El creacionista del día. Alma Carbajal Guzmán
Un déjà vu de doce campanadas fortuitas sonaron en el reloj. A la noche comenzaba a corrersele las horas sobre la palidez del tiempo. Dika, enrollaba entre sus deditos, un pequeño mechón de su corta cabellera oscura, para matar los nervios, que le habían tomado el cuerpo a modo de alfiletero. Un rayo de luna se escabullía con lentitud, serpenteando el nevado encaje de la cortina, el hilillo plateado anunciaba que el momento del ultimo sortilegio había llegado.
Dika había hecho retroceder dos veces con éxito, el suceso de aquella noche - la comunidad y sus padres planeaban sacrificarla - la tercera penumbra seria definitiva y todos quedarían encerrados en esas cuatro horas en que iniciaron su búsqueda. A pesar de ser tan pequeña, su alma contaba con 700 años, era algo menuda, pálida y siempre estaba acurrucada en las alas de un mutismo feroz.
A escasos segundos de la una de la madrugada, Dika se posiciono frente al reloj de péndulo, y comenzó el sortilegio; cuando el ultimo segundo cayo sobre la manecilla principal, dando la 1 de la mañana, las horas volvieron a retroceder; la casa tembló, el gato que se encontraba enterrado en el jardín volvió a la vida, y todo lo que aquel día murió por impulso mágico, regreso a ser lo que era en un principio.
A la mañana siguiente la policía se encontró con un hallazgo macabro, un suicidio colectivo. La autoridad tejió esa etiqueta a las prisas, ya que los cuerpos de toda la comunidad se encontraron con el estomago abierto, sin vísceras y alrededor de una pira que aun llameaba. Las precipitadas teorías en las mentes de los agentes, no parecían tener sustento, los hallazgos, la escasa prueba de violencia u obligación de aquellas personas, no tenia coherencia alguna, parecía como si cada individuo se hubiese abierto por si mismo el vientre, y hubiera arrojado al fuego sus propias vísceras.
El detective en turno, después de hacer un recuento exhaustivo, buscó incesantemente al miembro que faltaba, Dika. Sin embargo, tras años de exhaustiva investigación, el único indicio que encontró, respecto a su descripción, fue un grabado del siglo XV, donde la imagen de una niña reposaba entre lineas y negros remolinos de tinta vieja.
C
jueves, 12 de mayo de 2016
jueves, 5 de mayo de 2016
MAYO DE: MAGICAL WORDS
Lo que puedes hacer, o has soñado que podrías hacer, debes comenzarlo. La osadía lleva en sí, genio, poder y magia.
Johann Wolfgang Goethe
¿Alguna vez has sentido, que un poema, o una historia es en si misma un sortilegio, que puede alcanzar a cada lector?
Este Mes de Mayo abrimos la imaginación a aquellas historias del mundo fantástico. Las leyendas, los mitos vueltos a la vida, están esperando a nuestros Creacionistas, para que les resuciten con su particular estilo y por supuesto con la magia de su creación infinita.
Esperamos todas sus colaboraciones al correo: elcreacionista_@hotmail.com.
Agradecemos la confianza a todos nuestros Creacionistas y para aquellos que todavía no se han sumado a la labor de la creación por el simple gusto, les invitamos cordialmente a que nos compartan parte de su alma y esencia en el poder de la palabra.
Agradecemos la confianza a todos nuestros Creacionistas y para aquellos que todavía no se han sumado a la labor de la creación por el simple gusto, les invitamos cordialmente a que nos compartan parte de su alma y esencia en el poder de la palabra.
Grazie mile!!!!!
El Creacionista ^_^
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jueves, 28 de abril de 2016
PUBERTAD
El creacionista del día. Aleqs Garrigóz
La pubertad es un olor hipnótico;
un ensanchamiento de músculos flexibles
como juncos creciendo en la orilla más
próxima,
donde dos cuerpos se estrechan en un abrazo;
un ansia latiendo con pulso acelerado
asistiendo al ámbito de todos los goces,
círculo que madura un fruto de embriagantes
jugos.
Lo sé ahora, habitante de un campo de verano
revestido,
sostenido en espejos de implacable hermosura,
lagos extáticos donde dices para siempre
siempre.
Compañero que vienes diario a visitarme
y que sientes esta misma comunión con el
universo que nos llama:
cubre aún más mi ombligo de salivas exactas,
aprieta mis manos como hiciste ayer con esa
fruta
cuyo zumo exprimiste en nuestras bocas.
Hay algo que flota en el ambiente como
invisibles campanas:
una melodía, un trino de pájaros y
cristalinas aguas,
un ímpetu sonriente de muchachos que dejan de
jugar
para mirarse en los ojos del otro
y atender la atracción de sí mismos.
Como plumaje de vuelo de garza,
como río musical fluyendo armoniosamente,
como cascada donde se desfragmenta la luz,
como el amanecer de un amanecer, como el
rocío.
La
pubertad es... en fin… ¡No sé que es!
jueves, 21 de abril de 2016
RECUERDOS DE LODO
El creacionista del día. Gerardo González
Durante mi infancia
quise ser tantas cosas, que al final, no
sé qué tanto fui o si siquiera algo fui. Como me sucede ahora.
No soy alguien que
atesore con envidia y fiereza mi niñez y es que, la verdad, atesoro más mi
juventud; específicamente atesoro muchísimo mi tiempo en la universidad. Pero
no quiero que me mal interpreten, no odio mi infancia ni nada parecido.
Quise ser tantas
cosas pero creo que, en aquel entonces, no tenía la fuerza suficiente para dar
un paso más y de verdad convertirme en algo.
Ciertamente la
escuela se me daba y me gustaba – e inclusive en estos tiempos sigo pensando lo
mismo – aquella satisfacción de resolver
problemas, el gusto por aprender cosas nuevas y sobre todo, escuchar historias.
Como dije anteriormente
no es un odio u olvido consciente – y espero tampoco inconsciente – de la
infancia sino que es un amor pasional y salvaje por mi juventud. Claro está que
esto no significa que no tenga recuerdos preciosos de mi infancia, podría citar
varios pero de entre todos ellos hay uno que me viene seguido a la cabeza.
Fuimos al rancho de
un amigo de mi padre, ¿Qué edad tenía? No lo recuerdo, lo siento; quizás unos 6
años o menos. Mi padre decía que yo, en aquél entonces, tenía un sentido de
orientación maravilloso – creo que aún tengo algo de él – reconocía los caminos
y lugares para dónde íbamos con tan solo andar un poco en ellos. Claro que aquello
generaba la situación de que si tomábamos un camino, que no conocía, me ponía nervioso e inclusive había veces que
me ponía a llorar. Incluso ahora, aun me estresa enormemente perderme mientras
manejo, algo que seguro es un reflejo de mi infancia.
Como les decía, fuimos al rancho de un amigo
de mi padre y ahí, por alguna razón que desconozco, mi padre me llevo a jugar
con los borregos – los pequeños claro – que había en el lugar. Antes de continuar
debo aclarar que mi madre no dejaba que me ensuciase y me mantenía siempre con
ropa limpia. Siempre había cambios de ropa en el coche para cualquier
emergencia. Algo que ahora pasó a ser todo lo contrario, puesto que no soy tan escrupuloso en la limpieza de mi ropa y a veces hay que darle
dos vueltas a los calcetines; pero
bueno, dado que era solo una nota para entrar en contexto, prosigamos.
Obviamente podrían
imaginarse el lugar donde estarían los borregos, un lodazal en el cual
caminaban, pastaban – y cagaban – o simplemente se echaban. Al llegar ahí me
impresioné tanto con los animales, que
corrí hacia ellos muy contento, algo que quizás incomodó a los pequeños
borregos y provocó que me recibieran con un buen par de topes. La escena no
viene a mi tan nítida, pero quiero
acompañarla con una cara de sorpresa por parte de mi padre, y de su amigo al verme caer y no romper en
llanto. Cualquiera pensaría que después de recibir un pequeño tope un niño se
pondría a llorar, pero lo cierto es que
yo comencé a reírme, a reírme a carcajada suelta. Después de tanto reír, me
levanté nuevamente y me lancé a darles de topes a los borregos. Ya imaginarán
como terminó la cosa.
Al entrar a la casa
del amigo de mi padre, donde se encontraba mi madre, la pobre pegó el grito en
el cielo, regañó a mi padre y a su amigo – seguro que a mí también pero esa
parte esta o bloqueada o borrada de mi mente– y se dispuso a limpiarme y cambiarme.
Jamás regresamos a
aquél rancho.
Pero la impresión
que hizo huella en mi fue muy profunda. Quiero creer que desde aquél entonces, siempre ha pasado por mi mente la idea de
tener un ranchito con algunos animales.
Al final son las
vivencias en nuestra infancia, las que dejan una gran huella – a veces
inconsciente otras conscientemente – en nuestra vida. Tan grande y profunda es
la huella, como seguramente lo fue mi silueta
en el suelo lodoso de aquél rancho, donde unos borregos vieron interrumpida su
calmada rutina, cuando un pequeño niño
de sonoras risas se lanzó con toda la fuerza que puede tener un niño de esa
edad a darles de cabezazos.
jueves, 14 de abril de 2016
CARTAS A UN FANTASMA
El creacionista del día. Orlando Toral
“Noviembre de 1849
Fue entonces que comprendí también el simple y complicado sentido de la vida. No es fácil verlo al instante en que uno abre los ojos a ella.
Caminé hacia mi despacho, busqué papel, tinta y pluma… Y me senté frente al escritorio.
La muerte, el suave espectro al que todo mortal teme.
Acariciante y sublime cual viento frío, anidado en la neblina pálida y
extendido por la mano de invierno. Anhelada por algunos, despreciada por otros.
Y al final, es la fe misma la que obliga a su dueño a jugar con su destino y
con el de los demás. Tan quieta y paciente como tenebrosamente impredecible. No
apresurará su paso pero tampoco hará sentir el aura de su llegada. Extiende su
mano, permitiéndonos rosar con su terso y oscuro manto, y rápidamente nos vemos
envueltos en un escalofriante velo de perdición y desesperación. Volvemos a
incorporarnos y damos cuenta de que la flama, anunciada por toda una vida de
calidez al lado de una persona, se consume a si misma hasta quedar
completamente extinta.
Es ella el destino de todos nosotros.
.
Aquella mañana había vislumbrado, para cualquiera que no
fuese yo, una luz mucho más alegre y colorida que cualquier otra alba pudo
haber ofrecido. Sin embargo, no había sentimiento alguno que pudiese llenar mi
ser. Mi corazón se encontraba cernido por las cenizas de un oscuro pasado que
aún arañaba violento tras mis pasos. Y me estremecía por ello.
Me dirigí a la gran sala donde la luz ya se había
permitido el paso a través de las grandes ventanas vidrieras.
Y entonces la vi.
De nueva cuenta estaba ahí, esperándome en el centro de
la cuadrada mesa de roble que adorna el comedor; situada entre dos de las
velas, casi consumidas por las flamas, que en las noches me habían protegido de
la abrazadora oscuridad.
Me acerqué a ella y la tomé entre mis dedos decidido a
que sufriría el mismo destino de las anteriores que habían aparecido en ese
mismo lugar. Aquellas mismas que, teniendo el triste pensamiento de que se
trataba de una broma cruel, yo había arrojado al fuego de la chimenea, lleno de
ira y de dolor, a que ardieran junto a las brasas que estaban al rojo vivo.
Pero esta vez, cuando toque la hoja de papel, me invadió
una curiosidad enorme por leerla. Algo me decía que la carta misma estaba
llamándome. Y la desdoblé.
“Noviembre de 1849
No
es de mi entero placer, amor mío, despojarte de los arrulladores brazos del
descanso. Pero es que no encuentro palabra alguna capaz de describir el inmenso
dolor que me aqueja por ya no tenerte a mi lado. Sabes que mi corazón siempre
te perteneció y aun te pertenece, si es que aún es tu deseo, puesto que
comprendo que el oscuro espectro de la muerte ya se ha interpuesto entre
nosotros.
Esta
tarde me senté durante un largo rato en una de las bancas de piedra, en el
jardín frente a la casa, pensando que la ausencia le había hecho perder su
hermosura y la había vuelto sombría. Voltee hacia el ventanal de la sala y pude
verte, sentado con la misma gracia y postura frente al piano, moviendo los
dedos con la destreza que yo nunca pude igualar. Mas no logré escuchar notas
armoniosas, nada que no fuera el chasquido de mis lágrimas golpeando el césped
humedecido por el sereno. Y entonces, pensando en ti, no quise entrar. Solo me
quedé sentada, recordando y llorando en esa misma banca en que me habías
propuesto matrimonio, me quedé ahí hasta que las lágrimas secaron mis ojos y mi
corazón lleno de remordimientos.
Te
amo Antonio, y nunca dejaré de amarte. Eres tú el dueño de mi corazón y me
invade una enorme dicha cuando, en ocasiones, puedo sentir tu corazón latiendo
en mi pecho. Lo sé, eres tú. Eres tu mi eterno y alado ángel e iré dichosa a
donde quiera que me llames.
Te
extraño.
Con
amor: Silvia.
”
Fue entonces que la recordé tal y como era; alta y
delgada, de piel fina y suavemente pálida; de cabellos ligeramente enrojecidos
y entre rizados. La recordé sentada en esa banca de piedra que justo ahora
estoy viendo. La traje de mis memorias viéndome con esa mirada que solo ella
podía lanzar con sus ensoñadores ojos grises, tan claros y hermosos como el
resplandor de la luna; susurrándome cosas tiernas mientras me perdía en la
inmensidad del ensueño total con cada movimiento de sus labios rojos y
delgadamente marcados; tocándome con sus tersas y delicadas manos que reposaban
en mi piel cual seda; con ese vestido en tono beige y ligeramente adornado con
finos encajes que a ella le encantaba usar.
Incluso el color vino de las cortinas me recordaba la
ternura con la que me convenció para que las comprara y las colocara en la
sala. Recorrí una de ellas con mi mano derecha, para descubrir la última de las
ventanas que me ocultaba del radiante sol y me recargué sobre la misma. Me
quedé mirando fijamente la banca de piedra. Quedé ahogándome en aguas turbias,
ardiendo en los insanos jardines que me incitaban a recordar cada momento que
pasé al lado de mi amada y que me hacían caer en la melancolía una vez más.
La recordé en vida, alegre, hermosa, con su bella forma
de ser.Y traté de olvidar que apenas hacía algún tiempo ella se
había marchado para no volver jamás. Traté de borrar el pensamiento de
que, en forma cruel y despiadada, ella
me había abandonado.
Intentaba no ver más el desgraciado momento, pero estaba
ahí, muy bien grabado en mi mente. Después de una insignificante riña y el
inoportuno y maldito accidente, tirada en la cadencia de sus últimos respiros,
desgarrada por su cuerpo mismo en su interminable agonía.
“– Perdóname Antonio, sabes que te amo.”
Desgastó sus últimas fuerzas para acariciarme y, dejando
su cuerpo en mis brazos, cerró los ojos para no volver a abrirlos nunca más.
Sin embargo, lejos de sentir temor por saber que me
escribía desde el más allá, me abrazaba una enorme dicha y un placentero
suspiro de alivio. Entendí claramente que las cartas, que habían aparecido
en la mesa, no habían sido una broma. Las fechas eran reales tanto como el
contenido de ellas, la figura de las letras, el aroma, incluso la forma de
enlazar las palabras eran de Silvia, de ella y de nadie más.
Fue entonces que comprendí también el simple y complicado sentido de la vida. No es fácil verlo al instante en que uno abre los ojos a ella.
En toda mi existencia había anhelado la inmortalidad,
había buscado formas de poseer un aliento eterno que me permitiese burlar a la
muerte y así perderle el miedo. Todo en aras de valorar la vida con más fervor.
Y no me daba cuenta de que estuvo frente a mí todo el
tiempo. Cada pequeño momento, cada mínimo detalle tenía que ser joya de gran
valor. Tenía que haber disfrutado de cada diminuto placer; desde el roce suave
y cálido de la piel de mí esposa, hasta el más simple trago de agua resbalando
por mi garganta.
La vida se encuentra nítida en cada respiro.
Deseaba vivir durante siglos pero no encuentro ahora
mayor anhelo que la muerte. No es que le haya engendrado un inminente y
rencoroso desprecio a la vida por despojarme de mi amada, sino por la sencilla
razón de que me siento completamente saciado con lo que he vivido. No poseo
adeudos materiales, espirituales ni morales. Estoy bien, bien y satisfecho
conmigo mismo. Mi ser ya no se puede impresionar con facilidad. Ya no encuentro
en el viento brisa que no haya tocado mi rostro, no encuentro sabor alguno que
no haya deleitado mis labios, ni amor más puro que el que acabo de perder.
Llegado a este punto, la vida comienza a perder sentido.
Ya no se puede esperar nada del destino.
Y es que, ¿Acaso puede alguien saber, con lujo de
detalle, lo que el destino le tiene preparado? No. Y eso es lo hermoso de
vivir. Saber que uno tiene mucho que hacer en tan poco tiempo. Conocer de
nuestra propia fragilidad y de las enormes cosas que podemos lograr. Es ésta, la bella lección que nos ofrece tan sabia y
oportunamente el don de la mortalidad. La hermosa vida. Pues sabemos que no es
más que un exquisito sueño del que, sin saber en qué momento, despertaremos. Y
se convierte en un temor que nos persigue. No a que seamos llamados a nuestro
juicio, sino a la ignorancia respecto al momento en que éste llegue… “¿Habremos
cumplido todos nuestros anhelos?, ¿Habremos corregido todos nuestros errores?,
¿Realmente habremos amado con todo el corazón?”
Ahí estaba yo, logrando al fin resolver mis interrogantes
y entendiendo las cosas que anteriormente no había podido comprender.
Caminé hacia mi despacho, busqué papel, tinta y pluma… Y me senté frente al escritorio.
jueves, 7 de abril de 2016
VICTIMARSE
El creacionista del dia. ADÁN ECHEVERRÍA
¿Dónde es aquella hora en que tu cuerpo caminaba por mi barba?
¿Aquellos días y el sol metido en tus pantalones de mezclilla?
¿dónde es?
¿Cuándo es la maravilla del roce de tu voz que gime tan pausadamente?
¿Ahí dentro entre tus pliegues de lechuza imaginada?
El día es sólo un templo vacío por falta de creyentes
Y la noche un hemiciclo a Juárez u algún otro monumento empolvado
¿de qué nos sirve el cuándo?
Los amantes callaron y las sábanas tomaron las calles
Todos desnudos habitantes del sueño y el grito
cae precipitado hacia la sombra
¿Era tu grito el ataúd para mi nombre?
Lo sabes pequeña
un relámpago nos regaló el estallar los vidrios de la calma
y fuimos caleidoscopio
esquirlas doradas en los párpados
Me aterra la pesadilla de los ángeles bienaventurados
y cómo me duele tu ausencia
Se que te amo
porque amanece
viernes, 1 de abril de 2016
ABRIL: REFLEJOS DE LONTANANZA
La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece.
Franz Kafka
El mes de Abril se abre a la calidez del recuerdo, a los reflejos de la juventud, amor, y de la tristeza que acompañan las primeras sensaciones de la vida. Invitamos a todos los Creacionistas a que nos cuenten, en las innumerables formas de la literatura, esos recuerdos que aun llegan, como reflejos a la memoria.
Esperamos todas sus colaboraciones al correo de siempre: elcreacionista_@hotmail.com
Agradecemos la confianza a todos nuestros Creacionistas que nunca pierden la esperanza de seguir creando y mostrando, parte de su alma y esencia.
Grazie Mile
El Creacionista. ^_^
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