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jueves, 29 de marzo de 2012

EL SOL Y LOS PÁJAROS

El creacionista del día. Bernabé Alberto De Vinsenci







Había amanecido tan temprano que los pájaros fueron sorprendidos sobre las ramas disueltas en figuras orgánicas. Ciertas melodías programadas previamente en el alba se habían ahuyentado y la aurora encandilaba vehementemente sus ojos de otoño. El sol parecía un cíclope admirable con un potencial radiante  omnipotente. La luna del otro lado aun amenazaba con volver y adormecer los pájaros que habían sido molestamente despiertos. 


La cueva estaba invadida por multitudes de picos cerrados y hojas crudas de verde. El sol proseguía cada vez ascendiendo con más rapidez. De a poco las zonas frías entraron  en contacto con los rayos y las escarchas en las aguas se diluyeron como el humo de un cigarrillo deprendido por las narices. El sol autónomo actuaba sin retrasos abandonando la otra parte del hemisferio ahora  ocupado por la luna.


Fue entonces, cuando el astro se poso en el lugar adecuado y correspondiente de siempre. Sin detallar a las palomas recónditas.

 En su llegada no las había observado por la entrante visión de la faz que lo estimulaba. Mientras amenazaba cautelosamente a todos los individuos con su manta diurna detalló un ángulo llamativo, de lo contrario no lo hubiese hecho, el prestar su atención en él. Perplejo virgen de este estado le pidió a la luna cambiar nuevamente sus puestos. Ese bulto indescriptible lo había azorado hasta las partes más desconocidas de él. Por lo pronto aquella abstracción eran los mismos ojos de los pájaros que se reflejaban con su propia  luz. Esa había sido la primera vez que el sol había querido cometer un avivamiento y no pudo, porque los astros también respetan a la naturaleza.   

sábado, 24 de marzo de 2012

Gran reserva

El creacionista del día. Mirjam Laminak







Hubo un tipo al que yo quise 

era vino y era incienso, 

era agua, poesía y pensamiento, 



por si fuera lo primero 

bebí un sorbo pequeño 

pero me inundó la boca 

y poco a poco el cesó… 



Ya no pude yo quitarme 

ese sabor tan sutil 

tan amargo y tan espeso 

como la uva en su lecho; 

de la cava celestial, 

¡gran reserva de deseo! 



En exceso lo bebí 

me embriagué con tal locura 

sin disfrute y en despojo 

sin sentido concluí: 

A ese vino no probé 

pues su dulzura me agobia 

pero no lo saboree 

como aquel beso a su boca"  



Ahora no recuerdo ya 

el sabor de esa cosecha 

sólo sé que era buen vino 

de esos que se tardan años 

amalgamando el sabor 

y madurando su color. 



Tanto me embriagué con él 

tantas cosas no pasamos 

y en sus influjos luché 

contra la pena y la gloria 

que hacia un nuevo amanecer 

me dolía hasta la piel 

de tanto sorber la copa… 




…acabé con ese alcohol 

pero guardo la botella 

y el tapón para encerrar 

el espíritu del vino 

que debiera recordar 

las palabras que dijimos 

y aquel día en que brindamos, 

brindamos por nuestro olvido…

viernes, 16 de marzo de 2012

FELICIDAD

El creacionista del día. Marcela Patricia Vélez Díaz

¿Existe la felicidad?, preguntó Margarita a su amiga Rosa al salir de clases, mientras caminaban con sus pantalones vaqueros y su mochila al hombro. Les habían dejado escribir sobre este tema que parecía tan difícil de alcanzar. 

Rosa guardó silencio y Margarita insistió en que era una utopía. Le señaló los mendigos con su mano extendida, los rostros de tristeza o seriedad de los que pasaban a su lado, de la prisa que tantos llevan como muñecos veloces que vagan por las calles sin sentido, le habló del miedo a los asaltos, de los accidentes, las enfermedades, le mostró la gente que busca llamar la atención con su vestuario y apariencia como si fuera un carnaval de máscaras, comentó sobre las tiendas llenas de objetos que pocos pueden comprar, y de esa tarde tan gris que amenazaba tormenta.

Su amiga escuchaba sin responder y Margarita seguía quejándose de sus propios problemas, del calor, de sus carencias en casa, hasta que en un alto, volteó a ver a su amiga y le preguntó por qué no opinaba nada.

Rosa se limpió sus labios y con una gran sonrisa respondió: Tenía la boca llena de mi delicioso helado, para mí, esta es la felicidad: te besa, se puede lamer, te regala sabores y aromas, y te quita la sed. Por eso que me perdonen los tristes, los pobres y los amargados, pero en este momento quería disfrutarla plenamente antes de que se deshiciera en mi paladar y la perdiera a la vuelta de la esquina

sábado, 10 de marzo de 2012

SOMOS MIRADA Y EL ESPEJO EL RESULTADO

El creacionista del día. Bernabé Alberto De Vinsenci




Ayer el paisaje estaba infatigable de oquedad, aun, mariposas oscuras ornamentaban la facción del día. La faz del cielo repudiaba al sol y las palomas olvidadas turbias, se refugiaban en las grietas inhóspitas saturadas de olvido, hambrientas de libertad. Algunos individuos se amenazaban asimismo bebiendo agua impura, mientras las plantas echaban raíces y se aferraban a la agria tierra. Los oídos gritaban y las voces callaban. Los pavimentos eran la incertidumbre, la desesperanza, el ensueño de la naturaleza. Una dimensión limitada. Las nubes parecían hablar, emitir un mensaje, salvar a la especie del ensueño, que ella misma había inventado y proliferaba cada instante más.


Las voces, el miedo, sucumbían en el fortalecimiento del alma de este ensueño, generando la alabanza de un dios intangible de vasto poder. Este mismo se había hecho tan inmenso que dominaba a la humanidad, sin que ella tuviera control alguno de su propia invención. ¿Qué es una consciencia esclarecida negada al rejunte del poderío humano? Alguien que percibe las formas distorsionadas, consumidas por un penetrante dolor, busca emergerse en una liberación utópica y encuentra a está en el suicidio.


Ese callejón se atribuía a las necesidades de él, el silencio, la incomprensión de aquellas palabras desgastadas y caídas en nadie, era un demente absorbido en su propio ser, atrapado en si mismo. Esporádicamente rearmaba en su cabeza la beatitud de una imagen en campos de ausencia, la analizaba y cuando el sufrimiento procesaba su presente la esfumaba. Las paredes eran su área, el cemento su difusión pesimista, encadenada por la realidad. Se levantó, aturdido en un éxtasis de disturbio.

-¿Hay alguien?-Preguntó, aferrándose a las rejas.

El eco se esparció estrepitoso sin llamar la atención a nadie, incluso el mismo viento se había resignado, el aullido cayó quedando contemplativo, comprendiendo las acciones cíclicas de vaivenes en vanos. Vio pasar sombras anónimas, con melodías de extremos agudos e instantes de extremos graves sin comunicación, sin fines de interpretación. De pronto oyó una sombra que lo nombraba.

-Soy tú…la metáfora ilusoria del espejismo-

Azorado retrocedió y cayó al suelo. De inmediato distinguió a quien tenía enfrente, de una manera más lógica se distinguió asimismo. En su caída sufrió un golpe que amenazaba su razonamiento. En una catarsis de negación grito, fatigando su aparato fonador, por lo que había empezado a sentir ardor cada vez más intenso. Los nervios cegaron su visión y todo se expandía sin definición de un mismo matiz, solamente oscuro. Permaneció inmóvil, sentado tomando su rostro esperó a la aurora. La consumición del ensueño eterno del cual él había quedado atrapado.

                                El único encierro es creado por quién se 
      
                          encierra…

lunes, 5 de marzo de 2012

Imagen + Letras = Creación



El mes de marzo es para fusionar imagen con letras y para eso invitamos a todos los creacionistas, a que dejen volar su inventiva y su apreciación visual, tomando alguna imagen que les inspire o sea representativa para ustedes,  para crear a base de ella una historia en el genero que mas les apetezca ( poesía, cuento, parte de alguna novela, ensayo etc.) 



No olviden mandar su texto y su imagen adjunta al correo que ya conocen: elcreacionista_@hotmail.com.



"La imagen cuenta,  pero las palabras narran en vivo y a todo color en la imaginación"



Gracias .




El creacionista ^_^

miércoles, 29 de febrero de 2012

Ciao

El creacionista del día. Agatha Cervantes. 


Estas letras son para recordarte que por más lejos que este, no olvidare esos minutos que entre tus brazos se volvieron una eternidad. Dejo España esta mañana; en uno de mis innumerables viajes. Descubrí que este sentimiento de minutos ha resultado más factible y verosímil, que muchos otros a quienes les he entregado esa escatológica duración de meses o años. Nunca he sentido lo que en verdad es querer y transgredirlo, para poder pasar al ese siguiente nivel, que sin duda, hizo que perdiera la cabeza al mismo tiempo titubeé en cuanto a tus afectos por mí. Naciste en Madrid; mi familia es de Toledo, pero siempre te gusto que mis raíces fueran mexicanas; te encanto que te hablara del mariachi y de lo picante de nuestras costumbres, quizá por eso en las mañanas, te escuchaba tocar la guitarra, para que ya no extrañara tanto mi tierra. 



Cambiamos espacios, por sentimientos; hicimos de nuestros ratos, retratos, a veces el claroscuro representaba batallas, pinceladas de humeantes quejidos de madrugada. Cierro la imaginación, para no extrañarte, pero el rumor de tu caricia hace inevitable esa tarea a la cual me he propuesto, no contradecirme. El sin querer, ha puesto en mi lenguaje, tanteos de tu rostro y me es imposible no enumerar tu imagen, hasta quebrarme en ansias.




Piel fina, inclusive dura, cuando las posiciones son inconstantes tocando otra piel de textura deseable, de figura firme, inocua; no es desagradable cuando no la sientes venir y sin embargo cuando aterriza a lado tuyo, inhóspitamente te vuelves uno. Tu cabello, aun lo sé definir a la perfección entre la penumbra, tomándolo entre el dedo índice y el pulgar, me quedaba dormida en tu sedosidad y entre ese negro contraste, un poco corto, pero no demasiado para poder halar las riendas cuando era necesario. En relación a tus ojos, fueron la primera provocación de sentimientos hacia ti, podría decir que me es imposible negar no mirarte, cuando tú no apartabas esa insistente contemplación, que me recorría minuciosamente el talle. 

El día antes de salir en tren a Barcelona, siendo este mi último destino, antes de regresar a Guadalajara, me hospede en el Hotel paseo del Arte, que queda cerca de la estación de Atocha Renfe; si lo sé, hemos pasado tantas veces por ahí, mirando los alrededores, casi callados y de la mano, transitamos hasta que algún monumento nos sacó del mutismo. Ambos no queríamos hablar, acerca de mi partida.

Ahí en el umbral de la ventana, en esa habitación, repleta de hastió, en donde el aire pesa de tanto cliché, vi como la tarde bajaba el volumen de la ciudad, coloreándola de un anaranjado rutinario. Pensé en ti, se que a esas horas bajas a tomarte a la cafetería, que queda cerca del departamento, un café con un bizcocho ingles; ahí nació nuestra primera conversación la cual tradujiste: místico-intelectual-artística-auténtica, concatenada con mis usuales frases en italiano. Pasamos de la invitación de café al vino, a las risas y a susurrarnos delicias, que terminaban en diminutas caricias debajo de la mesa.



A media noche baje al bar, para aplacar o esta flama que aun no sé si en realidad es tristeza o simple encariñamiento, pero al sostener la copa y beber un poco, me di cuenta que estas evocaciones acerca de ti, no terminarían. Subí a la habitación, en vano pude conciliar el sueño.

Hubiera, hubiera… no quiero que ese vocablo quede en mi corazón, odio esta marejada de duda, quisiera saber que haces ahora, si quedo algo dentro; las horas de la madrugada pasaron repentinas y yo sosteniendo el celular, miro tu numero y me detengo para no llegar a final de la marcación, tu voz, en los recovecos más nimios de mi cabeza.

Pase la noche sentada en la terraza, viendo en dirección al departamento, o al menos eso creía, siempre he sido un tanto despistada, aunque tú tenías la predilección de que me perdiera contigo, en piel y manos. Escuche que tocaron a la puerta; el frio hizo que dormitara unas horas, desperté , avise que bajaba en diez minutos , ni siquiera había desecho un poco la maleta , desde la despedida. Lave mi cara, puse entre mis labios un cigarrillo y jale el equipaje hasta el ascensor, en camino hacia el, mire en el pasillo a una pareja que compartían besos; odio que sobre mi haya nubarrones a punto de predicar lluvia y típico tiene que pasar este tipo de representaciones, todas a base de Cupido. Pase de largo pero fue inútil, me mire en ella y te mire en el, fue tan patético de mi parte, no poder sosegar lo persistente de esta pena.

No tuve espacio para desayunar, la hora se aproximaba tocándome los talones; tome un taxi, ya me daría tiempo de comer algo de camino a Barcelona. La estación quedaba cerca, pero con mis tribulaciones pesándome sobre los hombros, no tenía ganas de caminar.

En el andén, escuchaba varias pláticas, creí oír tu nombre, pero toda esa falacia oral era a causa de mi agonía y de una obsesión instantánea, que pensé desaparecería cuando el tren comenzara su marcha. No me equivoque, aunque sentí un nudo en la garganta, cuando me iba alejando de todos esos lugares que visite, contigo, todo lo llevo guardado y quisiera sacarlo en llanto, en completa soledad.

Me dispuse a dormir un poco, escuchando un poco de música clásica, pude dormir si a caso una media hora, pero no descanse. El tren ha hecho varias paradas y en cada una de ellas, he escrito algo de esta carta, al mismo tiempo me he querido anclar, dejando partes de esta melancolía, con suspiros predecibles y monólogos en silencio.



Son las 2:45 de la mañana y mi vuelo esta próximo, no te veré, ni besare, lo que más me dolerá, es que no podre tocarte, o volver a establecer ese dialogo cuando terminábamos de conjugar piel con piel. Te despediste beso a beso en mis mejillas, me deseaste buen viaje, pero de tu parte, note que algo falto; se que quizá, quieres que regrese, pero aun no estoy segura de lo que intuyo.

Aquel día… yo no me decidía a querer regresar a mi hogar, así que esa última noche a tu lado, tomaste mis labios entre tus labios; uniste las horas y el invierno, apagaste mis dudas por un momento; no mostré miedo, solo deje que deslizaras sobre mi piel, aquellas palabras que se quedaron levitando al fijar el calor de tu mano con la mía, cuando nos presentaron. Ahora mismo, puedo sentir tus dedos detallando pasión cuando desabrochaste mi blusa; quede sumergida en tu mirada, no podía ver nada más; tus manos palparon, piel, botones de rosa sobre mi pecho, de los cuales recogías el néctar con la punta de la lengua y yo me estremecía por devolverte de súbito cada sensación, cada rincón se fue dilatando, llenándose de románticos espasmos sin nombre; son una sola voz que va latiendo dentro y sobre de ti.

No temí pronunciar “te amo” porque en esa opacidad y en la euforia fue creado. Al finalizar el acto, recogiste con la boca pétalos blanquecinos en la comisura de mi pubis, sonreí.

Si describo para ti nuestro encuentro, es para dejarte claro que es absurda es, entre tú y yo la palabra olvido.

Me voy encadenada a esta cárcel de distancia y espera; igualmente se que tendré una respuesta tuya, no diré nada acerca de tu decisión , pero incluso si me llegases a olvidar, se que habrá huellas que recuerdes: un viaje a Madrid, aquellas películas suecas sin subtítulos, invitando al sexo; tu , tumbando en el colchón a medio día, párvulo y medio desnudo, incitando a una doble permanencia, derramando penetración entre mis piernas, mirándonos en el dulce preámbulo del cazador, cuando tiene la victoria sobre la presa.

Quisiera oír que me llamas, que desistes del orgullo, que ata tu personalidad de la cual en cierta forma me enamore. Las distancias nunca son razonables para los enamorados, destierran ilusiones y ponen sobre aviso al corazón de un próximo cataclismo.

Han dado la orden de ponernos los cinturones, no hago caso y sigo escribiendo, hasta el último momento en que despeguen estos sentimientos del suelo. Busco la plegaria precisa, para volver a tu lado, y que en tu memoria pueda esconderme el mayor tiempo posible, antes de que ignores parte de mi existencia en tu recuerdo. Confió en que pronto me des la sorpresa de tu visita a mi país; que lo que creía perdido en sabanas, no se pierdan en letras, en estas que fui hilando con tu fotografía.





La aeromoza es persistente, he ocultado pluma y papel; las turbinas del avión comienzan a zumbar y mi alma quiere quedarse con tu alma, conforme aceleran, mis lágrimas salen y mi quejido quiere cerrarse. Subo poco a poco hacia arriba, ya no estoy en tierra; nos hemos estabilizado, pero mi corazón sigue en estado contrario, solo ha quedado grabado en el aire, caricias, letras, café cortado y un mensaje tuyo que no leeré porque aun navego entre nubes. Esperare.




jueves, 23 de febrero de 2012

El papá de mi amiga Clara

El creacionista del día. Alma Angelina C. Carbajal Guzmán






A los12 años jamás pensé enamorarme en secreto de un hombre, mucho menos, mayor que yo; desde esa ocasión su mirada alcanzó mi corazón y luego se encontró con mis ojos poco menos de cinco segundos, pero yo no pude apartar mi vista de todos sus ademanes e incluso de aquel aroma que percibí cuando por fin me estrecho la mano con solidaridad. Sus expresiones me parecían tan familiares, a veces pensaba que lo conocía de toda la vida, me sentía tonta por imaginar aquello, sabiendo la diferencia de edades, pero no podía dejar de sentir que quizá en otra época me protegió con toda su alma.


Clara me invitó a pasar la tarde en su casa; a la hora de la comida, nos sentamos los tres a la mesa, pero no contaba que minutos más tarde mi mundo romántico perfecto se iría directo al precipicio. La madre de Clara por fin se sentó a la mesa, llego media hora retrasada; trabajaba en ese entonces en una empresa aseguradora, tal parecía que a Edmundo no le agradaba para nada que lo hiciera, porque desde que tenía ese trabajo ya no iba a casa a comer y a veces ni a dormir, Clara me contaba todo esto en el recreo, extrañaba mucho a su mamá, pero lo que más la entristecía era que sus padres peleaban todo el tiempo.

Hubo un silencio pesado el resto de la comida, que hizo que la atmósfera se tornara quebradiza, casi de cristal; Clara estaba cabizbaja, no había probado bocado, solo picaba minúsculos pedazos que transitaban sin gusto en su boca. Edmundo miraba a la madre de Clara con enojo, mientras ella devoraba todo lo que había sobre el plato sin importarle los sentimientos flotantes alrededor. Yo solo observaba al cariño de mi vida, triste, enojado e impotente, quisiera haber tenido su edad y poder consolarlo.

Edmundo se puso de pie, ya no podía soportar la presión de lo que se creaba en su interior, dio rienda suelta al infierno y ahí en medio de las dos, pregunto a la madre de Clara:

—Sé que me engañas con un compañero de tu trabajo.

Beatriz soltó estrepitosamente los cubiertos sobre el plato

— ¿Estás seguro de lo que dices? Creo que te equivocas, además… creo que ambos sabemos que eres bastante des-pis-ta-do, seguro y tuviste una de tus tantas alucinaciones, iremos con el doctor Alcázar para que te cambie la dosis.

— ¡Beatriz estaré loco, pero no soy un estúpido! Los vi saliendo de la oficina, abrazados. Lo besaste. Por favor no sigas mintiendo.

La madre de Clara se levantó de la mesa al igual que Edmundo y ambos de pie en el extremo de la mesa, se miraron con mutuo odio. Clara comenzó a llorar, la abracé fuerte. Beatriz tomó su copa y bebió un poco de agua, la que sobró se la aventó en la cara al papá de Clara; estuve a punto de querer arañarle la cara y quitarle esa expresión de vanidad y orgullo que resaltaba en su elaborado maquillaje y en esa falda ajustada que solo la hacía ver como una cualquiera.

El amor de mi niñez apretó el puño sobre la mesa; Beatriz empacó sus cosas en un santiamén y se marchó. Clara no tenía el valor de detenerla, ya no era su madre, si no una completa desconocida porque no se dio cuenta de que ella estaba ahí, llorando, sacando lágrima a lágrima un grito que le suplicaba: ¡No te vayas mamá! ¡No me abandones!

Clara se apartó de mi lado y corrió hacia la puerta cerrada, Edmundo salió de su estupor y la tomó en sus brazos. Se quedo mirándome agradecido por no haber soltado a Clara, sonriéndome me sostuvo la mano y besó mi mejilla. Por alguna razón supe que desde ese día jamás me separaría de él.