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lunes, 13 de mayo de 2013

MEDUZA

El creacionista del día.  Bernabé De Vinsenci




Medusa
Pintura Contemporánea
Descripción: Ácrílico sobre lienzo 90x60
Diciembre 2011
http://www.galerias-arte.com/medusa




No se necesita suficiente destreza para apoyar una taza de café sobre una mesa de pino y olvidarla humeando. De tales instrucciones se sirvió Henry para hacerlo. Con un caramelo de limón cubría su paladar, y entre tanto desplazaba las papilas gustativas para verificar la presencia del deleite.  El café de hoy no era casual, diariamente solía tomar tres o en ocasiones cuatro. Siendo las tres de la tarde se vio coaccionado a preparar uno pese a la visita que lo aguardaba. 
Entonces usted afirma que desconoce sobre el caso de la señorita Diana. 
 Claro, hombreaseguró Henry—como es habitual ese viernes me encontraba jugando a las bochasseguidamente de la interrogación llevó su mano al pocillo, y bebió un trago de café. Fileto clavó la mirada en Henry. Los policías suelen buscar a los sospechoso a través de los ojos volviéndolos paranoicos hasta que ellos al fin se delaten culpables.  

El caso de la jovencita había alarmado a toda la ciudad. En los vecindarios no dejaba de llamar la atención el caso atroz. Más allá del hallazgo macabro,  la policía ahora buscaba encontrar la cabeza de la mujer. El victimario al parecer se llevó continuó Fileto Henry no respondió sentía deseos de querer cortarle la lengua con una tijera para que se callase de una vez. Pero no se quedaría viéndolo desangrar;  luego, la condimentaría para comérsela. 
¿Qué le pasa?
Nadarespondió Henry—solamente me quedé pensando el caso.
Si usted sabe algo infórmenos.
Por supuesto los mantendré al tanto. 
El policía se paro dirigiéndose hacia la puerta, y Henry lo siguió por detrás. —Disculpe las molestias No, por favor. No es ninguna molestiaDijo Henry jubilosamente y cerró la puerta.



Para los hombres que saben asesinar no significa un misterio que a una mujer la encuentren decapitada y sin cabeza. Esa labor es para hombres prodigiosos, casi médicos. Hombres que realizan  cortaduras con sumo cuidado sin dejar rastros. ¿De qué vale mi trabajo—pensaba Henrymatar a alguien; dejar a una familia entera de luto y compromiso a policías e investigadores? Es verdad soy un hombre sin moral o ética como quieran nombrarlo, pero al menos la cabeza de esta muchacha me es útil. Ya la he colgado a un costado del atril, y mañana la pintaré sobre el lienzo. Es una medusa perfecta.                                                                                                                                                                            

Pasaron varias décadas y Henry no volvería a prender más un cigarro después de que le detectaron  cáncer de pulmón. Al morir la casa fue hipotecada, y en uno de los cuartos, entre libros, y pinturas la medusa  fue hallada.  Henry  vivió libre, la única cadena perpetua fue su cáncer.

lunes, 6 de mayo de 2013

MAYO CON JÚBILO FEMENINO








Iniciamos Mayo en ojos de mujer, así que invitamos a escritoras y también a los escritoras a que nos cuenten  historias desde la perspectiva femenina. Estaremos encantados de darles publicación en este espacio que ustedes han hecho gracias a sus colaboraciones y al animo que imprimen al compartirnoslas y darlas a conocer.

Esperamos sus creaciones al correo de siempre : elcreacionista_@hotmail.com.




Atte. El Creacionista ^_^ 


A crear en los labios rojos de  la literatura,  es una mujer difícil de resistir;  amarla u odiarla depende en medida de la escritura.

A. C. G.

lunes, 8 de abril de 2013

La nieve de Andrzej



El creacionista del día. Itzul L. Vergara


Invierno, Varsovia, 2013






Para Mariela Ruiz Márquez 



La noche se tira a recoger su recuerdo. La noche va caminando sobre todas las cosas, se las va tragando. Andrzej toma sin ganas sus memorias, una a una las va hilando, hasta quedarse dormido.
Despertó antes de que la nieve nocturna hiciera crujir las ventanas y, desde la ventana se miraban las sombras de las personas como las personas mismas, hechas escarabajos, bien cubiertos, luchando contra el viento, la nieve y la noche. La nieve te cierra los ojos― pensó―mientras contemplaba afuera, sin mirar realmente, sólo para irse más adentro de sus recuerdos. 



La voz de su madre con el sonido de la regadera, sonaba clara, se acompasaban en el cuarto de junto, como si su madre se estuviera bañando allí, junto a él. Vivían en un piso pequeño, de tiempos del comunismo. Afuera andaban las personas con los rostros entablados, como perdiendo las ganas de seguir andando, como viviendo sólo porque así se debe hacer.



La noche no le gustaba a Andrzej. Extrañaba el verano, que le hacía mirar desde la ventana a la demás gente, con menos prisa, a las flores, el olor de la vida gestándose, y no en proceso de conserva. Las gotas de la regadera le recordaban a la voz de su nana cuando lo bañaba, cuando lo levantaba de la silla de ruedas e iba limpiando cada uno de sus brazos. Andrzej detestaba recordarlo. Se sentía como atrapado, y le escupía en los sueños a su niñera.



Afuera el viento parecía ir contando algo a todos, como sollozando; la gente como rocas continuaba circulando. La madre de Andrzej había rentado una casa con un gran ventanal, para que su hijo pudiera tener un poco más del mundo. Andrzej no debe salir de casa, decía el doctor, y Andrzej sólo escuchaba y con un mohín dejaba claro cuánto detestaba al doctor.



La nieve, completamente blanca y pura, era la única que parecía conservar las esperanzas entre todos estos vehículos. Ya vendrá mi padre― sollozó otra vez ―mientras alcanzaba a deslizar su dedo por la ventana, destruyendo esa estela de cristal humeado por el frío.



Papá va volver― decía― y un deber inuscitado le recorria , esperaba su llegada sin hacer otra cosa que mirar por la ventana, entre tanto la nieve caia y sus esperanzas parecian congelarse poco a poco. A veces le daban ganas de abrir las ventanas y escuchar el silencio, el blanco silencio de las esperanzas― pensaba― pero ya se había enfermado hace poco de gripa y su madre le había prohibido abrir el portillo.



Las gotas de lluvia rebotaban contra el cristal; la ducha de su madre le pareció eterna. Imaginó a su padre, con su espalda ancha, le había dicho que volvería, para emprender un viaje a la playa. Él sabía que iba volver. La madre ya se había cansado de escucharlo repetir: Volverá, papá tiene que volver. Se enojaba con su madre, y no le hablaba por semanas, abría la ventana para escuchar el silencio blanco y las esperanzas crujir contra los vehículos, al deshacerse en el siguiente amanecer más caluroso.



Desde su ventana miraba pasar el tranvía, en llamativos y acelerados amarillos y rojos. Los sentía elegantes, divisaba a todas las personas con gorros grandes y guantes, con esperanzas de llegar a algún lado. Ser conductor de un tranvía era un trabajo difícil. A él le encantaba mirarlos pasar, conocía cada uno de los tranvías que circulaban frente a su casa, cuándo él fuera grande quería ser conductor de tranvía; se lo había dicho a la nana, después de muchos silencios, y dudas, y ella le había sonreído con lástima. Andrzej había llorado de rabia en su cuarto. En el silencio de la noche, mientras miraba a las personas esperando que alguna de ellas fuera su padre.



Una mañana tibia, cuando el sol parecía querer aparecer detrás de aquél edificio nuevo, miró a un hombre con la espalda ancha y el cabello oscuro, pensó que era su padre. Abrió la ventana y gritó fuerte, esperando que volteara, que le escuchara― Ven te estoy esperando―pero cuando se dio vuelta, miró que no era aquél que tanto estaba esperando. Tenía cada vez más tos.



Una tarde escuchó a su madre discutir con su mejor amiga― Bueno Andrzej debería ir al colegio ―decía su amiga ― Mi tesoro es tan débil, no debe salir de casa, los demás chicos lo molestarían mucho ― respondía su madre, y a él le hacía rabiar escuchar que le llamaran tesoro, lo sentía ajeno, superficial. Las palabras se filtraban detrás de la puerta, dejando sólo los ecos, rebotando contra él.



Andrzej, prefería mirar a la ventana, y esperar a que su padre llegara y pudiera ir por fin a las olas. A veces cerraba los ojos y sentía el mar sobre su cuerpo, sentía sus piernas; se había soñado varias veces corriendo en el mar con su padre, se había soñado fuerte, independiente, como un ave.
Esa noche estaba llena de nieve. Cerró su cuarto con llave y abrió la ventana para que entrara la esperanza, y en su silla de ruedas se sentó a esperar a su padre. Poco a poco sintió que la nieve le cubría como una cobija de esperanza, como el calor de su padre. 



La nieve caía igual que la ducha de la regadera, aunque con menos fuerza, la cual ceso cuando la madre de Andrzej terminó de bañarse; consecuentemente la noche paso larga y áspera.
El sol permanecía cubierto por la nieve que no paraba de caer; la mama de Andrzej tocó la puerta del cuarto, y nadie contesto. La nieve no paraba de caer. Esperó mientras hacía el desayuno, y después del medio día volvió a tocarle. Andrzej no abría la puerta y la nieve no paraba de caer. 






  Llamó por teléfono a su vecino, la mamá se alarmó. Andrzej había escondido hace mucho tiempo la llave de su cuarto. Entre el vecino y ella lograron tirar la puerta. Andrzej aún estaba vivo, completamente blanco, cubierto de nieve, con una sonrisa colgándole de la cara. Dile a papá que no vuelva, que lo veré después, que ya me he ido― dijo― mientras la nieve lo arropaba. Y Andrzej feliz, dejó de respirar.


martes, 26 de marzo de 2013

A escondidas

El creacionista del día.  Agatha Cervantes.





Intentos en la espesura,
coplas, susurros , insondables cosas.

Tus  labios a oscuras,
advienen memorias húmedas,
a lento titubeo
les doy encuentro,
quedas inerme,
como el animal fingiendo muerte,
por mas que parpadees,
no veo mas que el vado de tus besos,
y únicamente esbozo con la imaginación
figuras que nadan en la pecera de tus ojos,
 profundidades que se extinguen entre estremecimientos
y meditabundo concluyo, que no es tu boca,
ni la comisura,
es la templanza que se cubre con el calor y la escarcha
que en tu cuello se derrama.

martes, 19 de marzo de 2013

EL SAMURAI EN LA SOMBRA


El creacionista del día. Nicholas Gutierrez Pulido








Un leve murmullo vencía al torrente de brisa. Zumbido de mosquito. Sobre hojarasca, la hoja seca dio vueltas. Y era más grande el nido de calandria. Sus pensamientos iban lentamente regresando a la cabeza. Se percató con dificultad de dónde estaba y quién era. Ignoraba el tiempo transcurrido y de momento no podía ubicar ni el día de la semana o la hora. Aquella meditación se había prolongado demasiado. Abelardo tardó mucho en salir del cobijo de la sombra del sauce llorón. Su equino no se había movido y pastaba tranquilo, como si tan solo hubiera pasado un minuto. Recordó entonces que cuando la mente estaba en blanco, cien años podían caber en un instante.

Se acercó a la tranca para desenfundar su revolver Colt Peacemaker, colocando el índice entre disparador y guarda monte. Empezó a hacer que el arma girara. Después la descolgó por los demás dedos en sucesión.Repitió la operación hasta sentirlos otra vez ágiles. Luego movió los pies hacia adelante y atrás para desplazarse a lo largo de la tranca, mientras hacía la acción de subir y bajar el arma con ambas manos. Entonces colocó la izquierda a su espalda y con el mismo ritmo de pasos, hizo girar la pistola con la derecha. No terminó hasta sentirse satisfecho. Montó el caballo para dirigirse a Montecinos.

El caporal escribía y tachonaba números en una libreta a la sombra del zaguán. Cuando Abelardo le saludó, el hombre contestó sin quitar los ojos del papel.
¿Cómo te llamas? – preguntó.
–Abelardo Rodríguez pa servirle señor. Vengo porque en Cempoaca  me dijeron que Don Gerardo Támez  quería gente.
–¿De dónde eres?
–De Tlahuapa. – Al oír eso, aquel rostro se fue volviendo con lentitud al interlocutor. Abelardo trató de adivinar las sombrasque sus ojos reflejaban. Quiso pensar que, en su mente, pasaban las imágenes de un casco de haciendo en llamas; de graneros y tapias con incrustación de balas y quizás; de un hombre, en vida noble y respetado, colgado de un árbolfrente a las cenizas de su feudo. El caporal adoptó una expresión de conmiseración y sorpresa.

Es cierto, necesitamos hombres. Desde que empezó esta guerra. Se han estado iendo.
   Entonces Abelardo escuchó rumor de caballos. En el potrero, frente a la tapia perimetral, tres jinetes arriaban un novillo.  El más diestro era un hombre que vestía chaleco y pantalón de jerga roja y negra. Tenía un sarape colocado bajo la montura al estilo antiguo.  Los vaqueros intentaban la terna, siendo aquel hombre el que logró la parte más difícil: sujetar las patas traseras. En cuanto terminaron de atar el novillo, se dirigieron al portón de la hacienda, alertados ya de su presencia.

El hombre diestro, sin bajar del caballo, se dirigió a él. Abelardo pudo apreciar su rostro de mejillas hundidas, la barba incipiente,  el abultado bigote y la ausencia del ojo izquierdo.  Era tuerto.
Forastero ¿Quieres trabajar en Montecinos? Pos aquí solo entran hombres de verdad.
–¿Tienes vieja? – preguntó el caporal. Abelardo solo negó con la cabeza.
–El charro sin su mujer, muy poquito ha de valer – dijo el hombre diestro. Los demás rieron en tono de burla.
Abelardo respondió – En el paisaje de primavera, no hay mejor ni peor. Las ramas que florezcan crecen naturales,algunas mucho, algunas poco.
El caporal, con una sonrisa maliciosa, se dirigió al diestro. –¡Qué bonita piedra pa darse un tropezón!
Más Abelardo agregó – No busques la verdad, sólo deja que te abriguen opiniones.
El tuerto apoyó su brazo en el cabezal, a fin de examinarlo con detenimiento.
–Haber si eres bueno. ¡Anda! ¡Lázate esa!–  Y señaló un novillo que pastaba a media legua. Uno de sus hombres, desde su caballo,arrojó  una reata a sus pies. La miró por unos momentos sin responder. Caminó a su caballo y partió de la hacienda.
Tomó el camino a San Manuel. Al llegar al rio Suchiate decidió detenerse. Se quitó la ropa y se paró bajo la cascada, cerrando los ojos durante varias horas.

Al pasar por el pueblo, decidió detenerse en un estanquillo. Vio que los arrieros llegaban con morunas, por temor,  decidió llevar la suya. Buscó mesa y pidió un pulque. Antes de que la moza le llevara el tarro, se percató de que, al fondo, había un grupo de doce gentes departiendo con pulque y tequila. Algunos llevaban el uniforme del ejército federal, posiblemente desertores. Rodeaban a un hombre de lentes y barba de chivo, también de uniforme, que parecía ser el líder. Cuando el tarro estaba ya en su mesa, un hombre de calzón de manta y camisa de lana, entró al lugar. Al pasar junto a Abelardo, lo saludó muy respetuosamente con el sombrero. Luego él se concentró en su bebida.

Habían pasado unos minutos cuando oyó gritos e improperios venir del rincón. Reconoció al tuerto de la hacienda, que en esta ocasión, con ayuda de un cómplice, amenazaba al hombre que lo había saludado. Le exigían dinero. Abelardo advirtió que la víctima sólo acertaba  a decir frases sueltas en náhuatl. No sabía castellano. Se levantó de la mesa.
–¡Déjenlo!
–No te metas. No es tu asunto.
–¡Claro que me importa! ¡Cobardes! ¡Son dos contra uno! Además no lleva arma.
El tuerto se dirigió a él con la moruna al cinto. Se quedó mirándolo fijamente.
–¡Te largas de aquí o hago que te arrepientas de haber nacido! – Gritó en la cara de Abelardo, pero éste percibió sus intenciones. Con la mano en la que sostenía la moruna todavía enfundada, hizo presión con el pulgar sobre el mango. Entonces las mozas del estanquillo gritaron. Manchas de sangre se proyectaron en la empalizada. Un cuerpo caía con una línea roja trazada en el abdomen. El vencedor, sin limpiar la cuchilla, volvía a introducirla en su funda.  El compañero hizo la acción de desenfundar el revólver,no obstante cayó muerto con la mano aún en el carcaj. Uno de los hombres de la mesa grande se levantó, sacó su arma para disparar al vacío y caer también mal herido. Los demás se quedaron de pie, con las manos separadas del cuerpo y sin saber qué hacer. Les sorprendía, no sólo su manera de tomar la pistola, con las dos manos, sino también sus movimientos de gacela. Imperceptibles.
Abelardo, caminóal líder sin dejar de apuntar.
–¿Usted quién es?
–Soy Venustiano Carranza. Comandante de la División del Noreste.
–Ese canalla era suyo. ¿Verdad?
–Su nombre era Elpidio Velásquez. Y era un espía a mis ó mis spía que trabajaba para mírdenes.
–¿No le suena a usted el nombre de Lorenzo Garza? Era el hombre más noble que he conocido. Era como mi padre. Pero está muerto. Y los suyos. También están muertos. Una partida de sus tropasles cortó la vida.
–Por lo que mis hombres hayan hecho, lo siento. Lo siento mucho. Sólo le puedo pedir disculpas. – Entonces Abelardo dejó el arma sobre la mesa, frente al comandante.
–A usted lo han deshonrado sus hombres. Si usted es hombre honorable de a verdad, tome el arma y dese un tiro. Asuma lo que su gente hizo. Hace ya mucho tiempo, un hombre sabio dijo: que aunque uno no valiese nada y fuera torpe, sólo sería digno de confianza con la pura determinación de tener la mente centrada en su patrón.

Abelardo dejó la estancia sin que nadie se lo impidiera. Montó el caballo para proseguir su camino.

jueves, 7 de marzo de 2013

AUTOLACERACIÓN

El creacionista del día. ALEQS GARRIGÓZ



El adolescente en disforia entra a su habitación.
Lava hirviendo es el interior de su cabeza.
Quisiera no pensar, no ser, no sentir.
Sufre, sufre el caos del mundo, el dolor vital.
Su inocencia es, hoy por hoy, 
una flor de pétalos marchitos, pisoteados.


(Abandono o rechazo: 
alternativamente perdido y perdedor:

no poder más de lo que se puede)

Toma la navaja guardada en su bota,
-su amistad sin traición ni competencia-
la aprieta en su mano como a un crucifijo
y corta su pierna. No duele…
¡Cómo fluye sensualmente el ansia contenida!
¡Cómo se desliza la sangre sobando sus piernas
y escurre calentándolo, ofreciéndole su benigno olor!

Su placer se adivina en su lúcida sonrisa,
en su aspecto tremendamente relajado.

Finalmente abre de par en par las ventanas y ve 
lo que antes no veía: las palomas acurrucándose en un recoveco,

el atardecer más hermoso que un sueño de amor
donde viajan gaviotas haciendo formas juguetonas,
ese cielo rosado y sublime como el suicidio.
Y las nubes, las nubes, las nubes:
las nubes que se embrazan fraternalmente.

Acaso horroroso. Pero válido.


Cada uno es dueño de su cuerpo y lo administra

como le place.




jueves, 28 de febrero de 2013

MARZO DE TINTAS FLAMAS




Este mes de Marzo nos tomamos en serio eso de febrero loco y marzo otro poco, ya que esas gotitas de locura son las que mas cuentan al termino de la ultima copa, les invitamos a los creacionistas vaciar el desvarío de su inspiración sin limites, ya saben la temática,  quienes deseen compartir su talento y estilo pueden enviar al correo de siempre : elcreacionista_@hotmail.com, cualquier creación en el genero que mas se adapte a su gusto y expresar en este espacio hecho por ustedes y para ustedes  todo lo que haya en su loca cabecita. 


¡Esperamos con la pagina abierta toda su pragmática demencia !

^_^ 

El Creacionista.