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lunes, 10 de junio de 2013

DOBLE VÍNCULO

El creacionista del día.  Bernabé De Vinsenci 







Es una cuestión fantasmagórica de carácter posiblemente absurdo la que nos intriga a los lectores, que hasta el momento ninguna ciencia se ha ocupado de proceder con determinadas investigaciones. Por esa razón, no existe concretamente un objeto de estudio al cual abordar. Eso sí, pueden darse disparatadas ideas e hipótesis para finalmente conseguir hablar de algo. Supongo que toda ciencia, incluso la lingüística misma, nació de la especulación. Otra de las hipótesis admisibles podría ser la extenuación de la Edad Media, es decir la verdad absoluta adherida a la Iglesia, y la Inquisición, un complejo que terminaría de prolongarse con el nazismo del siglo XX.



Ocurre que a finales del siglo XIX  F. de Saussure dio cuenta de que la lingüística comparada no iba a hacia ningún lugar. En 1913 dictó un seminario llamado “Curso de lingüística general” que finalizaría con la segunda etapa de la lingüística. Saussure descubre el esqueleto de las lenguas, Émile Benveniste décadas después, retomando al sueco, les jodería la existencia a todos los estudiantes de Letras.




—Hasta la propia sintaxis se ve atemorizada al desenmarañar incógnitas de la literatura— le había comentado Flaubert a Guy de Maupassant, mientas este describía un árbol.  Y es verdad no se equivocaba el francés, las consecuencias de calidad en la escritura son tan escasas, que poco a poco la teoría literaria se esfuma, o se agranda inexactamente. Platón en su obra“La República” demandó a todos los poetas griegos, acusándolos a cada uno de falaces. Es obvio que sentía admiración por el poeta de los poetas, Homero. En cambio Aristóteles en su Poética desarrolló la significancia y la caracterización de la tragedia. Tenemos entendido que la Poética fueron una serie de apuntes destinados a la oralidad y no a la lectura. No de la oralidad contemporánea, chata y pésima, sino de una persuasiva que acariciase los oídos de la audiencia hasta el punto de producir en ellos catársis, (del griego κάθαρσις kátharsis, purificación).




Hoy día, en la vejez de la posmodernidad tenemos Aristotélicos y Platónicos, individuos que aman a la literatura y otros en cambio que no la echan de menos. En principio dijimos que hablar del lector es una cuestión un poco fantasmagórica, pero nada tiene que ver con lo anteriormente mencionado. La cuestión aquí es del lector esquizoide que se enamora de la escritura y no exactamente del escritor. Entre los sintagmas, morfemas, personajes y tramas, él se convence de conocer a su escritor. Sin embargo, lo que experimenta es un deseo que ha hecho nacer en su cabeza.




El lector, en una conferencia de literatura, se acerca al escritor y entre los nudos de la garganta le dice:






-Hola… ¿Qué tal? — Suspira y prosigue— Un gusto...—




Él tiene la certeza de entablar un diálogo majestuoso, y que de inmediato serán compañeros, y se dirigirán al café más próximo, quizás al “Balcarce Café”,  para luego quedarse hasta a la madrugada discutiendo de los escritores del siglo XIX. Está claro que  nada de esto acontece. El escritor observa a su lector con suma sospecha sin saber absolutamente nada de quien le ha estrechado la mano. El lector siente una putada en el pecho, se decepciona al ver que su escritor es frívolo e insociable. Son así — piensa— señores que escriben en plena penumbra muriéndose de hambre para acabar un capítulo— y entretanto le sonríe.





El defraudador del vínculo no es el escritor. Hace ochenta años atrás Hermann Bruzio, vagabundo y escritor alemán, en su libro titulado  “Lectores esquizoides” señaló lo siguiente: “…Algunas lecturas estimulan deseos constructores de mundos quiméricos, haciendo que el lector cree una figura propia del escritor. Pero es más que normal que éste presencie una conferencia y revele que un escritor es como todos solamente que, a diferencia del resto, escribe. Si sus discípulos lectores  son esquizofrénicos, la culpa no puede ser del escritor…”











martes, 4 de junio de 2013

JUNIO: CRUDA MORAL







HOLA CREACIONISTAS, EMPEZANDO EL MES CON ÍMPETU Y CON LA MORAL EMBRIAGADA DE SENSACIONES POSITIVAS Y  NEGATIVAS ^^ . INVITAMOS DE NUEVA A CUENTA COMO TODOS LOS INICIOS DE MES, A ESCRITORES Y ARTISTAS A COMPARTIRNOS SU ESTILO Y ORIGINALIDAD POR MEDIO DE ESTE ESPACIO, QUE ESTA CREADO PARA LA EXPRESIVIDAD EN TODAS SUS FORMAS, EL TEMA DE ESTE MES ES "CRUDA MORAL" PUEDEN ENVIARNOS SUS TEXTOS DEL GENERO QUE MAS OS GUSTE A LA DIRECCIÓN DE SIEMPRE: 

elcreacionista_@hotmail.com

SI SU TEXTO TIENE ALGO QUE VER CON EL TEMA O ESTA LIGADO. TANTO COMO SI NO LO ESTA, LA TEMÁTICA ES ABIERTA. RECIBIREMOS CON AGRADO SUS COLABORACIONES.

MIL GRACIAS.

EL CREACIONISTA ^_^

jueves, 23 de mayo de 2013

ELIZA


El creacionista del día. Nicola Capponi 






Hotel Rembrandt. 2:00 a.m. Habitación 23 

Estas lejos; huyes; mientes; te quedas absorta ante el catalejo de mis esperanzas, y sin embargo me rechazas. Ya no quieres estar cerca, simpleza de caracteres;  te quedas quieta, sacudiéndote la falda azul, después de la maniobra del ciempiés humano que acabamos de cometer;  me miras sobria, energética, pero regresas al estado perfecto de cuando inicie la escalada de la primera caricia. Luego lloraste; no había nada encerrado en mi suspiro, quizá un abrazo pero nada salió a la superficie. Acusaste a mi personalidad de ambigua, de superflua y yo no pude darte la razón, pero tampoco quise hacerle frente a mis imperfecciones; lenta y plausible te sentaste en la cama, en silencio, solo repasabas los caleidoscópicos colores del azulejo del piso con la mirada.

 Di vuelta a la  perilla, entre abrí; deje mis mudaciones afuera, cerrando la puerta, y en el umbral de mis aflicciones que se juntaron en el oleaje de las tuyas, te abrace.

lunes, 13 de mayo de 2013

MEDUZA

El creacionista del día.  Bernabé De Vinsenci




Medusa
Pintura Contemporánea
Descripción: Ácrílico sobre lienzo 90x60
Diciembre 2011
http://www.galerias-arte.com/medusa




No se necesita suficiente destreza para apoyar una taza de café sobre una mesa de pino y olvidarla humeando. De tales instrucciones se sirvió Henry para hacerlo. Con un caramelo de limón cubría su paladar, y entre tanto desplazaba las papilas gustativas para verificar la presencia del deleite.  El café de hoy no era casual, diariamente solía tomar tres o en ocasiones cuatro. Siendo las tres de la tarde se vio coaccionado a preparar uno pese a la visita que lo aguardaba. 
—Entonces usted afirma que desconoce sobre el caso de la señorita Diana. 
— Claro, hombre—aseguró Henry—como es habitual ese viernes me encontraba jugando a las bochas—seguidamente de la interrogación llevó su mano al pocillo, y bebió un trago de café. Fileto clavó la mirada en Henry. Los policías suelen buscar a los sospechoso a través de los ojos volviéndolos paranoicos hasta que ellos al fin se delaten culpables.  

El caso de la jovencita había alarmado a toda la ciudad. En los vecindarios no dejaba de llamar la atención el caso atroz. Más allá del hallazgo macabro,  la policía ahora buscaba encontrar la cabeza de la mujer. El victimario al parecer se llevó —continuó Fileto— Henry no respondió sentía deseos de querer cortarle la lengua con una tijera para que se callase de una vez. Pero no se quedaría viéndolo desangrar;  luego, la condimentaría para comérsela. 
—¿Qué le pasa?
—Nada—respondió Henry—solamente me quedé pensando el caso.
—Si usted sabe algo infórmenos.
—Por supuesto los mantendré al tanto. 
El policía se paro dirigiéndose hacia la puerta, y Henry lo siguió por detrás. —Disculpe las molestias— No, por favor. No es ninguna molestia—Dijo Henry jubilosamente y cerró la puerta.



Para los hombres que saben asesinar no significa un misterio que a una mujer la encuentren decapitada y sin cabeza. Esa labor es para hombres prodigiosos, casi médicos. Hombres que realizan  cortaduras con sumo cuidado sin dejar rastros. ¿De qué vale mi trabajo—pensaba Henry—matar a alguien; dejar a una familia entera de luto y compromiso a policías e investigadores? Es verdad soy un hombre sin moral o ética como quieran nombrarlo, pero al menos la cabeza de esta muchacha me es útil. Ya la he colgado a un costado del atril, y mañana la pintaré sobre el lienzo. Es una medusa perfecta.                                                                                                                                                                            

Pasaron varias décadas y Henry no volvería a prender más un cigarro después de que le detectaron  cáncer de pulmón. Al morir la casa fue hipotecada, y en uno de los cuartos, entre libros, y pinturas la medusa  fue hallada.  Henry  vivió libre, la única cadena perpetua fue su cáncer.

lunes, 6 de mayo de 2013

MAYO CON JÚBILO FEMENINO








Iniciamos Mayo en ojos de mujer, así que invitamos a escritoras y también a los escritoras a que nos cuenten  historias desde la perspectiva femenina. Estaremos encantados de darles publicación en este espacio que ustedes han hecho gracias a sus colaboraciones y al animo que imprimen al compartirnoslas y darlas a conocer.

Esperamos sus creaciones al correo de siempre : elcreacionista_@hotmail.com.




Atte. El Creacionista ^_^ 


A crear en los labios rojos de  la literatura,  es una mujer difícil de resistir;  amarla u odiarla depende en medida de la escritura.

A. C. G.

lunes, 8 de abril de 2013

La nieve de Andrzej



El creacionista del día. Itzul L. Vergara


Invierno, Varsovia, 2013






Para Mariela Ruiz Márquez 



La noche se tira a recoger su recuerdo. La noche va caminando sobre todas las cosas, se las va tragando. Andrzej toma sin ganas sus memorias, una a una las va hilando, hasta quedarse dormido.
Despertó antes de que la nieve nocturna hiciera crujir las ventanas y, desde la ventana se miraban las sombras de las personas como las personas mismas, hechas escarabajos, bien cubiertos, luchando contra el viento, la nieve y la noche. La nieve te cierra los ojos― pensó―mientras contemplaba afuera, sin mirar realmente, sólo para irse más adentro de sus recuerdos. 



La voz de su madre con el sonido de la regadera, sonaba clara, se acompasaban en el cuarto de junto, como si su madre se estuviera bañando allí, junto a él. Vivían en un piso pequeño, de tiempos del comunismo. Afuera andaban las personas con los rostros entablados, como perdiendo las ganas de seguir andando, como viviendo sólo porque así se debe hacer.



La noche no le gustaba a Andrzej. Extrañaba el verano, que le hacía mirar desde la ventana a la demás gente, con menos prisa, a las flores, el olor de la vida gestándose, y no en proceso de conserva. Las gotas de la regadera le recordaban a la voz de su nana cuando lo bañaba, cuando lo levantaba de la silla de ruedas e iba limpiando cada uno de sus brazos. Andrzej detestaba recordarlo. Se sentía como atrapado, y le escupía en los sueños a su niñera.



Afuera el viento parecía ir contando algo a todos, como sollozando; la gente como rocas continuaba circulando. La madre de Andrzej había rentado una casa con un gran ventanal, para que su hijo pudiera tener un poco más del mundo. Andrzej no debe salir de casa, decía el doctor, y Andrzej sólo escuchaba y con un mohín dejaba claro cuánto detestaba al doctor.



La nieve, completamente blanca y pura, era la única que parecía conservar las esperanzas entre todos estos vehículos. Ya vendrá mi padre― sollozó otra vez ―mientras alcanzaba a deslizar su dedo por la ventana, destruyendo esa estela de cristal humeado por el frío.



Papá va volver― decía― y un deber inuscitado le recorria , esperaba su llegada sin hacer otra cosa que mirar por la ventana, entre tanto la nieve caia y sus esperanzas parecian congelarse poco a poco. A veces le daban ganas de abrir las ventanas y escuchar el silencio, el blanco silencio de las esperanzas― pensaba― pero ya se había enfermado hace poco de gripa y su madre le había prohibido abrir el portillo.



Las gotas de lluvia rebotaban contra el cristal; la ducha de su madre le pareció eterna. Imaginó a su padre, con su espalda ancha, le había dicho que volvería, para emprender un viaje a la playa. Él sabía que iba volver. La madre ya se había cansado de escucharlo repetir: Volverá, papá tiene que volver. Se enojaba con su madre, y no le hablaba por semanas, abría la ventana para escuchar el silencio blanco y las esperanzas crujir contra los vehículos, al deshacerse en el siguiente amanecer más caluroso.



Desde su ventana miraba pasar el tranvía, en llamativos y acelerados amarillos y rojos. Los sentía elegantes, divisaba a todas las personas con gorros grandes y guantes, con esperanzas de llegar a algún lado. Ser conductor de un tranvía era un trabajo difícil. A él le encantaba mirarlos pasar, conocía cada uno de los tranvías que circulaban frente a su casa, cuándo él fuera grande quería ser conductor de tranvía; se lo había dicho a la nana, después de muchos silencios, y dudas, y ella le había sonreído con lástima. Andrzej había llorado de rabia en su cuarto. En el silencio de la noche, mientras miraba a las personas esperando que alguna de ellas fuera su padre.



Una mañana tibia, cuando el sol parecía querer aparecer detrás de aquél edificio nuevo, miró a un hombre con la espalda ancha y el cabello oscuro, pensó que era su padre. Abrió la ventana y gritó fuerte, esperando que volteara, que le escuchara― Ven te estoy esperando―pero cuando se dio vuelta, miró que no era aquél que tanto estaba esperando. Tenía cada vez más tos.



Una tarde escuchó a su madre discutir con su mejor amiga― Bueno Andrzej debería ir al colegio ―decía su amiga ― Mi tesoro es tan débil, no debe salir de casa, los demás chicos lo molestarían mucho ― respondía su madre, y a él le hacía rabiar escuchar que le llamaran tesoro, lo sentía ajeno, superficial. Las palabras se filtraban detrás de la puerta, dejando sólo los ecos, rebotando contra él.



Andrzej, prefería mirar a la ventana, y esperar a que su padre llegara y pudiera ir por fin a las olas. A veces cerraba los ojos y sentía el mar sobre su cuerpo, sentía sus piernas; se había soñado varias veces corriendo en el mar con su padre, se había soñado fuerte, independiente, como un ave.
Esa noche estaba llena de nieve. Cerró su cuarto con llave y abrió la ventana para que entrara la esperanza, y en su silla de ruedas se sentó a esperar a su padre. Poco a poco sintió que la nieve le cubría como una cobija de esperanza, como el calor de su padre. 



La nieve caía igual que la ducha de la regadera, aunque con menos fuerza, la cual ceso cuando la madre de Andrzej terminó de bañarse; consecuentemente la noche paso larga y áspera.
El sol permanecía cubierto por la nieve que no paraba de caer; la mama de Andrzej tocó la puerta del cuarto, y nadie contesto. La nieve no paraba de caer. Esperó mientras hacía el desayuno, y después del medio día volvió a tocarle. Andrzej no abría la puerta y la nieve no paraba de caer. 






  Llamó por teléfono a su vecino, la mamá se alarmó. Andrzej había escondido hace mucho tiempo la llave de su cuarto. Entre el vecino y ella lograron tirar la puerta. Andrzej aún estaba vivo, completamente blanco, cubierto de nieve, con una sonrisa colgándole de la cara. Dile a papá que no vuelva, que lo veré después, que ya me he ido― dijo― mientras la nieve lo arropaba. Y Andrzej feliz, dejó de respirar.


martes, 26 de marzo de 2013

A escondidas

El creacionista del día.  Agatha Cervantes.





Intentos en la espesura,
coplas, susurros , insondables cosas.

Tus  labios a oscuras,
advienen memorias húmedas,
a lento titubeo
les doy encuentro,
quedas inerme,
como el animal fingiendo muerte,
por mas que parpadees,
no veo mas que el vado de tus besos,
y únicamente esbozo con la imaginación
figuras que nadan en la pecera de tus ojos,
 profundidades que se extinguen entre estremecimientos
y meditabundo concluyo, que no es tu boca,
ni la comisura,
es la templanza que se cubre con el calor y la escarcha
que en tu cuello se derrama.