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martes, 23 de diciembre de 2014

LA PÍLDORA



El creacionista del día.
Gerardo González Vázquez (Aikas)







 

 - Mi alma quiere volar – dice el hombre recostado en el sofá.

- Explíquese –le ordena el hombre de la silla.

- Siento como si alma quisiera salir de este cuerpo y volar  - tras una pausa en la que su mirada se pierde en dirección hacia la ventana del cuarto, prosigue - como si pudiera brincar por la ventana de este cuerpo y mi cuerpo cayera al vacío mientras que mi alma se elevaría hacia el cielo infinito, pero…

- ¿Pero?

- Pero entonces comienzan a lanzarse cadenas para atraparme – el hombre del sofá tensa el rostro pero respira profundamente, parece tener una cara de angustia – sí, cadenas en forma de signos de dólar intentan aprisionarme; después aparecen cadenas en forma de gritos y palabras, los llantos de los niños, los quejidos de mi mujer – la voz del hombre le interrumpe.

- Pero usted no está casado y si mal no recuerdo, - comenta el hombre con las gafas - no tiene ni novia.

- Es lo de menos -  le contesta el hombre – es lo que siento que pasa, siento que todas esas cosas se transforman en cadenas interminables que buscan aprisionarme. Tras una breve pausa prosigue – las cadenas cruzan el cielo como si de disparos anti-aéreos se tratasen y cuando me percato de ello, me doy cuenta que es de noche y que tratan de encontrarme en el cielo con esos grandes reflectores que usaban en la segunda guerra mundial.

Un breve silencio insta al hombre del sofá a proseguir con el relato.

- Entonces comienzan a sujetarme y amarrarme, mis alas son destrozadas y caigo en picada jalado por las fuertes cadenas mientras todas las voces resuenan a mi alrededor- tras respirar profundamente, finaliza el relato  –Y es ahí cuando despierto.

Un silencio en la sala obliga en esta ocasión, al hombre de gafas sentado en la silla a hablar.

- La verdad es que usted sufre un caso severo del síndrome del aventurero.

- ¿Perdón? – contesta extrañado el hombre del sofá.

- Usted no debió de haber nacido en esta época, tiene un alma libre y busca encontrar nuevos horizontes, sin ataduras más que aquellas a sus propias alas que le guiarán por su camino.

- ¿Y qué debo hacer? –contestó contrariado el hombre.

- Fácil, tome una de estas cápsulas y estará listo. El hombre de gafas sacó un frasco del cajón de su escritorio en cuya etiqueta se leía el siguiente mensaje, peligro: incluye libertad. Se levantó entonces y caminó hacia la pequeña mesa que estaba frente al sofá, tomó la jarra de cristal y sirvió agua en un vaso y le entregó el frasco al hombre.

El hombre entonces leyó en voz alta el frasco:

- Peligro, los viajes en el tiempo son peligrosos y no existe vuelta atrás… o adelante - miró extrañado al hombre - ¿Y entonces?

- ¿Y entonces? – le replico el hombre mientras se limitaba a hacer un movimiento con sus cejas para acomodarse los lentes.

El hombre recostado en el sofá se sentó derechamente y abrió el frasco, las píldoras tenían diferentes formas y colores, miró buscando respuesta alguna en el hombre que tenía enfrente pero no encontró nada. Siguió mirando el frasco y encontró una que asemejaba a un pedazo de madera flotante, la colocó en su lengua y tomó el vaso de agua.

Tiempo después el cuerpo inmóvil del hombre yacía sobre el sofá; el hombre de las gafas acomodó las cosas de su oficina y después de lavar el vaso y guardar las píldoras abrió su ventanal. Cargó con el cuerpo del sujeto y lo lanzó por la ventana.

Mientras el alma se desprendía y volaba a conseguir sus sueños, su cuerpo cayó sobre las personas que caminaban ciegamente por la acera y sin tiempo suficiente para que se percataran del hecho, las grandes cadenas comenzaron a devorarlo.


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