de comunicación de las sociedades, todo poema es social, y es con el mismo poema con quien debemos y podemos afianzarnos, para Respetarnos en el Respeto por el Otro, en medir los límites de Uno Mismo, en el Inicio del Otro. Esa es entonces La poética del Grito. Una forma de hablar en la poesía de nuestras dolencias, nuestros miedos, y nuestros desenfrenos, sabiendo y reconociéndonos como El Otro. Seamos el Otro. Somos El Otro. El Otro que soy para los demás. Vencer el Ego, desterrar al Super Ego, y reconocer la calidez del Otro que somos para ellos, la agonía del Otro que soy para los demás. Porque somos El otro de cada ser que está a nuestro lado, y nos rodea, nos abre camino, nos deja pasar, nos detiene, nos empuja, nos escupe, nos canta y nos celebra, como Whitman, más allá de Whitman: Yo me celebro y me canto, Yo soy el Único, y soy diferente a ti, Soy tú Otro, Soy el Otro, Mi Propio Otro, que poco a poco habré de ir descubriendo. Y así poder reconocernos, y como el Otro que somos, ganar en la diversidad.



No hay que mirarnos a nosotros mismos para mirar luego al Otro en aquellos –canallada soberbia. Sino saber y reconocer que nosotros somos El otro de los que nos rodean. Y como ese Otro que somos debemos hablar, comunicarnos, exigir el respeto, en ese beneficio. Mirar nuestras profundidades, que nos hacen tan diversos y tan mutables. Somos únicos, diferentes. Individuales y plenos. Sabemos y reconocemos que no es la Familia el núcleo de la sociedad (payasadas cristianas), que nos quieren seguir contando Los Necios, sin mirar el fracaso y la desesperación de aquellos muchos que siguen rechazando por ser diferentes, por ser individuos que no encajan en sus montados teatros sociales. Cada Individuo es el núcleo de una sociedad, es el átomo que cohesiona, mediante los dos tipos de enlaces que nos ha entregado la Química. Enlaces iónicos que son tan volubles, y como enlaces covalentes difíciles de romper, que se brindan el uno al otro la energía vital del reconocimiento. He ahí la poesía de nuestros tiempos, he acá La poética del grito, desde la cual podemos escuchar la voz del poeta español Miguel D'Ors, en su Camino de Imperfección decir: Joven, / yo era un vanidoso inaguantable. / “Esto va mal”, me dijo un día el espejo. / “Tienes que corregirte”. / Al cabo de unas semanas era menos vanidoso. / Unos meses después ya no era vanidoso. / Al año siguiente era un hombre modesto. / Muy modesto. / Modestísimo. / Uno de los hombres más modestos que he conocido. / Más modesto que cualquiera de ustedes. / O sea / un vanidoso inaguantable / viejo.




La poesía que ha desbaratado el silencio, y que se ha vuelto grito inmodulado, grito creciente, grito incómodo que surca los espacios, hasta encontrar receptor y atravesarlo. ¡Cuántas veces nos hablaron de las grandes civilizaciones!, y ahora reconozcamos al tiempo histórico que todo lo sepulta debajo de los polvos, cuyos granos no dejan de viajar de un lado a otro en esta esfera. A qué seguir esperando, si tenemos ante los ojos la Maravilla del lenguaje que salta desde un ordenador, y nos arroja las mil posibilidades para dejar de ser Callados, para dejar de Ser las Víctimas, para dejar de ser La Queja, y ser la Voz, comenzar a ser Aquel que puede hablar, Aquel que tiene las posibilidades de la Reflexión. En una sociedad (en toda sociedad) que tiene que evolucionar, y continuar su evolución, somos el átomo, somos los individuos que la conforman y la habitan, debemos perseguir la búsqueda del Otro que somos muy dentro de nosotros, para sabernos, por demostración interior, que somos capaces de Recibir aquello que pedimos para el Otro.



En una sociedad que cada día se aísla, seremos la posibilidad de la reunión. El reconocimiento del Individuo como núcleo social, nos sitúa ahí a todos: sin importar el género, la religión, la diversidad sexual, política, alimentaria y económica. Dejar de decir: Si haces eso estás mal, Si comes aquello estás mal, Si dices que no lo hagan también estás mal. Y comenzar a pensar en lo propio, los que yo hago, si yo escucho, si yo que Soy Tratado como El Otro de los demás, puedo mirar solo mi alrededor, y entonces será lo mío aquello que joda no joda a los demás.
La Poética del Grito que se aplica en todos nuestros actos. Ese gesto que no necesita de dioses, ya muertos desde el siglo XIX, pero sí necesita de la Espiritualidad, y la reclama, aquella espiritualidad que es la búsqueda de todo conocimiento, todo respeto de creencias, toda diversidad de cultos que no harían otra cosa que reconocernos similares, mínimos reconocedores de aquello que Nos Es Desconocido, y que nos haga alcanzar aquellos conceptos que podemos llamar el Amor, la Esperanza, alguna Fe cualquiera, en la que podemos sentarnos el uno frente al otro y exponer nuestros miedos, temores, logros y justicias, unos enfrente de nosotros como en Toda Reunión de Autoayuda y decirnos: ¡Hola!, me llamo Adán, y soy poeta.  Y es bajo aquel polvo cotidiano en el que los años transcurrieron, transcurren y seguirán ocurriendo, bañados de sangre, de espada, de hoguera, de alimentos genéticamente modificados, de estrés, de vacunas que pueden hacernos daño, de sexos y perversiones, de arrestos y libertades condicionales, donde tendremos que seguir habitando con los sicópatas, y con los moralistas, y con aquellos que sufren la persecución de creer que son Libres, que como tantas cosas que podemos reconocer en las múltiples sociedades humanas seguirán haciéndonos daño. ¿Acaso no sabemos que el Hombre, el Ser Humano, es una maravilla para la adaptación, y la sobrevivencia? Y que al final logrará adaptarse a cualquier barbarie, para sobrevivir.


La poética del grito está en la modernidad, en el ser modernos, en el reconocernos parte de este siglo XXI, y nos sitúa en el raciocinio espiritual que nos brinda todo lenguaje, cómo dice el poeta Ángel González en su poema Luz llamada día trece.



A cada cosa por su solo nombre.
Pan significa pan; amor, espanto;
madera, eso; primavera, llanto;
el cielo, nada; la verdad, el hombre.
Llamemos luz al día, aunque se asombre
quien dice "Es martes hoy, ayer fue santo
Tomás, mañana será fiesta". ¡Cuánto
más verdadera que cualquier pronombre
es esa luz que cuaja el aire en día!
Hoy es la luz llamada día trece
de materia de mayo y sol, digamos.
Y si hablamos de mí -puesto que hablamos,
de algo hay que hablar-, digamos todavía:
pasión fatal que como un árbol crece.

No somos el árbol, sino las ramas del árbol, el fruto del árbol, la raíz, el tallo y las hojas del árbol. Porque somos la fundación del todo, la célula totipotencial que puede mutar o puede especializarse, y ser función, ser objetivo, ser necesidad en este sistema de procesos y procedimientos que nos entrega hoy el universo social en que nos desempeñamos.  Porque como dice el poema Oda a los nuevos bardos, -también de Ángel González-, necesaria es lanzar a la basura aquellos arquetipos del poeta que solo busca en el presupuesto la función de pertenencia a una tradición que pretende ser impuesta en la beca, el premio y la edición, y deja claro lo que he decidido llamar La poética del grito:


Mucho les importa la poesía.
Hablan constantemente de la poesía,
y se prueban metáforas como putas sostenes
ante el oval espejo de las oes pulidas
que la admiración abre en las bocas afines.
Aman la intimidad, sus interioridades
les producen orgasmos repentinos:
entreabren las sedas de su escote,
desatan cintas, desanudan lazos,
y misteriosamente,
con señas enigmáticas que el azar mitifica,
llaman a sus adeptos:
-Mira, mira...
Detrás de las cortinas,
en el lujo en penumbra de los viejos salones
que los brocados doran con resplandor oscuro,
sus adiposidades brillan pálidamente
un instante glorioso.
Eso les basta.
Otras tardes de otoño reconstruyen
el esplendor de un tiempo desahuciado
por deudas impagables, perdido en la ruleta
de un lejano Casino junto a un lago
por el que se deslizan cisnes, cisnes
cuyo perfil
-anotan sonrientes- susurra,
intermitente, eses silentes:
aliterada letra herida,
casi exhalada
-puesto que surgida
de la aterida pulcritud del ala en
un S. O. S. que resbala
y que un peligro inadvertido evoca.
¡Y el cisne-cero-cisne que equivoca
al agua antes tranquila y ya alarmada,
era tan sólo nada-cisne-nada!





Concluir
La poética del grito, entonces, para que podamos entendernos, en este comentario final, nos sitúa en el Ahora. En esta posibilidad de mirar, desde la multiplicidad de plataformas, los recovecos de la historia de la humanidad, y sus sociedades, dramas, y batallas, como grandes descubrimientos (el canon y la tradición de querer y saber leer). Y es en este ahora, en dónde tenemos que Gritar el reclamo de Estar Vivos, de saber que Lo estamos, más allá de las revoluciones, las guerras, los dramas existenciales, Existimos. Y somos, Individuos, que le damos cohesión a las sociedades del Hoy. Dejemos atrás el drama del Yo, y busquemos al Otro que somos en Nosotros mismos, El otro que somos para los demás, porque lo somos. Y que sea nuestro hablar, nuestro poema, nuestro Yo hablante, aquel que sirva de ejemplo a nuestra propia vida, representada en el Caos que provoca nuestra existencia en los demás. Gritemos en el Poema, nuestra propia Gloria, nuestra Propia Ruina. Gritemos por la salvación; Gritemos nuestra asexualidad; miremos nuestros cromosomas y no nuestros genitales; leamos nuestras feromonas y no las gastadas censuras; Gritemos por nuestra oscuridad. Por nuestra alegría y nuestro lamento. Ya no basta el canto, lo que nos queda es el Grito, y el Grito surcará las avenidas, la selva, las montañas, los océanos. Vayamos a por él.





Pienso para mis propios ojos
para la cuenca de mis ojos
para el leopardo en que nos hemos dividido las manchas
porque esta tarde estoy sentado en la oficina
y allá afuera van buscando por las calles a todos los poetas
y ella me lo ha dicho
lo ha publicado encima de los postes
lo va cantando
de qué nos sirven los poetas si permanecen tristes
si van por la vida con el pene para fuera
la vagina limpia limpio el rostro el pene para fuera
La fruta que todos queremos ahogar en el mercurio
y cómo sube el mercurio mientras las bolsas caen
Ahí los van buscando Ellos nos buscan
Nos persiguen por los pasadizos debajo de las calles
dentro de los postes y entre los conciertos
En los cafés nos van buscando
y somos la luz dentro del charco
Somos el mesero que no tiene conciencia
Ese que mete los dedos en el vaso de whisky
El que salpica al servirnos vino
Ese mesero que no se tienta para ignorar a los clientes
que se limpia los cubiertos en el mandil
y te saca la lengua en el aparador
Soy esa flor
la niña de piernas abiertas
y el dedo que la recorre con saliva
Acá estamos en la arena detenidos
y van pasando los aviones
con sus fugas de petróleo
Sólo somos máscaras
y el rímel
se nos va corriendo sobre el pecho.