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martes, 11 de febrero de 2020

Relojes en la obscuridad

El creacionista del día. Ricardo Durán






¿Dónde estás?

No te veo...
no veo nada a mi alrededor, es raro
sí, es raro porque mis ojos están abiertos
y lo único que logro ver son los relojes en la obscuridad
y es que se vuelve aún más extraño
porque no veo nada ahora,
su "tic tac" me están martillando la cabeza
no sé cuántos son, porqué no logro ver nada
pero si logro escuchar el "tic tac"
que me dicen tu nombre y parecen miles

No encuentro mi sonrisa, no sé donde la dejé...
¡ah! sí, ya recuerdo, vos te la llevaste
mientras dormía, en la obscuridad
sí, también ellos fueron testigo
los mismos relojes en la obscuridad
y su "tic tac" era el mismo, pausado
se escuchaba tú nombre, pero no recuerdo cuántos eran
porque no lograba verlos y ahora quiero recuperarla
pero primero tengo que saber en dónde estás

Dime tú secreto, sí, tú secreto
parece que cada vez que trato de leer tu mente,
vos estás un paso adelante de mi

Es de noche, pero la luz de la luna no me alumbra
enciendo la luz, pero no hay tal
escucho nuevamente el "tic tac"
sí, tu nombre pausado...
el "tic tac" de algunos relojes
sí, de los mismo relojes en la obscuridad
que te vieron por última vez mientras yo dormía,
los mismos relojes en la obscuridad
los cuales parecen no avanzar, sólo me recuerdan
que tengo que apresurarme
antes que el segundero corra nuevamente
y el tiempo corra sin sentido

"Tic tac…", repito nuevamente "tic tac..."
ven por mi alma, te digo
ven por el "tic" o por el "tac",
que sea tan sólo un pretexto
pero regresa, te regalo mi alma
ven y mírame a los ojos
sabes que no puedes
porque el tiempo es espacio entre tú y yo

No tengo miedo, no me asusta lo que me digas
no me asusta si vienes por mi alma
sólo me asusta el "tic tac"
sí, el "tic tac" de tu nombre
el "tic tac" de los relojes en la obscuridad

Porque manipulan el tiempo
porque no logro verte
porque sé que estás aquí deteniendo el tiempo
sé que el "tic" es tu respiración
y el "tac" es la manera que me susurras al oído
y que los relojes en la obscuridad
son tus cómplices, porque tú vas más allá del tiempo
pero el tiempo es espacio entre tú y yo

Sé que en cualquier momento estará tu luz
sí, sé qué te veré nuevamente
cuando los relojes en la obscuridad
sigan corriendo con normalidad
y el "tic tac" ya no diga más tu nombre
se que el segundero correrá por primera vez
entonces te veré, sí, te veré y me regreses mi sonrisa

¿Dónde estás?

-Aquí estoy y aquí esta tu sonrisa
frente a mi- 


Me dices

No me la lleve, no la viste por la obscuridad
pero cada vez que aparezco, ella aparece
y vos eres para mi eso que yo soy para ti
para mi sos la cuerda de los relojes en la obscuridad,
sin ella se detienen y con ellos el tiempo
pero el tiempo es espacio entre tú y yo

Por eso te necesito ahí
que yo sea el "tic" y vos el "tac"
que no nos separemos
para que sigamos el mismo transcurso del tiempo
con sentido y que los relojes en la obscuridad
tan sólo sean una excusa más
para seguir juntos, como el "tic tac"
de los relojes en la obscuridad.

jueves, 16 de enero de 2020

No me llames

El creacionista del día. Ricardo Durán









La noche me cobija con tu ausencia
el silencio me habla de vos
mi mente te acaricia, mis manos te llaman
mi cuerpo te busca y mi boca te extraña


Las estrellas me recuerdan tu sonrisa
y la lluvia a tus caricias
la soledad me lleva a mi refugio
en donde yo estoy más seguro

Cariño no me llames, mejor ven por mí
que aquí estaré esperándote 
hagamos que nuestros caminos coincidan 
antes que pasemos de lado
y ambos lo lamentemos todas las noches

Cariño no tienes que anunciarme nada, 
sólo ven y sorpréndeme
no tienes que hablar de mi
sólo ven por mi
puedo sentir tú presencia
ven por mi

Ven y rescátame
que aquí te sigo esperando
ven por mi que te esperaré
no caminaré hasta que vengas
no tienes que llamarme, sólo ven por mi

No me envíes mensajes de texto
sólo ven por mi
no te alejes
sin miedos ven por mi

Y al final si no vienes
sólo llámame que aquí estaré


Y al final si no vienes
envíame un mensaje que ahí estaré
donde vos estés
cariño de día o de noche
estaré ahí donde vos estés.




jueves, 3 de octubre de 2019

La razón por la que te escribo este texto

El creacionista del día. Ricardo Duran.






La razón por la que te escribo es porque quiero ir ahí donde estas y hacerte el amor,
escuche tu cuerpo llamarme, cariño,
esta noche seré quien te salva con mis dientes desnudándote
te garantizo que te voy a sorprender,
comenzaré poco a poco es la manera de ir descubriéndonos.

 La razón por la que te escribo este texto es porque tu cuerpo y el mío hablan el mismo idioma cariño,
tengo dos boletos en primera clase tú y yo despegaremos esta noche desde esta habitación, un viaje largo comenzaré a besarte de arriba abajo hasta que me digas que no me detenga.

La razón de por la que te escribo esta carta,
es porque esta noche es nuestra,
exploré tu piel y mientras me pierdo en ella cariño, quiero tocarte ahí, acariciarte ahí, besarte ahí, apretarte ahí, complacerte, escucharte, esperarte, besarte, llegar juntos...al éxtasis y el mundo se calla
mientras nuestros cuerpos hablan.



R.D.

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The reason why I text you

 The reason why I write to you

It's because I want to go over there where you are and make love to you

I listened your body calling me honey, tonight

I will be the one who saves you with my teeth undress you

I guarantee to you that I am going to you to surprise you I will begin little by little it is the way to be discovering us

The reason why I text you It's because your body and mine speak the same language babe,
I have two first class tickets you and I will blast off tonight from this room, a long trip I will begin kissing you from top to bottom until you say to me to don't stop.

The reason why I write this letter to you it's because tonight
I'll explore your skin and while I lose myself on you darling,
I wanna touch that, to caress that, kiss that, push that, to pleasing you, listening you, waiting for you, kissing you, to come together… at the ecstasy and the world is silent while our bodies speak.

R.D.

jueves, 20 de junio de 2019

ÉL Y ELLA

El creacionista del día. Ricardo Durán 






Érase una vez en una ciudad urbana
dos jóvenes inquietos, Romeo y Julieta de nuestros tiempos,
se enamoraron en la adolescencia
y con el paso del tiempo se separaron,
pero nunca dejaron de amarse
con los años la vida les regalo una oportunidad
ambos sin compromiso alguno.

Intentaron estar juntos,
 sus ganas de hacerlo bien, los llevo al fracaso,
 el amor seguía intacto y ellos intentando
 él pensó que era ella, que no quería
 y ella pensó que era él, que no quería,
 ambos culpándose, optaron por separarse
 el amor salió ileso y ellos con rumbos separados.

 La vida no quiso que se vieran por muchos años
 quiso que se amaran y sufrieran en silencio,
no quiso juntarlos, no quiso empeorarlo
 quiso mantener ese amor perfecto,
y cuando no sabían más el uno del otro,
 la vida los junto de vuelta,
 él aún estando solo y ella se volvió prohibida.

 Sus ganas y deseos fueron solo cartas con anhelos.

 Él: Me es grato volver a saber de ti
 te insistí y no desistí,
 mis cartas al destinatario sin falta
 y con el tiempo el remitente tiene una carta.

 Ella: Recibí tus cartas puntualmente cada semana
 y con cada letra al leerlas lloraba,
 ¿Cómo estás? ¿Qué te has hecho?
ahora puedo contestar, pero no los fines de semana.

 Él: Es un fuego que quema y emociona al leerte
 tanto tiempo sin saberte,
 no sé si quiero seguir leyendo la carta,
 no sé si será la misma emoción o este fuego me mata.

 Ella: No sé que decir, cada una de tus letras me deja sin palabras
 como aquella tarde que nunca más supe de ti,
 ¿Por qué te fuiste?, ¿Por qué no estuviste?
tantas cosas han pasado desde aquella tarde.

 Él: Querida mía, me alegra saber que te quito las palabras
 tú las quitaste desde aquella mañana en que te vi,
 ¿Ahora entiendes lo que sentí al verte?,
y no es que me fui, más bien no estuvimos.

  Ella: Yo esperaba más ti, como en la novela de Shakespeare
 donde Romeo hace lo imposible por Julieta,
 pero no vi eso en ti, no te sentí
 y esa fue la razón por la que huí.

Él: Juliet se dice en inglés, estos son tiempos modernos
 donde las personas están de muto acuerdo,
 yo Romeo, no me fui, al contrario, más me perdí
 en mis sueños contigo, pero nunca te vi, ni te sentí.

 Ella: No sé a quién culpar entonces
sólo sé que no quería perderte por segunda vez,
y al disiparse, pensé que sería para siempre
 por eso quise olvidarte y me refugie en otros amantes.

Él: Mejor no culpemos a nadie y recordemos el pasado
 yo no sé de tus historias y tú no sabes de las mías,
 ¿Recuerdas la vez que te robé nuestro primer beso?, dormías,
 pero después de tocar mis labios con los tuyos sonreías.

 Ella: Aún recuerdo ese instante, ambos veníamos de viaje
 era el momento que había soñado contigo,
fue perfecto, ese pequeño instante
 durará por siempre en mi recuerdo.

 Él: Has sido la única que ha podido llenar ese hueco,
 ese espacio tan vacío y tan hondo,
 desde aquel último momento
 me refugio en el jardín de la poesía.

 Ella: ¿Aún recuerdas nuestro segundo encuentro?
 ¡Yo sí! y sabes, fue como el primero,
 siempre las miradas y los besos más hermosos
 fueron a tu lado, yo lo llamo “Amor profundo”.

 Él: “Amor a primera vista”, como en la novela inglesa
 recuerdo perfectamente tu cuerpo perfecto,
 aquella tarde supe el significado de esa palabra
 desafortunadamente no hicimos lo adecuado.

 Ella: ¿Por qué viniste? ¿Por qué irrumpes en mi mundo?
 desde que sé de tu regreso,
 no dejo de pensarte, no dejo de extrañarte
 ¿Crees que esto es justo?

 Él: Tengo un dolor profundo que incrementa
 no es culpa tuya, digamos del destino,
 tengo un gozo al saber que aún me amas
 no lo dices, pero lo siento en tus palabras.

Ella: La vida no es la misma, han cambiado muchas cosas
 mis deseos y ganas de tenerte son las mismas,
 pero volteo al salón de mi castillo
 y hay alguien que me espera sentado en el sofá.

Él: Sabia de su existencia y eso aniquiló mis posibilidades
 de tenerte y estar juntos para siempre,
 me encantaría penetrar
 todas las noches... en tus sueños.

 Ella: No quiero hacerte daño, no es justo
 no quiero crear falsas expectativas,
 sigamos adelante con las epístolas
 y veamos que pasa más adelante.

 Él: ¿Por qué lo hiciste?

 Ella: ¡Por amor!

Él: ¿Aún le amas?

Ella: Creo que ya es un poco tarde para seguir leyendo.

 Él: Eres lo más bonito del mundo.

Ella: Tienes el don de mentir y sacarme todas las sonrisas.

 Él: No miento, eres lo más bonito de mi mundo.

Ella: Haces que mi ego suba hasta cielo.

Él: Es ahí junto a Dios, donde tiene que estar.

 Ella: Cada palabra tuya detiene mi vida y mi mundo.

 Él: Me encantaría que tu mundo y el mío, se detuvieran el mismo instante.

 Ella: Sería fascinante.

 Él: Le quitas muchos minutos al reloj.

Ella: Y tú al mío.

Él: Parece que escucho al reloj, -Tick, tack-,
 se detiene el tiempo,
 una manecilla no deja avanzar a la otra
 es profundamente eterno y doloroso.

 Ella: Parece que te escucho decir cada palabra
 y tu voz es la misma, idéntica,
 tal como la recordaba
 y me sigue poniendo muy nerviosa.

 Él: ¡Dios, señor, apiádate de mi!
 me confieso y confieso
 que mi único pecado es amarle
 no conozco su presente, pero conozco su pasado.

 Ella: Me dejas sin aliento, sin palabras
 no sé que decir,
 sabes perfectamente como mover cada fibra
 tienes la facilidad de robarme sonrisas todo el día.

 Él: Necesito tus abrazos,
 como mi ahogo necesita tu mirada.

 Ella: Provocas tantas cosas en mi,
 tienes la aptitud de hacerlo.

 Él: Te pienso, tanto, Tanto, TANTO,
 dormido como despierto.

 Ella: Y yo...y yo, créeme que no dejo de pensarte.

 Él: ¿Sabias que existe una canción,
 con el mismo nombre del cuento?

Ella: ¡No!, no sabia de su existencia.

 Él: Desde aquella época siempre pensé que era nuestra.

 Ella: Eres malo, nunca me dijiste nada.

 Él: Van doscientos veintisiete veces que toca
 y las de antes y las que faltan.

 Ella: Van mil cincuenta y tres caracteres
 que no dejo de llorar y de sonreír.

Él: Oh Juliette, mi querida Julie, cómo en el cuento
 me recordaste que es estar vivo
 con tan sólo un instante,
 penetraste en mi alma y aún navegas en mi sangre.

Ella: Estoy tan confundida,
 que en este instante saldría del castillo,
 correría a buscarte y amarte
 no te dejaría solo ni un instante.

Él: No sé si le lloro al pasado, por perderte hace tiempo
 no sé si te lloro, por no aprovechar nuestro momento,
 no sé si le lloro a la vida, por haberte perdido
 o no sé si le lloro al futuro incierto.

 Ella: Romeo, cariño mío, no sé que decirte
 me gustaría regresar el tiempo,
 regresarlo en ese preciso momento
 cuando ambos jugando inventamos ese beso.

 Él: ¿Cómo se hace para olvidarte? dímelo,
 ¿Cómo se hace para olvidar tus besos?,
 ¿Cómo se hace para olvidarte por completo?
 dímelo, te lo ruego y te lo exijo.

Ella: Tus palabras me llegan profundamente,
 es un fuego inmenso, que se mete abismalmente en mi,
 no sé que hacer con ello, sin poder externarlo
sólo se va consumiendo dentro de mi alma.

 Él: Tengo una gran necesidad de verte.

 Ella: ¿Estás soltero? Él: ¡Sí! Ella: Difícil de creerte.

 Él: ¡No te miento! Ella: ¡Te creo!

 Él: Tengo una necesidad de ti, tan grande como esta soledad,

Ella: ¿Qué puedo hacer para evitar que caigas en locura?

Él: Hacer de ésta demencia, una demencia coherente.


Ella: Hagamos que tu demencia sea como el mar
y mis ganas de tenerte sean como la arena,
que se fundan en una tranquilidad inmensa.

 Él: Sin excusas, ni pretextos pactemos una cita.

 Ella: Suena indecorosamente tentador.

 Él: ¿Qué haremos al respecto?

Ella: ¿Qué propones?

 Él: Encontrémonos en medio del camino.

 Ella: ¡Me encantaría!

Él: ¿Cuándo?

Ella: ¡Sabes que no puedo!

Él: Creo que lo mejor será que desaparezca.

Ella: No quiero que te vayas.

Él: No olvides que te amo.

 Ella: Nunca lo olvido y eres correspondido.

 Él: ¿Lo dejarías?

Ella: Tengo que dejar de leerte, no puedo parar de llorar y él esta por entrar.

Él: Princesa imperfecta, te amaré hasta el día de mi muerte,
 éste intento de poema, no ha sido más que un regalo para ti
 no soy el mejor escritor, ni el mejor poeta,
 pero espero que cada vez que la leas,
 te llegue a las entrañas y día a día necesites mi poesía.

Ella: Me despido amado mío, dejándote claro
 que has sido el amor de mi vida,
 que eres lo más importante y siempre lo serás,
 no sé que nos depare el destino,
 pero si es que nos junta, espero que sea para siempre.

 Él dejó de leer la carta de su amada
 salió al balcón y no paró de llorarle,
 fue tan profundo su dolor, que la luna salió a consolarle,
sabe que su presente es estar sin ella
 y que tiene que ser fuerte, para esperarla algún día.


 Ella guardó la carta entre sus cosas más preciadas,
 regreso a la cama, sin parar de llorar,
 con una tristeza muy grande
en ese instante entra su esposo y le pregunta:

 –¿Por qué lloras?-

Y ella le contesta con una ligera sonrisa:

 –Es que leía a Romeo y Julieta–.




jueves, 9 de mayo de 2019

EL BECARIO

El creacionista del día. Ricardo Durán





Nos conocimos en aquella oficina gris en donde ambos trabajábamos. El mismo gris del edificio era el color de todos los mediocres a los que contrataban. Sin aspiraciones, sin sueños, sin deseos ni ganas de crecer. Yo era peor que todos ellos, porque yo no cobraba ni un puto centavo. Era el becario del lugar. Me dedicaba a ir por los mandados u otra cosas que se ocuparan en la oficina. Sin embargo, me conformaba y me gustaba ver llegar todos los días a las cinco de la tarde a la maestra de arte a impartir su taller de artes plásticas para niños. La profesora Zúñiga era sumamente puntual y muy mamona. No hablaba con nadie, al menos que no fuese de trabajo. Era delgada, estatura media y fea, sin embargo, usaba un piercing en la nariz que le daba un sexy toque a su figura. Tenía la suerte de hablar con ella de vez en vez, porque regularmente me mandaba a comprar algún tipo de material para su clase a la papelería y repentinamente me regaló un par de sonrisas.


 Todos en la sección salían a comer de lunes a viernes de 3 de la tarde a 4:30pm. Me gustaba cuando se iban y me quedaba completamente solo. Comía algún sándwich que traía de casa y bebía vino barato con jugo de naranja que metía en algún termo de café. El subdirector de esa área sabía que lo hacía, pero no decía nada porque más de una vez lo encontré cogiendo en su oficina con la secretaria de la directora. Siempre me ponía a fisgonear en las computadoras y sin que ellos lo “notaran” les ayudaba con la edición de algunas capsulas informativas. Un viernes me encontraba fisgoneando en la computadora de Paquito, un editor de gran experiencia. La abrí y en su disco duro había un vídeo porno de él y su novia. Su novia estaba muy buena y me enganché viendo el vídeo. Sabía que no habría problema porque todos regresaban dentro de una hora y media a la oficina. Mientras en el vídeo Paquito se cogía a su novia, comencé a sobarme el pene sobre mi pantalón. Comenzó a ponerse dura y no pude más y me la saqué. Le puse pausa al vídeo cuando la novia de Paquito comenzó a mamársela. Se miraba que disfrutaba tenerla en su boca y que sabía hacerlo bastante bien. Comencé a movérmela de arriba abajo. Se sentía bien hacerlo en un lugar prohibido. Ahora sabía lo que sentía el hijo de puta del subdirector. 

Sin hacer ruido, llegó la profesora Zúñiga. Se paro delante de mi y vio lo caliente que estaba. Intente guardarla inmediatamente pero ella se acercó. 

—¿Qué estás haciendo, cabrón? — Deja te la chupo o te reporto para que te corran en este instante. 

Se agachó y se la llevó a su boca. Cerré los ojos y disfruté mientras me acordaba de la novia de Paquito. La profesora Zúñiga seguía chupándomela toda. 

A lo lejos escuche voces. La aparte unos segundos y me estiré para asomarme. La profesora se hincó de nuevo y siguió chupándomela más rápido. Los chicos de la sección se les había ocurrido llegar temprano esa tarde y estaban por llegar a la sala de edición. No pude contenerme más y me vine. Terminé en la boca de la profesora. Me salí y salpiqué de esperma el teclado de Paquito. 

Paquito y Gerardo entraron a la sala y me vieron con la profesora. Todas las computadoras estaban apagadas. La profesora me ensañaba a pegar alguna parte de una marioneta. Paquito llegó a su lugar y vio algún liquido blanco en su lugar y me miro molesto. 


—Pinche becario, si vas a aprender a pegar tus mamadas, que no sea en la sala de edición.


 Agarré el teclado y lo desconecté del CPU. Le puse windex y comencé a limpiarlo.


 La profesora Zúñiga agarró su marioneta y salió riéndose discretamente. 


Regresé con el teclado limpio y lo conecté. 


Paquito encendió su computadora y se puso a trabajar.




martes, 19 de marzo de 2019

Mr. Matthews

El creacionista del día. Ricardo Durán.









Llegué empapado a la casa de mi profesor de inglés esa noche. La lluvia me cogió sorpresivamente a medio camino de mi clase particular de inglés y ya no pude regresar a casa. Llovía demasiado.
Mi profesor es un gringo radicado en la ciudad de México desde hace 15 años. Habla perfectamente español y a parte de las clases particulares en su casa, también da clases de inglés en la Universidad Autónoma de Chapingo. Siempre me dijo que lo llamara por su nombre, pero preferí guardar la distancia y lo llamaba por su apellido, Mr. Matthews.

Mr. Matthews es un tipo alto y delgado. Tendrá unos 56 años y se ve algo acabado. La regla básica de la clase es siempre hablar en inglés.
Me abrió la puerta y me hizo pasar inmediatamente. Me ofreció una toalla y salió apresurado hacía su habitación. Salió con un pantalón deportivo y una sudadera. Mientras me ofrecía las prendas, me pidió que me quitara la ropa para echarla a secar y así poder tomar la clase sin problemas. No lo vi del nada mal y me desvestí delante de él. Vi como me acariciaba con la mirada, pero no le di importancia. Cuando me quité el bóxer me voltee y sus lentes se empañaron un poco al verme con el culo al aire. Me vestí y al terminar de ponerme la sudadera, me ofreció un vaso de whisky para el frío. Algo que le agradecí infinitamente. Se fue al baño y puso mi ropa a secar en su máquina secadora. Regresó a la sala y la tomó botella de whisky y sirvió un vaso para él mientras allá afuera la lluvia seguía fuertemente. Vio mi vaso vacío y sirvió otro poco más de whisky. Como de costumbre encendió el televisor y puso una película totalmente en inglés. Sin subtítulos. La vimos bebiendo whisky y con la luz apagada. No supe si la tela de su ropa deportiva o el whisky me calentaban del frío que hacia. La botella iba un poco más abajo de la mitad y la película estaba por terminar. Sonó el teléfono y puso pausa a la película. Encendió la luz y contestó. No tardó tanto y regresó nuevamente. 

— My wife is not coming back tonight.

— Where is Mrs. Matthews? Le pregunté.

 — Oh, my dear friend, she is at a friend's house, but that neighborhood has suffered a flood and will not come.

No dije nada y seguí bebiendo. La señora Matthews es una hermosa cuarentona. Alta, delgada, con tetas y culo chico, pero con mucha clase. Terminamos de ver la película y me tocaba analizarla completamente en inglés. Se nos fue el tiempo y la botella. Saco otra más y la lluvia no paraba. Para ese momento me había olvidado completamente de mi ropa. Platicamos de cosas en general y la lluvia no cesaba. Finalmente le venció el cansancio. 

—My dear, I have to sleep. You can stay on the sofa and tomorrow you can go early in the morning.


Le agradecí el gesto porque ya me sentía algo borracho y la puta lluvia seguía al mismo ritmo. Regresó con colcha y almohada y la dejó sobre el mismo sofá. Nos despedimos y me abrazo. Su abrazo se sentía necesitado de amor y de sexo, pero no del sexo de su esposa, mas bien de otro sexo. Nos soltamos y se fue.


 Encendí la televisión nuevamente y seguí bebiendo. Habían pasado treinta minutos y me dio hambre. Me levanté y fui directamente a la cocina. Saqué un poco de queso y pan para sándwich y me preparé dos. Mientras comía mi último emparedado fui al baño. Terminé de mear y me guardé el paquete. Saqué mi ropa de la secadora y no encontré mi bóxer. No le di importancia y la doble. Salí del baño con mi ropa y me dirigía a la sala cuando escuché unos gemidos que venían de la puerta del fondo. Me pareció un poco extraño ya que en la casa solamente estábamos él y yo. Así que me acerqué lentamente sin hacer ruido y los gemidos comenzaban a escucharse más fuertes. Llegué a la puerta y la abrí muy despacio y ahí estaba él, masturbándose con mi bóxer en mano. Vi lo caliente que estaba y justo cuando se estaba viniendo. 


Me fui directo a la sala y me cambié de ropa. Me sentía raro estar vestido sin mis boxers. Me dirigí a la puerta y la abrí. Estaba a punto de salir cuando me regresé a la sala y cogí la botella y salí.


 En la calle seguía lloviendo de la misma manera. Caminé por unas cuantas calles hasta encontrar un taxi. Me volví a empapar de la terrible lluvia que seguía toda la noche, así como mis boxers estaban empapados de lluvia blanca de Mr. Matthews. 


¿Cómo se llamaba el profesor?


Robert Matthews.





lunes, 11 de febrero de 2019

Apostándole a lo mismo

El creacionista del día. Ricardo Durán












Sabía que la encontraría todos los martes por la mañana a la misma hora en la bodega de la zapatería. Le tocaba acomodar los zapatos nuevos que llegaban. Yo trabajaba en el turno vespertino, pero cada martes iba con algún pretexto para verla y platicar con ella. Al comienzo le parecía extraño que alguien que entrara en la tarde llegara tan temprano a trabajar. Con las semanas se fue acostumbrando y nos fuimos haciendo amigos. Nunca se dio cuenta que me gustaba y que me ponía caliente. Rosa estaba casada con un tipo que limpiaba las oficinas de un lujoso corporativo al sur de la ciudad. Así que no me preocupe por competir con un bueno para nada como yo. Fui paciente y con los meses, Rosa me contó que su esposo la estaba engañando con una mujer de su trabajo. Estaba destrozada porque ella lo quería mucho. La abrace y le dije que no se preocupara, que hablará con él y si lo quería que lo perdonara. Y así fue. La semana siguiente en la bodega me contó con lujo de detalles aquella noche de reconciliación que tuvieron. No desistí y seguí esperando mi turno. Meses después volví a escuchar su llanto y está vez era algo serio, su esposo había vuelto a salir con la misma mujer. Rosa comenzó a llorar desconsoladamente y la abrace. Le dije algunas palabras de consuelo cuando me calló con un beso. Me empujó hacía un estante vacío y algunos zapatos cayeron sobre mí. Su mano derecha me desabrochó el pantalón para meterla y buscar mi pene. Se separó de mí, se alejó y cerró la bodega por dentro. Rosa era una mujer muy joven, ni buena ni fea, pero con unas grandes tetas que siempre me habían calentado. Me quité el pantalón y ya estaba listo para penetrarla. Rosa se quitó el suyo, se hincó y se puso en cuatro. Llegué y se la metí toda. Rosa agarró un libro de Shakespeare y lo mordió fuertemente mientras se la metía toda a gran ritmo. Terminamos de coger y nos vestimos. Salí de la bodega a fumar un cigarro. Minutos después entré y no volvimos a hablar más esa mañana.



La semana siguiente llegué como de costumbre a la bodega y me encontré con una sorpresa. Rosa ya no estaba en la zapatería. Había renunciado. En su lugar estaba un pinche gordo apestoso y hablaba mucha mierda. Así que esa mañana me fui y regresé a trabajar por la tarde.


Pasaron los meses y no supe más de Rosa. Parecía que se la había tragado la tierra. Salí de viaje con mi novia a la ciudad de Querétaro. Ella tenía familia en esa ciudad. Llegamos a la mañana y fuimos a desayunar a un mercado tradicional de la zona. Terminamos y salimos a dar un paseo por la zona. Llegamos al parque del centro y caminamos un poco. Nos sentamos en una banca vacía. Sorpresivamente me topé con Rosa y su esposo. Ambos nos vimos y a lo lejos sonreímos. Rosa sentada con su esposo en una banca. Se levanta y va hacía la nevería. Al verla me levanté y fui hacia donde ella. Rosa tenía tres paletas de limón en la mano y esperaba a que le dieran su cambio. Al entrar fui directo a ella.


—Rosa, necesitamos hablar.


Rosa me miró y sonrió. Tomo una de las paletas con la otra mano y me la dio.


—Para ti. Tú compra la paleta de tu puta.


Rosa salió de la nevería y cruzo la calle hasta llegar al parque en donde se
encontraba el cabrón de su novio. Él se levantó y ambos se perdieron de mi vida para siempre.



Yo compré una paleta de grosella y se la di a mi novia. No quedamos gran parte de la tarde sentados en el parque, viendo a las palomas.