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miércoles, 29 de octubre de 2014

ESOS DÍAS DE NOVIEMBRE

El creacionista del día.   David Mariano Cerón Cerecer





La primera vez que vi a mi abuelito fue cuando tenia 5 años, era de noche y el estaba frente a la ofrenda que ponen mis padres para día de muertos, yo no sabía quien era entonces y se lo pregunté, me respondió que era el padre de mi padre, mi abuelo; quise saber que hacia tan tarde despierto y me dijo que él ya no duerme más, le contesté que eso era extraño porque yo podía dormir toda la noche aún con el ruido que hacia mi tanque de oxígeno, él sonrió tiernamente y puso su mano en mi cabeza para despeinarme un poco, parecía una persona agradable; me contó un poco sobre él y sobre como era la vida años antes, de como también fue niño y salía a jugar a la calle con sus hermanitos, de las travesuras que hizo en la escuela a sus maestros, de como conoció a mi abuela y como le llevaba serenata para enamorarla, de mi padre cuando nació, él también fue un niño muy travieso me dijo, y que una vez se encerró casi todo un día en su cuarto sin comer porque no quería que lo inyectaran, también me contó de como se alegró al verlo de la mano de mi madre y ver en ellos esa chispa que vio en los ojos de la abuela por tantos años, eso era amor.

Platicamos por largo rato y me pidió de favor que no le dijera a nadie que nos había visitado y así el podría venir todos los años a verme, le pregunte donde vivía y solo me dijo que en un lugar cálido y confortable.

Me contó varias historias más hasta que me quede dormido a sus pies que sentí algo fríos.

Ya pasaron 6 años de eso y mi abuelo siempre me visitaba en esos días de noviembre, aunque creí que ahora no lo vería porque en el hospital escuché al doctor decirle a mis padres que no podría estar en casa a tiempo, lo extraño, extraño sus historias, su gentileza, su cariño y su serenidad.



Hoy ya no estoy en el hospital y platico con mi abuelo frente a la ofrenda, me gusta mucho estar con él y oír sus historias pero no me gusta ver a mis padres tristes, yo estoy bien y era cierto lo que dijo mi abuelo, ese lugar es cálido y confortable.



jueves, 23 de octubre de 2014

La Bruja de las Pupilas Frías

El creacionista del día. Agatha Cervantes 








Gretta  era una estudiante de secundaria con pocas expectativas de ser alguien de sociedad, por su capacidad de ver mas allá de lo que la gente ordinaria quería ver, era normalmente rechazada.

Su complexión delgada no le ayudaba mucho, al igual que su tono de piel casi blanco evanescente, solo le hacia destacar su larga melena rojiza, esa brillante lava ondulante de rizos que el viento despeinaba atraía las miradas de sus compañeros, pero nunca una que no fuera abatida por los comentarios que circulaban sobre ella: viene de una tierra extraña, dicen que mató a sus padres para tener vida eterna, es una friki no es nada original, antisocial, dicen que el corazón no le palpita por lo tímida que es, hasta en la mirada se le nota, es una torpe distraída, si evita a los otros es porque todo lo que dicen es verdad, tiene el cuerpo cubierto de escamas. 

Éste último comentario era reforzado porqué Gretta siempre estaba cubierta también en los días calurosos.



Gretta jamás había besado labios de su edad. Una tarde de noviembre, Óscar, el prefecto de la biblioteca pensó que seria buena idea borrar los rumores que se cernían alrededor de su predilecta; él era el único que hablaba con Gretta y compartían gustos y labores de materias, incluso alguna vez habían quedado para comer en la cafetería. En el instante en que 
Óscar y Gretta unieron sus inexpertos labios, una especie de ardor les subió al rostro, a  las manos y  al pecho como un torbellino. Así,  en un acto desesperado por finalizar el encuentro que fue interrumpido por sonidos en el pasillo, quedaron más tarde para continuar el romántico ritual en casa de Gretta.  

Óscar dudó al entrar, el recibidor tanto como la sala eran cálidos,  sin embargo un olor a ropa gastada se paseaba en el ambiente,  a lo cual Óscar no hizo caso alguno a su sensación de extrañeza , la calentura le nublaba la mente;  tanto a ella como a él pronto les estorbó la ropa y conforme intercambiaban besos húmedos y  rápidas caricias, las prendas caían hilvanando una atmósfera hirviente, no lo notaron,  sólo siguieron hasta que se descubrió lo que se ocultaba detrás de la blusa de aquella niña tímida y callada. Óscar gritó aterrorizado al observar que por la espalda de Gretta le recorrían incrustados sobre la piel una serie de ojos, todos y cada uno ellos centraron su helada mirada en él.


Dos horas más tarde se le veía a Gretta desnuda y feliz  frente al  espejo del tocador, peinaba el enmarañado cabello escarlata, en tanto entonaba una canción de un idioma desconocido; por su espalda al filo del torso,  figuraba un nuevo hermoso ojo azul violáceo, que le miraba con atención el pequeño seno izquierdo;  ella se dio cuenta y le susurró amorosamente:

- ¿Te gusto tanto? Ahora podrás mirar 
de mi cuerpo tu parte favorita. Te miraré siempre y tu siempre me mirarás.


El cuerpo sin vida de 
Óscar descansaba sobre la cama de la habitación y conforme el frió del próximo invierno entraba lo iba desvaneciendo soplo a soplo. Gretta, con una sonrisita en los labios se tragó de un bocado el ojo derecho para calentar su corazón.


martes, 14 de octubre de 2014

SELIT: “LA BRUJA BLANCA”

El creacionista del día.

Miguel Ángel Crespo Jiménez






La anciana Selit vivía a las afueras de la Villa recibiendo a hombres y mujeres que requerían sus servicios. Había muchos rumores sobre ella; Bruja para unos, maga, hechicera o curandera para otros, pero para la mayoría de sus vecinos era únicamente la solución a sus problemas. Entre sus clientes se encontraban los aquejados del mal de amores, los que buscaban un remedio para su fatiga, los que deseaban conocer su suerte, mujeres jóvenes embarazadas que deseaban abortar, madres solteras que buscaban ayuda para sus hijos… y en general, los más pobres del lugar, que buscaban una solución a sus problemas o enfermedades. Todos salían contentos tras ser atendidos por la anciana, ya que procuraba remedio real y consuelo para todos.

Un día aciago de Octubre, se denunciaría injustamente a Selit bajo el delito de brujería. El Tribunal de la Santa Inquisición sería el organismo que ejecutaría la pena. El fallo: Culpable de brujería. Todos los aldeanos se opusieron a la pena, pero no podían hacer nada frente al poder de la Iglesia. La Villa estaba triste. Selit fue apresada y llevada al calabozo del puesto de guardia para ser interrogada, aunque su destino ya estaba fijado. Al amanecer sería condenada a arder en la hoguera. Esa misma noche, su casa y todos sus recuerdos fueron consumidos por las llamas. De madrugada, una melodía resonó por toda la Villa: era la voz de Selit, que pese a los golpes del interrogador de la Inquisición, sonaba dulce y serena. Era la misma canción que cantaba a sus clientes mientras atendía sus males. De esa forma quería hacerles llegar que no se preocuparan.

El amanecer llegó, y en la plaza de la Villa ya estaba preparada la pira donde sería quemada la anciana. Algunos gritaban:” ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Arderás en el infierno!”, otros pedían clemencia, y la mayoría simplemente callaban y rezaban en silencio por la suerte de su vecina y amiga. El Inquisidor emitió la sentencia en voz alta e hizo la señal a un guardia para que prendiera fuego a la hoguera. Algunos aldeanos lloraban, ella reía. Selit, atada al poste central comenzó a cantar. En unos segundos el fuego había envuelto el cuerpo de la condenada, y las llamas más altas parecían llegar al cielo. Selit no mostró ningún síntoma de dolor ni quejido alguno. Antes de ser consumida por las llamas su rostro era sereno y sonriente.

Muchos dicen que mientras la pira se convertía en una gran bola de fuego, un rayo de luz se proyectó en el cielo; otros que han visto a la anciana rondar por el bosque tiempo después. Pero la gran mayoría afirma que las noches de luna llena, una figura luminosa canta la canción de Selit, inundando la Villa de los dulces recuerdos que dejó en vida esta “Bruja blanca”.




martes, 7 de octubre de 2014

UN BOSQUE


El creacionista del día  Aleqs Garrigóz

                               





El bosque guarda celosamente su corazón húmedo
donde sapos, moluscos y otras alimañas paren y cohabitan. 
El bosque, allá enfrente, es esa tenebrosa extensión 
donde las hechiceras identifican las hierbas. Allí también 
tiene su lugar, el foso hondo y pútrido que es sepulcro de los pobres.
¡Con qué miedo estoy entrando contigo en sus fangos tétricos y vivos!


Cosas maravillosas acontecen dentro de su cuerpo delimitado por arañas:
el fuego se hace de la nada y reina La Natura en toda su tiniebla. 
Incluso las fogatas allí dentro son tan frías como su mirada.

También, se sabe, tiene, allí, su morada la lechuza sin sueño
que en su insomnio todo lo vigila: el negro y vaporoso cielo, los retorcidos
y secos arboles, y los charcos profundos donde las osamentas se asoman.

Las fogatas allí dentro son tan frías como su mirada.



Pero, cariño, negra dulzura, el miedo es ya en mí un estado permanente
y reside en mi cuerpo como una estaca en el pecho clavada. Pues, 
perra hermosa, bruja de mis amoríos… ¡No hay más terrible miedo 
que el que me produce la horrenda belleza de tu cara lavada!


jueves, 2 de octubre de 2014

OCTUBRE DE BRUJAS







Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae. 

Dracula  Bram Stoker


Octubre abre en raudo vuelo en compañía de brujas. 
Invitamos a todos nuestros creacionistas a crear en el arte que elijan, ya sea pintura, diseño,  literatura, etc. una composición de este tema que si bien adorna este mes, es bastante imaginativo para la mente de los creativos.  

¡Así que no pongan los pies en el suelo y denle rienda suelta a su creatividad e imaginación !

Aportaciones al correo de siempre: elcreacionista_@hotmail.com

Estaremos gustosos y sorprendidos recibiendo sus maravillosas creaciones.

Gracias.

El Creacionista ^_^  


jueves, 18 de septiembre de 2014

Lost Heaven

El creacionista del día. Alma Carbajal






Ese temblor le reconoció, la obligo a sentarse en la cama, luego de ingerirle a modo de poción las sensaciones de la espalda. Acuciado el cielo no espero, el infierno tampoco. Ania entre cerró los ojos para ver el reloj que le quedaba un poco lejos; las 4:30 de la mañana. Tocó sus parpados y la hinchazón del llanto había bajado, la sombras le empaparon de refrigerio los ojos y se sintió plena, pero casi de inmediato, él estaba ahí esperándola en el marco de la puerta, aquel que ella convoco hace ya tantas angustias atrás. 

La voz de aquel ser penetro en su cabeza, la sumergió en la marea de sus pensamientos y le habló claramente en un murmullo de inquietud:

- No, no lo hay. Pero te di la jadeante idea de que aún existe.

Ania se llevo la navaja que ocupaba para sus ataques de pánico y justo cuando quería retomar el silencio metiéndosela en la cabeza, tratando de acallar la mentira o la verdad, la recorrió el espasmo desde la médula hasta el pie izquierdo. Él,  aquello, le sonrió, agito el dedo índice en señal de reprobación, un no rotundo emergió de sus ojos. 

- Vengo contigo, voy a tu lado, el tiempo nunca ha sido  problema, lo has sido tú, tus nombres, tus felonías, tus innumerables ojos abstrayendo todos mis palpitares, en carne, cuanta carne me has hecho desperdiciar. 


Todavía no amanecía pero en la cortina se dejo ver una partitura tornasol de un color que Ania jamás vio, la mezcla iba haciéndose más intensa y,  cuando se acerco para ver el exterior, las nubes se habían disipado las fronteras aparecían sin cejas, la cara del mundo no tenia expresión solo una sonrisa roja sembraba el panorama y el ambiente de las sombras habían recortado su contorno de un blanco pálido. Ania sacudió las cortinas en un acto desesperado, esperaba sacar las tonalidades y que la noche regresara y esta volvió. Eso... Él, se dio la media vuelta para marcar su salida; Ania lo tomó del brazo, aquello se le escurrió de la mano y volvió a tomar la figura de una silueta oscura, de un hombre. Ella regresó a tientas a la cama, sabía que no dormiría ya, porque el temblor se incrusto tan violentamente que no lo sacaría en un par de horas,  miro como eso se alejaba del umbral de la puerta, mientras este se iba, dijo :

- Ya que la decepción te abruma, déjame decirte que dormirás esta noche, no tan bien como en tu recuerdo, pero sentirás que has dormido. ¿Yo? solo te he dicho la parte media, la verdad y la mentira no existen. Tú existes, por encima de tus pensamientos, estoy Yo. Ya que lo has perdido, que más te queda que sonreír a medias.

Él, se alejo susurrando una melodía. Ania reconoció la sinfonía fáustica. Piano, violín y una voz, retocaba la rima, que cambio a un silbido. Ella durmió, tal como esperaba, artificialmente. La vaga luz de una vela le desfiguraba el sueño. Las llamas negras son para quienes se quedan aquí, mirando el ir y venir de los días sin rostro.




jueves, 11 de septiembre de 2014

La vida a través de la ventana del microbús no es lo mejor para ti, mi querido Juan Pérez

El creacionista del día.  Aikas - Gerardo Gonzàlez V. 




La vida a través de la ventana del microbús no es algo verdaderamente alentador. Salir, todos los días, y recorrer el mismo paisaje agota. Cansa y, me atrevo a decir, envenena el alma. Pero no hay teoría que valga mientras la prueba no exista, así que, ¿Quién mejor para ejemplificar esto que el pobre de Juan Pérez?

Juan Pérez, para los amigos “Juan”, sale todos los días a  la misma hora por la mañana. Aunque de mañana no tiene ni el canto de los pájaros pero tampoco es noche porque las luces de los coches comienzan a aparecer en la lejana imagen de la ciudad, en vez de esconderse. Sale a la hora del trabajador, aquella en la que no ha despertado el cuerpo pero tampoco logra de nueva cuenta echar el sueñito. 

Llega a la parada, no establecida oficialmente del camión y aborda el vehículo de transporte público que pase,  pero siempre, la misma ruta en el camión. Pasa mirando las mismas casas sobre la acera; viendo pasar los mismos vehículos que velozmente, y torpemente también, llevan a los niños a las escuelas. Los mismos policías de tránsito tratando, vanamente, de controlar el flujo vehicular para evitar embotellamientos.
Baja rápidamente después de un cortés “gracias” e ingresa al mundo subterráneo de la ciudad. Aborda la misma línea y baja en la misma estación, camina en dirección de la misma avenida y toma rápidamente otro camión. Pareciera que tiene los tiempos contados porque siempre está en punto del lugar para poder abordar, dos o tres personas menos, el mismo lugar en el mismo camión que lo llevará a su trabajo.
Del trabajo pasa rápidamente, entra, trabaja, come, trabaja y sale. No hay realmente mucho que decir.

¿El camino de regreso? Igual solo que más lento.
Al llegar a casa, se prepara su cena y la comida del día siguiente y se va directo a la cama.
Pero como dijimos con anterioridad, aquello envenena el cuerpo.

Una noche cualquiera en la que Juan Pérez debería de estar durmiendo, su cuerpo comienza a sufrir de un ataque de náuseas. Se levanta envuelto en sudor frío y corre a su baño para vomitar.  Números, cálculos, presupuestos, hojas de datos y más cosas aún peores salen de su boca y se precipitan en caída libre hacia el escusado. El esfuerzo le propicia un dolor de cabeza pero aquél vomito le libera de una especie de carga o pesar que se encontraba dentro de su ser.

Y aquí es donde todo puede cambiar.

No sabe si irse a dormir o prepararse algo para relajar el estómago, al final, en contra de la costumbre y preocupado por su cuerpo, decide dirigirse a la cocina para prepararse un té de manzanilla. Sirve el agua en su taza y conecta el microondas pero al pensarlo mejor, decide vaciar el agua en el pocillo y calentarla a fuego lento en la estufa. Mientras toma el té y observa por la ventana, un peculiar brillo en el cielo le sorprende a través de las cortinas. Decidido a descubrir lo que es, se levanta con su taza de té y camina hacia la ventana. Una vez de frente, recorre la cortina y observa una minúscula y apenas perceptible lluvia de estrellas.

En un actuar desesperado, su cuerpo se adelante y pide un deseo. Seguramente Juan hubiese pedido un aumento, una promoción, un coche o inclusive, que el malestar estomacal desapareciera, pero gracias al cielo, su cuerpo se le ha adelantado.

Vivir, vivir es lo que pide su cuerpo.
…
Al despertar, Juan Pérez se ha dado cuenta que se ha quedado dormido, va tarde ya por diez minutos que, bien sabe, significan veinte en su hora de llegada. Todo es exponencial en la gran ciudad.

Se baña como puede, toma su desayuno con una rapidez impresionante y sale corriendo hacia el camión.
Al subir, se da cuenta que va más lleno, hay más gente y no puede sentarse recargado en la típica ventana, sino que le queda estar en medio de todo el mundo de gente que entra en un microbús del transporte público. Tarda más en llegar y corre esquivando gente entre la gente para poder abordar un vagón del metro a tiempo. Se escucha el pitido de las puertas mientras baja las escalaras pero para cuando se encuentra en el andén, el metro se ha ido. Desesperado, Juan Pérez mira al reloj y se da cuenta que ya es su hora de entrada. Su perfecto e inservible record de entradas en hora se iba a ver mellado el día de hoy. Pero cuando todo parece perdido, todo se vuelve peor.

El metro siguiente tarda, la gente sigue bajando; ya casi no se puede pasar cuando  la luz de “salida siguiente” se prende en uno de los andenes y el metro comienza a hacer su entrada triunfal. La gente se acumula en las puertas y cuando estas abren, se vuelve una lucha de supervivencia.Y en ese momento, mi querido Juan Pérez, te das cuenta que la vida que estás viviendo es una mierda, no vives amigo, sino que sobrevives. Sufres el viaje de quien sabe cuántas estaciones hasta que por fin llegas a la que será tu salida de aquel infierno. Sales entre empujones pero por fin logras respirar aire fresco. Tu cuerpo te pide un poco de descanso, no corras, espera, reposa, grita desde tu interior.

Y aquí, Juan, aquí es donde todo debe cambiar.

Cuando recuperas la postura, ambos trenes no se encuentran y tienes vista libre hacia el otro lado del andén. 

Y ahí es cuando la ves.

¿Qué harás Juan Pérez, seguir corriendo a sobrevivir o, aunque sea tarde, llegar a la vida a vivir?





La vida a través de las ventanas del transporte público es realmente desalentadora, sino te fijas en lo que ves y solamente miras por mirar.