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viernes, 3 de junio de 2016

DRIADA



El creacionista del día. Carlos A. Cid











Se acerca una idearecuerdo,
es tu finoencanto
mujerárbol.



Vivirte en el suspirotacto
de tu sueñopiel
mujerárbol.



Sé, no eres la que piensosiento
la que deseoquiero
mujerárbol.




Seré a quien no mirespienses
tu no dueñoesclavo
mujerárbol.





Ahora que esta noche
vives otra vez conmigo
te hablaré a ti
mujer
árbol
mujer
árbol
mujerárbol.




jueves, 26 de mayo de 2016

VISITA NOCTURNA

El creacionista del día. Gerardo González - Aikas 







Cada día amanezco con un paso más cerca de la muerte, algo me lo dice. Siento como mi ser se va desvaneciendo, se esfuma junto con toda la energía que pierdo por las noches y aun así, sigo extasiado. Sigo aceptándola cada vez que se pone el sol en el horizonte a pesar de que cada día amanezco más cansado y melancólico.

¿Cuándo fue la primera vez que se escabullo entre mis sábanas? No lo recuerdo con claridad, solo recuerdo estar atormentado y abrumado. ¿Acaso no es irónico que entre más se agota mi vela más descansado y extasiado me siento? Ah, ironía. Ah, placer culposo que me llevará a la tumba y que con gusto acepto en mi lecho por las noches. Llegó una noche en la que los pesares vacíos me abrumaban cada día, llegó tan sutil como una caricia.

Recuerdo su embriagante voz murmurar pausadamente a mis oídos, ‘¿Puedo?’ me dijo aquella noche en la que sin saberlo, firmé contrato con la más sensual de las catrinas. ¡Si ella es la muerte, que mujer tan deliciosa es! ¿Acaso alguien podría tenerle miedo a tan dulce y preciosa muerte?

La pregunta recorrió todo mi sistema nervioso, como si de una descarga eléctrica se tratase.

Sentí un cuerpo voluptuoso y sensual apoderarse de mi frágil cascaron humano. Sus curvas rozaban en las partes más sensitivas de mi cuerpo. Sus labios se pasaron por mi cuello y orejas, sus muslos se apretujaban contra los míos y sus manos buscaban con fiereza mi sexo levantado.

Abrí los ojos y solo recuerdo ver unas siluetas borrosas las cuales a partir de aquella noche no dejaron de visitarme. ¿Di mi permiso o solamente lo pensé? La verdad es que no lo recuerdo pero es una nimiedad pues no me arrepiento de nada.

Ah dulces placeres que me invaden a cada noche. Se han vuelto una droga para mí. La angustia me carcome cuando la luz del sol entra a través de la ventana y me indica que todo ha terminado y que tengo que esperar varias horas para que regrese a mí ansiado éxtasis.

¡Oh dulce lujuria que me tomas por las noches!

Cada noche que pasa precede a una mejor noche. Las sombras se vuelven más claras, el tacto se vuelve más intenso, sus manos, sus labios, sus pechos y su cadera; sus muslos, sus pies, su espalda y su trasero. Sus labios me ahogan. Su mirada me congela.

¿Acaso alguna mujer de mi vida me había llevado a tal punto de placer? No, ni las más caras mujerzuelas ni las más refinadas damas.

Me miran como si estuviera enfermo, me envían al doctor a hacerme pruebas y tratan de darme extrañas hierbas para curarme. Nada, no quiero curar, no la necesito. No estoy enfermo.

Miro las horas de reloj pasar, como más que lo necesario para no caer dormido y bebo lo suficiente para que mi piel esté lista para recibir aquel tacto que espero por las noches.

Ah la luz se ha ido, el sueño parece apoderarse de mí. Le escucho llegar, su risa, sus saliva gotear de sus labios jugosos que esperan por mi cuello y por mis besos.

Ahora veo con más claridad sus ojos. De un color miel que pareciera más un ámbar brillante en el que veo reflejado todo el placer que tendré esta noche.

Me dejará someterla esta noche.

¿Morir?



No me importaría morir esta noche. ¿Di mi permiso o solamente lo pensé? La verdad es que no lo recuerdo pero es una nimiedad pues no me arrepiento de nada.








jueves, 19 de mayo de 2016

TRES DESEOS

El creacionista del día. Aleqs Garrigóz












Quisiera poder andar

y volver a los lugares de ayer cuando fui algo.



Quisiera en pie

ahuyentar a los buitres que esperan en mi techo.



Quisiera despertar sin lidiar

con la barra de metal que me atraviesa el pecho.






jueves, 12 de mayo de 2016

TRES VECES TRES

El creacionista del día. Alma Carbajal Guzmán









Un déjà vu  de doce campanadas fortuitas sonaron en el reloj. A la noche comenzaba a corrersele las horas sobre la palidez del tiempo. Dika, enrollaba entre sus deditos, un pequeño mechón de su corta cabellera oscura, para matar los nervios, que le habían tomado el cuerpo a modo de alfiletero. Un rayo de luna se escabullía con lentitud, serpenteando el nevado encaje de la cortina, el hilillo plateado anunciaba que el momento del ultimo sortilegio había llegado. 


Dika había hecho retroceder dos veces con éxito, el suceso de aquella noche - la comunidad y sus padres planeaban sacrificarla - la tercera penumbra seria definitiva y todos quedarían encerrados en esas cuatro horas en que iniciaron su búsqueda. A pesar de ser tan pequeña, su alma contaba con 700 años, era algo menuda, pálida y siempre estaba acurrucada en las alas de un mutismo feroz. 

A escasos segundos de la una de la madrugada, Dika se posiciono frente al reloj de péndulo, y comenzó el sortilegio; cuando el ultimo segundo cayo sobre la manecilla principal, dando la 1 de la mañana, las horas volvieron a retroceder;  la casa tembló, el gato que se encontraba enterrado en el jardín volvió a la vida, y todo lo que aquel día murió por impulso mágico, regreso a ser lo que era en un principio. 



A la mañana siguiente la policía se encontró con un hallazgo macabro, un suicidio colectivo. La autoridad tejió esa etiqueta a las prisas, ya que los cuerpos de toda la comunidad se encontraron  con el estomago abierto, sin vísceras y alrededor de una pira que aun llameaba. Las precipitadas teorías en las mentes de los agentes, no parecían tener sustento, los hallazgos, la escasa prueba de violencia u obligación de aquellas personas, no tenia coherencia alguna, parecía como si cada individuo se hubiese abierto por si mismo el vientre,  y hubiera arrojado al fuego sus propias vísceras. 



El detective en turno, después de hacer un recuento exhaustivo, buscó incesantemente al miembro que faltaba, Dika. Sin embargo, tras años de exhaustiva investigación,  el único indicio que encontró, respecto a su descripción,  fue un grabado del siglo XV, donde la imagen de una niña reposaba entre lineas y negros remolinos de tinta vieja. 






jueves, 5 de mayo de 2016

MAYO DE: MAGICAL WORDS










Lo que puedes hacer, o has soñado que podrías hacer, debes comenzarlo. La osadía lleva en sí, genio, poder y magia.

Johann Wolfgang Goethe








¿Alguna vez has sentido, que un poema, o una historia es en si misma un sortilegio, que puede alcanzar a cada lector?



Este Mes de Mayo abrimos la imaginación a aquellas historias del mundo fantástico. Las leyendas, los mitos vueltos a la vida, están esperando a  nuestros Creacionistas, para que les resuciten con su particular estilo y por supuesto con la magia de su creación infinita. 



Esperamos todas sus colaboraciones al correo: elcreacionista_@hotmail.com.




Agradecemos la confianza a todos nuestros Creacionistas y para aquellos que todavía no se han sumado a la labor de la creación por el simple gusto, les invitamos cordialmente a que nos compartan parte de su alma y esencia en el poder de la palabra. 








Agradecemos la confianza a todos nuestros Creacionistas y para aquellos que todavía no se han sumado a la labor de la creación por el simple gusto, les invitamos cordialmente a que nos compartan parte de su alma y esencia en el poder de la palabra.



Grazie mile!!!!!

El Creacionista ^_^








jueves, 28 de abril de 2016

PUBERTAD

El creacionista del día. Aleqs Garrigóz 










La pubertad es un olor hipnótico;
un ensanchamiento de músculos flexibles
como juncos creciendo en la orilla más próxima,
donde dos cuerpos se estrechan en un abrazo;
un ansia latiendo con pulso acelerado
asistiendo al ámbito de todos los goces,
círculo que madura un fruto de embriagantes jugos.



Lo sé ahora, habitante de un campo de verano revestido,
sostenido en espejos de implacable hermosura,
lagos extáticos donde dices para siempre siempre.



Compañero que vienes diario a visitarme
y que sientes esta misma comunión con el universo que nos llama:
cubre aún más mi ombligo de salivas exactas,
aprieta mis manos como hiciste ayer con esa fruta
cuyo zumo exprimiste en nuestras bocas.



Hay algo que flota en el ambiente como invisibles campanas:
una melodía, un trino de pájaros y cristalinas aguas,
un ímpetu sonriente de muchachos que dejan de jugar
para mirarse en los ojos del otro
y atender la atracción de sí mismos.



Como plumaje de vuelo de garza,
como río musical fluyendo armoniosamente,
como cascada donde se desfragmenta la luz,
como el amanecer de un amanecer, como el rocío.




La pubertad es... en fin… ¡No sé que es!





jueves, 21 de abril de 2016

RECUERDOS DE LODO

El creacionista del día. Gerardo González









Durante mi infancia quise ser tantas cosas, que al final,  no sé qué tanto fui o si siquiera algo fui. Como me sucede ahora.


No soy alguien que atesore con envidia y fiereza mi niñez y es que, la verdad, atesoro más mi juventud; específicamente atesoro muchísimo mi tiempo en la universidad. Pero no quiero que me mal interpreten, no odio mi infancia ni nada parecido.


Quise ser tantas cosas pero creo que, en aquel entonces, no tenía la fuerza suficiente para dar un paso más y de verdad convertirme en algo.  


Ciertamente la escuela se me daba y me gustaba – e inclusive en estos tiempos sigo pensando lo mismo –  aquella satisfacción de resolver problemas, el gusto por aprender cosas nuevas y sobre todo, escuchar historias.



Como dije anteriormente no es un odio u olvido consciente – y espero tampoco inconsciente – de la infancia sino que es un amor pasional y salvaje por mi juventud. Claro está que esto no significa que no tenga recuerdos preciosos de mi infancia, podría citar varios pero de entre todos ellos hay uno que me viene seguido a la cabeza.


Fuimos al rancho de un amigo de mi padre, ¿Qué edad tenía? No lo recuerdo, lo siento; quizás unos 6 años o menos. Mi padre decía que yo, en aquél entonces, tenía un sentido de orientación maravilloso – creo que aún tengo algo de él – reconocía los caminos y lugares para dónde íbamos con tan solo andar un poco en ellos. Claro que aquello generaba la situación de que si tomábamos un camino, que no conocía,  me ponía nervioso e inclusive había veces que me ponía a llorar. Incluso ahora, aun me estresa enormemente perderme mientras manejo, algo que seguro es un reflejo de mi infancia.


 Como les decía, fuimos al rancho de un amigo de mi padre y ahí, por alguna razón que desconozco, mi padre me llevo a jugar con los borregos – los pequeños claro – que había en el lugar. Antes de continuar debo aclarar que mi madre no dejaba que me ensuciase y me mantenía siempre con ropa limpia. Siempre había cambios de ropa en el coche para cualquier emergencia. Algo que ahora pasó a ser todo lo contrario,  puesto que no soy tan escrupuloso en  la limpieza de mi ropa y a veces hay que darle dos vueltas a los calcetines;  pero bueno, dado que era solo una nota para entrar en contexto, prosigamos.



Obviamente podrían imaginarse el lugar donde estarían los borregos, un lodazal en el cual caminaban, pastaban – y cagaban – o simplemente se echaban. Al llegar ahí me impresioné tanto con los animales,  que corrí hacia ellos muy contento, algo que quizás incomodó a los pequeños borregos y provocó que me recibieran con un buen par de topes. La escena no viene a mi tan nítida,  pero quiero acompañarla con una cara de sorpresa por parte de mi padre,  y de su amigo al verme caer y no romper en llanto. Cualquiera pensaría que después de recibir un pequeño tope un niño se pondría a llorar,  pero lo cierto es que yo comencé a reírme, a reírme a carcajada suelta. Después de tanto reír, me levanté nuevamente y me lancé a darles de topes a los borregos. Ya imaginarán como terminó la cosa.




Al entrar a la casa del amigo de mi padre, donde se encontraba mi madre, la pobre pegó el grito en el cielo, regañó a mi padre y a su amigo – seguro que a mí también pero esa parte esta o bloqueada o borrada de mi mente–  y se dispuso a limpiarme y cambiarme.




Jamás regresamos a aquél rancho.


Pero la impresión que hizo huella en mi fue muy profunda. Quiero creer que desde aquél entonces,  siempre ha pasado por mi mente la idea de tener un ranchito con algunos animales.




Al final son las vivencias en nuestra infancia, las que dejan una gran huella – a veces inconsciente otras conscientemente – en nuestra vida. Tan grande y profunda es la huella,  como seguramente lo fue mi silueta en el suelo lodoso de aquél rancho, donde unos borregos vieron interrumpida su calmada rutina,  cuando un pequeño niño de sonoras risas se lanzó con toda la fuerza que puede tener un niño de esa edad a darles de cabezazos.