El creacionista del día. Miguel Ángel Crespo Jiménez.
La noche era oscura y la niebla se colaba por cada rincón de la ciudad. Todo estaba en silencio, y cada paso resonaba chocando contra la acera. Era extraño, pero después de hacerlo me sentí libre, como si volviera a nacer en otra persona. Era un hombre nuevo, un ser que como el ave Fénix resurgía de sus cenizas, aunque algo en mi interior temía no poder controlarlo. Faltaba poco para llegar a casa y la sangre corría por mi cara mezclándose con el sudor en un amargo cóctel de sensaciones. Era la primera vez, pero no sería la última. La punta de mi revolver todavía ardía, saliendo del bolsillo de mi chaqueta un dulce olor a pólvora. Por fin llegué a casa. Subí las escaleras, entré a mi puerta y me senté en el salón a fumarme un cigarrillo. Dejé el arma encima de la mesa y me quedé pensando en quien sería mi próxima víctima. ¿Serás tú?
C
lunes, 12 de mayo de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
THE FIRST TIME
Vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar.
Viktor Frankl
Iniciamos Mayo con la temática de "La primera vez". Que no solo se reduce a los abstractos conceptos del amor sino que nos habla de nuestras primeras experiencias aquellas que marcaron o le dieron a nuestras vidas un giro inesperado ya sea de aprendizaje o simplemente lo extraordinario de la causalidad.
Es por eso que invitamos cordialmente a nuestros Creacionistas a que nos relaten en el genero que mas os guste aquella terrible o emblemática primera vez que marco o suscitó un cambio en sus vidas o ya haya sido transmitida en vida de otros por la simpledad de la imaginación.
Sus colaboraciones al correo de siempre bienvenidas y mil gracias por compartir su estilo e historia:
elcreacionista_@hotmail.com
Gracias.
El Creacionista ^_^
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miércoles, 30 de abril de 2014
Por las esquinas
El creacionista del día. María Luisa Deles
El cuerpo de Inés descansa en mitad de la sala. Lo han tendido en el suelo sobre una alfombra de tierra extraída de su propio jardín.
La luz de los cirios ilumina un rostro surcado por innumerables arrugas. Así, bajo el siniestro reflejo del fuego, pareciera que unas han parido a las otras en un ridículo intento por darles proporción. Una mascada de seda azul rodea el óvalo de su cara para sostener la mandíbula. El largo cabello negro se reduce a unos cuantos mechones sin tono que caen en desorden sobre su frente. Los ojos cerrados seguramente han quedado vacíos sin el color ambarino de sus tardes al sol.
Vestida de luto es hermosa hasta lo imposible. Las piernas lánguidas, el torso en descanso y la piel de marfil. Los labios carnosos de su juventud están secos, y ahora, entreabiertos en una mueca sin sentido, se asemejan a dos gajos de mandarina olvidados en un plato. Alguien le colocó las manos en ademán de rezo para que sus dedos inertes puedan aprisionar el rosario de pétalos prensados de la Mamá Josefina, heredado de generación en generación.
Su breve cintura se pierde dentro de la camisa que le han comprado y los pies pequeños, que no pudieron acomodarse dentro de los zapatos viejos, se han quedado desnudos y rígidos emulando las manecillas de un reloj. Las voces vagan por las esquinas para esconderse y el silencio se impregna en las puertas abiertas. No hay una luz artificial que se prenda a una mirada o a un suspiro.
La gata escapa del sillón en que dormitaba para meterse bajo la cama del cuarto desocupado. Desde su escondite atisba el frenesí de abandono en que se han convertido la mitad de las vidas que dan vuelta en el salón. La música de afuera es apenas un sonsonete que no logra atrapar a nadie. El llanto pesa, las horas se pierden en un ir y venir en círculos que no tiene para cuando acabar.
El cuerpo de Inés descansa en mitad de la sala. Lo han tendido en el suelo sobre una alfombra de tierra extraída de su propio jardín.
La luz de los cirios ilumina un rostro surcado por innumerables arrugas. Así, bajo el siniestro reflejo del fuego, pareciera que unas han parido a las otras en un ridículo intento por darles proporción. Una mascada de seda azul rodea el óvalo de su cara para sostener la mandíbula. El largo cabello negro se reduce a unos cuantos mechones sin tono que caen en desorden sobre su frente. Los ojos cerrados seguramente han quedado vacíos sin el color ambarino de sus tardes al sol.
Vestida de luto es hermosa hasta lo imposible. Las piernas lánguidas, el torso en descanso y la piel de marfil. Los labios carnosos de su juventud están secos, y ahora, entreabiertos en una mueca sin sentido, se asemejan a dos gajos de mandarina olvidados en un plato. Alguien le colocó las manos en ademán de rezo para que sus dedos inertes puedan aprisionar el rosario de pétalos prensados de la Mamá Josefina, heredado de generación en generación.
Su breve cintura se pierde dentro de la camisa que le han comprado y los pies pequeños, que no pudieron acomodarse dentro de los zapatos viejos, se han quedado desnudos y rígidos emulando las manecillas de un reloj. Las voces vagan por las esquinas para esconderse y el silencio se impregna en las puertas abiertas. No hay una luz artificial que se prenda a una mirada o a un suspiro.
La gata escapa del sillón en que dormitaba para meterse bajo la cama del cuarto desocupado. Desde su escondite atisba el frenesí de abandono en que se han convertido la mitad de las vidas que dan vuelta en el salón. La música de afuera es apenas un sonsonete que no logra atrapar a nadie. El llanto pesa, las horas se pierden en un ir y venir en círculos que no tiene para cuando acabar.
viernes, 25 de abril de 2014
Y EN EL SILENCIO, TE ENCUENTRO.
El creacionista del día. Miguel Ángel Crespo Jiménez

Héctor y Ángela coincidían habitualmente en esa biblioteca, y aunque nunca llegaron a encontrarse, en el silencio, se amaron sin saberlo.

Apenas habían pasado cinco minutos desde que aquel muchacho de mirada olivácea había entrado a la biblioteca. Parecía no buscar nada en concreto mientras sus nerviosas pupilas se movían de un lado a otro resiguiendo las estanterías dedicadas a las novelas de aventura. Un gran cartel en la puerta rogaba silencio en todo el edificio, así como las pequeñas señales que se encontraban situadas en otros puntos de las diferentes plantas de la gran biblioteca. Allí, entre las estanterías donde corsarios, guerreros antiguos y nobles caballeros eran los protagonistas se vieron por primera vez. Héctor, que así se llamaba ese joven, descubrió concentrada en su lectura a una bella muchacha de ojos color miel y larga melena castaña. El chico la contempló durante unos segundos, sonrió, y se volvió para acabar de decidirse por un libro. “Demasiado perfecta para mí; sería inútil acercarme a ella”, pensó. Mientras, Ángela, la chica con la que Héctor había soñado despierto hacía unos segundos alzó la cabeza para descubrir al muchacho. Lo contempló durante unos segundos, sonrió, y pensó: “Demasiado perfecto para mí; sería inútil acercarme a él”.
miércoles, 23 de abril de 2014
Ruidosa Soledad
El creacionista del día. Aikas (Gerardo González Vázquez)
Juan recordó entonces a un viejo maestro de alguna clase cuyas enseñanzas, seguramente, ya habían quedado en el olvido. Su mente lo citó en aquél momento de amargura: “puede que no esté todo en silencio y se sientan más solos, porque el silencio solo es la ausencia del sonido y nada más.”
En ese momento le pareció un disparate de un viejo profesor, posiblemente pasaba por un divorcio o había estado toda su vida solo. Quizá se había deprimido en aquél momento.
Juan nunca traspasó la barrera entre lo estrictamente académico y lo personal. Posiblemente había soñado con la maestra de sociales, pero eso le había pasado a casi todo el salón. El recuerdo lo hizo sonreír. Nunca en todo ese tiempo, prestó atención a la vida personal de sus profesores, nada de chismes ni comentarios de otras clases.
El ruido era abrumador, había ruido por todas partes. Las mismas pláticas que tenían en la oficina pero a mayor volumen, mayor intensidad y sin el temor de que se cruzaran con los oídos del jefe. Y sin embargo se sentía solo.
“…solo es la ausencia del sonido y nada más.”
Soledad.
Se sentía solo desde que había comenzado a trabajar en lo que dejaba dinero y no en lo que quería, desde que había dejado ir al amor de su vida no porque él así lo deseara sino porque ella así lo quiso, porque era lo mejor. Siendo honesto consigo mismo, se sentía solo desde que su vida se había comenzado a ir al carajo.
Se excusó amablemente de sus compañeros bajo pretexto de salir a tomar aire. Salió del departamento y cerró la puerta. El sonido de la fiesta se fue ahogando tras las paredes, las puertas y las escaleras que iba dejando atrás. Escalón a escalón, el sonido se escuchaba lejano. En algún piso escuchó un bebe llorar y en algún otro los gemidos de una pareja rebosante de amor. Nada lo hizo parar, nada lo detuvo hasta salir de los departamentos. Cruzó la puerta con desesperación y al salir a la calle se detuvo a respirar con fuerza.
“... ausencia del sonido y nada más.”
Comenzó a caminar por la acera. El silencio se acercaba y se alejaba. Una sirena a lo lejos, el ladrido de un perro, un corredor con audífonos pasó por la acera de enfrente. La música zumbó y pasó de largo. Comenzó a correr, quería alejarse, quería huir.
“…y nada más.”
Las lágrimas salieron de sus ojos. No se detuvo, mientras salieran, dobló en una calle, luego en otra y al final en medio de un parque se tiró de rodillas. En un instante de silencio lloró. Lloró con fuerza y con un grito silencioso en el que expresaba el desgarrador dolor que sentía en su alma. El ruido, el bullicio lo habían hecho sentirse más solo de lo que hubiera debido, lo hundían sin darse cuenta, lo hundían con supuestas buenas intenciones. Los “lo siento”, el “animo sigue adelante” y el “es lo mejor”, todas aquellas palabras de aliento público habían sido como puñaladas traicioneras que lo hundían más y más.
Fue la calma y el silencio quienes lo hicieron despertar. No estaba solo, había muchas personas allá afuera que seguramente lloraban en silencio absoluto, que se escondían entre la gente para no demostrar su verdadera soledad, su verdadero llanto, sus verdaderas intenciones. Era en el silencio cuando apreciaba que la soledad no es una representación de la tristeza sino que puede ser la mayor representación de sentirse bien con uno mismo.
lunes, 21 de abril de 2014
SOLO
El creacionista del día. Aleqs Garrigóz
Como gaviota herida que la bandada deja atrás.
Como barco fantasma a la deriva
que nunca alcanzará el horizonte.
Como un faro sin luz a medio derruir que en un islote ignoto
recibe la atroz embestida de las olas.
Como el océano ahogado en sí mismo.
Como el silencio.
viernes, 18 de abril de 2014
El silencio rasga la noche ...
El creacionista del día . Juan Marcos Chávez Cajiga.
El silencio rasga la noche,
desgarra el día rompe el vacío, enciende la ira quema por dentro,
por fuera, en rededor.
El silencio ofende, maldice, irrita es cobarde,
se agacha, se justifica murmulla, habla grita.
El silencio hiere el silencio de los hombres, de las mujeres el silencio de los idos,
de los mudos el silencio el de los muertos,
de los vivos el silencio de la carne,
del espíritu el silencio de las palabras, de los libros el silencio del desierto,
del cielo el silencio tuyo, el silencio mío.
¡Escupe una palabra! ¡Defeca una maldición!
Calla veinte y cuatro horas más, eternamente boca sin luz, rostro sin eco cuerpo sin entrañas, ente sin cauda acéfalo ser.
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