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martes, 18 de marzo de 2014

AMORFO

El creacionista del día. Ivonne Vira 








So please, please, please,

let me, let me, let me

let me get what i want 

this time.

The Smiths <<Please Please Please Let Me Get What I Want>>



Esta es la cuarta vez que toma el teléfono, pero no se atreve a marcar el número. Se mueve de un lado a otro de la habitación, está nervioso, se siente inseguro. No sabe cómo decirle, no encuentra las palabras adecuadas, como si a estas alturas las palabras se pudieran clasificar, como si de verdad su peso no importara.

Ya no quiere nada. Lleva toda la semana evitando recrear la conversación, puede recordarlo todo y le duele. Maldice su suerte, su estúpida mente que le va dejando notas para no olvidar. Mas que necesitar, debe borrarlo todo.

Vacía la vitrina, acaba con todas la botellas, con los restos de las botellas del fin de semana pasado, pero no consigue nada, ahí está el tacto, los susurros, y siente que se arrepentirá para siempre.

No le ha dicho la verdad. Tiene miedo de romper la barrera que los separa o peor aún de intensificar la que los une. Él sabe que no es difícil, basta con tomar el teléfono y llamarla, decirle que se arrepintió, que ha retrasado el viaje, pero eso ¿qué significa? ¿Qué significa para él, para ese cuerpo sin rumbo, sin forma? Él que siempre ha sido tan fácil de llevar, de perderse en cualquier mente, siempre está en busca de algo, de alguien, de ella, de todo y nada.

No fueron las cosas que dijo las que le preocupan, sino las que le hicieron falta escuchar, pero no sabe cómo reclamarlas, cómo exigirlas. Ante ella es difícil hacer preguntas sin terminar con más dudas. Ir de un punto a otro y estancarse en el sinsentido ¿Cómo sentirse una bestia a su lado? Ella que siempre ha sido dueña de todas las palabras ¿Cómo ignorar todos los sentimientos acumulados? ¿Cómo moverse sin provocar caos? Él no niega, afirma su etérea presencia, esas dos rendijas que lo invaden y le piden que se entregue, que ignore todo y que se pierda junto a ella.

No se quiere sentar en el sillón y ultrajar los recuerdos. El cuerpo le tiembla sólo con estar cerca, la oscuridad lo llena, le susurra que ya va siendo hora de tomar una decisión, pero ella no llama. Él sabe que ella no llamará, se convenció de eso en cuanto se despido de él. Sabía que comenzaría a lamentarse en cuanto cruzara el umbral.

—Son sus manos lo que necesito —se repite.

Son sus manos el cobijo que necesita. Pobre diablo, antes de la fiesta, antes del encuentro, él ya estaba perdido. Su alma había sido masacrada por una fuerza desconocida. Él, al que nada le importaba, aún seguía temblando, hablando solo, rogándole al vacío que la traiga, pidiéndole que le conceda una ronda más.

Ha perdido la cordura y la determinación. Se detiene a pesar de los temblores, respira, trata de componerse pero la maleta sigue ahí, espera por él, sabe que debe darle tiempo, que ya casi está listo para partir.

Prende un cigarro, le da el prime golpe y por fin se sumerge en el sillón.

—¡Qué bien se mueve! ¡Con que maestría se comunica! —se repite.

Pasan horas, minutos necesarios, al final se duerme. Por primera vez desde el último abrazo no hay pesadillas ni sueños, sólo descansa. Se sumerge en la oscuridad, por un rato deja descansar la imagen, la estampa a la que tanto le ha rezado.

La luz y las aves están ahí, igual que aquel lejano amanecer junto a ella, como el día en que descubrió que era posible carecer de estructura. Ese era el efecto que ella le provocaba, la oferta de una posibilidad única, la unión del todo y la nada.

¿En qué momento entró? ¿Cuándo se convirtió en el único eje? Desconocía la respuesta, él sólo sabía que la necesitaba, que ya no era posible seguir.

¿Para qué irse si podía tenerla, para qué poseerla cuando ya se estaba marchando?



Las manos le tiemblan. Desear ya no es suficiente, recorrer los bordes sólo lo martirizan, ya no es necesario imaginarla, ella está ahí, y por eso no puede tomar una decisión. No sabe si irse como lo había planeado o quedarse con ella. Él sabe que si no hubiera sido por su partida nunca habría estado entre sus brazos. Ni una palabra los hubiera tocado.



Era casi el mediodía cuando se decidió y llamó al taxi. Todo estaba tan iluminado que casi cegaba. Antes de salir de la casa marcó, pero ella no contestó.



–Mañana, siempre será mañana—se dijo, tomó la maleta y se marchó.



jueves, 13 de marzo de 2014

Acércate hermoso efebo


El creacionista del día. Juan Marcos Chávez Cajiga







Acércate hermoso efebo
heraldo tardío de mi vida
ven, cántame mi nueva
mientras lloro recostado en tu pecho







https://www.facebook.com/El.Fotografo.Oficial.DeGuadalajaraYJalisco


martes, 11 de marzo de 2014

Debate de las seis

El creacionista del día.  Carla Brunni


painting by Thomas Pollock Anshutz



Vamos a hablar de destellos,
de minutos en segundos
de segundos en nada,
de la nada en lo absoluto.



Vamos a hablar de destellos,
momentos difuminados,
escenas de cortometraje
y carreras de automóviles.

Vamos a hablar de lo diminuto que pasa el tiempo
y de que estoy aquí sentada
pero no viendo pasar el tiempo.

Vamos a hablar de que nadie tiene la razón de las respuestas que buscamos
y que berreando nadie consigue respuestas,
por favor déjeme hablar de que nadie sabe que tiene
hasta que vocifera la necesidad.

Vamos a hablar de poesía,
de música
de letras sin sentido que solo pocos saben encontrar,
hablar de sentimientos y virtudes,
porque de odio nadie quiere hablar. 

Que la lluvia, que el calor, que el frío de otros países muevan al
mundo y a los sentimientos
porque eso me mueve a mí.
Que la alegría de los niños promuevan la inocencia,
y destruyan las idea de mentes perturbantes,
de sueños agonizantes.

Permítame hablar de amor,
aunque no sea la autora de tan gran ironía que nuestro Señor creó.
Permítame hablar de juegos de humanitos queriendo ser el mejor.
Permítame hablar
aunque no tenga la respuesta de nada,
Solamente permítame.
Permítame,
déjeme hablar. 


jueves, 6 de marzo de 2014

RETRATO A LÁPIZ

El creacionista del día. Aleqs Garrigóz 






El hombre que amo tiene la cara como un sol

de vez en cuando atravesado

por la nube de un pensamiento: ¿Qué será de sí

cuando no pueda agasajarlo con mis labios,

con mi palabra tendida sobre su cuerpo como una red insalvable?



No hay dos como él. Sus miembros, su torso

son los de un espécimen ejemplar.

Es fuerte como bien me gusta

y me hace montarlo

para correr con celeridad las horas inquietas de la noche,

venciendo tormenta y oscuridad con nuestro fuego:

mi heroico corcel hasta el amanecer.



Huele a trabajo. Y a veces a ron:

los días de fiesta en que nos amamos mejor

y me emborracha su saliva

entre risas que sólo paran para besar.



El hombre que amo tiene ojos sinceros.

En ellos siento caer más allá del amor

y más adentro de su carne.

Hasta la unidad.



Su desnudez es regalo de dioses,

manjar inagotable. ¿Qué será de mí

cuando ya no pueda enamorarlo con mis versos?






martes, 4 de marzo de 2014

MARZO DE AMOR LIBRE



Este mes de Marzo la temática es EL AMOR LIBRE en todas sus formas y fuera de complejos y prejuicios que este pueda tener, si tienes algún relato cuento o poesía o alguna creación de cualquier genero que se ajuste al tema de este mes, es bien recibido a que compartas con nosotros ese particular estilo de creación tuyo. Puedes mandar tu colaboración al correo  : elcreacionista_@hotmail.com y unirte a la red de Creacionistas que están saliendo y rompiendo con todos los esquemas, este espacio es para ti creador no lo olvides. 


¡Plumas arriba y sobre el papel imaginación!


Esperamos sus aportaciones con gusto. 

El Creacionista ^_^ 


jueves, 20 de febrero de 2014

NATASHA

El creacionista del día. Gerardo González Vázquez





Miro a la calle a través de la ventana. Miro mientras tomo un poco de agua de una de las botellas que en algún tiempo compré y ahora reciclo con agua del garrafón. Frente, hay un edificio viejo, la pintura está un poco descarapelada de la fachada, los marcos de las ventanas se ven un poco oxidados y en los pequeños balcones de cada uno de los departamentos se ven arrumbadas bolsas de basura, macetas y en alguno de ellos hay, inclusive, una bicicleta estática para hacer ejercicio; ya solo el viento es quien la pedalea.

Son las 5:18 de la tarde y la luz que se ve ahogando en el atardecer se asoma a través del techo. Dos antenas de televisión de paga compiten en una esquina por la recepción de la señal mientras que 4 viejas antenas aéreas se mantienen moribundas inclinándose centímetro a centímetro en una larga lucha por no terminar en el suelo, como parte de la tubería que cruza en desorden aquellas alturas.

Algunos coches cruzan la avenida que nos separa sin percatarse, aunque sea en lo más mínimo, de mi mirada acechadora que más por ocio que por acecho, se clava en cada uno de ellos.

El aire también se respira aflojerado. Sin lugar a dudas es por el fin de año, se acercan las fiestas. Ya nadie quiere ir a trabajar sino que el principal interés es preparar la casa con adornos chinos, en el mejor de los casos, y comenzar a guisar los platillos típicos de la temporada.

Se siente como si los últimos rayos de luz de la tarde fueran los suspiros dramáticos del sol que sabe que mañana volverá a levantarse temprano, para no fallar a su puntual cita de las seis de la mañana.

Doy otro trago a la botella.

Siento la garganta un poco seca, los labios de igual manera. La nariz me escosa un poco por la contaminación de la ciudad, de la ciudad que es y no de la que era, de esta ciudad con efecto invernadero, muchísimos coches y muchísima contaminación.

No pasa ni un minuto desde que tomé el agua y siento aún seca mi garganta.

Me termino la botella mientras una de las puertas que abre hacia los balcones del viejo edificio de enfrente, exactamente el primero de izquierda a derecha en el segundo piso, se abre bruscamente y una chica sale de ahí. Es una extranjera a la que he bautizado como Natasha, por sus rojos cabellos. Esta ya lleva dos semanas en el edificio, parece que tiene hambre de conocer mi tierra. Gina, quien aposté toda su estancia a que era norteamericana, se había ido hace tan solo 3 semanas, se había ocupado rápido el edificio en esta ocasión pero, a pesar de eso, este año había ido bien el desfile de extranjeras, aunque solo en una ocasión se vio opacada por un hombre. Rolando, un fumador de marihuana que solo estuvo un par de días. El chiste se cuenta solo.

Todas salen por ese balcón en algún momento. Podría armar un histórico de las actividades de las visitantes este año pero eso ya sería demasiado, prefiero no tener evidencia. Todo en mi cabeza.

Me gustaría acostarme con Natasha. Me gusta su pelo rojo, su rostro blanco como la nieve y las pequeñas pecas que tiene en su rostro. Esas las vi un lunes por la mañana cuando subimos al mismo camión con destino al metro, pude percatarme más de cerca de todos sus rasgos, ese fue el momento clave para darle tan emblemático nombre.

Por las tardes cuando sale al balcón no usa sostén, sus curvas se ven redondeadas por la blusa con la que seguramente se acuesta, no conmigo, sino con su cama. La cual no es suya sino rentada pero, ¿Para que preocuparse por esas pequeñeces? ¿Qué manía tengo con los detalles? Ninguna más que la simple manía de ser escritor. Pero regresemos a Natasha. Tiene la voz dulce, los rasgos delicados, como si terminara en finas puntas de cristal todo su cuerpo. A través de la delgada prenda que se pone por las tardes puedo ver sus pezones remarcándose en la playera, han de ser pequeños pero filosos. Como si fueran un par de aguijones ansiosos a traerte hacia ellos.

Suspiro.

Soñaré con ella esta noche, me armaré de valor al día siguiente y la invitaré a salir. Tomaremos unos tequilas, comeremos unos tacos, un poco de cerveza y después tendremos sexo. Ese sería mi plan perfecto. Ella ser iría a seguir recorriendo el mundo mientras que yo esperaría a la siguiente, ansioso de descubrir que nombre podría ponerle. Pero llegará el día siguiente y Natasha ya no estará. Se habrá ido. El apartamento nuevamente estará desocupado por la tarde y esto lo sabré porque Natasha no se asomará por el balcón mientras tomo agua y miro a través del frío cristal de mi ventana. No estará fumando tranquilamente, sus pezones no se endurecerán ni levantarán firmemente, aunque sean unos escasos centímetros, su blusa. Ni hoy, ni mañana ni el día siguiente, ni después de aquél día…al final, estaré triste y desmotivado y todo terminará con las imágenes guardadas en mi mente mientras cierro los ojos y el agua resbala durante la ducha.

Solo.

Por eso clavo mi mirada hoy. Veo con detenimiento cada uno de sus movimientos, grabo cada una de sus curvas, tallo en mi mente su recuerdo. Si mañana no sale, podre saltarme todo el plan e ir directamente a la ducha. Así un día tras otro mientras no haya nada que mirar desde mi ventana.

…

Amanece, una ducha fría para despertar. Tomo el dinero del primer cajón del escritorio, paso a la cocina por un vaso de leche y tomo un paquete de galletas. Bajo las escaleras de los apartamentos y salgo a la calle. Cierro la puerta y me giro para cruzar la calle y tomar el camión. Subo, pago, el camión se arranca y se vuelve a frenar. Me siento en el único par de lugares vacío y después de pagar, Natasha se sienta junto a mí.

Mi corazón se acelera.



‘Hola Natasha’, le digo con una sonrisa sincera y un bulto en el pantalón.



martes, 18 de febrero de 2014

SABRÁS DEL SUEÑO



El creacionista del día. César Romero








SABRÁS DEL SUEÑO mujer espejo,
lo sabrás porque eras dispuesta,
El mundo se llenaba de otra hora
y éramos de una casa perdida
la que tal vez perdura
sin nosotros.

Pero es lo posible.
En el sueño
nos íbamos a dormir
con sabor a ubérrima piel
en la lengua

Y de mar a mar
mi lengua barca.

Entonces la caída fue un parpadeo.

Lo sabrás
porque tengo esto apenas:
una habitación blanca,
un par de libros
acerca del mejor poeta alemán
y un cuadro con Dios
creando el mundo.

La ventana resplandece,
tu piel resplandece,
el siempre se abre y resplandece,
sin que estés del todo
afuera.