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martes, 8 de septiembre de 2015

SEPTIEMBRE DE POCAS PULGAS










No importa lo elocuente que ladre un perro; nunca podrá decirte que sus padres fueron pobres pero honestos.

Bertrand Russell (1872-1970) 
Filósofo, matemático y escritor británico



ESTE MES DE SEPTIEMBRE SE ABREN LAS CREACIONES DE PARTE DE LOS CREACIONISTAS AMANTES DE LOS ANIMALES, PORQUE FORMAN PARTE DE NUESTRAS VIDAS, YA SEA EN LA INFANCIA, ADULTEZ O SER COMPAÑEROS DE ÉPOCA. 


QUEREMOS INVITARLOS A CREAR EN EL GÉNERO QUE MÁS LES APETEZCA Y QUE NOS CUENTEN  SUS EXPERIENCIAS, O SU PARTICULAR SENTIR, CUANDO ESTÁN EN COMPAÑÍA DE SU AMIGO FIEL, DE UNA MANERA MUY CREATIVA.  

ESTE ESPACIO ES PARA USTEDES Y SIEMPRE ESTAREMOS GUSTOSOS DE HACER LLEGAR AL PÚBLICO LO MAGNIFICO DE SU ESENCIA, IMPRESA EN CADA UNA DE SUS CREACIONES. 

ESPERAMOS  GUSTOSOS SUS COLABORACIONES AL CORREO  QUE USTEDES YA CONOCEN: elcreacionista_@hotmail.com.

GRACIAS ENORMES A TODAS Y TODOS LOS
CREACIONSITAS POR 
HACER ESTE ESPACIO ÚNICO
CON SUS APORTACIONES. 




EL CREACIONISTA ^_^









martes, 25 de agosto de 2015

BLOOD ON MY HANDS

El creacionista del día. Agatha Cervantes






La amenaza recorre el pabellón de la oreja
el sentido se congela
y mi libertad queda colgando como piedra preciosa.


Asustada espero,
pero todos han cabalgado hacia el cerco de plástico,
quiero gritar,
mi garganta se estrella ante un muro de violencia.


Un "te lo dije" pasa con velocidad,
en las cercanías de concreto de mi mente,
todo se encharca del barro de la confusión.


Figuras negras, figuras blancas,
figuras, figuras,
todas abren la boca paladeando la "justicia" la "razón",
miro mis manos nadie tiene la ultima palabra
todos desfiguran los conceptos.
Miro mis manos, lloro porque el miedo se ha metido en mi cara,
corazón, en los labios que han parado de gritar, de apoyar la "causa justa"
¿Quien en sus manos tiene en verdad la libertad y la justicia?


Miro mis manos,
la pancarta cae, simulando un terremoto,
los otros juegan a la guerra con la policía,
soldados de un programa de entretenimiento universal,
el fastidioso noticiero que se levanta vomitando mentiras.



Miro mis manos, nadie tiene la razón,
miro mis manos, el frió de la decepción ha emergido,
transpirando razones incompletas,
humanidad con derechos invisibles;
miro mis manos y al final,
no tengo la razón,
las armas no la completan,
la marcha y sus llantos en busca de paz, no la sustentan,
al final todos, yo,
tenemos algo en común, el desacierto.



Miro de frente pero no hay nada,
arriba , abajo, derecha e izquierda, cielo e infierno,
aunque quede en silencio, soy tan responsable como ellos,
la conclusión queda colgada entre mis dedos,
solo hay sangre en mis manos.






viernes, 14 de agosto de 2015

SOBRE MI ESPALDA



El creacionista del día. Juan Flores G. 









Sobre mi espalda encorvada

llevo la riqueza de demonios,

atragantándose de poder.



No puedo levantar el rostro

y mirar la faz del repugnante monstruo,

aquel que es dueño de mis sueños,

que grita mis defectos.

No comprendo la voluntad del creador,

¿someterme solamente por mi color?



Llueven migajas de seres que se ocultan en la mentira,

y se mofan entre relámpagos.

Mientras, yo sobrevivo, donde la tierra ha sido maldecida.



Mis ojos se cansaron,

mis arrugadas manos se debilitaron,

mis gritos de libertad,

sólo lamieron el suelo.

Esta tierra ha sido olvidada, condenada.



Pero tengo un refugio,

donde los rezos colapsan el tiempo,

suenan las campanas de nuestro templo,

 y el incienso se funde con mi cuerpo.



Transmuto fuera de este mundo,

y en mis ojos tengo el futuro.



No todas las esperanzas están marchitas,

hay luciérnagas con luces infinitas,

revoloteando jóvenes aún,

disipando la oscuridad con la razón.



Antes de irme, tengo la ilusión,

de ver que sobre mi espalda,

 valió la pena

cargar la tristeza y los sueños de México. 

















martes, 11 de agosto de 2015

LOS MANIFIESTOS DE MANIFESTARSE

El creacionista del día. Adán Echeverría




…el áspero sonido rasgó telas, resquebrajó vidrios e hizo a la manifestación disgregarse como en un tiro de billar. Los cuerpos de los manifestantes iban de un lado a otro, golpeándose entre sí, y los gritos no podían distinguirse de forma individual, sino como un enorme amasijo de sonideros, que subían fundiéndose bajo el terrible acto despellejante del calor solar.
Era casi medio día y el pavimento no respetaba la piel de las jovencitas que, pecho en tierra, moqueaban aterrorizadas por la ráfaga de -tres o cinco- balas que se habían soltado. Jóvenes de pinta oscura, de estandartes rojos o anaranjados, tatuadas pieles, de piercings en el rostro y en salvas sean las partes, ademanes de “soy un radical rojísimo”, ahora pedían el refugio de los brazos de mamá.
El alarido crecía y los iba abrazando y sujetando con violencia, para luego lanzarlos por la avenida, como se lanza un trompo, disgregándolos en la carrera. Los débiles cayeron y fueron abandonados a su suerte. Los listos, así como los abusones, fueron los primeros en levantar polvareda tras sus pies y, sin voltear, no les importó abandonar monumentos o estatuas de sal que fueran quedando al cimbrarse, con los disparos, en esa parte de la ciudad.
Pocos vieron la llegada de las camionetas antimotines, ellos observaban de cerca. Pocos se percataron de los pasos del comandante hacia el centro de la multitud, abriéndose camino a codazos, para intentar tomar la palabra.
La protesta era debido al insulto cometido al pueblo por la imposición de ese fallido monumento. Se trataba de una burla que reafirmaba el colonialismo. Apretar la herida moral de los caídos que, durante siglos, habían luchado contra la opresión del rico sobre el pobre, del conquistador sobre el conquistado. Un monumento a la barbarie, levantar en bronce una estatua que dignifica el racismo, la discriminación.
Apenas el comandante logró acercarse al centro del barullo, una detonación desató la furia y el terror de la masa que, como gigante herido, se sacudió arrojando sus células, a manera de cuerpos humanos. El comandante, por instinto de supervivencia, extrajó su pistola tipo escuadra del cinto y levantándola, hizo un esfuerzo ante los empujones que lo iban arrastrando en la barahúnda, lanzó tres disparos al aire para que la gente se replegara.
Uno de los oficiales, parapetado junto a las camionetas antimotines, con los demás policías, como espectador de la protesta, no pudo controlar el miedo a que un proyectil lo alcanzara, y tras escuchar el estallido y las balas disparadas al aire, abrió fuego hacia la multitud que intentaba escapar; cerrando los ojos, y sin dejar de pensar en sus dos niños que a esa misma hora se encontrarían cómodos y alegres en su salón de clase en una escuela primaria del sur de la ciudad. Tuvo que pensar: a que lloren en mi casa a que lloren en la tuya, que lloren en la tuya.
Más adelante se supo que tres víctimas fueron alcanzadas por las balas: aquel viene-viene que ayudaba a acomodar los carros en esa zona de la avenida, junto al café Impala, la señora del silbato que siempre anda sucia y alcoholizada y que constantemente suena que suena una botella de plástico donde tiene metidas algunas piedritas, y un hombre de poco más de cincuenta años que limpiaba las ventanas del banco HSBC, enfrentito del monumento.
Los primeros que huyeron, no tardaron en llegar a El Templo. Se trataba de la mayoría de los organizadores, junto con algunos jóvenes que corrieron en la estampida, siguiendo los pasos sin saber a dónde se dirigían, en busca de refugio. El calor y la carrera habían sido tremendos. Nada como llegar a la sombra y bajo la frescura del aire acondicionado que ofrecía el bar mencionado, en el que constantemente se realizaban las reuniones, cargadas de ideologías, y desde donde se había lanzado, dos meses atrás, la convocatoria para la protesta, que exigía sin miramientos y sin retroceder un palmo, a las autoridades del Ayuntamiento retirar de forma inmediata aquel monumento, signo de la deshonra a un pueblo maya que todos teníamos latiendo en nuestras venas.
Las reuniones habían comenzado en un café; luego las redes sociales acrecentaron el número de seguidores, las columnas en periódicos, las bitácoras electrónicas, los mensajes a celular, y la transmisión de slogans en estaciones de radio de la Internet poco a poco hicieron mella en la conciencia pública.
En los cafés del Centro Histórico se escuchaban las mismas pláticas. Era el tema de todos los días y todo aquel que se preciara de conducirse como ente izquierdoso, sabiendo a pie juntillas la vida del Ché Guevara, hasta llevarlo tatuado en la mente, el pecho, hombro, tetilla o nalga, tendría que aceptar como deber el apoyar la causa.
Ay de aquellos ilusos que no querían sumarse a la protesta. Cómo podían dormir sin utilizar su pluma con el coraje que implicaba ser escritor. Cómo escribir sobre la hoja en blanco sin señalar, junto con toda la masa creciente, la deshonra con que, a mansalva, la administración pública, había golpeado a la sociedad justo cuando iba a entregar la alcaldía a sus sucesores.
Los tipejos que soltaban sus diatribas en contra de la protesta no eran más que unos fariseos ilusos, que hacen la cruz en la frente y se santiguan al ver el color rojo y el dorado del martillo y la hoz ondeando en las banderas, besa oligárquicos, ladrones o estafadores. Cómo se hacen llamar escritores, por eso nadie lee sus libros, jamás publicarían en la verdadera prensa escrita de la Gran Ciudad, esa de la dignidad y qué se yo.
Ya en El Templo, donde las reuniones se hicieron continuas e intimistas, donde de ser desconocidos con el tiempo fueron considerándose familiares, hermanos, compañeros todos, hasta convertirla en Centro Cultural Alternativo, y no refugio de vagos marginales, como algunos reporteros vendidos acostumbraban señalarlos; ya en El Templo, y a buen resguardo, fueron acercando las mesas para sentarse a departir sus testimonios. ¿Cómo pudieron dispararnos? Algunos aun estaban a la espera de que llegaran por ellos y los arrestaran. El dueño del sitio, que los conocía a todos, escuchó y tomó al aire muchas de las historias que, de manera dispersa iban soltando cada uno para ir tejiendo la imagen de lo que había pasado.
Pusó a los meseros a servir de inmediato cervezas heladas que mitigaran sed y miedo, para que la adrenalina fuera bajando, y pidió que se cerrarán las puertas. “Si alguien más llega, que se identifique o se vaya a la chingada; nadie mas entrará que no sea conocido”. Una vez que los refugiados hubieron empinado las botellas para refrescarse, y después del ahh, necesario en el suspiro, la calma volvió a todos y el silencio se hizo presente.
La mañana de ese día era prometedora. Los estudiantes llevaban semanas esperando la fecha, y una vez que sus padres o madres los dejaron en la puerta de sus escuelas, fueron juntándose por las esquinas, engrosando minuto a minuto el contingente. En la cháchara mañanera, discutieron estrategias, platicaron las noticias nacionales – era necesario estar informado  encendieron cigarrillos, trazaron sus lemas y consignas en cartulinas rosadas, amarillas, verdes, tratando de dejar en claro que su rebeldía y rayar las clases ese día, era por una causa que justificaba totalmente su vida que comenzaba a abrirse a los ideales.
El eco de los mártires del 68 volaba sobre sus conciencias, los acuerdos de San Andrés, la matanza de Acteal, Atenco, todo junto, hasta el rescate de los mineros de Chile, eran motivo de inspiración para tomar el ánimo justo que requería ser partícipe del movimiento.
¡Qué nos duran los narcos!, gritaban, ¡Abajo los políticos! Y alguien encendía una bachita de olor dulzón y la rolaba con las quinceañeras preparatorianas, que se habían arremangado las faldas de tablones, se subían las blusas blancas dejando al aire los ombligos, y exhalaban, muy entronas, el humo verde de la vida verdadera, ¡Qué nos duran los malditos partidócratas! Y metían el humo una vez más para aguantarlo en el pulmón, mientras pasaban el cigarro a sus compañeras.
Fueron llegando al lugar de reunión de manera puntual, agrupándose en la explanada del Impala, en la entrada del Gran Café, en los camellones. Hasta que el oficial que dirigía el tráfico en el crucero tuvo que pensar que era mejor moverse, ya que eran demasiados los jóvenes de aspecto “raro” que se empezaban a reunir a su alrededor. Una patrulla llegó pero sus tripulantes no descendieron del vehículo (algunos manifestantes luego dijeron haberse percatado que hacían llamadas por la radio). Fue entonces cuando dos de los organizadores saltaron al tráfico para pedirle a los vehículos, que transitaban por la calle 47, que no doblaran sobre la avenida. Los manifestantes entonces tomaron la calle en tres movimientos:
Los organizadores previeron con antelación no importunar el tráfico. El reloj marcaba las 8 con 30 de la mañana del 12 de octubre y muchos de los voluntarios cubrieron la entrada al Paseo de Montejo, sobre la calle 60; mientras otros bloquearon la entrada hacia el paso conocido como El Remate. Un grupo más atajó el carril norte-sur de la avenida, desviando el tráfico hacia la calle 45, la de las casas gemelas. El tráfico estaba contenido. Entonces habilitaron un amplificador, micrófonos, altavoces y uno de los ideólogos del movimiento tomó la palabra.
El discurso fue breve pero conmovedor. El ideólogo tenía callo; había formado parte del PSUM y presumía haber trabado amistad, en aquellos días, nada menos que con el mismo José Revueltas, cuando el escritor recorriera el país entero formando a los jóvenes comunistas. Sus días de mozuelo los había pasado entre las filas rojas, había contado innumerables veces como había estado cerca del Charras.
Los primeros años de 1970, cuando el partido oficial era duro con las juventudes. Los estudiantes de la Escuela Secundaria Federal Número 1 se habían rebelado tomando el edificio y sacando a la planta docente a la calle. El mismo Charras había ido a la escuela para ver el movimiento juvenil que se había gestado. El director del centro educativo llamó a las autoridades. La información llegó hasta oídos de los universitarios, y de ahí a sus líderes, que acudieron en apoyo de los alumnos; fue entonces, cuando nuestro orador, de este presente, miró la espigada figura de aquel reformador del sindicalismo yucateco caminar por el patio de su escuela secundaria. Incluso presumía cómo el Charras se detuvo ante él para removerle los cabellos con su morena mano, dedicándole una sonrisa abierta.
Por ello, cuando el cuerpo del Charras apareció descuartizado en el monte, a orilla de la carretera, se le estrujó el corazón como hoy al recordarlo. Ahora sabía que pronto llegaría el momento para pasar la estafeta. Pero así como el mismo Juárez se había dicho innumerables veces que no podía dejar la presidencia por miedo a lo qué sería del país, nuestro orador tenía miedo de abandonar la lucha social, ya que ningún joven demostraba la capacidad de ser un dirigente capaz., mientras aun tuviera fuerzas seguiría trepado en sus ideas, uniéndose a la juventud, y educando en la ideología libertaria.
Nuestro orador rebasa los cincuenta años pero rebosa juventud, lleva siempre pantaloncillos dockers brinca charcos, generalmente color caqui, o de mezclilla furor o levi’s; tenis blancos, las más de las veces, que no pueden ser sino adidas o nike; su tez es morena, por ser digno representante del campo en donde nació, y tanto las canas en su pelo rizado, como las prominentes entradas en su cabeza, junto con sus lentes, beneton, para apoyarle en su miopía, son signos de la experiencia que tiene en sus espaldas.
Una vez que el tránsito vehicular estaba controlado, y que algunos reporteros madrugadores habían llegado y tenían el boletín de prensa que enviaron los organizadores; el orador sacó su blackberry y comenzó a dar lectura a un discurso que conmovió, para concluir su intervención dijo algo mas o menos así: “resulta inmoral e innoble que en esta Muy Leal Ciudad de…, permitamos al grupo de oligárquicos en el poder, la vergüenza de levantar el monumento…, que no hace mas que demostrar, una ciudad dividida entre los del dinero, y los que somos el verdadero pueblo”.
Algunos reporteros, que conocían su trayectoria, se miraban unos a otros no entendían porque el orador señalara aquello, cuando era de todos sabido que gozaba de un sueldo como asesor cultural en el gobierno actual, que había brincado de partido en partido, intentando ser, sin conseguirlo, diputado o alcalde. El orador llevaba años a sueldo en el gobierno, pasando de un sexenio a otro, siempre a tiempo para tomarse la foto con el gobernador en turno, sin importar los colores partidistas, ni las ideologías sociales. Todo un aviador jamás comprometido con otra causa que no fuera la suya.
“Por eso compañeros y compañeras –continuaba- nos hemos reunido acá, con huevos, con ovarios, -la equidad siempre presente-, para gritarles en la cara: Que no levantamos estatuas a los asesinos. No edificamos homenajes a los conquistadores. Decimos: No a la discriminación. Gritamos: Yo no discrimino”.
Los manifestantes se contagiaron de la euforia y levantando el puño gritaban: No a los Montejo, No a los Montejo, y las voces y porras se intercalaban con: Yo no discrimino, Yo no discrimino; es ahí cuando la temperatura sube, y el sonido se levanta como un enorme dragón cargado de decibeles, la euforia se contagia y se transmite piel a piel, de mirada en mirada, y se esparce por los sudores. El griterío era tal que muchas parejas aprovecharon para fundirse en besos, abrazos; otros se acariciaron al sentirse contagiados de estas emociones que los situaban por encima de la historia.
Una mujer delgadísima dio unos pasos adelante, se desprendió de la túnica que la cubría y quedó desnuda frente a todos, solamente portando unos lentes oscuros. Los organizadores junto con algunos voluntarios hicieron retroceder a la gente, y la mujer escaló el monumento, permitiendo que hasta los más lejanos pudieran apreciarla en todo su esplendor. El reloj marcaba las 9 y 40 de la mañana, a esa hora la luz permanece a tonalidades de azul. La mujer, a la distancia, parecía mucho más bella que lo que en verdad es, lo cual resultaba excelente para su representación, por el golpe visual que representaba.

La mujer, que acá llamaremos La Monodidáctica, escaló ágilmente el monumento, se situó de forma tal que pudo tomar con la boca el dedo de uno de los personajes ahí representados en el bronce, el cual mantenía el brazo extendido hacia el frente, cuando tuvo el dedo dentro de la boca comenzó a chuparlo y lamerlo, mientras frotaba su cuerpo contra los bultos metalizados, usando manos, senos y piernas para acariciar todo el bronce, de los dos personajes representados; cuando La Monodidáctica presentó a los organizadores la idea del performance, había explicado que lo que intentaría representar era el sometimiento del pueblo, y el triunfo del amor sobre el odio de los conquistadores. Puede mas un beso que una bala, había dicho, es mejor un orgasmo que un asesinato, recalcó. Lo estaba consiguiendo. La multitud languidecía frente a su representación. La mujer lucía un delgado trasero, muy estético, y llevaba cortado el vello del pubis al rape; entre tanto realizaba la felación al dedo, se contoneaba y gemía, enseñando el culo en todo su esplendor a la miradas silenciosas de los manifestantes, por lo que los suspiros de la multitud crecían y excitaban a los ahí reunidos (¿dije que muchos eran preparatorianos?). No faltaron parejitas que se brindaron arrumacos románticos necesarios en esta revolución de ideas, en consonancia con La Monodidáctica. Pocos vieron a los policías llegar y rodearlos.
Súbitamente, como alcanzando el orgasmo, La Monodidáctica sacudió el cuerpo en varios espasmos, empujando la cadera hacia la pelvis de uno de los monigotes de bronce, de inmediato tomó una lata que oportunamente le habían acercado, y se derramó encima su contenido - pintura roja - sobre sus pequeños y respingados pechos de niña. El efecto del sol en el cuerpo manchado de pintura de la mujer fue un acto erótico que muchos de los que tuvimos la oportunidad de presenciar, jamás nos arrancaremos de la mente; alguien le acercó un listón de color claro, de cinco centímetros de ancho, que llevaba escrito - Yo no discrimino -  lo levantó para luego amarrárselo en la frente. 
El parangón, las pancartas y otros listones que habían sido repartidos oportunamente, fueron levantándose sostenidos por la multitud. Los fotógrafos de la prensa aprovecharon para disparar sus cámaras, y el remolino humano comenzó a lanzar escupitajos sobre aquel símbolo de bronce. Un joven se sacó el miembro flácido y orinó la base del monumento, mientras otros jóvenes intrépidos pegaron, con cinta canela, pancartas alrededor del mismo basamento; eso sí, todo mundo se cuidó de no dañar la obra con pintas o roturas: un poco de orina y algunos salivazos, no importaban.
 El comandante se abrió paso entre los cuerpos juveniles, y la detonación se hizo escuchar causando conmoción y pánico. El acto reflejo del comandante fue disparar al aire, y el terror del agente que creyó que podría morir ahí mismo, dejando a sus hijos huérfanos: “a que lloren en mi casa, que lloren en la tuya”, le obligó a abrir fuego sobre la multitud. Tres personas cayeron por las balas y la multitud, al huir descontrolada, dejó varios desmayados, muchos con raspaduras y laceraciones. El agente fue detenido,  esperaba el regaño en la parte trasera de la patrulla, llevaba la cabeza gacha y no dejaba de llorar.
Hubo más de cuarenta detenidos. Una mujer de larga cabellera de no más de 17 años, corpulenta, llevaba una camisa blanca que tenía pintado en letras verdes - ¡Has patria, mata un…! - fue esposada y trepada con lujo de violencia a una camioneta; la bota de un agente fue a estrellarse contra sus piernas, flancos, brazos, hasta romperle la nariz y los labios - Se lastimó sola - dijeron, durante los empujones la pisoteó la muchedumbre.
Los organizadores habían desaparecido de la escena. La detonación fue un petardo, hecho con pólvora y sosquil, de uso común en las festividades de las iglesias y los gremios, cualquiera pudo soltarlo, pero los 40 detenidos fueron fichados e interrogados durante semanas. Las autoridades acusaron formalmente a la mujer de la camiseta blanca con el slogan al que calificaron como: incitación a la violencia y causa de riesgo para la ciudad.
Mientras eso ocurría en la calle, los organizadores, y los que pudieron lograrlo, se refugiaron en El Templo. El silencio volaba sobre los ahí reunidos que mantenían las caras largas. pocos aún respiraban de manera entrecortada; la cerveza comenzaba a realizar su función, aflojar músculos, relajar el pensamiento, sonreír la travesura. Quizá para romper el silencio, La Monodidáctica dijo:
– Al menos el tiempo alcanzó para que todos miraran el performance…
Uno de los organizadores, muy querido por la banda marginal por que su pensamiento iba de acuerdo a sus actos, perdió los estribos y se volteó hacia ella, con los ojos cargados de ira:
– ¿Es lo único que te interesa? – hizo una pausa intentando contenerse y apretó la mano sobre la botella de cerveza, bebió un trago y sin lograr calmarse continuó  Puede haber gente muerta, pudimos perder a muchos camaradas y tú sólo piensas en tu performance…
El orador del blackberry puso su mano en el hombro de La Monodidáctica y está bebió su cerveza, bajando la cara, mientras lo escuchaba:
– Ella tiene razón. Grabé en video el performance, y el inicio de los disparos. Ya lo he subido a mi Muro. Ahora sí le partiremos la madre al gobierno. Ese contingente de paramilitares que nos atacó no quedará impune, sacaremos de la cárcel a los detenidos, y haremos pagar a los oficiales, empezando por el secretario de seguridad pública. Despídanse de ese maldito monumento – al decir esto no dejaba de levantar en el aire su oficina móvil, mientras que algunos aplaudían y silbaban; los ahí reunidos se arremolinaron junto a los tres que debatían, brindándole mayor importancia al orador que levantaba el blackberry, como si fuera una reliquia que curara todos los males milagrosamente. Alguien preguntó:
– ¿Ya tienes comentarios? ¿Qué han dicho?
– Hay cinco. Uno es de Ciudad Juárez y dice que es indignante, que difundirá el vídeo. Dos son de Cuba, incluso, también hay del Distrito federal, uno te felicita – le dijo a La Monodidáctica empujándole la cabeza gacha hacia abajo, en señal de camaradería, la mujer levantó la vista y preguntó:

– ¿Y qué dice? – entonces el orador mirando hacia el fondo de la cerveza que en ese momento se empinaba, se tomó el tiempo en recostarse en el asiento de la silla, estiró las piernas, se limpió la boca con el antebrazo y sacudiéndose un poco la pereza, dijo:
– Han preguntado si pude tomar más fotos. Que tus tetas son deliciosas.
El silencio los cubrió a todos con su manto.

La Monodidáctica sonrió apenas y dejó que su vista planeara sobre los ahí reunidos sin detenerse a mirar a nadie, hasta que su tímida mirada se perdió en la luz verdosa que cruzaba el cristal de las botellas que estaban en la barra del bar.


martes, 4 de agosto de 2015

TU PALABRA, TU REVOLUCIÓN






La temática de este mes consiste en alzar la voz, y proyectarla en la palabra escrita. Invitamos a todos los Creacionistas a compartir con el publico del blog , redes sociales y medios de comunicación, alguna crónica, critica o alguna creación utilizando los géneros literarios ya conocidos (poesía, novela, ensayo, guion...) en donde tengan alguna denuncia, postura sobre algún tema al respecto, o alguna opinión en cuanto a lo que nos preocupa estremece o sorprende día a día en el mundo, estaremos gustosos de compartirla. Para enviar sus colaboraciones : elcreacionista_@hotmail.com.




Si tiene alguna duda o comentario estamos al corriente de tus preguntas para darte la informacion mas completa sobre la tematica o sobre el panorama de mision y vision que tiene

 El Creacionista.



Grazie mile .



El Creacionista

Literatura Digital en Libertad










viernes, 31 de julio de 2015

TRANSFUSIÓN

El creacionista del día. Agatha Cervantes









A dos centímetros de una mirada, ella, la errante, derrama gotas insulsas de recuerdos consanguíneos; más temprano presiente que la muerte la beberá. 

Desterrada, sin familia y extraditada al oscuro Edén del olvido, continua su travesía, a una ciudad en donde los ángeles no tienen rostro. 

A cada paso, vierte sangre y mas sangre sobre la alameda de su aflicción, son lagrimas de sangre, aunque parezcan grises, estas no lo son. 

Una sonrisa, un apretón de manos, un libro y el viento le salvan de morir desangrada. 

El hombre que seria su marido le regalo una sonrisa envuelta en celofán transparente, confianza pura.

El apretón de manos, se lo dio otro hombre con quien conocería la piedad de un hogar.

El libro que tomo del estante, le profirió la primera frase que le salvaría de la propia locura que sigue circulando por sus venas.

El viento, todas las mañanas le recuerda que esta a salvo del fuego inclemente de su familia; pues la nieve que reside en la punta de un volcán lejano, le señala que estará a salvo bajo su manto.

Y así la errante sin saberlo, va paseando con el libro bajo el brazo, con la sonrisa del extraño colgando de la comisura de los labios, tanteando con más seguridad las calles a cada paso por el apretón de manos; mientras el aire de hálito congelado, besa su frente con la promesa de una familia que más que sangre, va formándose de las personas que sin conocerle van emprendiendo la tarea de un fino tejido, a base de la propia existencia , de lazos que solo pueden generarse en lo desconocido de cada individuo . 




viernes, 17 de julio de 2015

A – MEN?


El creacionista del día. Alma Carbajal G.










¿Cielo o Infierno? Estos mundos paralelos siempre han estado entre la realidad de este mundo y los sueños del hombre. Después de la llamada Guerra Blanca, provocada esta vez por el Altísimo (Dios) contra Lucifer; sucedió entonces algo sorprendente, como resultado de la batalla entre el bien y el mal – añadiendo que Satanás siempre había tenido un vínculo especial con respecto al racionalismo del hombre, sobre la igualdad en una patria celestial de la cual había sido expulsado – está vez, con algo más que simple suerte, y ante las lágrimas de los fieles creyentes, gano la batalla que mucho antes de los inicios de la creación hubo gestándose en idas y subidas de una balanza cósmica, esta única vez se hallaba a su favor. Dios no podía creer su derrota. Lucifer no quería demostrar ligereza, quería por sobre todas las cosas destruir a Dios, pero no fue justo, ni misericordioso; decretó que Dios se sumergiera diez siglos en la agonía de los profundos mares, hasta que cambiara su sentencia por otra aun peor. Dios sabía que podría contrarrestar esta sentencia destruyéndose a sí mismo, sin embargo el resultado de esta acción, comprendería la destrucción de todo lo creado, visible e invisible, acabando definitivamente con la raza humana. Dios aceptó la sentencia. Lucifer sabía de antemano que habría una condición para que su padre no tomara esa decisión en un intento desesperado, así que le impuso a la tercera parte de la humanidad que había quedado esta primera ley para dominarlos:



Todos vivirán con un digno representante, no será un Papa, ya que ellos en su mayoría han terminado por minar a la propia humanidad, pero, el Papa lo elegiré yo. Un niño será entregado cada mes para ser dominado por Legión. Si en el lapso de trece días no soporta el asedio de los demonios, no podrá ser digno de tener a su vez parte divina; pues en el alma humana debe habitar tanto el ansia del mal como del bien, sustentando en su cuerpo una aberración divina – demoníaca. En lo que respecta a los otros, todos los días sextos de cada mes he de llevarme 360 almas para mi ejército, esta segunda ley va designada para quienes vivan en los alrededores de la capital, ellos no tendrán ningún derecho, quedando minada la propia humanidad para los servicios de su amo y señor.



Así fue que todos acabaron habitando en lo que fueran anteriormente las regiones de Umbría y Abruzzo, formando un solo estado, y su capital, Citta Rossa. Pasaron muchos años para que naciera un niño entre los sobrevivientes que pudiera soportar semejante posesión diabólica. Más tarde que temprano nació un niño de ojos rojos, al que llamaron: Il Intoccabile. Ya que se creía que las relaciones entre demonios – ahora libres en propia carne – y humanos, tendría como resultado una nueva raza que terminara por socavar a los hijos de Adán. Pronto el niño fue llevado a las puertas de los seis abismos donde antes se encontraba la ciudad del Vaticano, fue ahí, donde ahora en la actualidad, se había convertido en el reino de las prostitutas y los hijos del diablo.

La prueba fue impuesta al niño, que luego de tres días de difícil transición logro soportar el tormento, saliendo airoso ante los ojos de Satanás. Los años pasaron y el imperante gobernador de Ciudad Roja, a pesar del inicial rechazo de los humanos gobernó con equidad y escasa pero estable paz, las regiones que quedaron habitables en la tierra.



Laileb, siendo este el nombre oficial del Papa Rojo, dirigente y juez de la humanidad, fue instruido por Astaroth, el cual siempre estuvo celoso y fascinado por el mundo del hombre, lleno de oportunidades divinas como terrenas – para él siempre resultó magnifica la definición de lo terrenal, por adjudicarse un derecho propio, sobre el significado absoluto de la palabra – terminó siendo el guía y hasta amigo de este hombre, que se decía, hablaba con facilidad tanto lenguaje angelical como la lengua de los infiernos.



Pasaron décadas, y Laileb seguía reinando con la eternidad de su lado. Pero los humanos “creyentes” que quedaban, quisieron rebelarse de alguna manera por la afrenta hecha a Dios; planeaban derrocar al falso gobernador, para después con la ayuda de los pocos ángeles que quedaban ir en busca del Todopoderoso y sacarlo del sopor obscuro de la profundidad de los mares. Lo más curioso de este plan es que estaba liderado por tres niños, de seis, nueve y doce años; ellos dudaban en continuar con el plan, trabado por otro niño un tanto mayor llamado: Mefisto, de tan solo trece.

Estaba cerca el día de la Gabela, muchas personas serian poseídas, muertas en la posesión y reclutadas en los ejércitos de Abdión, el nuevo imperio luciferino; pero entre las seis puertas de los seis abismos y la ciudad imperial, estaba el laberinto de la Ophidia; este complicado entramado de paredes a simple vista, no puede cruzarlo un insignificante mortal, tan solo precipitaría con mayor rapidez la entrada al limbo o al infierno; ahí, en el averno, en donde no parece la pesadilla de un crio de dos años y las llamas no se comparan a las de este mundo, que parecen pintadas en nuestra realidad, pero las de los infiernos, esas son una joya en el arte incendiario, esas no queman, calcinan el alma con tan solo mirarlas.



Cabe mencionar aquí, que Jesús no tuvo nada que ver en la batalla; entro en un coma cósmico y sirvió de inspiración para las generaciones futuras de que algún día, el Hijo de Dios, el hippie de hippies, pudiera salvarnos del aparente gobierno de un Satanás que comparado con los dirigentes del pasado del mundo, es más que justo y sincero con aquellos a los que siempre tuvo envidia de la buena.



El plan fue puesto en acción, de lo que no estaban seguros los niños era de que hacer para fingir una supuesta posesión, leyeron libros sobre exorcismo, vieron algunas cintas sobre exorcismos practicados por sacerdotes – aclaro que las posesiones si eran a puertas cerradas en uno de los amplios y grandísimos aposentos de Satán, lo que nos lleva a creer que todo lo demás, fueron simples pantomimas hechas por humanos para entretener y suscitar hechos sin validez de las autoridades infernales – la ficción no les ayudó mucho, los niños optaron por recabar experiencias de aquellos que habían visto alguna posesión; no pudieron obtener mucho ya que las personas de haber visto algo más allá de los tres segundos, no hubiesen quedado ciegas en el instante de ver a algún humano siendo poseído.



Con las pocas certezas de la representación de una posesión más irreal que factible, emprendieron el camino a las cercanías del laberinto, como se esperaba se perdieron a los 5 minutos de haber entrado. Lo que no sabía el grupo de Mefisto es que Laileb se dio por enterado, así que fue a buscarlos; para su sorpresa se encontró poseído por un anterior arcángel, Gabriel, quien había cambiado su nombre a Leigrab, después de haberse convertido a ángel caído; demandaba ser el único que tuviera algún derecho de sangre, para gobernar a la raza humana por parte de un Dios derrocado a un utilitarismo arcaico, que ya nadie parece querer – pues todos parecen estar más interesados por una eternidad agitada, con algo que hacer, a una existencia eterna y aburrida en un cielo en donde no se sabía a ciencia cierta si alguien podría morir de aburrimiento – Laileb, se encontraba ya supurando sangre por los ojos y la boca, mientras que a empujones de alma y corazón, el arcángel caído hacia hasta lo imposible por matarlo, al cabo de 33 minutos de lucha cedió ante tal embate de diablo.



Los niños al observar la implacable contienda, se les pusieron los ojos negros, a Mefisto, por otro lado, se le había evaporado el color del cabello, reposando sobre cada uno de sus volátiles cabellos, un blanco aterciopelado. Leigrab salió ileso del combate y llevando sobre el hombro a su presa, se dispuso volar hasta la corte de Lucifer para reclamar el puesto que recientemente se encontraba desocupado. Lucifer no estaba contento por lo acontecido, así que tomó al arcángel maldito de sus desgarbadas alas, y fue desollado poco a poco en tiras de piel muy delgadas, este castigo no acabaría asa de fácil, porque la piel de un ángel caído o no caído, se regenera en unas horas, el proceso tardaría una eternidad.



Lucifer no tuvo otro remedio que buscar al testigo que no quedo ciego ante la posesión del Papa Rojo, para nombrarlo el nuevo gobernador. Mefisto huyo de inmediato cuando se enteró de tal nombramiento; jamás fue vuelto a ver en esta tierra, ni en otro círculo o llanura del infierno.



Con demasiado mundo Lucifer ya no supo que hacer. Se dice que al contemplar el mar, cuando el sol se oculta y cambia de lugar con la luna – la cual quedo cornuda para siempre, y con un halo dorado alrededor – ahí, en aquella franja dorada reposan las lágrimas de Dios, que pone como recordatorio en la tierra: que la libertad es una luz demasiado cegadora para poder contener siquiera su verdadero significado.