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jueves, 12 de diciembre de 2013

LA ESPERA DEL AMOR

El creacionista del día. Aleqs Garrigóz







Un adolescente desgarra un vestido de novia
en un recinto iluminado por enérgicos reflectores.
En su cara escurre el sanguíneo sudor del mártir,
su frente se inclina por el peso del más puro dolor.
Y un coro demencial repite y repite
y repite la misma canción:
“Llora, resígnate sumiso a las disposiciones,
como cabeza en el nudo de la horca,
como niño que cae en un pozo de aguas pestilentes sin saber nadar,
como hierba que arranca de raíz un poderoso viento,
quiébrate como un escuálido lápiz;
pero no alargues mas tu mano
a la mesa donde no has de comer.
Entrégate como rama a la ráfaga atroz de la tormenta;
cae de rodillas, que el dueño de la bufanda que has tejido
no vendrá jamás.”


(Es la transmisión del pensamiento
de una baja frecuencia de seres que se alimentan del miedo.)


Un adolescente se estrella contra un vidrio que no cede,
y patalea y eleva su cara implorando
y empieza su actuación estelar:
se arranca los cabellos, se golpea con puños tensos
y grita y grita entablando los diálogos de un guión extraño
donde no hay coherencia, sólo obscenas palabras de amor
gritadas a nadie, hasta desmayarse
y dar su mejilla al beso frío de la baldosa.


- Un adolescente desgarra un vestido de novia.-


Y el recinto
y los reflectores
y el espejo
no son sino la sala de estudios
de un cruel hospital psiquiátrico.




martes, 10 de diciembre de 2013

Cambio de cuerpo


El creacionista del día.  Gerardo González ...  Aikas







Se quedó pensando detenidamente viendo el horizonte a través de la ventana del comedor. Parecía tener la mirada ida, como si no pensara o todo lo contrario, pensara demasiado. Hasta que sonó su teléfono 
celular y tomó la llamada. Número desconocido.

‘¿Señor González?’ preguntó la voz por el teléfono. Se escuchaba bastante apresurada.

‘Si, soy yo’ hizo una pausa, ‘¿Quién habla?’. 

‘Le hablamos del área de emergencias del Hospital Los Serafines’, una pausa como para tomar aire, o valor, ‘su esposa ha sido internada debido a un accidente automovilístico, requerimos de su autorización para proceder con la intervención médica’. Un breve silencio que le pareció infinito. ¿Accidente?, ¿Intervención? 

‘Señor, la intervención es de alto riesgo pero es la única opción de salvarle la vida’.

Tras trastabillar un poco, hizo la pregunta. ‘¿Qué clase de operación se le tiene que hacer?’

‘Tenemos que hacerle un trasplante de cuerpo. Pasaremos su cerebro a otro cuerpo puesto que el daño corporal es irreparable, pero el cerebro aún se encuentra en condiciones’

- ‘¿Pero que diabl…?’ No podía creer lo que estaba escuchando - bajó la mirada para ver su reloj. 11.50pm. La fecha se veía borrosa. ‘Solo tenemos un inconveniente…’ dejo unas palabras al aire la persona al otro lado del auricular. ¿Acaso un cambio de cuerpo no es de por sí ya un inconveniente, qué otro inconveniente podía existir además de un trasplante de cuerpo?

‘¿Cuál es ese inconveniente?’ preguntó dubitativo.

‘Sólo tenemos cuerpos de hombres’ sentenciaron por teléfono al otro lado de la línea.

¿Pero qué diablos?, se dijo así mismo. ¿Accidente?, ¿Trasplante de cuerpo?, ¿Cuerpo de hombre? La cabeza le empezó a zumbar, no sabía que decir. No sabía ni en que pensar. Todo parecía una locura, totalmente salido de alguna mente alocada. La cabeza comenzó a darle vueltas.

Amaba a su esposa, claro que la amaba sino no se hubiera casado con ella, pero la amaba a ella, a ella completa, a ella a final de cuentas, no a un posible él. Pero no la podía dejar morir, no podría hacer tal cosa. Y sino tomaba una decisión pronta y rápida podría dejarla morir sin siquiera haber luchado.


Cerró los ojos para tranquilizarse pero los abrió cuando de pronto escuchó la voz de su esposa. 

‘Entonces amor, ¿Si me aceptarías si me trasplantaran al cuerpo de un hombre?’ le decía su esposa con su dulce voz. La cocina lucía igual, miró su reloj y marcaba la misma hora. Una alucinación había sido en definitiva una alucinación, solía viajarse con aquellas extrañas suposiciones que le encantaban hacer a su esposa. Suspiró aliviado, miró a su mujer y le dio un beso en la frente.

‘Técnicamente estarías muerta, al menos por unos instantes, así que nuestro contrato terminaría’ contestó con una sonrisa en los labios, ‘Hasta que la muerte nos separe, ¿O no, amor?’.









miércoles, 4 de diciembre de 2013

"LITERATURA SIN RESTRICCIONES"





Este mes de Diciembre El Creacionista abre sus puertas a la creación y a vencer el miedo de la pagina en blanco. Se les invita a todos los Creacionistas  a compartir sus formas de pensar e inquietudes por medio de la palabra escrita, lo compartiremos con gusto. Los dejamos en total libre albedrío crear, soñar   en letras y en alma palpitante. Animense !!!!!!  ^_^

A quienes quieran compartirnos su escritura del genero que mas os apetezca mandarlo al correo que ya conocen : elcreacionista_@hotmail.com. Y sus colaboraciones saldrán en nuestra edición de Decembrina.

"Porque es mejor escribir y respirar de largo aliento con libertad, que entre cortar a estornudos de vergüenza lo que uno piensa. Dejar hablar al alma es lo mejor para que respire en continuidad con el latir de cada palabra"

Atte:

El Creacionista .

sábado, 30 de noviembre de 2013

TU ... y El Lienzo

El creacionista del día. Paty Contreras




 Hace ya unos días sospecho que empecé con un raro padecimiento: TU..el cual me tiene postrada en cama, sin un diagnóstico acertado...no encuentro la cura...mi cuerpo se niega a responder a la razón y la prudencia, nadie puede ayudarme...tu puedes?





Existe un deseo dentro de mi, convertirme en una hábil pintora, para definir cada una de tus líneas, cada uno de tus gestos,
recrear en un lienzo el oscuro profundo de tus pupilas,
el esplendor de tu sonrisa,
el perfil de tus caderas...
Plasmar la suavidad de tu piel, el rizo de tu pelo, el último pliegue de tu gesto...
y el pincel con el que recorriera la gallardía de tu pecho fuera el filo de mis labios. 







Agosto 2003

Juguete

El creacionista del día. Ursula Caballero .



¿Sabes que es lo sorprendente de esto? Que siempre creí que los cuentos de hadas no eran reales. Lo son. Al menos la historia de ese títere que anhelaba ser un niño de verdad, es real. Quizá  yo no esté hecho de madera, pero si soy un juguete.

Ya note en tu expresión de apatía  y que consideras que te contare lo trágica que ha sido mi vida. Que te relatare un sinfín de sucesos en los que siempre todo mundo ha sido cruel  conmigo y que iniciaron donde entraste tu a mi vida.

Lamento sonreír con burla y  sí eso te incomoda, pero he venido hasta aquí para decirte, que no tienes la culpa de lo que me ha sucedido, sin embargo, eres responsable de haber negado que te gustaba jugar con niños. ¿Notaste cómo te subió el color al rostro? Fuera de eso, mis pretensiones no van más allá que el de hacerte saber que en un momento llegara tu hijo y te preguntará ¿qué debo hacer? Entonces tú cuéntale mi historia, no le digas como fue que lo supiste ni de quien le estás hablando, solo di “yo tenía un amigo, que al serle todo tan indiferente poco a poco se convirtió en un juguete”.

Sabes que estamos en la medianía de todo, donde muy pocas cosas se toleran. También sabes que  aún conservo el corazón de oro. Pero, perdona si te digo tantas cosas en un solo golpe, tu sabias que te adoraba, aunque te preguntes como un juguete puede tener sentimientos.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

A tres pasos de distancia

El creacionista del día. Gerardo Gonzalez  (Aikas )






Hoy a tres pasos de distancia, me sentía tan lejos de ti. No podía acercarme a tocarte u abrazarte; al caminar parecíamos dos personas distintas que pudieran no tener relación alguna más que la misma calle en el mismo tiempo. 


Tus pasos eran firmes, lejanos y elegantes, los míos tristes, torpes y vacilantes; tu mirada fija en el horizonte, tus oídos envueltos en tu mundo, en tu música, ajenos a los ruidos del mundo mientras que los míos se sentían apabullados por los ruidos de los coches, los camiones, los pasos de las personas y la triste soledad que me abordaba en esos momentos. 



Hoy, a tres pasos de distancia me sentía tan lejos de ti. No podía creer que solo pudiéramos intercambiar miradas y comentarios a la ruta de destino, no podía creer que por fin tantas estupideces mías rindieran aquellos frutos que creí nunca comeríamos. Hoy tan lejos y tan cerca entendí lo que realmente representa fallar, caer, herir, incumplir; tantas cosas que he hice. 



Al recargar tu cabeza en mi hombro sentí una tenue luz de esperanza, podría tratarse de un breve amanecer pero, la verdad era otra. El sentimiento que dejabas trasminar a mi cuerpo no era otro más que el de lástima y tristeza; el sentimiento de encontrarnos tan cerca y a la vez tan lejos, a tres pasos de distancia y a miles de kilómetros de estar juntos. 


Subiste entonces no sin antes despedirte. El tenue rose de tus labios en mis mejillas humedeció mi rostro a punto de desbordar lágrimas algo que posiblemente percibiste, así que terminaste cumpliendo con un beso en los labios. Quede quieto, frío y observante, como una estatua a la cual admiran pero nadie quisiera compartir su destino. 

Hoy a tres pasos de distancia subiste al camión y te marchaste para solo dejarme escuchar una breve estrofa de una canción: 



"...don´t dream it´s over. 

Hey now, hey now 

When the world comes in 

They come, they come 

To build a wall between us 

We know they won't win.








"

Ella y Él

El creacionista del día. María Luisa Deles





Un lunes de quinta lo vio por primera vez. Todavía no eran las nueve y ella ya había perdido el camión y se había tirado el café sobre la falda. No tenía para acabar la quincena, debía dos litros de leche en la tienda de la esquina y le apretaban los zapatos pero estaba estrenando empleo a poco tiempo de navidad. Su suerte no era mala del todo.

Había coincidido con decenas de hombres más guapos, aunque de lejos, porque todo apunta a que Ella no es el tipo de mujer que puede interesarles. Éste en particular era de la clase que más valía dejar pasar de largo. Visto de frente: buena estatura, brazos enérgicos y sonrisa cínica. Visto de espaldas: excelente trasero y un aviso en letra de molde sobre los hombros: “No voy a quererte y lo que es mejor, no va a importarme que me quieras”.


Con estos antecedentes, Ella -lindos ojos, buenas piernas, corazón de condominio- se dejó acosar consciente de que para afanes como aquellos se requerían ineludiblemente dos. Él tuvo la decencia de no hablarle de amor para que no hubiera malos entendidos pero la llamaba a todas horas y se le aparecía en los lugares más incómodos y oscuros para toquetearla. Ella se lo creyó casi todo y le pidió muy poco aunque después se conformó con menos.

No recuerda si fue un martes o un miércoles cuando se encontraron por fin a solas y Ella descubrió que lo más malo de todo era que Él era en verdad muy bueno. Que besaba despacito pero con cadencia y que su cuerpo se veía mucho mejor sin trapos y bajo la luz indirecta. Él se dejó querer como seguramente hacía con todas porque su corazón no era un condominio, sino una ciudad sobrepoblada con un dispensador de fichas para tomar turnos.



A Él lo querían la recepcionista morena de cara preciosa, la vecina de piernas largas y la novia oficial -de todas la más terca-. Tres o cuatro “ex” que no alcanzaron a olvidarse de ciertos detalles esperaban sus llamadas esporádicas y no le hacían el feo a la hora de aceptarle un café -por mencionar alguna actividad-. Ella miraba hacia otro lado y ponía muy buena cara para no hacer el caldo gordo. Él nunca le había ofrecido algo diferente.






Ella se enamoró un jueves entre las seis y las ocho. Tenía la ropa en el suelo y unas copas encima pero no hizo un solo movimiento para abrir la boca con tal de no desperdiciar la tarde. 


“Pídeme que me detenga, que esto no está bien”, cantó Carreira de lo más oportuno y Ella se escondió bajo las sábanas. Él, enfebrecido de pasión como otras veces contribuyó ignorante a esos sueños locos y para aprovechar el tiempo la agarró a los besos.








Brazos enérgicos y buenas piernas siguieron encontrándose con regularidad y entusiasmo. Semanas iban, veranos venían y el paisaje no cambiaba en absoluto. Ella con gusto porque en el fondo estaba acostumbrada a la mala vida y Él -aunque nunca la quiso como Ella quería- divirtiéndose mucho en el intento porque no la había visto llorar.











Ella lo dejó un viernes de quincena. Entonces ya tenía una cuenta en el banco, había llenado el clóset con varios pares de zapatos del mismo color y no debía en la tienda de la esquina de su nueva colonia. Partes de su cuerpo se rehusaban a seguirla pero de todas formas se fue caminando con paso lento hasta llegar lo más lejos que pudo. Él se lamentó por la pérdida y se fue a jugar un partido de tenis para olvidar.
Ella volvió con Él el lunes siguiente.